Seguidores

domingo, 16 de octubre de 2022

TROPEZONES


         La semana anterior pretendía ofrecer dos visiones distintas de una misma realidad. La idea era, por una parte,  dar luz al enorme drama de Ucrania que nos está envolviendo de manera endiablada y parece  que no tiene el fin cerca. Y por otra, una secuencia de vida familiar que se viene repitiendo por sexto año  consecutivo. Las dos historias se ajustaron a la realidad tal y como se contaban. En medio se cruzó el otoño y sus incidencias y nos trastocó el plan. Resulta que apareció una tromba de agua el lunes y provocó una importante inundación en la zona de Sevilla que teníamos previsto visitar. Todo lo que se dijo fue correcto pero hubimos de aplazar la visita por efecto de la inundación para el próximo puente del uno de noviembre con la esperanza de que las inclemencias del tiempo nos permitan cumplir los planes. El conflicto de Ucrania, desgraciadamente, sí se cumplió tal como estaba previsto y mantenemos nuestro nivel de angustia con el acoso inmisericorde de Rusia y con la defensa numantina del ejército ucraniano con el apoyo de occidente.



         Ni un solo dato de los que mencionamos era falso. Lo único con lo que no contamos fue con esa dana que se posó encima de Marinaleda y de Estepa y en unas horas nos dejaron por presuntuosos, que no pudimos cumplir lo previsto y lo aplazamos unos días, a la espera de que el tiempo nos sea propicio. El gran desastre de la guerra, en cambio, no nos ha desfraudado sino todo lo contrario. Estaba centrado en el sur y en el este, y ahora lo tenemos picoteando en todas las ciudades y no sólo con enfrentamientos militares sino en cualquier barrio civil explosionan misiles inmisericordes destrozando edificios y vidas sin que en este momento le importen a nadie el número de muertos que van dejando a su paso. La cuestión es que ambos bandos se ceban con la violencia de modo que no se atisba por el momento una fórmula que contenga la violencia sino todo lo contrario.



         La amenaza de las armas atómicas aflora de vez en cuando como amenaza, sabiendo ambos bandos que su utilización es tanto como asomarse a un precipicio cuyo fin no es otro que la destrucción por ambas partes. Parece que Turquía se ha erigido como país intermediario que, por ahora, es capaz de hablar con ambos bandos. El resultado de las conversaciones, hasta el momento, hacen que sea la propia Turquía la que salga beneficiada, pero el simple hecho de hablar con ambas partes ya es de por sí un punto de esperanza. No sé si puede ser Turquía el nexo que permita un diálogo fructífero que nos lleve a los acuerdos de paz que necesitamos como el comer. Si eso significa que el papel de Turquía ha de ganar importancia en la zona de conflicto, pues que así sea. Cualquier cosa antes que mantener una guerra que se alarga y que no parece tener fin.



         Recordemos que el conflicto empezó en lo que sólo eran unas maniobras que Rusia había iniciado a lo largo de la frontera de Ucrania. Es más, no se puede hablar de guerra porque lo declarado hasta el momento, por parte de Rusia, no es más que una operación militar especial para desnacificar Ucrania. Lo cierto es que una guerra no declarada hace que no se detengan los bombardeos y que el invierno esté a las puertas y no se vea modo de calentar los espacios en conflicto. El problema del gas se ha convertido en dificultad número uno para llevar calor a cualquier punto de Europa. Con los gaseoductos volados estamos sin posibilidades de conexión para proveerse de gas a buen precio del que llegaba de Rusia, que ahora no está disponible. Para este invierno parece que los depósitos de reserva están llenos. Veremos qué puede pasar a medio y largo plazo. Seguramente tendremos que cambiar la estrategia de aprovisionamiento.       

  

domingo, 9 de octubre de 2022

MACRO Y MICRO

 


         Para no dejar a medias el tema de la semana anterior, las elecciones en Brasil se celebraron sin incidentes graves. Las ganó Lula por 5 puntos de diferencia con Bolsonaro pero ninguno de los dos alcanzó y 50% de los votos más uno, por lo que se tendrá que  celebrar una segunda vuelta dentro de 30 días para saber los resultados finales. En la guerra de Ucrania se ha producido un hecho de gran relevancia. El puente que une Crimea con el continente ha quedado gravemente dañado por la explosión de un camión de combustible. Esto significa un serio revés para las aspiraciones rusas porque dificultan la conexión con Crimea y complican o impiden el trasvase de suministros. Ninguno de los dos bandos se ha hecho responsable del sabotaje, algo parecido a lo que sucedió hace poco con la explosión de los dos gaseoductos por los que llegaba al resto de Europa el gas que Rusia venía suministrando. Hechos parecidos nos dicen que el conflicto se encuentra lejos de cualquier final y probablemente vamos a seguir siendo testigos de nuevas hostilidades que alejen la solución. El dolor y el desastre no tiene visos de terminar, sino todo lo contrario.



         Un 12 de Octubre de hace ya 6 años, fiesta nacional, mi hija Alba me sugirió que nos acercáramos a Estepa, a 150 kilómetros de Granada, a comprar mantecados de una tienda concreta que ella recordaba de cuando era pequeña. Se le quedó en su mente un anuncio de televisión que terminaba con  la coletilla de… “SOMOS LOS ARTESANITOS… DE ESTEPA”. Quedó como referente en la casa y ella y yo la hemos cantado miles de veces. Sin pensarlo demasiado nos plantamos en Estepa. Lo primero fue fotografiarse ella delante de la puerta de Moreno, la empresa que promovía el anuncio, compramos los mantecados que quisimos, nos impregnamos todo el rato del penetrante olor de las almendras tostadas que inunda en esta época el pueblo, porque es el momento en que se están fabricando los mantecados que consumimos en Navidad y echamos un día memorable.



         Aparte de repartir entre la familia lo que habíamos comprado, nos encargamos de proclamar a bombo y platillo la cantidad de sensaciones gratas que habíamos obtenido del viaje. Pasó el tiempo y el siguiente 12 de octubre, mi otra hija, Elvira, nos advirtió que ni se nos ocurriera volver a Estepa sin que ella participara. Ya habíamos tenido que aguantar sus protestas machaconas por no haber contado con ella para el primer viaje sin que le convencieran las excusas de que fue todo muy rápido y, más que nada, para recordar la cancioncilla que se había quedado en el recuerdo de la Alba y tantas veces la habíamos cantado. La experiencia fue tan memorable como la primera. Visitamos otras fábricas, el pueblo está plagado de ellas y todas haciendo lo mismo desde el final del verano, y hasta comimos para prolongar el acontecimiento.



         El próximo miércoles, nuevo 12 de octubre, ya estamos preparando el viaje número 6, en el que estamos dudando si llevar dos coches o tres, porque vamos entre 9 y 10 personas de la familia y sus aledaños. Se ha convertido en un hecho indiscutible con el que todos contamos. La parada inicial sigue siendo la de los ARTESANITOS, que va seguida de un recorrido variable por otras empresas: San Enrique, la Colchona, la Estepeña, asociadas a las propuestas que aporta cada una, en función también de las apetencias que hemos ido aprendiendo, a medida que hemos conocido nuevas delicias. La comida ha adquirido ha aumentado su importancia. Mi hijo Nino me llamó ayer para recordarme que la Alba debe llamar al restaurante Andalucía y reservar mesa, no sea que nos pase como el año pasado, que la conseguimos de milagro. Tan importantes como los mantecados es el plato de carrillada de cerdo y la ensaladilla rusa. Hasta una siestecilla dentro de los coches completa el viaje, porque el calor todavía aprieta y hay que descabezar el sueño para volver tranquilos, una vez libres de la soñarrera. Igual si esto continúa, dentro de unos años necesitamos un autobús. Ojalá. La vida también puede ser gustosa.


          

domingo, 2 de octubre de 2022

BRASIL

 


         Hago un esfuerzo en esta fresca mañana de domingo para no centrarme en los sabotajes a los dos conductos de gas que surtían a Europa  de combustible barato, uno de ellos sin estrenar siquiera. También me quedo con la gana de hincarle el diente a esa maniobra del señor Putin, por la cual ha montado unos referendum exprés en cuatro regiones de Ucrania, un 15% del país, que ya tomó  en la guerra del 2014, cuyos resultados finales han supuesto una respuesta de más del 90% de apoyo popular a su integración en Rusia y, por arte de biribirloque ha celebrado una fiesta solemne en la plaza roja de Moscú con los líderes de    Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia, las cuatro regiones refrendadas que, a partir de los resultados obtenidos, según su soberano criterio, son tan Rusia como Moscú a todos los efectos. Buena manera de buscar la paz para lo que ha sugerido que la mesa de negociación se reúna y alcance un acuerdo, siempre que no discuta ninguna de las condiciones que él establece. Así da gusto. Las tesis de Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como.



         Abandono todo el contubernio en el que está enfrascada Europa y cruzo el Atlántico para recalar en Brasil cuyos 212 millones de habitantes votan hoy si mantienen como presidente a Jair Bolsonaro, que ha detentado el poder los últimos 4 años o dan la victoria al candidato de la izquierda   Luiz Inácio Lula da Silva, que ya gobernó hace años, tuvo que salir del gobierno por problemas con la corrupción, pasó un importante y largo calvario legal del que por fin ha quedado limpio y que vuelve a presentarse con importantes posibilidades de salir elegido de nuevo en primera vuelta, para lo que necesita más del 50% de los votos. Este amplio país de más de 9 millones de Km2 queda demasiado lejos de occidente para tenerlo en primera línea de su atención pero la posibilidad de que la izquierda vuelva al poder puede suponer que la mayoría de Latinoamérica: Colombia, Méjico, Chile, Venezuela, Cuba… y la posibilidad de que también Brasil de nuevo en el día de hoy, enfrenten una dirección política nueva que abra un futuro alternativo para varios cientos de millones de ciudadanos, tradicionalmente gobernados por la derecha y tutelados por EEUU.



         Prestar un punto de atención a esta importante zona del mundo no tiene por qué desmerecer a Europa en particular ni a occidente en  general. Sólo, quizá, asumir que el mundo no somos sólo nosotros sino que junto a nosotros hay otras personas tan dignas como nosotros cuyos problemas, que los han tenido siempre y que los siguen teniendo hoy, puede ser hora de que pasen a tener la prioridad que merecen y que parece que nunca es el momento adecuado para que pasen a ser prioritarios. El resultado de los comicios de Brasil puede ser fundamental dada la enorme envergadura de este país y su hegemonía en el continente americano. Pero el resultado no está exento de riesgos. Ante el peligro real de que pueda ganar de nuevo Lula da Silva, ya va dejando caer el señor Bolsonaro, que cabe la posibilidad de no reconocer los resultados… ¿os suena de algo? e impugnar el proceso. Cuando sucedió el asalto al congreso de EEUU el año pasado y que ahora se está juzgando, lo que se sembró fue mucho más importante que lo que vimos con nuestros ojos. Sencillamente  se abrió la puerta a que cuando los resultados no sean los que a mí me interesan, con o sin razón, los impugno y siembro la desconfianza en un proceso, siempre frágil, que necesita el consenso de todos.



         Mi interés prefiero que hoy cruce el Atlántico porque hay vida allende el océano, aunque tradicionalmente le prestemos poca atención injustamente. No solo hay vida sino que lo que está pasando en ese ramillete de países hermanos puede significar importantes cambios para muchos millones de personas a las que estaría bien que en este momento les estuviera llegando la hora de convertirse en protagonistas al mismo nivel que nosotros. Espero que no nos sintamos menospreciados por el hecho de que tengamos que compartir protagonismo con otros pueblos que siempre tuvieron la misma dignidad que nosotros aunque su protagonismo fuera mucho menor.    



domingo, 25 de septiembre de 2022

HUIR

 


         Hace más de 80 años que terminó la Guerra Civil Española y todavía no somos capaces de numerar los muertos que cayeron en la contienda. Se habla de un millón pero se trata de un dato muy poco fiable si tenemos en cuenta de que a estas alturas hay todavía grandes grupos de ciudadanos interesados en que hubiera pocos muertos, fuera la verdad la que fuera. Lo mismo podemos hablar de los defensores del otro bando, que no tienen empacho de tirar de los números hacia arriba, tanto si responden a los datos reales conocidos como si no. Como no puedo pensar que la guerra española tenga nada de especial, dalo mismo cambiarle el nombre y llamarla Segunda Guerra Mundial, Vietnam, Afganistán, Irak o Ucrania Una vez que tenemos dos bandos en conflicto, la única certeza a la que podemos acceder no es a la verdad, sino a las tesis que defiende cada facción con los argumentarios que se despliegan por cada parte. De lo que se trata por cada parte es de defender su razón y negar al contrincante. Pura propaganda para afirmar mis argumentos y descalificar todos los demás.



         Parece que en el conflicto de Ucrania, Rusia anda de capa caída, aunque nadie es capaz de hablar de muertos y precisar los datos más allá de lo estrictamente publicitario. Sabemos, eso sí, que ya se trata de miles por cada una de las partes, pero nada más. También hemos conocido que algunas cárceles rusas se han desalojado para enviar a sus presos a combatir a Ucrania. Lo último es que el Señor Putin ha dispuesto convocar a 300000 reservistas rusos para suplir las bajas y para ampliar las zonas ucranianas que Rusia pretende ocupar. Debe ser verdad, no porque lo digan las autoridades sino porque, de pronto nos encontramos en la frontera finlandesa más de 30 kilómetros de cola de coches rusos huyendo de su país para que sus ocupantes no puedan ser reclutados para la guerra. A través de Radio Macuto nos enteramos también de que en Rusia se hacen consultas sobre cómo partirse un brazo para librarse del reclutamiento. Estos datos son más fiables porque surgen de los que sufren los efectos y no de los que elaboran las disposiciones.



         Por el otro bando las cosas no andan mucho mejor. Aquí nadie habla de paz. Los ucranianos cada vez claman con  más fuerza para que les llegue de occidente mayor cantidad de armamento y de mayor precisión. Mientras tanto, los telespectadores del mundo no vemos más que enormes cantidades de hierros inservibles y ciudades completamente devastadas por los tanques y por los misiles. El otro día apareció una fosa común, como si fuera la única, con más de 400 cadáveres ucranianos, quiero suponer que para exacerbar los ánimos occidentales contra Rusia. Del punto de vista ruso sobre el asunto de la guerra no nos llegan más que las protestas, más o menos significativas, que se producen. Parece que se trata sólo del señor Putin, que en cada momento se saca del bolsillo la disposición que corresponda para defender sus tesis. Como si nadie apoyara sus puntos de vista, dentro de Rusia.



         Lo de que estemos viendo cómo muchos rusos huyen de Rusia nos dice que es posible que sus autoridades se estén pasando unos cuantos pueblos con el asunto de la guerra, que ellos nunca han reconocido, pero poco más. Sí sabemos también la cantidad de material que se están dejando en las calles de Ucrania, no sé si porque ya era inservible o porque su industria no compite en condiciones de igualdad con los ingenios que llegan de occidente para ser utilizados por el ejército ucraniano. Igual la mejor respuesta a unos y a otros es la de huir cada uno de donde corresponda y dejar que los que establecen las leyes se pongan a defenderlas en las calles y junto a los explosivos de ambos bandos. Así los telespectadores podremos ver en vivo y en directo cómo los contendientes son los que de verdad defienden aquello en lo que creen. Y no andar escondidos como conejos y que sean otros los que siembren de cadáveres los telediarios o las fosas. Un poco de verdad no vendría mal de vez en cuando.     



domingo, 18 de septiembre de 2022

JORNADAS

 


         Cada vez quedamos menos de los que podemos decir: “En mis tiempos…, en cuanto salíamos de la Escuela…, soltábamos la cartera en casa y…, a la calle”. La orden de mi madre era: “En cuanto enciendan las luces te quiero aquí”.  Y hablamos de esta forma de vida como un canto a la vida, andando de aquí para allá, libremente. Es verdad que vivíamos muchas horas en la calle pero cada vez tengo menos claro si era libremente o abandonadamente, que disponíamos de una amplia capacidad de inventar juegos a nuestro gusto pero no podemos olvidar hasta qué punto la ley del más fuerte era la que mandaba y ordenaba la vida. La calidad de los juegos muchas veces era temeraria y hasta claramente suicida. Creo que glorificamos aquel tiempo, no tanto porque recordemos la calidad de nuestros juegos como por el sueño de que se producían en nuestra infancia ya lejana y permanentemente añorada. Sea como quiera, lo que no cabe duda es que se trataba de otro tiempo, muy distinto al actual, que sólo existe ya en nuestros recuerdos y en nuestros sueños.



         Nuestra experiencia de jornada era de 7`30 a 5 de la tarde. No creo que haya que andar defendiendo una jornada ideal, que seguramente no existe. Lo que importa es asumir que la jornada debe servir a la población que atiende, con sus condicionantes y con su idiosincrasia. En nuestro caso, que atendíamos a personas de menos de 6 años no estábamos tan centrados en la enseñanza de materias concretas como en el aprendizaje de una forma de vida. Abarcaba el desayuno: trozos de fruta, pan con aceite y leche o colacao. Más trozos de fruta a media mañana…, 10`30 a 11. 12´30 a 1, comida de mediodía: ensalada cruda, proteína: carne, pescado o huevo. Comida de cuchara: sopa, cocido, cazuela. Y más fruta para finalizar. Siesta hasta los de 4 años y los mayores juegos de patio. Merienda antes de que llegaran las familias a recogerlos: más fruta y un bocadillo. Esta estructura de día era más importante en su cumplimiento que si en medio aprendíamos a leer o no, que también se hacía, pero no como fundamental.



         Es evidente que en las etapas posteriores la importancia que se le tiene que dar a los conocimientos debe ser mayor, como es natural. Pero es verdad que los alimentos que se deben ingerir se deben parecer bastante a los que hemos descrito por la variedad de la selección que se ha realizado, por la cercanía a la cultura en la que se desarrolla este esquema de alimentación y, sobre todo, por la importancia que siempre dedicamos a la fruta, empezamos nuestro trabajo en los primeros 80, cuando la fruta masiva era casi una rareza. Hoy se sustituye con frecuencia la fruta sólida por los botecitos de zumo, que no es lo mismo ni mucho menos, por la fuerte concentración de azúcar que llevan. Los guisos de cuchara conectan con unas costumbres y con una cultura, siempre con la idea de que la calidad de los guisos debe presidir el resultado. Al principio notamos que necesitaban más proteína y el plato de carne, pescado o tortilla se comía delante de la sopa. En los últimos años la presencia de fibra se hizo más necesaria y relegamos la proteína al final para darle más importancia al guiso.



         Siempre nos hemos dado cuenta de la lucha de las familias contra el tiempo, hasta el punto que muchos de los pequeños se alimentan de cualquier prefabricado mientras se desplazan de un lugar a otro. En la escuela esto se modificaba sustancialmente y los productos naturales: fruta, pan, leche…, ocupaban todo el espacio o gran parte de él, empleando en su consumición el tiempo que fuera necesario, no menos de media hora, lo que permitía a los pequeños comer con tranquilidad, hablar durante las comidas y utilizar el tiempo preciso para alimentarse y no andar angustiados por la falta de tiempo. Cualquier proceso debe darle a la alimentación la importancia que precise porque de su buena resolución se van a derivar una serie de beneficios de todo orden que apenas hemos conocido.  Nos queda mucho por aprender en este terreno.




domingo, 11 de septiembre de 2022

NO ES LO MISMO


         Reconozco que ser mayor y encontrarse fuera de los avatares cotidianos para ganarse el pan, o sea jubilado, tiene muchos inconvenientes porque te encuentras como fuera de juego. Te descuidas y se te pasa, por ejemplo, que hoy es domingo. O valoras el domingo con la misma calidad que el lunes. Pero también tiene algunas ventajas que no resultan desdeñables. No es pequeña la de vivir en un país en el que existen las pensiones y los viejos podemos contar con un dinero mensual para sobrevivir sin tener que depender de nuestros familiares más cercanos, que bastante tienen ellos con buscarse la vida para sí mismos. Lo que voy a decir lo he dicho casi siempre, por lo que me he visto envuelto en más de un conflicto por decir lo que pensaba. Hoy me tomo la libertad de repetirlo, tranquilo y desde fuera, y mi opinión no afecta más que a quien buenamente me lea por su gusto y comparta lo que digo libremente.



         Empieza el curso y todo el mundo se echa la mano al bolsillo, con la preocupación de si podrá o no disponer de fondos suficientes para cubrir los compromisos que lo envuelven. Si yo digo, con toda tranquilidad, que lo que hace falta de verdad son los alumnos, los maestros, las escuelas y poco más, sé que estoy diciendo la verdad, como la decía muchos años atrás, a pesar de que suene lejos de muchas realidades que agobian a las familias y que no son sustanciales en el proceso educativo. Los uniformes, los libros de texto, las mochilas y tantos materiales individuales como usan nuestros escolares sin que sean imprescindibles los cargan físicamente de kilos, de obligaciones y de compromisos económicos a sus familias, cuando son elementos prescindibles en cualquier desarrollo curricular. Hemos vivido en muchas de nuestras escuelas sin libros de texto individuales, con materiales de trabajo comprados en cooperativas de familias para usar en común, con magníficas bibliotecas de aula y de centro acumuladas de cursos anteriores y actualizadas por las familias y hemos cubiertos los objetivos exigidos con solvencia y con alegría, conscientes de que la Escuela era nuestra y estaba para servirnos.



         Sé que puede resultar como de otro mundo parte de lo que digo pero juro por los dioses de la vida que es perfectamente real, que no es producto del Alzheimer, del que estoy libre por estas 24 horas, porque lo he protagonizado yo y muchos otros compañeros  en escuelas rurales y urbanas, públicas y concertadas. Nuestros resultados finales, no solo alcanzaron las cotas oficiales exigidas sino que, perdonen la inmodestia, a pesar de que tuvieron su polémica agregada con demasiada frecuencia, fueron envidia de más de uno y más de dos que prefirieron mantenerse atados a costumbres sin demasiado sentido y parapetados en esquemas de comportamiento acomodaticio, sabedores de que las autoridades no iban a cuestionar sus resultados siempre que respetaran los mínimos exigidos por las leyes en vigor en cada momento. Y es que el cuerpo docente tiene valores indiscutibles como planteamiento, pero como otros cuerpos masivos, adolece muchas veces de acomodarse muchas veces en posiciones de mínimo esfuerzo aunque su actitud poco ejemplarizante, signifique que la Escuela deje de estar al servicio de la sociedad y se sirva de ella, caiga quien caiga, para mantener sus privilegios.



         Ya tenía ganas de asumir mi vena reivindicativa y, en algún momento, soltar alguna verdad como un puño, por si los que puedan quedar de mi cuerda, que estoy seguro que quedan, aunque sean pocos como siempre, no se sientan tan solos. El silencio cobarde o culpable de unos y de otros duele demasiado con su acción o su omisión y, cuando uno tiene que sufrir sus efectos durante mucho tiempo, las consecuencias se atragantan y se hacen difíciles de digerir. Resumiendo: la Escuela no tiene por qué ser dinero, aunque alguno será necesario sin duda, sino trabajo y esfuerzo común de maestros y de familias para que esa institución que tiene que estar al servicio de la sociedad, cumpla con su competido para todos y en las mejores condiciones posibles. 


domingo, 4 de septiembre de 2022

VACACIONES


         A partir de mañana da comienzo de nuevo el nuevo curso, empezando por los más pequeños. Septiembre es el mes del reencuentro con el trabajo: con las rutinas de horarios, los esquemas de clases en los que el tiempo se distribuye, el orden en las jornadas de trabajo, comedores escolares, activación de convivencia con amigos…, en definitiva, en el sistema de vida. Es seguro que desde que comenzó a final de junio la época vacacional también se ha creado un cierto orden de vida. Pero la estructura del curso escolar gana por goleada y cada uno estaremos expectantes de que el curso comience porque significa que iremos encajando en nuestro espacio y sabremos, más o menos, cuál es su actividad según el momento del día. En los últimos años cada vez se aprecia más el esfuerzo de readaptación al orden del curso, y no es mentira. Pero no deja la típica crisis de ricos. Los que no han gozado, ni saben siquiera lo que son vacaciones, no pueden plantearse ninguna crisis de adaptación a ningún cambio al margen de la miseria.



         El poder del cuerpo académico es de tal calibre que arrastra consigo al resto de la estructura social, de modo que todos bailamos en cierto modo al ritmo que marca la estructura educativa. En ciudades como Granada, en la que habito, se nota especialmente porque, a pesar de ser un núcleo de población mediano, menor de 500000 habitantes, la fuerte dimensión universitaria que alberga, hace que la estructura educativa esté muy presente en todos los órdenes de la vida. Mucho más, por ejemplo, que en los núcleos rurales en los que son los ritmos agrícolas los que hegemonizan la vida. La masificación de las playas, especialmente durante los meses de julio y agosto nos indican que el concepto de vacaciones se ha extendido a importantes sectores de la sociedad hasta el punto de que estamos cerca de estructurar una especie de receta de entrada de nuevo al trabajo porque significa una cierta crisis el cambio para retomar las rutinas del curso.



         Por los problemas de masificación que están suponiendo las aglomeraciones en los dos meses de verano, julio y agosto, cada día se nota más cómo septiembre empieza a formar parte del ámbito del veraneo y creo que con buen criterio. En los servicios de restauración se nota mucho que termina agosto y muchos miles de trabajadores del sector se quedan sin  empleo y el paro sube indefectiblemente. Parece que la intención está en repartir los esfuerzos de manera más equitativa y lograr que el verano se amplíe hasta entrado el otoño, para organizar mejor los flujos humanos que cuando se concentran demasiado, como viene siendo el caso con julio y agosto, lo que se produce es una trasposición masiva de la población de las ciudades a las zonas de vacaciones, cargando, por supuesto, con toda la problemática de masificación y complejidad organizativa y logística que tanto flujo de personas lleva aparejado. Seguramente si se lograra, al menos, ampliar el tiempo de vacaciones en un par de meses más, septiembre y octubre, por ejemplo, podríamos favorecer un reparto de funciones mucho más racional.



         Seguramente podríamos alcanzar mejores repartos del tiempo y del espacio de los que tenemos ahora. Los grandes cambios tienen sus beneficios indiscutibles, que se lo digan a las poblaciones de costa, cómo se han beneficiado de los flujos veraniegos. Pero, una vez conseguidas estas cotas de distribución, no estaría de más seguir profundizando en las mejoras conseguidas para abarcar más amplias cantidades de benefactores del factor verano: los alojamientos rurales, los tiempos para los jubilados, cuya mayor disponibilidad les permite trasladarse en tiempos en los que la mayoría ya deben centrarse en el curso, las vacaciones temáticas, bien en mundos agrícolas o de otros temas, que permiten diversificar los atractivos. De todas formas, lo cierto es que a partir de mañana iremos viendo cómo las calles adoptan el ritmo del curso escolar que poco a poco, a lo largo del mes, irá  dibujando la vida de nuevo.