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domingo, 6 de marzo de 2022

GUERRA

 

         Cuando ayer me dispuse, por error mental, a escribir el texto de esta semana, el primer nombre fue la guerra. Al momento me di cuenta que el artículo la determinaba como si sólo fuera una y lo eliminè para dejarla en el aire, como estado permanente, que me pareció más preciso. Así, por encima, con los últimos olores a muerto de la Segunda Guerra Mundial comenzó la de Indochina, le siguió Vietnam, Afganistán I, Yugoslavia, Irak, Libia, Siria, Sudán, Afganistán II y Ucrania…, por ahora y sé que me olvido de más de una. Ninguna novedad, por tanto: muertos a mansalva, refugiados en chorro, gritos de espanto, mujeres, niños y ancianos buscando dónde guarecerse y propaganda obscena de los bandos en conflicto para ganar el relato mientras la verdad va quedando pisoteada por los caminos sin que parezca importarle a nadie. La de Ucrania empieza a ser la guerra de Putin, como si eso pudiera ser cierto. Europa, esta vez unida, ya era hora, abre en canal sus espitas de acogida para los refugiados ucranianos, esa que venía cerrando a cal y canto para sirios, subsaharianos y tantos otros parias desplazados.



         Estábamos empezando a respirar del covit 19 cuando de nuevo las estampas del tórrido invierno y miles de personas despavoridas huyendo de sus hogares buscando una frontera donde librarse del hambre y de la muerte, sin saber dónde van a dormir esta noche ni qué van a comer mañana. Mientras tanto, esta vez Putin, transformando Ucrania en una ruina sin que sus 40 millones de habitantes sepan qué va a ser de ellos en el futuro inmediato. Y nosotros mirando como lelos cómo sobreviven nuestros vecinos, con la mala conciencia y la esperanza, debidamente mezcladas en los noticieros, de que esta vez parece que no nos toca pero con el alma en un hilo porque mañana o cualquier día, el Putin de turno nos esgrime sus potentes pectorales y nos mete de patitas en cualquiera de los líos reales o inventados, casi da igual, y salimos de acá para allá buscando cobijo como conejos.



         Los noticieros nos hablan de decenios de paz que ahora se truncan de la noche a la mañana. Me gustaría saber qué piensan de eso en Afganistan mientras fabrican sus burkas de nuevo, o los irakíes que seguirán buscando como locos las armas de destrucción masiva que habían anunciado a bombo y platillo el trío de las Azores y que parece que nadie ha encontrado a día de hoy. Entre posiciones geoestratégicas, fidelidades a los pactos asumidos, OTAN en este caso y complejos de resucitar la madre Rusia como gran imperio, una vez desaparecida la Unión Soviética, les ha tocado a los ucranianos bailar con la más fea y tirarse a los caminos sin saber ni dónde ni cuándo parar. No es verdad lo de la paz. Nunca lo ha sido. Otra cosa muy distinta es que la muerte llega por partes y nosotros, no sé muy bien por qué, por ahora vivimos para contarlo. ¿Quién recuerda al pequeño de tres años que hace nada apareció en una playa boca abajo? ¿Quién a la pequeña subsahariana de dos años medio caída en el suelo mientras el buitre esperaba ansioso a sus espaldas que terminara con lo que le quedaba de vida y el fotógrafo inmortalizaba para siempre la imagen?.



         Mis 75 años cumplidos me dicen que voy llegando y que no me debe faltar gran cosa a estas alturas para entregar la cuchara, como decían en mi pueblo. Ya no sé cómo llorar…, ni por quién. Puedo quedarme, por ejemplo, con una niña de 12 años, que vi el otro día, que había cruzado la frontera de Ucrania, sola y que hablaba con su familia de acogida en Gijón, España, a miles de kilómetros.., a ver si encontraban una forma de encontrarse, bien acercándose ella o tomando la familia gijonesa un coche y recogiéndola. O ese par de gallegos que se ponen en camino con su furgoneta, se acercan a la frontera, sin pajolera idea del idioma, y recogen a un grupo de personas para encontrarles un destino provisional, donde ellos digan, pero lejos de la angustia de la guerra, que les pisa los talones. Estas pequeñas grandezas de los seres humanos me agrandan el corazón y me dicen que no todo es humo, fuego, muerte y miseria.    

   

domingo, 27 de febrero de 2022

SE TRASPASA

 


         Fue mi hijo Nino el que me señaló el SE TRASPASA, cuando pasamos frente a la puerta con su hija África, que íbamos a dar un paseíllo. Cubría en blanco y negro casi todo el letrero familiar de LIBRERÍA ESCUELA POPULAR. No le hicimos mucho caso y seguimos andando. Hasta saludamos desde lejos a Alfonso, que asomó por la puerta. Sentados en un banco de madera, frente al Manjón comentamos que sería porque Alfonso estaría preparando su jubilación. Mientras la Afri correteaba alrededor del banco recordé el momento en que entrevistamos a los dos candidatos para responsabilizarse de la Librería, hacía más de 50 años. Acabábamos de firmar el contrato de arrendamiento del local de 180 m2 Isabel de Haro, Matías Bedmar y el que os habla. Siguen a la vista las tres persianas a las que les dedicamos varias tardes adaptando tres dibujos de los niños de Mercedes, los mejores siempre, para que ocuparan todo el espacio. Decoración hermósamente insólita entonces y lo sigue siendo hoy, 50 años después, aunque se les nota mucho el paso el tiempo, lo mismo que a nosotros.



         Espero que Alfonso logre traspasar el negocio y que siga siendo una pieza más del barrio a la que cualquier familia se pueda acercar preguntando por los libros del Fuente Nueva, del Manjón y hasta de la Facultad de Ciencias, todos muy cercanos. Mientras tanto, casi todos nosotros, ya estamos lejos, después de haber dejado en aquel espacio media vida de gozos, de decepciones y de aprendizajes. Hace años que no nos reunimos en el espacio interior, a pesar de que se mantiene la mesa larga donde hemos vivido tantas asambleas. El recuerdo más vivo que tengo es el de la tarde del 23F, que la pasé solo, escuchando la radio, porque Alfonso se había ido. Él estaba más señalado políticamente, aunque yo entonces  no lo sabía. Cuando me cansé de escuchar a Gabilondo y compañía, cerré y me fui a mi casa como si fuera una tarde cualquiera. Después…, pasó lo que pasó y hoy todo el mundo lo estudia como una fecha señalada.



         Los socios del MOVIMIENTO COOPERATIVO DE ESCUELA POPULAR, dueños de la librería terminamos dejando a Alfonso la propiedad del uso y nosotros seguimos manteniendo el nombre, que siguió siendo lo que nos identificaba. Desde allí distribuimos durante años la revista COLABORACIÓN, órgano del MCEP  para toda España. En algún momento nos acercamos a los 2000 suscriptores como podrá dar fe Manolo Navarro, que era el que mejor controlaba  las cuestiones administrativas. También llegamos a poner en pie la EDITORIAL ESCUELA POPULAR,  con más ilusión que eficacia. Los sábados a las 12 fueron nuestros momentos de reflexión. Aprendimos lo que pudimos y nos dejamos los ánimos hasta que la mayoría fuimos desapareciendo, decepcionados y quemados dentro del laberinto de contradicciones en el nosotros mismos nos metíamos, mientras nuestra vida se iba quedando entre aquellas paredes y en medio de discusiones sin límite.



         Cada uno voló como pudo, si bien el MCEP continúa hoy, con algunos de los miembros de entonces y con otras incorporaciones nuevas. La mayoría de nosotros nos fuimos dispersando. En mi caso nunca perdí la relación con la LIBRERÍA por mi persistente afición a la literatura. Hoy he terminado viviendo en el mismo bloque donde se ubica y Alfonso y yo nos vemos como vecinos normales y corrientes. Este texto no pretende ser dramático para nada. Se conforma con ser testigo del paso del tiempo y constata que muchos de nosotros hemos dejado dentro de las paredes de la LIBRERÍA ESCUELA POPULAR, seguramente que los mejores años de nuestras vidas y allí hemos interiorizado aprendizajes educativos y políticos que nos acompañarán a la tumba. Si mañana veo en la puerta alguna figura que no sea la de Alfonso, creo que seguiré entrando con confianza y sintiendo que estoy en mi casa.



domingo, 20 de febrero de 2022

CAÍDA LIBRE

 

         Ya hemos comprobado que la variante ómicron, que es la que en este momento nos domina, tiene una fuerte capacidad infecciosa y menos gravedad para los casos extremos o los fallecimientos. Esta sexta ola nos ha llevado a superar los 3000 de media, si bien en el nordeste hemos superado los 5000, cifra completamente insólita en las primeras olas. Sin embargo los casos graves y los fallecimientos, con ser siempre dramáticos, no han alcanzado las terroríficas cifras del principio en el que las UCIs llegaron a encontrarse abarrotadas y los fallecimientos rozaron por momentos los 1000 diarios. Cuando hablamos de desgracias de este calibre, mencionar números resulta un poco indecoroso porque sabemos que cada persona es un mundo y su caso implica a toda una familia a la que le van a importar poco los números globales y muchísimo su drama personal. Pero es inevitable alejarse de los dramas personales en algún momento para asumir una incierta idea de las proporciones en el conjunto del tiempo y del espacio.



         De los 3000  a los que nos llevó esta sexta ola, acariciamos ahora los 500 y seguimos bajando. Esta cantidad hubiera sido muy importante con el nivel de fallecimientos del principio, alrededor del 2´7%, mientras que ahora no superan el 0´5%. Ya sé que no nos consuela la mejor situación actual pero nadie puede negar que la diferencia en favor de la actualidad es notoria. Las causas son principalmente dos: el alto nivel de vacunaciones que hemos alcanzado, que nos sitúa a la cabeza del mundo por encima del 90% y el altísimo grado de contagios que, una vez superados por la menor gravedad actual, hace que quienes superan la infección terminen inmunizados. De este modo, a pesar de que no es imposible la reinfección en algunos casos, lo cierto es que cada vez disponemos de mayores y mejores armas contra el virus. Si a esta situación añadimos que los expertos plantean que esta pudiera ser la última ola, siempre que no aparezca una nueva variable, que hoy se ve improbable, podemos aventurar con todas las precauciones, que podemos estar tocando la cola de este bicho que va a hacer dos años que nos cambió la vida.



         Según datos de la ONU, alrededor de 10 millones de personas podrían haber sido las víctimas que se hubiera llevado el virus hasta el momento. La gripe española de 1918 se llevó unos 50 millones, lo que nos puede dar idea de la gravedad de una y de otra. A pesar de las significativas desproporciones de vacunas entre unos países y otros, dependiendo de las condiciones económicas de cada uno y asumiendo que en este momento ya hay algún medicamento que resulta eficaz para los casos más graves, podemos colegir que las condiciones actuales no son comparables en los dos casos. Insistimos una vez más que quien ha resultado infectado gravemente en cualquiera de los dos momentos no puede hacerse idea de proporciones. Sobre todo si ha terminado falleciendo. Pero este dramatismo particular ha sucedido siempre y también sería injusto valorar la totalidad del drama colectivo si solo lo miramos caso a caso.



         No sé cuánto nos queda para superar esta plaga y ojalá, como parece, estemos caminando ya sobre la cola del bicho. Lo que sí tenemos que tener claro es que las cosas no volverán a ser como las conocimos antes del  covit 19. Casi dos años con unas costumbres que no conocíamos como parámetros habituales de comportamiento: ausencia de abrazos y de besos, saludos con los codos. Distancias de seguridad superiores a un metro cuando nuestros comportamientos estaban rodeados de roces afectivos que hoy empezamos a ver extraños cuando ha sido siempre una seña de nuestra identidad en muchos países, entre ellos el nuestro, la permanente presencia de las mascarillas que tanto daño nos ha supuesto  frente a aquel dicho de que la cara es el espejo del alma cuando hemos tenido que vivir con la cara oculta como si nos estuviéramos escondiendo unos de otros. Miles de pequeños detalles que nos han cambiado la vida y que nos harán sentirnos distintos si, como parece, este virus termina siendo una gripe más en adelante.



domingo, 13 de febrero de 2022

BAJANDO

     Cuando hemos alcanzado incidencias medias superiores  a los 3000, poder decir que, a día de hoy, bajamos de los 1500 es un importante desahogo, tanto más cuanto que el ritmo de bajada, por el momento desciende a 100 por día. A medida que la media baje, lo normal será que el ritmo se ralentice. La previsión insinúa que a final de este mes andemos ya en cifras muy moderadas, quizás 200 o algo parecido. Si sabemos, además, que las infecciones son provocadas por la variante ómicron, que ya nos ha demostrado su alta capacidad extensiva, pero su moderada gravedad por el hecho de encontrarnos a la casi totalidad de la población con las vacunas puestas, en este momento se nos presenta un panorama tranquilizador para terminar de afrontar esta sexta ola. Otra cosa bien distinta es predecir si esta será la última, como muchos expertos nos van diciendo, o tendremos que prepararnos para afrontar la siguiente dentro de un par de meses. Los peores augurios nos presentan un panorama parecido al actual en infecciones pero más leve en intensidad, salvo que aparezca alguna improbable variante nueva.


 Reconozco que la semana anterior me salí del tiesto introduciendo la invitación de Ivonne, después de 40 años de deambular cada uno por su mundo, a que nos encontráramos, nos miráramos a los ojos, constatáramos lo que la vida había hecho de cada uno y nos planteáramos cómo seguir a partir de ese momento. Os informo que el encuentro ya se ha producido, nos hemos intercambiado teléfonos y producciones literarias para saber cada uno un poco más del otro y, a partir de ahora, las relaciones se iniciarán con la clara conciencia de que…, nosotros…, los de entonces…, ya no somos los mismos. Si seguimos vivos os seguiré informando de las incidencias y avatares que la vida nos depare. Lo primero que puedo decir es que la vida no deja de sorprendernos con secuencias como la que aquí se describe. La vivencia del encuentro fue un privilegio más que la vida me ha otorgado y por lo que me siento, una vez más,  profundamente agradecido.



         Nuestra pandemia, mientras tanto, anda dramáticamente irregular según las zonas. El primer mundo con un alto nivel de vacunación, alrededor del 60% y el 40% restante de negacionismo, con crecientes manifestaciones antivacunas, llenando las UCIs de infectados y ocasionando importantes gastos a la sanidad pública, que pagamos entre todos, porque los procesos de rehabilitación son lentos y costosos. Más de uno manifiesta su arrepentimiento por su desprecio a las vacunas cuando sus neumonías los colocan a un paso de la muerte. A muchos terminan llevándoselos. A otros, después de complicados cuidados, los vuelven a la vida con una actitud más humilde para asumir los medios con los que contamos por el momento, que todavía no son muchos. El tiempo, mientras tanto, pasa. El próximo mes hará dos años ya que andamos en guerra contra este bicho y todavía no está resuelto al 100 por 100. A los que no quieren vacunarse los estados procuran presionarlos para que lo hagan pero nadie se atreve a establecer la obligación general de la vacuna por reparos legales de principio.



         Aunque no lo parezca la vida sigue y mientras andamos aprendiendo a vivir con el virus Rusia, mientras tanto, ha plantado en la frontera con Ucrania una impresionante fuerza militar de hasta 13000 combatientes y dice que está haciendo maniobras terrestres y marítimas, mientras el llamado mundo occidental con EEUU a la cabeza interpreta que lo que está preparando es una invasión de Ucrania en toda regla. No creo que este problema nos haga olvidar la pandemia pero sí nos está desviando la atención y nos dice que los problemas siguen sucediendo por más que tratemos de ignoraros con la excusa del virus. La sanidad pública, sin ir más lejos, ha bajado de calidad bastantes puntos, sencillamente porque no se puede atender a todo del golpe. La prioridad que se le ha dado a los infcctados por el virus, ha significado inevitablemente, desatender otras necesidades que veremos a ver si podremos recuperar. 

  

domingo, 6 de febrero de 2022

CASUALIDADES – CAUSALIDADES

 

         Hace casi 40 años ANTONIO FERNÁNDEZ LÓPEZ me escribió un sencillo prólogo a mi primer libro de poemas. Estuve de visita en Granada y con una prima del padre de mis hijos y su esposo salimos de tapas y entre las personas presentes estaba Antonio. Le comenté mi interés por la poesía. Posteriormente debí de enviarle copia de los poemas del libro UMBRALES, que fue publicado en 1984.

Hace 22 años que vivo en la provincia de Granada. He preguntado a varías personas para que me facilitaran el número de teléfono de Antonio, aún sin éxito. Quería y quiero hacerle entrega en mano de ejemplares de libros de poemas publicados y sobre todo:. AGRADECER PERSONALMENTE SU APOYO EN AQUEL ENTONCES. Es probable que se hubiera dilatado mis ganas de decirme y decirle al mundo.

Antonio, muchísimas gracias, por esas palabras que abrieron y apartaron miedos.

Ahora vivo en Cájar, cerca de Granada, cómo te lo he dejado por mensaje privado en Messenger.

Espero lograr comunicarme contigo.

Ivonne Sánchez Barea.

 

Pues, mira por dónde, querida Ivonne, acabas de llegar. En este momento, después de 40 años, contactamos de nuevo. En cuanto termine de escribir este texto me pondré en contacto contigo, vía Whatsapp. Estamos a unos 10 kilómetros de distancia el uno del otro. Sin embargo ha tenido que ser Ismael Lorenzo desde Miami, a quien acabo de conocer hace una semana, quien nos ponga en contacto.



         Parece que me voy del tema, pero no es verdad. Hoy se iba a llamar BAJADA EN PICADO o algo así, pero decidme quién es capaz de pasar por alto un texto como el que acabo de recibir y que os paso literal, como si nada hubiera pasado. Yo no he podido y ahí os lo pongo de cabecera para que nos pueda servir de reflexión dominguera. Lo primero que me viene a la cabeza es este poemita de Rafael Alberti que recito miles de veces como si se tratara de un martillo pilón:

Que no me digan a mi,

Que el canto de la cigüeña

No es bueno para dormir.

 

Si la cigüeñita canta

Arriba en el campanario,

Que no me digan a mí

Que no es del cielo su canto.



         No sé qué relación tiene una cosa con otra, pero mi mente las ha relacionado al momento. Del mismo modo, esta vez un poco más lógica, también me llega que la distancia más corta entre dos puntos no es la línea recta, sino la que los une antes. En este caso han pasado 40 años y, estoy seguro, que millones de vicisitudes en cada uno de nosotros para que, vía Miami, nos llegue la conexión deseada a Ivonne Sánchez Barea y a mí. Sería suicida, a estas alturas de la película, no hacer que se produzca la conexión, aunque no sea más que por unir un deseo, largamente sentido, con su destino. No tengo ninguna garantía de lo que va a pasar después pero sé que el siguiente paso que tengo que dar, es conectar con Ivonne, mirarla a los ojos, recibir ese ejemplar de UMBRALES que desea ofrecerme y hablar con ella un rato. Lo que pase después…, ya veremos. Por mi parte os daré cumplida referencia por si alguien tiene interés en conocer cómo sigue esta historia.



         No es la primera vez que me pasa algo similar. Una vez más mi aprendizaje es que las casualidades no existen sino que, muchas veces, nuestro conocimiento no alcanza a unir dos puntos concretos. Nuestro reto, por tanto, está en confiar en la vida bastante más de lo que lo hacemos normalmente y aprender, siempre aprender. La vida tiene siempre lecciones para nosotros, aunque no siempre nosotros estemos receptivos para asumirlos. Dejo como conclusión esta frase de Jesús, de uno de los cuatro evangelistas que no puedo precisar: ni un solo pelo de la cabeza se mueve sin que mi padre, que está en los cielos, lo conozca. Hoy no tengo otro padre que no sea la ARMONÍA de la vida y a ella me remito. 

  

domingo, 30 de enero de 2022

PICO


         Este texto se lo dedico a Ismael Lorenzo, director de la página Creatividad Internacional, en la que colaboro habitualmente, que esta semana me ha reclamado para una entrevista radiofónica desde Miami donde reside y a la que me he prestado gustoso. Aquí está el enlace para quien le interese: https://youtu.be/-LjiA_jplQw

         No solo vivimos estos días en un juego geoestratégico entre Rusia y la Otan que nos tensa los nervios y nos retrotrae a tiempos de la guerra fría, sino que nos tiene en alerta para que no pase de una escalada verbal y de exhibición de armamento y tropas en la frontera de Ucrania, al parecer origen del conflicto. Esperemos que todo quede en gestos y terminen poniéndose de acuerdo los bandos en litigio. La cuestión no se fundamenta en agresión declarada sino en posiciones de hegemonía en determinadas zonas del planeta; con lo cual, el problema parece ser muy real aunque muchos lo veamos demasiado lejos para sentirnos afectados. Claro que si pasara de las palabras a los hechos, otro gallo cantaría. Por debajo de las apariencias existen siemprejuegos de fuerzas que se mueven, aunque los ciudadanos de a pie no las veamos, y llegan a condicionar nuestra vida si en algún momento dan la cara.



         La pandemia que nos ocupa desde hace ya casi un par de años parece que, una vez más, ha cruzado el rubicón a la altura de casi los 3500 infectados y en los últimos días nos tiene rozando los 3000 a un ritmo de bajada de algo más de 50 diarios. Estos datos de infección nos resultan escandalosos si los comparamos, por ejemplo, con cualquiera de las cinco olas anteriores, pero hemos aprendido que la variante ómicron, que es la que nos domina en estos momentos, tiene una gran capacidad de contagio y ahí están los números que lo demuestran, si bien los fallecimientos y los enfermos de UCI no participan de tanta diligencia sino que, afortunadamente, no tienen nada que ver con lo que nos pasaba hace un año que, con muchos menos contagios las UCIs estaban a rebosar y los fallecimientos eran muy superiores. La menor gravedad de los contagios de ahora parece ser producto de los efectos beneficiosos de las vacunas, aunque este tema está muy discutido en bastantes países. Afortunadamente en España estamos vacunados alrededor del 90% de la población y la situación se nota favorablemente.





 De todas formas, medio mundo no puede entrar en estos litigios de ricos de vacunas sí o vacunas no, sencillamente porque ellos no las ven ni por el forro. Para vergüenza de todos, nos pasa como a los conejos del cuento sobre si sus perseguidores serían galgos o podencos y el resultado de la historia podría terminar como en aquel caso: que el contubernio sobre la raza de los perseguidores se demostrara inútil y todos termináramos perdiendo porque de pronto aparecerciera una nueva variante, parece que pi, que nos demuestre, una vez más, lo poco que somos frente a estos fenómenos de la naturaleza y nos hiciera ver que lo que hoy nos defiende ya no fuera capaz de hacerlo en el futuro y nos encontráramos de nuevo en el punto de partida. Como este asunto forma parte de lo mucho que ignoramos, prefiero no ser demasiado agorero y apuntarme al carro de lo que dicen los expertos, con toda la cautela del mundo. Se espera que ómicron pueda ser la última variante que evolucione transformando la pandemia en endemia y que nos lleve a convivir con el virus de manera estacional, como vivimos con tantos otros.



         Mis conocimientos son muy limitados y apenas me atrevo a algo más que a recoger las opiniones de los expertos, a insistir en que nos cuidemos lo mej0r que podamos, aunque reconozco que el hartazgo de tantos meses con el dichoso virus nos resulta bastante agobiante, que utilicemos las vacunas como defensa indiscutible, por más que nos incomode y a confiar en que de verdad ésta pueda ser la última ola. En medio hemos dejado en el camino una serie de compatriotas que ya no están con nosotros, otros han  quedado marcados con lo que ha dado en llamarse virus persistente, que en román paladino quiere decir que tienen secuelas para rato y, en algunos casos, de por vida; lo cual nos demuestra que este bicho no es moco de pavo y no deberíamos tomárnoslo a la ligera por más que nos incordie y se nos antoje eterno. Sé que es muy fácil hablar y lo último que pretendo es convertirme en un predicador de pacotilla, en los que nunca he creído. Me interesaría mucho más que mis palabras invitaran  a la reflexión y que cada persona que tenga la paciencia de leer lo que escribo, se aplique el cuento de la manera que le interese, si lo estima oportuno. Y si no, pues tal día hizo un año y tan amigos como antes.     


domingo, 23 de enero de 2022

MESETA


         Dicen las noticias que Djokovic se encuentra muy tocado tras el resultado de su encontronazo con Australia y sus normas. Quiero suponer que estará valorando las consecuencias que puede significar para su prestigio y para su bolsillo si se extiende la idea de que más países se empeñen en que hay normas que todos debemos cumplir, incluido él. No entiendo cómo el sentido común tarda tanto en entrar en algunas cabezas y lo siento por él porque considero que su mente se encuentra en este asunto un poco fuera de la realidad. No rezaré por él porque ya no gasto de ese recurso, pero sí que me gustaría que su mente volviera a este lado de la ley, aunque solo fuera para tener el privilegio de volver a verlo dar esos raquetazos memorables y quedarse tan fresco. Hasta sus estentóreas manifestaciones de su mal genio tienen ese sentido de equilibrio rompiendo raquetas. Quizá le falta un punto de persona y le sobra otro de divo.



         Si nos salimos un poco de actuaciones unipersonales parece que andamos en lo que los técnicos llaman meseta, que es tan simple como haber alcanzado el pico más alto de infección, con las imperfecciones informativas de algunos territorios, y estarnos paseando por la zona alta un cierto tiempo hasta encarar la bajada cualquier día de estos y permitir que, una vez más, asome la esperanza a nuestras vidas  por si esta bajada pudiera ser la última y nos permitiera reencontrarnos con aquella normalidad que hoy soñamos, aunque cuando la hemos tenido entre las manos la hemos ignorado y hasta despreciado como si se tratara de un estado que mereciéramos por nuestra bella cara y no nos estuviera reclamando niveles de responsabilidad individual que mantuvieran en alto las pequeñas exigencias de colaboración como  miembros de este colectivo que se llama humanidad. Las diferentes olas que ya hemos vivido, seis en nuestro caso, no dicen mucho en nuestro favor. Nuestra capacidad de aprendizaje no parece muy alta y nuestra memoria es más bien floja, pero siempre se puede aprender y éste puede ser un buen momento.



         La meseta es una situación ambigua que nos dice que estamos en el punto más ato de contagio aunque también nos muestra que, tras ella y salvando picos de normalización informativa, lo que nos queda es bajar. Si valoramos lo que nos ha costado llegar al pico, tenemos que pensar que, al menos, nos quedan un par de meses de bajada titubeante, equivalentes a lo que nos ha supuesto la subida. Y eso suponiendo que el ritmo coincida, cosa que nadie puede garantizarnos. Es cierto que, a estas alturas, cuando llevamos en el cuerpo casi dos años de incertidumbre, de desconcierto y de angustia por esta pandemia, no es fácil que el grueso de la población asuma las recomendaciones que se nos van dando y que en ningún caso son verdades consolidadas y sí propuestas cambiantes que pueden ser útiles para hoy pero no sabemos si mañana nos seguirán siendo útiles o tendremos que volver atrás para encontrar un camino más seguro.



         Nuestra capacidad de aprendizaje está siempre a prueba y, en situaciones como la que atravesamos, especialmente. En el caso de la vacunación colectiva, España ha respondido con un alto nivel de responsabilidad. El 90% de la población se encuentra vacunada con pauta completa y, aunque no se nota en el nivel de contagios, que quedan fuera de los atributos de las vacunas, sí que nos hablan de la menor gravedad en los infectados, de manera que teniendo más infectados que nunca, por la enorme capacidad invasiva de ómicron, que es la variante que tenemos encima en estos momentos, las infecciones graves y los fallecimientos son hasta veinte veces menores que los de hace una año. Es cierto que cualquier caso individual es un drama y una historia que se trunca sin remedio. No valdría, por tanto, ningún consuelo basado sólo en el número, pero del mismo modo sería inexacto ignorar la realidad de los números que, al menos, nos permiten situarnos en un punto entre el cero y el infinito y orientarnos.