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domingo, 22 de mayo de 2022

DEJAR DE MATAR

 

         No quiero escuchar demasiado esto de la viruela del mono.  Parece que le prensa necesita titulares novedosos, de esos que nacen, ocupan las primeras páginas, nos comen las entrañas con una nueva angustia contra la cual apenas podemos nada y en unos días desaparece de nuestra atención como por ensalmo. En medio de tanta miseria se nos ha colado la llegada del emérito y se dice que hasta 200 medios de difusión han estado al pie del avión para dar fe de su llegada, para seguir su recorrido en el coche de su amigo y para conocer dato, cada movimiento, cada palabra, cada paso dubitativo de los pocos que ha dado. Hemos conocido hasta cuando ha ido al cuarto de baño o lo que ha desayunado. De la viruela se nos ha dicho que es muy molesta pero que no es muy grave ni amenaza pandemia. Ojo, eso sí,  con las relaciones sexuales de riesgo y aislarse en caso de tener síntomas que, en dos o tres semanas la tenemos dominada. De la prensa que ha seguido al emérito, nadie se ha preguntado, por ejemplo,  cuánto ha costado el viaje, quién  lo ha pagado y cuánto cuesta su seguridad personal que pagamos todos. El lunes volverá al país que ha elegido como residencia permanente y así no tiene que estar pendiente de la hacienda española, que le gusta demasiado mirarnos el bolsillo.



         Ya no estamos pendientes de los muertos de Ucrania, pero no porque no haya, que hay más que nunca, sino porque no soportamos tanta primera página monotemática. He decidido adherirme al partido que verdaderamente me interesa. Se llama DEJEN DE MATAR. Es casi tan viejo como el género humano y viene a cuento porque, sencillamente parece que no aprendemos de casi nada. No soy especialista en geoestrategia, me importan una higa las fronteras, tanto las de Rusia como las de Ucrania como las de España, que las tengo aquí, detrás de la puerta. Lo único contra lo que quiero luchar es contra los que no paran de poner muertos en las calles, destrozan los puentes y las carreteras, empobrecen los países y siembran el hambre y la desolación allá por donde pisan. Como no quiero que ningún contendiente me hable de sus razones, me niego a escuchar ningún discurso que no se fundamente en DEJAR DE MATAR,  que es el fundamento de mi partido y el único en el que creo.



         Ya estoy viendo cómo la OTAN está a punto de ampliarse para regocijo de occidente y para inmenso cabreo de Rusia que amenaza con consecuencias. Los conductos de gas y petróleo rusos se van cortando para occidente poco a poco, lo que obliga a buscar nuevos mercados porque a la vuelta de unos meses tendremos un nuevo invierno, el frío se nos meterá hasta los huesos y buscaremos calor desesperadamente. Para frenar la invasión rusa de Ucrania le hemos impuesto al invasor una serie de medidas con idea de irlo ahogando económicamente, a ver si así se entera de que tiene que volver a su casa. Rusia contraataca con que le paguen su gas y su petróleo en rublos para que su moneda no se hunda. Europa se revuelve porque se siente dependiente del petróleo y del gas ruso pero con una moneda que pierde valor en el mundo a pasos agigantados y en esta suerte de medidas y contramedidas, en medio, los miles de muertos van cayendo a pasos de gigante, tanto rusos como ucranianos, sin que parece que nos importen.



         DEJAR DE MATAR es mi partido, lo único que me importa en esta vida y la razón de esta reflexión que hoy comparto con vosotros no porque no me interese el viaje del emérito, ni la viruela de los monos, ni los proveedores que vamos a tener que localizar para que nos provean de petróleo y de gas el próximo otoño ni la moneda en la que vamos a tener que pagarlo. Lo único que me interesa  y a lo que pienso dedicar mis energías, que lamentablemente van mermando inexorablemente, es que vayamos haciendo todos  el puñetero favor de dejar de matar hoy mismo porque para mañana ya es tarde y porque hay una ley que todo el mundo valora pero que parece que nadie está dispuesto a cumplir y que es el respeto a la vida. Miro aquí y allá y veo demasiados muertos a mi alrededor. No sé si tendré que avergonzarme hasta de pertenecer al género humano. No me gustaría, para lo poco que me queda de vida.     

 

domingo, 15 de mayo de 2022

PLUF

 


         Y llegó el insigne 9 de mayo, desfilaron unos cuántos miles de soldados extremadamente marciales por la Plaza Roja de Moscú, se percibieron lagunas tan significativas como la ausencia total de presencia aérea, habitual en todos los desfiles, y un discurso descafeinado del señor Putin en recuerdo de los caídos en la Segunda Guerra Mundial, a la que la URSS aportó 26 millones de soldados. Lo cierto es que el conflicto más vivo de Europa, que se llama Ucrania, tuvo toda la presencia del mundo por lo presente en el desfile pero, sobre todo, por las ausencias notorias que todo el mundo pudo ver y que parece que Rusia no. La guerra sigue para dolor de todos, los muertos ya se cuentan por miles, tanto ucranianos como rusos y estamos a punto de cumplir tres meses de sangre y de ruina en Ucrania sobre todo, pero también en la conciencia de Europa y del llamado mundo libre, sin que hasta el momento se vaticine un alto el fuego a corto plazo. Rusia perdió su previsto paseo triunfal y ahora se desangra por los barros interminables de Ucrania y la posible solución al conflicto se aleja y se enmaraña por momentos.



         Una vez pasados los acontecimientos festivos: Semana Santa, Feria de Abril de Sevilla, Feria del caballo de Jerez de la Frontera…, y las que quedan por llegar, anotamos las consecuencias de la pandemia que nunca se fue pero que sí nos ha llevado a relajar las medidas de precaución y el número de infectados crece por la alta exposición, si bien en Europa, y sobre todo en España, 92% de vacunados con pauta completa a mayores de 12 años, las vacunas están sirviendo como una defensa eficaz que no elimina los contagios, pero que sí hace bajar los casos de infecciones graves, de ocupación de las UCIS y de defunciones que se mantienen o van descendiendo levemente. Están apareciendo situaciones nuevas como la de Corea del Norte que, hasta ahora se iba librando pero que en este momento alcanza los 130000 infectados y sin vacunas eficaces que poner a sus ciudadanos. Sin contar el fracaso de virus 0 que mantiene a Shanghai, 26 millones de personas, en confinamiento extremo.



         Por completar los pluf de esta semana, llevo casi un mes a la espera de que florezca el extenso espacio de cardos por el que paso cada sábado, en medio del Camino del Arzobispo, con una salud a ras de tierra envidiable. Ayer me paro una vez más, móvil en ristre con la ilusión de inmortalizar el maravilloso colorido lila, me acerco con toda la ilusión del mundo y constato que el color de la floración que ya ha alcanzado su cenit, aproximadamente la mitad hasta el momento, es blanco, sencillamente blanco. Los insectos que están libando ni se enteran de que me acerco, lo que quiere decir que su borrachera de sabor debe ser tan intensa como si fuera lila pero yo si me quedo un poco chafado porque entre el blanco y el lila, francamente, no hay color. Es verdad que la Naturaleza es grande y unos metros adelante, camino de la fuente de Aynadanar, no faltaban tallos sueltos que culminaban su floración con lila, pero mi expectativa quedó francamente mermada.



         Seguramente las expectativas que prevemos al iniciar cualquier empresa necesitan ajustar el tiro para no encontrarnos con chascos imprevistos. Pero también cabe que nuestra arrogancia baje un poco la cabeza y aprendamos humildemente que nuestra capacidad de previsión necesita mayores dosis de conocimiento, para que no tengamos que tragarnos el producto de nuestras inexactitudes. He leído esta mañana que se está detectando un cierto rum rum en Rusia para deponer a Putin. Da la sensación de que también los muertos pueden alcanzar un cierto numerus clausus, alcanzado el cual nos ponemos a empezar de nuevo bajo otros supuestos. Lo de Corea del Norte me queda un poco lejos y su hermetismo dificulta cualquier posibilidad de colaboración que tendría que pasar por la vacunación indiscutiblemente. Y en lo que toca al colorido de los cardos cedo por completo mi decepción porque gracias a las generosas lluvias de marzo y abril, la floración se encuentra en toda su plenitud con cualquiera de los colores que inundan este mundo.   


  

domingo, 8 de mayo de 2022

9 DE MAYO

 


         De nuevo recorrí ayer la plantación de cardos, que este año me tiene soseído. La inundación amarilla de los jaramagos no necesita tanta espera porque, sencillamente, se mete por los ojos y no hay modo de ignorarlos. El tema de los cardos es distinto. La hembra ocupa el suelo con esa maravilla de verde y púas de sus hojas y, en el momento en que el suelo es más suyo que de nadie, el elemento macho se levanta de la tierra, sube y sube con vigor, hasta conseguir la floración de macho y con ella la semilla, cuyo color y sabor vuelve locos a los insectos polinizadores. Su color es, sobre todo, lila y reconozco que no conozco otro color más potente ni más estimulante, aunque no es exclusivo. Ayer conseguí una imagen de flor blanco, que hoy os muestro, y que debe llevar el mismo delirio sabroso a tenor de la pasión de los insectos por ingerirlo. Borrachera de sabor que les hace ignorar a cualquier intruso, yo, por ejemplo, que se acerca. Todavía queda floración y daré buena cuenta, con descaro, de la intensidad de su colorido.



Occidente, hoy, sólo habla del 9 de mayo. Rusia conmemora el 9 de mayo, lunes, su victoria sobre el nazismo. Bien es verdad que Rusia entonces no era Rusia sino la Unión Soviética pero parece que a Putin este cambio de nombre no parece importarle demasiado. En lo que se llamó en su día Plaza Roja de Moscú se celebrará el desfile de la victoria y se espera con expectación, a sabiendas que el conflicto con Ucrania dará un vuelco importante. Lo que más se comenta es que Putin pueda proclamar la guerra, esa que Rusia tiene reducida a una operación especial de desnazificación de Ucrania y que el resto del mundo identifica con imágenes de un país devastado y unos cuantos miles de muertos a su espalda, difíciles de vender a su pueblo si no se justifica con algo de mayor envergadura. Claro que declarar una guerra abiertamente significa también entrar en un proceso de consecuencias completamente desconocidas, sobre todo porque el arsenal nuclear del mundo formaría parte del conflicto que ahora solo está de tapadillo.



         Parece que el actual conflicto estaba previsto para una duración de pocos días, casi un paseo triunfal ruso, cuyo ejército podría ser recibido entre palmas y olivas por el pueblo ucraniano. La situación hubiera terminado pronto, con un cambio de gobierno más afín a Moscú, Ucrania bajo la órbita rusa y aquí paz y allí gloria. Pero, después de más de dos meses de conflicto, ni la respuesta de Ucrania ha sido la que se esperaba, ni la unidad mostrada por occidente contra los planes de Putin tampoco. El líder ruso tiene que ofrecer un discurso a su pueblo que justifique la larga y costosa acción militar contra Ucrania, que se escapa de una simple operación militar especial prevista inicialmente. La aceptación popular de Putin, alrededor del 80%, no está en juego. Cuenta con el importante apoyo del patriarca Kiril, o Cirilo I, de la iglesia oriental y las medidas que occidente está tomando como respuesta a la invasión de Ucrania pueden convertirse en argumentos victimistas a favor de sus tesis.



         Todo hace pensar que mañana vamos a conocer un importante giro al tema de Ucrania y nadie espera que para bien, si por bien entendemos un alto el fuego y que Rusia ceda en sus aspiraciones anexionistas. Putin necesita vender fortaleza ante su pueblo y eso pasa necesariamente por redoblar la potencia contra Ucrania, sobre todo porque en la respuesta militar que hasta ahora ha ofrecido Ucrania, Putin no deja de ver el largo brazo de la OTAN y, sobre todo de EEUU. Las endiabladas lecturas de lo que acontece nos dicen que sobre las espaldas del pueblo ucraniano se está librando una batalla de poder geoestratégico en la que Rusia se juega su posición en el concierto internacional y no está dispuesta a ceder protagonismo. La Unión Europea bajo el paraguas de la OTAN ayuda a Ucrania como manera de frenar a Putin porque no se fía de que sus intenciones expansionistas se circunscriban sólo a Ucrania y no se puedan extender a otros países vecinos. Mañana, 9 de mayo, nubarrones sobre el próximo futuro.



domingo, 1 de mayo de 2022

IMPUDOR


         Vengo soportando la presión desde hace más de un mes. Los dos años anteriores se llamó pandemia y casi todo lo sacrificamos a sus efectos y este año hemos querido creer que ya todo ha pasado y nos hemos comportado como si lo vivido hubiera sido un sueño. La verdad es que posiblemente estamos entrando en la séptima ola, aunque ya nada es lo mismo. Nuestra lectura se ha empeñado en que tenemos que salir de aquella ciénaga y nos comportamos como si así fuera. Nuestros soportes se llaman vacunas, hemos decidido que ómicron, que es nuestra cepa, se comporta de otro modo y cada vez se parece más o una gripe y hay algunos datos que nos avalan. Claro que Shanghay, con 26 millones de habitantes está como nosotros, incluso mejor en datos, y se encuentra cerrada a cal y canto como no lo hemos estado nosotros ni en los tiempos más duros, sencillamente porque los chinos han decidido que no se van a conformar con aprender a convivir con el virus, como nosotros, sino que el impacto del virus debe ser cero.



         Luego vino la guerra en Ucrania, eso que Putin dio en llamar Operación Especial de Desnazificación y que dos meses después de haber comenzado, lo que vemos es un país reducido a escombros, miles de muertos y un desconcierto mundial porque, a pesar de ser sólo uno de los 72 conflictos en activo, ha pasado a primer término quizá por ser el último, puede que por ser el más cercano o no sé muy bien por qué. Y esta mañana mi mirada sombría me llevaba de nuevo a llorar con palabras como vengo haciendo en semanas anteriores cuando se me ha colado por los ojos una bocanada de amarillo que he identificado al momento con el  jaramago, una de mis flores del alma, y de pronto me he desmelenado, he constatado que acabamos de terminar abril y se nos viene mayo encima. A poco que nos descuidemos, un año más se nos pasa y la hermosura de la tierra y de sus cambios pasa por delante de nuestros ojos, nos hacemos los suecos y seguimos la estela de esta tizne que se nos puso delante con la pandemia, que ha seguido con la guerra y que puede continuar con otras oscuridades, que nunca faltan.



         No puedo quitarme el jaramago de los ojos. Muevo un poco la cabeza y alcanzo el Desierto de Tabernas, un vecino cercano y de cuya textura y color tenemos suficientes testimonios a través de los espaguetis wester de Sergio Leone y sus muchachos, pero que hoy se mete por los ojos con otro colorido, reventado de flores por los cuatro costados, aunque sabemos que, siguiendo su condición, tardará poco tiempo en volver a su color terroso y seco que le caracteriza. Nuevo mensaje que me entra por los ojos, que me inunda por completo y que por causa de estas lluvias tardías, a pesar de que las reservas hídricas no andan muy boyantes, porque enero y febrero han sido muy poco generosos en precipitaciones, el agua se ha hecho presente y nos ofrece espectáculos impúdicos de color y de vida que me han desbordado hasta el punto de olvidarme de tanta oscuridad como alberga la memoria y abrazarme al color con un impulso lúbrico en incontenible, a sabiendas de que será corto en el tiempo necesariamente.



         Mi paseo de los sábados por el Camino del Arzobispo me tiene expectante porque he descubierto una hermosa plantación de cardos borriqueros que ya cubren varias pendientes junto al Cortijo de Pepino y que voy siguiendo expectante hasta ser testigo de su inminente floración. No sé qué mano amiga me ha cubierto de primavera la mirada, ni quiero saberlo. Sólo acepto, con toda humildad, que no he podido concluir abril con los ojos oscurecidos por el desastre y que, con todo descaro y con todo impudor, me desnudo de colores y opto por la vida, a sabiendas de que tendré que pagar un alto precio por semejante desafío. Apenas si me muevo y preferiría quedarme de este ser eternamente. Pero sé que tanto color me deslumbra y que el ciclo de la vida no puede parar a mi antojo. Lo más que puedo hacer es acoplarme a esta sinfonía de vida y de color que me rodea, sentirme una pieza más de tanta belleza y cuando tenga que cambiar, que cambie. Y yo con ella.  
 


domingo, 24 de abril de 2022

VARIEDADES


         Es posible que no soportemos ningún tema en profundidad. Cuando comenzaron los bombardeos rusos sobre Ucrania fue como un bofetón en plena cara de occidente. Hoy ya son más de 50 días de bombardeos, medio país hecho trizas y miles de muertos y nos vemos y nos deseamos para mantener viva la atención. En España hemos encontrado el asunto de los comisionistas, listillos que en los primeros momentos de la pandemia se aprovecharon de sus contactos cercanos al poder para conseguir encargos de materiales sanitarios: mascarillas, test, epis…, de los que Europa entera adolecía. Tardará mucho tiempo en saberse, si es que llega a saberse, hasta dónde llegó el aprovechamiento de los listillos de turno o, sencillamente de los incompetentes, que de todo hay en la viña del señor, que, con la urgencia del momento consiguieron encargos de las administraciones y los resultados, se están viendo ahora, que más de uno de sus bolsillos se inflaron de lo lindo, hasta con el 40% de comisiones, con lo que han dejado un tufillo de sinvergonzonería, suficiente como para oscurecer el drama de Ucrania y eliminarlo de los grandes titulares en la prensa.



         Si hacemos memoria emotiva y nos ponemos en la situación de hace dos años por esta fecha, con un nivel de ignorancia sobre casi todo lo que se nos estaba viniendo encima con el dichoso covit 19, se nos queda bastante poco aleccionador que algunos aprovechados se valieran de sus contactos personales con  políticos para poner sus bolsillos a rebosar con la excusa de surtirnos de equipos sanitarios que, hasta ese momento, casi ni conocíamos siquiera. Desde el punto de vista humanitario, la lección que nos están dejando estos vivillos no es muy edificante porque al final se reduce al todo vale, primero yo, después yo y, si sobra algo, para mí. Suponemos que no fueron muchos pero el regusto que dejan en la boca es bastante amargo. Su poder, sin embargo, ha sido suficiente para opacar Ucrania entera, en un momento en que la guerra anda desatada y ya se hace difícil contar los muertos que se están quedando en el camino.



         Aunque en niveles distintos de desdicha, dónde merece la pena que pongamos los ojos: en los muertos de las calles ucranianas o en los vehículos de alta gama, hasta doce según las crónicas, comprados con las ganancias de la provisión de mascarillas, defectuosas en muchos casos, con las que tuvimos que apañarnos en los momentos de mayor angustia de la pandemia. Algunos aprendimos a taparnos la boca por primera vez con un trapillo, que nos llegaba de China según decían, para protegernos del bicho, un virus desconocido hasta entonces, que nos ha revolucionado por completo en estos dos últimos años. Lo que ha importado ha sido hacer desaparecer cuanto antes los abultados beneficios de las compras abusivas que han colocado donde se les ha abierto un hueco privilegiado y ahora sabemos que algunos de esos coches de superlujo ya se están vendiendo de nuevo porque, lejos de devaluarse, como le pasa al común de los mortales, suben todavía más el precio de venta, con lo que, beneficio sobre beneficio hasta el juicio final.



         Las portadas de los periódicos parece que no soportan la monotonía de la repetición. Los cadáveres en plena calle tuvieron su momento de gloria pero su interés decae con la misma rapidez que subió hasta las nubes el primer día. Lo que no decae al parecer es el interés por la variedad. Lo que importa es que nos lleguen mensajes distintos y que nos exploten en la cara con la fuerza de lo nuevo. Unos puede que sean más trascendentes que otros, sea en amplitud o en profundidad, pero lo que no pueden prescindir es de la fuerza de la novedad. Como si cada mañana necesitáramos el bofetón de lo nuevo, que nos remueva el asiento y que nos impulse hacia lo desconocido, con lo que alimentarnos las próximas 24 horas. Podríamos valorar el peso de los dos ejemplos que proponemos: guerra de Ucrania o aprovechados sin mucha ejemplaridad social, pero eso puede ser asunto a reflexionar con más tiempo. Por ahora lo que importa es la sorpresa de cada mañana y que la novedad no decaiga. 

   

domingo, 17 de abril de 2022

TINIEBLAS

 


         En la actualidad no gasto ningún tipo de oraciones porque he dejado de creer en nada que no sea la tierra. Recuerdo haber escrito sobre cualquier guerra, y la de Ucrania lo es diga Putin lo que diga, que lo que importaba era el primer muerto. Hoy todo eso está ya lejos y la vida no vale nada. No sabemos los muertos que han caído a estas alturas, sencillamente porque nadie sabe contarlos. La semana pasada hablamos del relato de cada uno de los contendientes y en ello estamos. Si aparecen muertos por las calles, y cada día son más, a nadie le importa saber quiénes son o como se llaman. Lo que preocupa es que cada bando logree imputar esas muertes al otro bando. Es verdad que ya sabemos que hablamos de miles, tanto los rusos como los ucranianos, pero eso ya importa muy poco. Los primeros días se buscaba a Valentina, una abuelilla que pululaba por las calles, da igual de qué ciudad. Alguien  la localizó debajo de unos cascotes, muerta naturalmente, y apenas si se pronunció su nombre. Hoy ya ha desaparecido, como tantos otros. Hoy dan igual los muertos porque nadie sabe contarlos ni hablar de ellos.



         En los tiempos en que leía la biblia recuerdo la oración del Huerto como uno de los pasajes más impactantes, cuando aparecen los soldados a detener al maestro que estaba rezando, mientras sus discípulos se habían dormido. Cuando fueron a prenderlo, uno de los apóstoles se enfrentó al romano y el maestro le dijo: DÉJALO, PORQUE ESTE ES EL TIEMPO DEL PODER DE LAS TINIEBLAS. El maestro estaba sudando sangre, pero nada le valió para que se lo llevaran del Huerto de los Olivos detenido. Este es un tiempo de tinieblas. El holocausto de Valentinas y demás vecinos que están cayendo como chinches, ya no importa a nadie. Ahora estamos en si Rusia extermina por completo a Mariúpol para controlar el pasillo sur hasta unirlo con Crimea y con Odesa o si Ucrania ha hundido el Moskva,  buque insignia ruso. Por supuesto Rusia dice que es mentira y que lo que ha pasado es que se ha declarado un incendio a bordo y todos los tripulantes han sido evacuados. Puede que algunos hayan muerto, pero pocos.



         Cuando llega el tiempo de las tinieblas todo se ve oscuro. Nadie necesita ver la luz porque lo que importa es que mi relato se imponga por encima de todo. Este es el tiempo de las tinieblas. Apenas supimos que aquella abuela que pululaba por las calles bombardeadas se llamaba Valentina y seguramente buscaba comida o un trozo de madera para calentarse, pero ya murió y ahora descansa en el olvido bajo los cascotes. Como la verdad, como cualquier forma de diálogo que no sea mentira. Las delegaciones de negociadores se reúnen y no buscan otra cosa que ver quién engaña a quién y mañana, en los mil frentes abiertos, más muertos y más destrozos que tirarse a la cara unos a otros. Por ahora no hay más verdad que la mentira. Nadie sabe contar muertos, ni los suyos siquiera y las tinieblas cada vez se tornan más espesas, de modo que sólo vemos lo oscuro. Unos con sus corbatas engominadas y otros con sus trajes de campaña andan por los pasillos de mármol con telarañas en los ojos.



         Me consta que lo de Ucrania tampoco es para tanto. Nunca nos han faltado guerras que echarnos a la cara. Esta parece que se nos ha puesto tan cerca que nos cuesta más ignorarla pero, en realidad, es sólo una más en medio del ancho mar de tinieblas en el que nos movemos. Parece que solo estamos cómodos si nos rodeamos de muertos por todas partes. A veces es en el océano, bajo cuyas aguas alcanzan el olvido millones de valentinas de muchos colores. Hoy nos basta cruzar hacia el este y allí nos espera la Valentina de turno que ha pagado con su vida el atrevimiento de haberse cruzado en medio de un conglomerado de tinieblas que nos tiene el entendimiento oscurecido y que nos está cruzando la cara de parte a parte a ver si terminamos de entender que no hay más verdad que la mentira y que aquí estamos todos frente a frente para corroborarlo cada día…,  ¿dónde estás…, Valentina?, ¿dónde te has ido?.       


   

domingo, 10 de abril de 2022

RELATO


         Más de 80 años después del bombardeo de Guernica, lo que se transmite de boca en boca es que fue la Legión Cóndor alemana la que realizó un experimento de guerra: un bombardeo indiscriminado contra la población civil para sembrar terror. Y nos quedamos tan panchos con un trágico suceso, inmortalizado universalmente por el genio de Picasso, con un cuadro rompedor donde los haya, conscientes de que esa fue la verdad, que se repitió en bastantes más lugares a lo largo y ancho de la Segunda Guerra Mundial en la que el mundo entero se vio involucrado, un par de años después de la peripecia vasca. Pero en aquel momento, la realidad que quedó patente en los periódicos de la época fue muy distinta. Fueron las hordas rojas y los gudaris vascos los que se encargaron de meter fuego a Guernica por los cuatro costados y difundir el infundio de que habían sido los aviones alemanes los responsables de aquel destrozo. Esa fue la verdad de entonces, el relato que quedó escrito y que la verificación histórica, tantos años después, ha demostrado falso.



         Para el pueblo ruso, Putin no ha invadido Ucrania. Ha sometido al pueblo ucraniano a una operación militar especial, al objeto de liberarlos de las fuerzas nazis que tienen infiltradas en su ejército. La aceptación del discurso de Putin en el pueblo ruso supera el 80%. Que aparecen una serie de cadáveres abandonados la ciudad de Bucha y occidente se lleva las manos a la cabeza por el dramatismo al que ha llegado la guerra, el relato que consume el pueblo ruso es que los cadáveres se mueven porque se trata de actores que las autoridades ucranianas han colocado tal como los vemos para manipular a la opinión pública occidental que termina creyendo lo que las autoridades ucranianas imponen como relato. Cuando en medio de tanta bandería pensamos en algo que signifique la verdad, nos damos cuenta de que ni hoy ni nunca tal concepto ha tenido valor alguno porque en todos los conflictos que en el mundo ha sido, lo que ha pasado en la vida real es lo que cada uno de los contendientes afirma que ha pasado, y punto.



         Al final parece que la verdad no le interesa a nadie y el criterio de cada uno está fundamentado, no tanto en los datos objetivos sino en la versión que cada uno de los bandos logra expandir y que su clientela se crea. No es nuevo este contubernio de los relatos en este drama que se nos mete por los ojos desde hace ya cuarenta y tantos días, y lo que, al parecer, nos queda todavía. En realidad, desde siempre esto ha sido así y no hemos conocido la historia, sino las versiones de la historia que unos y otros nos han logrado trasmitir. Es verdad que existe una ciencia llamada HISTORIA que, a duras penas, con el paso del tiempo y fundamentada en documentos y datos objetivos logra abrirse paso y nos va dejando algo parecido a la verdad, hasta donde ha sido posible en cada caso, pero para eso ha de haber pasado tiempo y esfuerzo de historiadores, capaces de sortear versiones interesadas de unos y de otros y establecer verdades fundamentadas.



         Por volver de nuevo a Guernica, que se ha puesto de moda estos días porque el presidente ucraniano Zelenski, en su intervención ante las Cortes Generales españolas, de hace unos días, usó como comparación con lo que, según su criterio, está pasando con lo que el ejército ruso practica con el pueblo ucraniano. Tanto tiempo después lo de Guernica, que ocurrió en abril de 1937 en nuestra desdichada guerra civil, sigue siendo motivo de litigio a pesar de la prolongada carga histórica que ha caído sobre el acontecimiento en cuestión. Nos da idea de lo difícil que es lograr que la verdad se vaya imponiendo sobre las versiones interesadas. Si el drama de Guernica todavía levanta pasiones según quien tenga que establecer su relato, qué vamos a pensar de unos acontecimientos que están palpitando cada día. Nosotros estamos en un bando y el pueblo ruso en otro. Yo no creo otra cosa que el pueblo ucraniano ha sido invadido y que el ejército ruso debe salir cuanto antes de un país que no es el suyo y al que está destrozando impunemente, pero el tiempo dirá con qué terminaremos quedándonos.