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domingo, 23 de septiembre de 2018

DOLOR

         Nuestro compañero Manuel Ángel nos comenta en su intervención de la semana pasada que deja su responsabilidad en un grupo porque dentro de tres meses iniciará su contrato de relevo, puerta de entrada a la jubilación. Quién lo diría, él que siempre fue el más joven del grupo. Se ve que el tiempo pasa, tanto si nos damos cuenta como si no. Le he dado mi profunda enhorabuena a nivel personal y le he dicho que este blog perderá un punto de frescura. Espero que haya alguien que se atreva a colaborar y que esté con las manos en la masa. Me atrevo desde aquí a invitar a Manuel a que nos explique exactamente cuál va a ser su trabajo en el equipo estos tres últimos meses de docencia porque ha dicho que va a quedar de apoyo al equipo de 0 a 3 años y nos aportaría mucha luz sobre el tema de los más pequeños, del fundamento del trabajo con ellos y de la manera de entender el equipo de profesionales y de las distintas funciones, su jerarquía y el sentido de unidad. Ahí te lo dejo, Manuel.

Otra pieza clave en la que se asienta este trabajo es Julia. También la mencionábamos la semana anterior y una vez más le pedí que diera un paso y se dejara ver con sus comentarios. Pero Julia es discreta casi hasta la desesperación. Julia nos lee siempre y de vez en cuando llama y hablamos casi haciendo un repaso completo de los distintos temas que hemos tocado desde la última conversación, pero hasta ahí llega ella. Yo no puedo más que agradecerle de todas las maneras posibles sus colaboraciones y pedirle que se sienta bien como quiera y siga colaborando porque su constancia y su lucidez son inestimables. Estos dos amigos son de toda la vida casi, con lo cual la confianza en sus palabras es casi plena, tanto si estamos de acuerdo como si no porque lo que nos une, que es la preocupación por la educación está por encima de acuerdos o desacuerdos puntuales. A Pilar la conocimos ya en este blog. Vive cerca de Zaragoza en un pueblo que de llama La Almunia de Doña Godina. En un viaje que hizo a Granada tuvimos ocasión de pasear una tarde para sellar nuestra relación con la presencia. Su pasión es la música y su empeño por estos temas parece que no tiene fin.


                  Estas tres personas no son las únicas en las que nos inspiramos pero sí son como los pilares más sólidos y más constantes que soportan nuestro contenido y nos sirven siempre de orientación. Mi agradecimiento sin fin para ellas y mi invitación a quien pueda leer esto a que entre, que hable, que nos hable y que sepa que no tiene que preocuparse de acertar con nada porque lo que importa es hablar y seguir reflexionando sobre un tema tan esencial como los primeros años de la vida de las personas que son el fundamento de la vida y los que no se olvidan jamás, por más que deambulemos por montañas o desiertos o mares sin fin en todo el tiempo que nos toque vivir. Nuestra última imagen en esta tierra será sin duda de estos años y cualquier asunto vital que nos surja a lo largo de los años hay que bucear en estos años para encontrar el hilo que nos lleve al ovillo.
 Tenemos más personas que nos acompañan con mayor o menor frecuencia y muchas más que nos leen, ahí tenéis el contador que no nos deja mentir. Todas las presencias nos parecen impagables porque nos estimulan y nos hacen saber que iniciativas de este tipo tienen algún significado, aparte del primigenio de su autor aquí presente que lo tomó de su mano un día, allá por septiembre de 2010 y dice que no tiene el más mínimo interés en dejarlo porque para él, que soy yo por si no lo habíais adivinado todavía, el hecho mismo de poder reflexionar sobre este tema se está convirtiendo en algo tan esencial en su vida, que es la mía, como el aire que respira. Comprendo que las coyunturas pueden ser urgentes y llenar miles de páginas en los periódicos, pero hace tiempo que aprendí que lo urgente casi nunca es lo importante y me decidí por lo segundo. En ello estoy. La vida es un río que nos lleva a todos.

domingo, 16 de septiembre de 2018

LIBROS



         Hablando con mi insigne amiga Julia el domingo pasado a propósito del comienzo del curso,  me comentaba las veces que en este blog hemos hecho referencia al tema y cómo sigue sonando a nuevo. Concluíamos que hay que mantener el pulso en los temas esenciales de la educación y no debemos dar por válida, por ejemplo, la imagen de un pequeño llorando el primer día del curso, aunque sepamos que en determinados casos se produce, porque lo que nosotros debemos promover es la de la escuela como un espacio de aprendizaje, de relación y de gozo, que también se produce pero no sale tanto en los medios por aquello de que el hecho de que un perro muerda a una persona no es noticia pero que una persona muerda a un perro sí. No nos vamos a cansar de defender la educación y la escuela como aporte imprescindible en la educación y cómo el hecho de ir a la escuela es una defensa social contra la ignorancia y a favor de la concordia y el conocimiento entre las personas.

         Pues lo mismo digo hoy con el tema de los libros. Me sorprendo el esfuerzo que hacen las administraciones para que todas las familias puedan tener los libros de texto gratuitos cuando eso lo único que indica es el aluvión de dinero público que van a recoger las editoriales que no hacen su agosto, pero sí su septiembre. No puedo dejar de recordar a Julia de nuevo porque ella ha formado parte hasta su jubilación de un magnífico proyecto educativo, VERDEMAR, en Cantabria y se han señalado por la elaboración artesanal hasta de los calendarios, de los que todavía guardo unos cuantos, demostrando con su rendimiento de tantos años, y los que le quedan, estoy seguro, que los libros de texto tienen su espacio pero que la educación quien tiene que dirigirla y responsabilizarse de ella son los profesionales pagados para ello. La responsabilidad de los contenidos que aprenden los pequeños no puede estar en las editoriales, sino en los maestros.

         Recuerdo que cuando en España se dio cabida legal a los de tres años, aunque no formaran parte del tramo obligatorio, los colegas decíamos entre risas: "¿Serán capaces de vendernos libros hasta para los de tres años?". Pues ya los tenemos y los hemos asumido con toda normalidad como si fuera imposible pensar en educación y los libros de texto no estuvieran presentes. Mi segunda esposa y madre de mi hija Elvira recuerdo que me comentaba al principio de mi relación que asistió en 1984 a un curso de educación Infantil donde un señor barbudo no hacía más que hablar de que los niños aprendían jugando. Yo le dije: "Sería yo". Y ella se reía como si fuera una broma pero un día revisando su historial académico se encontró con el certificado del curso de marras y comprobó que era yo quien lo impartía. Este hecho, que no es más que una anécdota graciosa no puede compararse al proyecto de VERDEMAR, por ejemplo, que es un importante grupo humano, pero ambos ilustran que se puede vivir sin  libros de texto.

         Tampoco significa en ninguna medida aversión contra los libros. En Granada llegamos a abrir una librería, que todavía se mantiene, ESCUELA POPULAR, en la que nos dedicamos a clasificar los libros infantiles por estanterías según la mejor adaptación de sus contenidos a determinados cursos y nos preocupábamos de que en cada aula hubiera una pequeña biblioteca al alcance de los pequeños para complementar el trabajo de grupo que se hacía cada día. Hoy toda la literatura infantil viene debidamente clasificada y quien vaya a comprar un libro no tiene más que mirar en su cubierta y verá la edad para la que se recomienda, pero entonces esto no existía y nos teníamos que buscarnos la vida por nosotros mismos. Todavía me hiere la vista ver a personas que apenas pueden andar por sí solas con enormes mochilas llenas de libros para que las editoriales se llenes sus bolsillos y para que los maestros dejen de responsabilizarse de la educación de los pequeños.  


domingo, 9 de septiembre de 2018

COMIENZO



         En los últimos días hemos oído que los poderes públicos van a invertir en Escuelas Infantiles de 0 a 3 años para ampliar la red pública. Nadie nunca pidió que hubiera plazas públicas para todos los pequeños. Como mucho para los que demanden. La oferta no superó en ningún momento el 20 por ciento. Ahora puede aumentar algo porque parece que se ha tomado en serio esta necesidad social que no debe ser muy apremiante electoralmente. Bienvenido sea y veremos en qué se traduce al final. El mundo al revés. En los primeros años de la vida que es cuando se ventila lo esencial de cada persona, inversiones cicateras y muy por debajo de las necesidades. En los estudios superiores, cuando las personas disponen de facultades para defenderse por sí mismos, ahí la gran inversión. Nada en contra de la última pero sí mucho en contra de la falta de sensibilidad y de visión a largo plazo por la cicatería de la primera.

         Esta semana comienza el curso en los niveles elementales y la prensa nos ofrece secuencias que pretenden ejemplificarlo a base de imágenes que indefectiblemente nos muestran a pequeños llorando a grito pelado o agarrados a una pierna que, aunque no se vea la cara adulta, desde luego se supone que corresponde a su padre o a su madre. Y parece que con eso todos quedamos informados de lo que se está tratando. La visión no puede ser más desoladora. Como si a los menores se les estuviera empujando para que entraran en centros de tortura que ellos suponen o saben y a los que se niegan con todas sus fuerzas a acceder. Una vergüenza más y una muestra inequívoca de insensibilidad por parte de los adultos y del sistema. No tiene por qué ser así y hay formas, doy sobradamente  fe, de que los pequeños pueden desear la escuela, los posibles amigos que van a encontrar y una manera de crecer que la comunidad escolar les va a ofrecer que en la  familia es sencillamente imposible.

         En los equipos de trabajo en los que he participado a lo largo de toda mi docencia cualquier miembro ha ejercido su actividad sin jerarquización alguna y con relación a los pequeños con la conciencia de que cualquier actividad tenía y tiene todo el valor educativo como para que haya que poner los cinco sentidos profesionales para llevarla a la práctica en las mejores condiciones. He visto en la prensa que hay centros en los que se llama por teléfono  las familias para que vengan a recoger a sus pequeños y les cambien la ropa cuando se hacen sus necesidades encima. En los primeros años sé que es imposible porque los centros disponen para mi vergüenza de personal auxiliar dedicado a esos menesteres. Nunca hemos dividido nuestro trabajo de ese modo y en nuestros equipos cualquiera ha cambiado los pañales cuando le ha correspondido, con la conciencia de que estaba realizando un acto tan educativo como cuando nos hemos paseado por el barrio.

         Los profesionales deberíamos mirar un hacia dentro y contemplar nuestra misión como una aportación global hacia los pequeños que no entienden de barcos y que nos harán un día a toda la sociedad pagar muy caro las consecuencias de haberlos metido a rastras el primer día de escuela porque nadie les ha explicado a dónde van y las maravillas que se van a encontrar en ese espacio inmenso que los espera. Y no digo nada lo que tardará en quitarse de la cabeza la secuencia del niño que espera en un rincón mientras todos lo miran como un apestado, a que alguien de su familia llegue a la clase para cambiarlo de ropa porque no ha controlado sus esfínteres, como si las personas responsables de su educación y cuidado no encontraran digno de su trabajo cambiar de ropa a alguien que se ha manchado porque está en sus primeros años y el hecho de que sus esfínteres no se controlen al cien por cien entra dentro de la normalidad. ¡Cuánto nos queda por aprender!.


domingo, 2 de septiembre de 2018

RENACER



         Ya estamos trabajando mi hija Elvira y yo para que en el menor tiempo posible podáis tener a vuestro servicio  los ocho años anteriores de textos semanales en forma de libro electrónico. No sé la utilidad que pueda tener pero de lo que sí respondo es de que lleva el esfuerzo y la preocupación de cada fin de semana y una prueba más para mí, de las muchas que la vida me lleva aportadas, de lo que significa un corredor de fondo. Este medio que nos ha aportado la tecnología tiene la gracia de que tú puedes pasar a su lado, mirar y pasar de largo sin más en el caso de que no te interese. Es tu derecho sin duda.  Eso me aporta paz. Lo que sí me interesa es que pueda haber una persona, mucho mejor si son muchas más, que se pare y considere que le pueda interesar lo que ahí va escrito. Para esa o esas personas es para las que va dedicado mi esfuerzo. Aquí iniciamos otro ciclo que no sabemos ni cuánto durará ni siquiera cuál va a ser su contenido. La vida que nos trajo hasta aquí nos marcará el camino.

         Como no creo en las casualidades, hoy comienza un nuevo curso, propiamente empezará mañana porque hoy es domingo. Os aseguro que no estaba previsto por mí aunque no me cabe la menor duda que de cualquiera de las zonas de la vida que ignoro por completo ha salido la decisión de que eran ocho años ya y había que hacer y suma y sigue. Así pasan millones de cosas en nuestra vida que las dejamos pasar como si nada pero que obedecen a un juego de armonías que espero que algún día haya personas que puedan desentrañar. Por mi parte reconozco que no alcanzo a encontrarles el sentido pero la vida me ha demostrado y me lo sigue demostrando cada día que..., haberlo, haylo. No encuentro, por tanto, otra salida que ser dócil con esa creencia y mantener el esfuerzo y la orientación mientras el cuerpo aguante con la seguridad de que algo o alguien será capaz de encontrar el hilo que lleve al ovillo.

         Me da miedo formularlo pero es que estoy convencido de que es la verdad y tenemos que acostumbrarnos a vivir con ella cuanto antes. Creo que por primera vez en la historia los pequeños están más lejos en destrezas técnicas que las personas que los tienen a su cargo. Muchos de los conocimientos que se vienen desarrollando año tras año pertenecen claramente al pasado y no aportan nada al presente pero seguramente las personas responsables de los pequeños aprendieron así y no disponen de otros medios para alcanzar las mismas cotas de conocimientos con unos contenidos más acordes a los tiempos que corren. En este momento cualquiera de los alumnos que seguro que no le falta un móvil en su quehacer diario es capaz de dar lecciones a cualquier forma de profesorado porque ha llegado a este mundo en un tiempo en el que se respira tecnología por cada uno de los poros de nuestro cuerpo. Yo sé, por ejemplo, que mi hija Elvira tuvo su primer ordenador con tres años. No ha sido la única ni mucho menos.

         Lo que pasa es que la realidad es tan ancha y tan diversa que junto a la explicación anterior, tenemos que resolver problemas de alimentación inadecuada en muchos casos como tenemos la vergüenza de esos pequeños en brazos de sus familiares corriendo de acá para allá sin destino, habiendo tenido que abandonar sus casas de la noche a la mañana, es posible que para no volver a ellas nunca más, y sin nadie que quiera acogerlos como si fueran unos apestados. Todo este barullo de problemas de índole tan diversa es lo que configura la problemática del momento presente y aquellos que lo vivamos con la profundidad y la extensión que tienen, como es mi caso y estoy seguro que el de muchos más, estamos obligados por nosotros mismos a no pasar por delante y volver la cara como si el asunto no fuera con nosotros. Hemos de pararnos, mirar de frente y afrontar la realidad con las fuerzas que tengamos, sabiendo que cada uno somos el mundo entero.


domingo, 26 de agosto de 2018

PUNTO



         Están a punto de cumplirse los primeros ocho años de este COMO NIÑOS que un día se me metió entre pecho y espalda, yo dije en su momento que con fuerza pero cualquiera que me leyera entonces, allá por septiembre de 2010 tenía completa libertad de creerse o no.  Hoy creo que ya queda claro que no se trataba de un caprichito de tres al cuarto que hoy podía entrar como mañana podía salir. También tenía claro su título y ya aclaré en su momento que no necesariamente tendría que ser hablar de niños aunque seguro que lo sería fundamentalmente. Como niños no es ser niños necesariamente, aunque tampoco está reñido. A lo mejor en su interior podía caber de todo, que era y sigue siendo mi idea y que ese título fuera una referencia permanente de su origen y de sus señas de identidad. Ese fue su origen y esa sigue siendo una referencia válida para definirlo. No he encontrado color más bello para que sirva de imagen que la flor del cardo y por eso la mantengo.

         En más de una ocasión he recibido la sugerencia de traspasar todos estos contenidos semanales a la forma de libro. Primero porque puede que alguien le encuentre un interés que vaya más allá que el de la lectura de domingo y después porque se trataría de un formato asequible en su paginación, acostumbrados como estamos en nuestra cultura de andar pasando hacia adelante y hacia atrás, quizá con la conciencia de que dentro se contenga por lo menos una buena parte de la vida y pensamiento de quien a base de voluntad y de persistencia lo ha ido alimentando hasta alcanzar el volumen que ha alcanzado hoy en día. Y lo he intentado con mis propias fuerzas, podéis creerme. Pero este medio a través del que nos comunicamos me llegó en 1994, cerca ya de mis 50 años y a pesar de que ha llovido desde entonces, esta es la hora en que sigo sintiéndome un extraño en el elemento y lo mucho o lo poco que le saco me cuesta sudores. Me he dado por vencido, de momento.

         Mi hija Elvira que nació con el siglo, en cambio, echó los dientes con un ordenador en la mano y eso se nota al momento. Es verdad que también coincide que este elemento le interesa desde que la conozco. Seguramente eso es lo que más contribuye a que se maneje en estas coordenadas como Elvira por su casa. He hablado con ella del tema y en cuanto acabe de editar este texto nos vamos a sentar y espero que podamos hacer nuestro primer libro juntos. Yo aporto el contenido, que me ha tomado lo suyo y ella espero que logre hacer de todo un formato de libro que podamos incluir a la parte derecha del blog, junto a los demás que han ido saliendo a lo ,largo de los años. Le he llamado punto a este apunte para dar la idea de reposo, de descanso, de respiro para mirar al horizonte, pero nada más. El próximo domingo, si tengo vida para entonces, aquí estaré de nuevo estrujándome el magín a ver qué sigue saliendo.

         Seguramente la idea de COMO NIÑOS me va a acompañar ya mientras viva porque el contenido que tiene en mi pensamiento no es limitado ni en el espacio, ni en el tiempo, ni en el contenido, pero ya se irá viendo. En un principio el planteamiento es de presentarlo en formato de libro pero en este mismo medio al que, como he dicho antes, he llegado tarde al que me he aficionado con fuerza por muchas razones que sería prolijo desgranar ahora. Como ya sé que en la vida no conviene decir de este agua no beberé ni este cura no es mi padre, aquí me quedo por si mañana nos da el volunto y decidimos pasarlo al papel. Hoy por hoy el proyecto se cierne a concentrar los casi quinientos textos en un formato de libro y ofrecerlos a cualquiera libremente para que pueda entrar y salir de ellos con todos sus contenidos al alcance de la mano. Termino dando gracias a la vida, una vez más, que me ha traído hasta aquí y a vosotros que me habéis hecho compañía.


domingo, 19 de agosto de 2018

DIRECTO



         Hoy el enemigo público de llama móvil o cualquiera de los elementos informáticos al uso pero en realidad no ha sido el primero ni el único. Cada época ha tenido sus bestias negras en las que los pequeños se han ido resguardando para no terminar de caer en las redes de los adultos por completo. Pero la guerra ha sido siempre la misma. El adulto busca dominar la voluntad del menor y el menor huye que se las pela por cualquier vericueto que encuentre a la mano con tal de no encontrarse perdido en la voluntad del mayor. Ambos saben que se necesitan, es más, les encanta necesitarse porque el juego de afectos por el que la vida se mueve así lo dice pero ninguno de los dos quiere perderse en la voluntad del otro y desaparecer por completo. Y en ese juego de afectos en el que todos ganan y todos pierden es en el que se va fraguando la educación. Los pequeños alcanzando cotas de autonomía a base de presionar y los mayores regocijándose en ver cómo crecen sus retoños aunque a la vez lamenten cómo se les van de las manos por momentos.

         La alimentación ha sido tradicionalmente el reducto de las madres, como parte de ese submundo del que ellas mismas han formado parte tradicionalmente, conscientes todos de que se trataba de un mundo imprescindible en el que nos iba la vida y la muerte pero con el que nos hemos permitido todo tipo de libertades y desprecios porque hemos vivido seguros de que no nos iba a faltar en ningún momento. La evolución de la cultura ha querido que tengamos que poner la alimentación y todo su proceso en primera línea de atención. Los hombres han tomado cartas en el asunto y ya tenemos la alimentación ocupando un puesto preponderante en la sociedad. Hemos alcanzado hasta la universidad , con toda justicia a mi juicio, pero cuando ya su destino ha salido de las manos de la mujer en donde nació, para convertirse, ahora sí, en un sector clave de la vida, como en realidad fue siempre, pero con todo el prestigio social que merece y que nunca tuvo.

         En algún otro lugar he debido tratarlo, ya sabéis que los mayores con la memoria no andamos muy precisos. Sí estoy seguro que comenté que nuestro taller preferente era el de cocina. Se celebraba los lunes y que lo formaban un par de miembros de los tres cursos mayores, de 3, 4 y 5 años. También me referí a la colaboración habitual con una asociación de mayores que se ofrecían para intervenir en distintos asuntos de la docencia y entre ellos, desde luego la cocina. Para los que lo hemos experimentado, desde el primer día no hemos tenido duda de que estábamos tocando veta en educación. Que con el contacto directo se eliminaban toda una serie de mitos y malas costumbres que no tenían más fundamento que la lejanía. En cuanto los pequeños tocaban los alimentos con sus manos, allí los tenías comiendo de todo en crudo, por ejemplo, cosa que fuera del espacio del taller hubiera sido impensable. Al final es la magia del directo la que producía el milagro. El contacto con las cosas nos da su conocimiento, su cercanía y su dominio.

         Hoy no hay televisión que no se jacte de tener en su parrilla algún programa que tenga que ver con la cocina, con la alimentación, con los beneficios que obtenemos de una buena forma de comer y hasta los oficios relacionados con la comida son un sector laboral que se encuentra en auge. Yo me alegro porque siempre pensé que con los alimentos estábamos tocando algo esencial de la vida pero me sigue repugnando nuestra incapacidad para relacionarnos con las cosas de manera placentera. Todo lo hemos convertido en competición y ya no cuenta hacer una magnífica comida y aprender a disfrutarla sino que todo se reduce a un concurso en el que ha de ganar uno o una a costa de que todos los demás pierdan. Nada nuevo por otra parte porque en todos los órdenes de la vida parece que, lamentablemente,  no somos capaces de hacer las cosas de otro modo.


domingo, 12 de agosto de 2018

COLONIAS



         No quiero que se nos pase el verano, que va que vuela, y no hallamos hablado de las colonias, hoy de nuevo campamentos. Yo hice en su momento un campamento de verano como parte de mi formación académica con un marcado carácter militar. Se gozaba del cielo y del olor del monte de la Alfaguara pero en ninguna medida de la normativa interna. Por eso, cuando años después, final de los setenta propusimos elaborar unos días agrestes para que los pequeños pudieran disfrutar del campo huimos de la noción de campamento y le llamamos colonias porque tuviera un contenido más  placentero, mucho más acorde con la intención de gozar del campo y de la convivencia al aire libre que de los aires marciales que llevaba implícito el campamento que habíamos experimentado. También, en honor a la verdad, en los setenta tampoco eran tantas las familias que podían disfrutar de un veraneo y pensamos que, al menos los más pequeños, tuvieran ese gozo unos días en el verano.

         Este año me he acordado muchas veces, y me acuerdo, de aquellas heroicidades que nos suponía sacrificar una semana o quince días de nuestras propias vacaciones, para sufrir un tiempo tan inclemente como el que se ha presentado este año,  en el que apenas hemos disfrutado de una semana de calor veraniego como tal. Es verdad que España es suficientemente grande como para que se pueda tener casi de todo. En el sur todavía podemos hablar de calor de verano pero el norte ya se ven las chaquetas y los granizos que no se han ido del todo. No quiero pensar lo que supone estar en el campo con idea de gozar de los ríos y de las caminatas y verte de pronto invadido por una aparatosa nube de rayos, de relámpagos y de truenos y no tener dónde guarecerte en lugar seguro. La memoria nos cuenta que hemos pasado de todo pero no es lo mismo un chaparrón fortuito de una tarde que estas nubes de 30 o 40 litros  en una hora, que no hay fuerza humana capaz de doblegar.

         Afortunadamente algunos estamos ya fuera de ese juego y podemos verlo desde la barrera con la distancia de la edad y también, por qué no, con el convencimiento de que estamos en una época muy distinta en la que muchos más pequeños disfrutan de días de sol y playa con sus familias dentro de unas infraestructuras solventes y seguras hasta el punto que hemos convertido el turismo en la primera industria nacional. Podríamos discutir mucho de eso también, pero es verdad que se garantizan días de vivir el sol y la playa en unas condiciones fácilmente generalizables y seguras. Aquellos alardes de los setenta en los que dentro del autobús teníamos que llevar los colchones y hasta el menaje de cocina eran muy otros sin duda. No quiero comparar porque no hay nada perfecto y a todo se le podría sacar punta con razones. Sólo dejo que el recuerdo haga su labor mientras veo en la tele las enormes granizadas y las torrenteras temibles.

         Me quedo con la intención que nos llevó en su día a encontrar un estilo de vida para los menores en el que estuviera permitido gozar. Que todo no fuera obedecer las órdenes de todo el mundo, ni viajar como sardinas en lata dentro de aquellos seíllas en los que teníamos que caber el ciento y la madre o los apartamentos multiusos en los que de día se convertía en cobijo para toda la tribu y por la noche todo el espacio cubierto de colchones para dormir de cualquier forma. Nuestros pequeños aprendieron a correr por la arena de la playa, se llenaron sus ojos de la luz del sol que brillaba para todos y nos hicimos amigos que no habíamos visto nunca pero que aprendimos a gozar de la vida juntos. Algún que otro susto pasamos con las inclemencias del tiempo repentinas, para qué vamos a negarlo,  pero se ve que nuestros cuerpos respondían adecuadamente porque estamos aquí para contarlo.