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domingo, 2 de junio de 2019

CALOR

 


         A estas alturas del año, todavía en plena primavera,  ya hemos rozado los 40 grados. No se trata de un año excepcional ni nada de eso. Es que Granada tiene esa gracia durante las horas tórridas de las 5 de la tarde. La ventaja, siempre, es que la noche tira del termómetro hacia abajo y permite dormir, que es la prueba de fuego para saber si el descanso se permite o no porque esa es una línea divisoria muy clara entre lo asumible y lo angustioso. Puede que sea la cercanía de Sierra Nevada que las amplitudes térmicas se amplían de modo que llegar a los 40 puede ser frecuente pero bajar de los 20 por la noche también. Los edificios escolares viven una situación que es difícil resolver. Cuando el calor ataca con toda su dureza es un problema para los pequeños y uno echa de menos el aire acondicionado que es un signo de los tiempos y que se ha generalizado en casi todos los hogares. Pero claro, también conviene hacer cuentas y pensar la importante inversión que supone climatizar los grandes espacios de los colegios.

         La costumbre es que durante junio y después en septiembre la escuela empieza un poco antes por la mañana y termina a las dos de la tarde que no son las horas más tórridas del día. Es verdad que cuando el calor aprieta es difícil ponerse comprensivos y uno busca la solución inmediata del aparatito que es capaz de bajar la temperatura interior hasta donde se quiera, pero no estaría mal encontrar un punto de armonía para resolver los problemas derivados del calor pero con una cierta medida porque se trata de una necesidad que si bien puede ser un poco agobiante, no voy a negarlo, lo cierto es que no se extiende más allá de un mes antes del verano y otro al comienzo del curso siguiente, lo que quiere decir que la importante inversión que requiere la climatización general sólo tiene utilidad dos meses no completos y el resto del año prácticamente se hace innecesaria. En este sentido, una cierta ponderación del gasto tampoco nos viene mal porque los recursos son limitados y conviene tenerlo en cuenta.

         Sé perfectamente que el sentido del equilibrio climático es muy bonito decirlo cuando uno no lo está soportando en su propio cuerpo pero no estaría mal contar con el aire libre para que los pequeños puedan sobrellevar el calor de manera más natural. Ni encontrar sombras arbóreas en los centros que con demasiada frecuencia adolecen de árboles y se convierten en desiertos de cemento que uno se lo piensa dos veces antes de cruzarlos a pleno sol. El agua puede ser otro recurso para acercarse y permitir su manipulación. Las salidas de los espacios interiores cerrados. Seguramente ninguno de estos elementos por sí solos nos va a resolver la situación climática de por sí pero si nos damos cuenta, en conjunto estamos hablando de una serie de medidas que contribuyen a facilitar el día a día en aquellos lugares, yo pienso en mi Granada, pero cada uno puede pensar en el que tenga más cerca, que no tengan que estar pendientes siempre de grandes gastos y de los beneficios artificiales solamente para hacer la vida más llevadera en los periodos más dificultosos del año.

         Lo que sugiero no es más que una reflexión. Lo último que querría es que alguien pudiera interpretar que lo que promuevo es que nos aguantemos con las inclemencias del tiempo. Lo que pasa es que estamos en un momento en el que parece que ya todo lo sabemos y hemos aprendido que a base de inversiones todo se puede resolver y creo que es necesario que entendamos que las inversiones son importantes y está muy bien que las podamos tener a nuestro alcance cuando sea necesario, pero también está bien que tengamos conciencia de que los recursos son limitados y no podemos perder de vista que nuestras necesidades también se pueden modular y alcanzar niveles de satisfacción que pueden no ser los óptimos en todos y cada uno de los momentos del año pero que nos pueden permitir resolver nuestras necesidades con niveles de inversión asumibles en función de lo que en cada momento vayamos necesitando. El sentido de la medida no debemos perderlo por nada del mundo.


domingo, 26 de mayo de 2019

PLACER


         Tantos siglos escuchando que esta vida es un valle de lágrimas nos ha marcado hasta el punto de que todo lo que nos gusta, o es malo o engorda. Llevamos la causa del sufrimiento imprescindible para todo tan profunda que cuando gozamos miramos para un lado y para otro a ver si alguien nos mira, para disimular y que no se nos note demasiado. Esta época en la escuela se está imponiendo de nuevo esta corriente de que nada es posible  sin que haya que sufrir. Hemos tenido unos años, siempre demasiado pocos, en los que no era sacrilegio hablar de gozo y de placer en la escuela para conseguir los objetivos propuestos. Hemos comprobado que esta corriente dichosa tampoco hacía milagros, porque más de uno estuvo al acecho de que esto ocurriera, para volver a las andadas de que todo requiere sufrimiento y lo que se consigue sin dolor no merece la pena o no es bueno y parece que necesita, cuando menos, una segunda mirada que nos deje ver las dudas que lleva adheridas al costado. Apenas ha sido un suspiro y ya andamos endemoniados aquellos que defendemos el placer como fuente de conocimiento.

         Qué mente perversa se habrá sacado de la manga que el gozo es comodón, insolidario y no busca sino la ligereza y huye del esfuerzo como de la peste. De qué lógica habrá salido la idea de que todo lo que me hace gozar yo lo abandono a la primera de cambio. Eso tiene de cualquier intención menos de la lógica de la vida que no dice otra cosa que aquello que me hace gozar lo busco desesperadamente porque me reconcilia conmigo mismo y con el mundo que me rodea y me hace pegarme al gozo con uñas y dientes y mato y muero por no separarme en jamás de los jamases. Alguien que conozca la lógica de la vida debe encontrar este argumento impecable porque es así como se produce. Intentar minusvalorarlo o pervertirlo para que diga lo que no dice, no digo que no se pueda hacer, lo que digo es que quien defienda la tesis del sufrimiento como motor de la educación, sencillamente no sabe cómo funciona esto. Es como pretender que la mejor dirección para avanzar en un río es contracorriente.

         Lo que más ha impresionado siempre a cualquiera que ha visto a nuestros pequeños ha sido la vida que se les salía por los ojos. No se podía pensar en argumentos desincentivadores cuando lo que se les salía por las pupilas era ni más ni menos que las ganas de comerse el mundo por los cuatro costados. Precisamente el problema más frecuente que hemos tenido en cada jornada ha sido el de estar a la altura de tanto deseo de vivir para que no se les fuera a  ensombrecer a base de desengaño. Ciertamente no es fácil responder a tanga gana de todo en permanente ebullición. Esto sí es verdad y no han faltado el momentos de  autocrítica en los que hemos reconocido no estar a la altura de lo que se esperaba de nosotros. Pero esto no nos ha desanimado. Lo que ha hecho ha sido impulsarnos de nuevo para saltar a la arena de cada día con nuevos bríos, no ya por nosotros sino por tanta espectativa como llevábamos en la mochila.

         Es el miedo el que nos domina. Son tantos siglos de infamia los que nos han hecho dudar de que si estoy disfrutando de la vida es que algo estoy haciendo mal. Tenemos que luchar con tantos inconvenientes históricos que por más que cada expectativa que estamos viendo en los ojos con que nos encontramos cada mañana,  no tarda en llegar una telaraña que nos difumina lo que vemos y nos hace dudar. No es verdad que el sufrimiento sea fuente de ningún conocimiento positivo. Es cierto, eso sí, que el sufrimiento existe y que todos, en algún momento de la vida, vivimos desgarros que nos intentan paralizar porque mil cosas no salen como esperamos y se convierten en rémoras que nos dificultan el movimiento. Pero no hay fuerza mayor que el gozo para superar todas las dificultades que la vida nos pone delante y tenemos que luchar lo que sea necesario para no regodearnos en el sufrimiento y sí saltar siempre adelante en busca de la dicha porque no hay más mundo que este que tenemos entre las manos y no debemos escuchar a los agoreros que nos hablan de futuros imposibles cuando lo que pretenden es quitarnos la alegría de cada mañana.

domingo, 19 de mayo de 2019

AIRE



         Los cuatro elementos básicos de la vida: agua, aire, tierra y fuego no deben faltar en ningún momento en el proceso educativo porque significan ni más ni menos que las cuatro columnas sobre las que se asientan nuestros conocimientos. Si pensamos en la estructura escolar podemos ver cómo estos elementos se encuentran lejos de la estructura en la que se desenvuelven los pequeños lo que produce un tipo de vida sin referencias sólidas por falta de apoyos básicos en los que cimentar los aprendizajes. El único punto de referencia en el que se asientan y la principal  función de los menores  es la de seguir la palabra del maestro. En honor a la verdad una estructura semejante garantiza mínimos de bienestar y de estabilidad que socialmente se asumen como suficientes. Y en algunos sentidos lo son, no cabe duda. Otra cosa es cuando nos paramos a pensar el altísimo precio que hay que pagar por esos mínimos de estabilidad con que nos damos por satisfechos.

         La estructura escolar mayoritaria aparece como desideologizada y solo interesada en conseguir niveles mínimos de integración y de capacidad que homologuen los conocimientos en la mayoría de los pequeños y esos niveles se consiguen siguiendo las indicaciones de los maestros, pero a costa de que las iniciativas individuales de los pequeños queden en casi todos los casos anuladas, ignoradas o menospreciadas porque se convierten en focos de inestabilidad metodológica en los que el estaff directivo no puede ejercer un dominio tan absoluto como el que precisa una educación dirigida. Hablar, por ejemplo, de talleres de cocina con pequeños equipos de pequeños que manipulen e intervengan en los alimentos de los que se abastecen a diario. Ser capaces de fabricar sus panes en esos talleres activos, cocerlos en hornos que la escuela ponga a disposición, hacer salidas en grupo para adquirir los elementos básicos que nos van a servir para elaborar nuestros platos elementales. Usar la vida a nuestro servicio e intervenir en ella en calidad de protagonistas se ve sospechoso cuando no directamente hostil al orden asentado.

         Recuerdo nuestras primeras experiencias de asambleas y de planificaciones al aire libre. Diré en honor a la verdad que fueron facilitadas por la escasez de espacio interior y por los altos niveles de agresividad que vivíamos con frecuencia. Lo primero que constatamos con el aire libre fue como la agresividad bajaba de manera significativa. Lo segundo era la diversidad de intereses que manifestaban los miembros del grupo en función  de los distintos focos de atención que el espacio libre nos ofrecía en los que cada individuo podía fijar su atención. Es verdad que no siempre la climatología nos permitía disponer del patio como espacio de elaboración pero el sólo hecho de disponer del aire, de las hojas de los árboles, del canto de los pájaros, del sol o de la sombra como paredes naturales, hacía que nuestra atención pudiera diversificarse y centrarse no sólo en la palabra del maestro sino en los variados focos de atención que nos ofrecía nuestro espacio común.

         Ha llovido mucho desde aquellas sorpresas iniciales. La educación ha conseguido alturas técnicas que en aquellos tiempos, los primeros ochenta, nos parecían impensables, pero en ningún caso ha dejado de ser ideológica y hoy sigo completamente convencido de que una escuela del orden es una ideología concreta impuesta a los pequeños, exactamente lo mismo que una escuela diversa. No quiero tampoco concretar demasiado sobre la diversidad porque comprendo que hay muchas formas y todas pueden ser válidas pero sí quiero insistir en la necesidad de encontrar un sistema de educación y de trabajo que ofrezca distintas maneras de alcanzar objetivos. El mismo hecho de plantearse determinados objetivos a conseguir significa ya una opción que lleva implícito una dirección unipersonal o una forma abierta de llegar a las metas que no tenga por qué estar prefijada de antemano sino que se vaya consiguiendo en la medida en que diversos intereses se mezclen en el proceso. La escuela tiene que ser lo más de todos que sea posible.


domingo, 12 de mayo de 2019

PALABRAS



         Ayer, afortunadamente, fue un día más en el que Granada se cubrió de gloria y en medio de su Feria del Libro decidió instalar una presencia específica del 0 a 6 a través de lo que dio en llamar SUSURROS DEL BOSQUE que se tradujo en un espacio particular en medio de la Fuente de las Batallas, en pleno corazón de la ciudad, con la idea de contar cuentos a los más pequeños que se acercaron con sus familiar y que entre cojines y en el acogedor suelo de Puerta Real, durante unas horas de la mañana del sábado,  una serie de familias y de profesionales pusieron su esfuerzo y su tiempo al servicio de la primera infancia. Se propició que los libros, las historias, las palabras en definitiva se adueñaran de aquel espacio y señalaran de nuevo que Granada y la primera infancia hacen buenas migas. Los acontecimientos se suceden y eso va creando una cultura de que hay presencias que se repiten en el tiempo y van haciendo historia. Es hacer camino al andar.

         Recuerdo en   los primeros ochenta en el mismo lugar de ayer, entonces en permanente embotellamiento de coches, las primeras manifestaciones en defensa de la primera infancia al grito de NO QUEREMOS SER GUARDADOS, QUEREMOS SER EDUCADOS en las que la gente nos miraba como a seres de otro planeta cuando escuchaban las consignas que eran las canciones infantiles de la época y de siempre y sonaban con la misma fuerza que las más profundas reivindicaciones laborales de los adultos. Era el tiempo en el que defendíamos que el juego era el mejor camino hacia la educación, hoy de nuevo en desgracia porque suena a holganza, a vida fácil y a menosprecio del esfuerzo. Nada más lejos de la realidad. No hay esfuerzo mayor que el que uno realiza con placer y porque le sale de dentro como parte de sus inclinaciones naturales. Cualquier pequeño enfrascado en una actividad placentera lo verás poniéndose el tiempo por montera y sudará la gota gorda con placer, sencillamente porque le entusiasma lo que está haciendo.

         Algunos nos creímos ya entonces aquella máxima de que sarna con gusto no pica y desde entonces hemos tenido ocasión de verlo refrendado por la realidad millones de veces. No hay que tenerle miedo al placer que no nos hace comodones, lo que nos hace es selectivos, que es algo bien distinto. La vieja máxima de que debe ser el dolor la vía certera para la educación y el crecimiento no es más que una deriva de la letra con sangre entra de infausto recuerdo, que tantas desgracias dejó por el camino. No es verdad que haya que sufrir para crecer. Sí es verdad que muchos hemos sufrido para crecer, pero siempre indebidamente porque hemos podido experimentar, desgraciadamente para nosotros en otras cabezas, que gozando también se accedía al conocimiento, se aprendía al mismo ritmo o más que a través del sufrimiento y que la sonrisa en la cara no es sólo un adorno sino que se puede convertir en una seña de identidad para denominar a la alegría de vivir y que no debemos tenerle miedo a gozar.

         Se desprecia lo que se ignora. Ayer una vez más se demostraba que el gozo no es inactivo, ni apático, ni indolente. Todo lo contrario. Se transforma en una locomotora que nos hace sentirnos dueños de nosotros mismos y del tiempo que nos ha tocado vivir y nos lanza a la calle como verdaderos bólidos con la conciencia de que el esfuerzo está en nosotros y podemos usarlo para ampliar los espacios de convivencia y para acrecentar el placer de vivir. Ayer se trataba de una nueva concentración, de la que esperamos que no falten muchas más, relacionada con las palabras. Se hablaba, se contaban cuentos, chascarrillos, se sonreía y se constataba una vez más que la vida puede ser hermosa y compartida y que no debemos renunciar por nada del mundo a sentirnos protagonistas de semejante aventura por más que los agoreros nos anden amenazando con los peligros de la dicha, que a dónde vamos a parar con tanto goce. La respuesta está en venir y en ver lo que pasa cuando uno lo experimenta: sencillamente que has encontrado el camino.


domingo, 5 de mayo de 2019

COMER



         Nos hemos pasado años y años viendo y usando expendedores de chuches y de bollos industriales en lugares bien visibles de los colegios de modo que cualquiera, introduciendo una simple moneda por la ranura correspondiente tenía a su alcance un importante chute de azúcar y de hidratos para animar la mañana. Ahora esas mismas máquinas se están transformando en expendedoras de piezas de fruta y creo que debemos alegrarnos por eso porque afecta directamente a la salud de nuestros pequeños. Lo que pasa es que todo ha llegado de la noche a la mañana, así, de golpe y nadie ha pedido perdón ni ha cantado un mea culpa para que quienes hemos visto el fenómeno anterior como de lejos podamos hacernos una idea más o menos real de por qué antes fue lo que fue. Es verdad que se han explicado las causas de este cambio actual y los beneficios que produce a todo el mundo la ingesta de frutas y eso es de agradecer pero uno no puede dejar de preguntarse: y si esto era tan bueno, por qué no nos lo pusieron desde el principio.

         No se trata de hacer sangre ni de regodearse en el castigo. Celebramos sin reparos esta nueva deriva de viva la fruta, que ya era hora. Lo que no podemos ignorar es que todas las chuches y las bollerías industriales no llegaron a los centros ni a las tiendas de los barrios por generación espontanea ni de la noche a la mañana. Se instalaron en nuestras vidas por todo un proceso cultural de vida fácil y rápida en la que no había tiempo para nada y era más cómodo comprar un concentrado muy dulce para el desayuno y que el pequeño se lo fuera comiendo por el camino antes que sentarse con ellos tranquilamente, cortarles trozos de fruta y un poco de pan con aceite de oliva y tomate, por ejemplo y emplear el tiempo necesario para desayunar porque desayunar bien es fundamental para la salud, para el estudio y para las relaciones entre pequeños y adultos. Es tanto como aprender que las cosas vienen a nuestra vida por razones concretas y no por gusto.

         Está muy bien, quiero repetir, que ahora en los centros educativos se pueda comprar una fruta fresca con introducir una moneda por la ranura. Repito que está muy bien y que ya era hora. Lo que quiero que entendamos es que tenemos que averiguar con detalle porqué llegamos donde habíamos llegado, porque fue por unas razones concretas y no porque sí. No. Las cosas no pasan porque sí y necesitamos profundizar las razones que nos llevaron a alcanzar las cotas de desvarío que habíamos alcanzado para que entendamos que hoy no hemos puesto frutas por gusto sino por unas razones muy profundas que van mucho más allá de cambiar una fruta por un pelotazo de azúcares concentrados que, si me apuras, están mucho más dulces que cualquier fruta y son mucho más fáciles de comer. Las frutas en las máquinas son una maravilla pero la verdadera maravilla está en que entendamos por qué debemos comer más frutas y menos concentrados azucarados.

         Estos pequeños que veis están trabajando un trozo de masa con sus propias manos y la van a transformar en un panecillo que se va a cocer en el horno que está al lado y que ellos lo van a ver en directo y cuando salgan los panecillos y se enfríen un poco porque del horno salen quemando, ellos se los van a comer con todo el gusto del mundo porque han salido de sus manos. Han empleado toda una mañana para visitar una panadería de Alfacar, mi pueblo, que hace muchas generaciones que vive del pan y que abastece a miles de familias de Granada, que está a ocho kilómetros,  de este exquisito alimento y que por eso las noches no se dedican exactamente a dormir sino a fabricar el pan que tendrá que salir a su destino con las primeras luces del día. Hay mucha gente que trabaja en el pan y en el pueblo apenas hay paro pero todo ese proceso se produce a base de muchos esfuerzo y de muchas horas de dedicación y de que todos los miembros de la familia aporten su granito de arena. Los pequeños no habrán perdido la mañana sino que habrán conocido todo el proceso que hay delante de un rico bocado de pan recién salido del horno.


domingo, 28 de abril de 2019

ÁRBOL



         Antes de ayer, viernes, a las ocho de la tarde se estrenó un documental de 70 minutos dirigido por Miguel Ángel Martínez, con el nombre de EL ÁRBOL DE LAS ESCUELAS. Significa un empeño personal de un padre que hace años tuvo a sus dos hijos en una de ellas, DUENDE, y que, vaya usted a saber por qué, se empeñó en que esa experiencia la quería recoger en imágenes, darle forma narrativa, y sacarla a la luz desde su perspectiva personal para que se pueda conocer este valor neto de Granada, según su opinión, y compartir o extender a otros lugares según los casos. Hace tres años recibí una llamada suya porque quería entrevistarme para que participara en su proyecto, a lo que yo accedí encantado como siempre. En el árbol central del Carmen de los Mártires, a la espalda de la Alhambra nos pasamos una tarde tirándome de la lengua para que  fuera explicando mi experiencia infantil y la ligazón con la fundación de las escuelas infantiles municipales de Granada a las que contribuí a fundar y en las que trabajé gran parte de mi vida.

         Me pareció una magnífica idea porque las experiencias valiosas de la vida está bien vivirlas y hacerlas inolvidables, pero también contarlas para que se puedan  convertir en foco de luz para quien quiera acercarse a ellas. Pero tres años dan mucho de sí. Uno puede hasta pensar que sería demasiado bonito pero que las dificultades para ponerlo en pie son tantas que no es la primera vez que se terminan diluyendo y pasan a formar parte de todos esos muertos que uno tiene en el olvido y que los deja que descansen en el amplio cementerio de lo que pudo ser y no fue. Yo sé lo que esta experiencia significó para mí porque la viví, la gocé y la sufrí en primera persona, pero no puedo entender el impacto en la mente de un padre que la ha vivido sólo con sus ojos y en lo que ha visto reflejado en sus hijos mientras asistieron o luego después, una vez que se incorporan a los centros públicos a los que asisten en este momento.

         Es verdad que el empeño de Miguel Ángel no se ha puesto en pie sólo y que mucha gente ha colaborado para verlo hoy como un elemento más del proyecto global de Granada con la primera infancia a tantos niveles. Estoy seguro que en momentos de soledad se habrá visto tentado de tirar la toalla y aceptar que se había empeñado en una quimera y que es posible que no mereciera tanto esfuerzo y tanta incomprensión. Algunos lo hemos experimentado unas pocas veces en la vida y hemos tenido que admitir que solo algunas de las ideas que un día nos hicieron vibrar han visto la luz. En aquellos momentos nos hundíamos en la miseria pero no sé de dónde sacábamos la fuerza para poner en marcha nuevos proyectos, algunos de los cuales podemos hoy mirarlos a la cara, dormirnos con ellos y sentir que nuestra vida ha tenido sentido por lo que toca a la realización personal y por la obra realizada para una ciudad y para cualquiera que quiera compartirla. En su soledad y en su desánimo, este hombre lo tiene que haber sentido del mismo modo pero de donde sea ha sacado fuerzas y ha visto cumplido su sueño.

         Su empeño ha ido sacando colaboraciones muy diversas. Una labor tan amplia es imposible hacerla sólo, pero ha sido su fuerza interior la que ha permitido que ese hilo frágil que su empeño significaba, haya ido realizando los pespuntes imprescindibles para convertirlo en este hermoso documental que acabamos de vivir y que espero que tenga larga vida y pueda ser compartido por muchas más personas sensibilizadas con la primera infancia. El equipo de realización habrá celebrado muchas reuniones para seleccionar de todo el material acumulado el filtro suficiente como para que quede una historia aceptable en tiempo, en calidad técnica y en contenido temático. Siempre podrá ser discutible como cualquier obra humana y estoy seguro que habrá nuevos proyectos más perfectos en el futuro pero hoy EL ÁRBOL DE LAS ESCUELAS se incorpora al acerbo común de Granada, uno más de tantos, llegado de México de la mano y del empeño de Miguel Ángel. Enhorabuena a todos.


domingo, 21 de abril de 2019

RESPETO


         Uno se mira en el espejo y, como es natural, se ve cada día un poco más viejo. Pero tú sabes que la vida está contigo porque el asunto de que tratas, antes como trabajo de cada día y ahora como recuerdo y reflexión, es el de los primeros años de las personas que son como una fuente sin fin a través de la cual brota la vida. Me siento como el receptor privilegiado porque mis ojos están siempre pegados al principio de la vida, a las primeras evoluciones en las que se manifiesta la capacidad sin fin de aprender que tenemos las personas, la enorme variedad de caminos de que dispone la naturaleza para evolucionar y perfeccionarse y el placer infinito de estar viendo cómo, al alcance de tus manos, se va produciendo la vida en toda su diversidad. Cuando te dan un abrazo por la calle y te hacen referencia a aquellos años de privilegio que compartisteis te das cuenta de que ese oficio que tantas veces te pareció un sueño no fue tal y esa persona que te lo recuerda con fervor hace que lo compartido siga siendo una realidad palpitante y perfectamente actual, pase el tiempo que pase.

         Si tuviera que definir mi trabajo con palabras creo que la primera sería capacidad porque los primeros años de vida se valoran como débiles e indefensos, pero los que hemos estado tan cerca de ellos sabemos que nada más lejos de la realidad. Los pequeños llegan a la vida con montañas de posibilidades encerradas en su cerebro que pugnan todo el tiempo por salir a la luz y desarrollarse en cantidad a priori ilimitada. Los últimos estudios afirman que la capacidad cerebral que conocemos no supera en ningún caso el quince por ciento. O sea que la educación se encuentra poco menos que en pañales, no sólo porque aquí estemos hablando de los primeros años, sino porque la capacidad de que disponen esos seres que acaban de llegar al mundo está en pañales también. El campo de trabajo se nos presenta enorme y estamos apenas en los primeros compases.

         No podemos ofrecer a los pequeños el campo educativo completamente abierto porque en seguida averiguamos que a pesar de que sus capacidades son monumentales y la mayoría de ellas completamente desconocidas todos nos desenvolvemos en un mundo material con unas coordenadas de espacio y tiempo en las que nos tenemos que nos marcan un camino. Quizá es la parte de nuestro trabajo que está más clara porque si los pequeños se llenan de angustia porque les falten las atenciones de limpieza, descanso, alimentación mínimas se bloquean y sus fuentes dejan de manar, no porque se hayan secado, las capacidades siempre estarán en su interior esperando un cauce que les haga salir a la realidad, pero pueden tener durante no se sabe cuánto tiempo las salidas bloqueadas y parecer que dentro no hay nada cuando la verdad es que estamos taponando las vías de salida. El agua debe disponer de un cauce adecuado y entonces fluye con armonía. Si no hay cauce ella encontrará alguna forma de sacar a la luz su potencial.

         Si estos condicionantes previos los tenemos suficientemente claros es posible que dudemos infinidad de veces porque somos personas y el aprendizaje está siempre detrás de las dudas pero es imprescindible saber que detrás de esas dudas están las capacidades de los pequeños que, si se lo permitimos, nos van a dar las pistas que necesitamos para completar el proceso y confiar en nuestras propias fuerzas para acompañarlo y enriquecerlo. Nuestra labor me parece indispensable como garantes de ese adecuado cauce para que las capacidades fluyan con armonía y a su humor, pero tenemos que ser muy conscientes de que la capacidad de los pequeños es la verdadera veta que debe fluir. Ellos son los verdaderos protagonistas de su propio desarrollo y nosotros, aunque imprescindibles, no somos más que el instrumento que debe ser garante de que se produzca y que lo haga en las mejores condiciones posible.