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domingo, 25 de junio de 2023

ESPIRAL


         Parece que los mismos acontecimientos pasaran por nuestra puerta, una y otra vez, como si la vida no fuera sino un cúmulo de repeticiones, Una cierta cadena que nos marca el camino, que nos indica por dónde y nos va llenando el camino de señales. De modo que cada cierto tiempo, imposible predecir cuanto, ni si los espacios son idénticos entre un indicador y otro, ni si los que nos orientan son un número concreto, una forma, que se repite en lugares determinados y conocidos. Pero nada es posible. No hay manera, por más que nos dejen sensaciones, que nos recuerden sonidos, formas o colores que nos llevan y nos traen por pistas que nos suenan,  como si estuviéramos pasando por sensaciones o lugares que nos suenan a otros que un día identificamos y nos permitieron pensar que conocemos y nos hicieron relacionar algo pasado con lo que nos acaba de rozar, siquiera levemente. Como si la vida misma no fuera sino un cúmulo de repeticiones que nos engañan con un conocimiento imposible, sin otro dato que nos oriente que la vida sigue, que hoy es cierto y que se hace camino al andar.



         Ayer, sin venir a cuento, nos enteramos que las fuerzas rusas, el ejército regular por una parte y ese engendro sin forma definida ni clara orientación llamado Wagner en honor de un coronel desgajado que se encarga de las acciones más sucias y descontroladas de una guerra que nos tiene desconcertados sobre el sinsentido de cualquier guerra mezclado a las particularidades de la de Ucrania, que un día nos cuenta que ambos bandos colaboran bajo el mando del señor Putin y ayer protagonizan una avanzada de hasta 1000 kilómetros poniéndose a 300 kilómetros del mismo Moscú y afirmando que el presidente se ha escondido y está fuera de su alcance. Estos de Wagner de pronto detuvieron su avance, se dieron la vuelta y pactaron con el gobierno ruso la inmunidad por su tropelía a cambio de volver a sus posiciones iniciales en territorio ucraniano con lo que, si poco sabíamos con la desinformación propia de cualquier guerra, los ojos se nos quedaron a cuadros contemplando a los rusos regulares enfrentados a los rusos de Wagner, como si la pugna fuera simplemente un baile de muerte y destrucción entre ellos solos.



         Aquí, entre nosotros, mientras tanto, lo que hace unas semanas era un decepcionante espectáculo entre la izquierda, mientras las elecciones se acercan de manera implacable, la cámara ha virado en redondo y ahora lo protagoniza, la derecha, recabando un poco de coherencia que poder presentar al público de la sala, como consecuencia de los resultados de las elecciones pasadas. Los resultados les dieron la victoria, pero ahora esos votos hay que transformarlos en gobiernos, en parlamentos, en concejales y en alcaldías. Los colores insignia de cada partido entran y salen a placer. En tal gobierno terminan uniéndose porque han sacado un número de votos y a unos cientos de kilómetros el pacto se antoja imposible porque los colores son los mismos pero las cantidades bailan de otro modo y hay que encontrar, en tiempo record, argumentos convincentes que justifiquen que, con los mismos datos en la mano, o parecidos, que aquí podemos alcanzar acuerdos indiscutibles y en la acera de enfrente los acuerdos se hacen imposibles y ambos procesos han de ser creíbles para unos ciudadanos, que miran a uno y otro lado con cara de bobos, sin terminar de creerse el espectáculo que pasa ante sus ojos.



         Los datos con los que jugamos se parecen mucho pero los niveles de desconcierto con los que nos quedamos como consecuencia, nos dicen que no es que la vida se nos esté repitiendo sino que la línea del tiempo no para de dar vueltas haciendo como si se estuviera repitiendo por espacios y tiempos conocidos mientras las huellas que nos va dejando por el camino no son otra cosa que espirales que dan vueltas sin fin como si coincidieran en sus trazados cuando jamás se tocan por más cerca que pasen y por más circunferencias que tracen en señales tan cercanas pero nunca coincidentes.  



domingo, 18 de junio de 2023

PROGRAMAS

 


         Con inusitada rapidez hemos asumido el soponcio de las elecciones, previstas  para fin de año, con el tiempo de la legislatura completo, pero interiorizado porque al presidente del gobierno le corresponde la potestad de adelantarlas, si así lo estima conveniente. Nada que objetar, por  tanto en lo que se refiere a la limpieza del procedimiento. Quizá precisar la inconveniencia de algunos comentarios inadecuados sobre lo interesado o no de la fecha por los efectos de la temperatura para final de julio y su roce con las vacaciones de una gran cantidad de ciudadanos. Una vez conocida la victoria de la derecha en los resultados de las municipales y autonómicas de finales de junio, parecía que el vuelco político que se venía anunciando, según anunciaban las encuestas, el recuento final de las papeletas certificaba que el cambio era real, que su extensión sobre el territorio nacional también lo era, pero que los resultados se debían más a la concentración de la derecha con la desaparición de Ciudadanos y su inclusión del PP que a una debacle de la izquierda, cuya pérdida en votos ha sido cierta pero no tan importante.



         Nos hemos repuesto, por tanto, de la cercanía de las generales, con los 50 días de rigor más o menos y viendo cómo sus efectos ya  se pueden apreciar en el importante aumento del voto por correo, ejercido por todos los que consideran que pueden tener dificultades a final de julio y han preferido adelantarlo, como la normativa les permite. Han sobrado algunas referencias, completamente inadecuadas, a la sombra de un pucherazo, sin ninguna base que lo fundamente, si no es el recuerdo de las de EEUU, en las que el señor Trump se empeñó que le habían robado la victoria los demócratas, por más que los tribunales de justicia lo niegan y parece que fue el voto el voto por correo, perfectamente legal, el que estableció la diferencia final a favor de los demócratas. Esto pasa cuando se expanden bulos sin fundamento.  Su recuerdo permanece en el tiempo, por más que la justicia imponga la verdad con la frialdad de los datos.



         Es cierto, por tanto, que la derecha se ha impuesto en los resultados finales de las municipales y las autonómicas donde procedía. Pero los números finales, entre los dos bandos en litigio, unido al movimiento de concentración de la izquierda, a la izquierda del Psoe, con lo que se ha llamado Manifiesto Sumar, concentrando restos de pequeños partidos cuyos votos no han servido en las municipales por no alcanzar los porcentajes mínimos exigidos por la ley y que una vez concentrados en Sumar podrán superar los mínimos exigibles y transformar en diputados sus votos, nadie puede adelantar hoy los recuentos finales, una vez que el recuento de las generales se produzcan, pero sí se puede concluir que las diferencias entre el bloque de derechas y el de izquierdas se han estrechado sustancialmente y cualquiera de los dos puede confiar en una posible victoria, si bien no se contempla una debacle en ninguno de los bloques, cuyos suelos respectivos parecen firmes.



         Si todos procuramos sujetarnos un poco la boca, que se nos suele desmadrar muchas veces con facilidad, podemos llegar al día de la votación con los programas de cada uno explicados a la población y con su transformación en votos dentro de las urnas, que es lo mejor que nos puede pasar a todos. Los recuentos finales, cuando se produzcan, que esta vez puede ser pronto porque el recuento de las generales es más simple, al día siguiente podemos disponer de unos resultados fiables que echarnos a la boca y, disponer de una nueva legislatura desarrollando las propuestas de cada uno en la medida de la representación obtenida y haciendo buena la democracia por otro periodo de tiempo, con un gobierno que represente a las mayoría de los ciudadanos, que es lo deseable. Con este resultado, nuestros niveles de satisfacción nunca podrán ser totales, cosa que parece fuera del alcance de cada uno, pero sí acumulará el sentir mayoritario, que podemos considerar suficiente hasta las siguientes, cuando tengan que producirse.     



     

domingo, 11 de junio de 2023

CAMPAÑA

 

         Cuando apareció este 2023 de nuestras entretelas, ya teníamos asumidas un par de cosas que han significado el santo y seña de estos últimos cuatro años. Recién salidos de los recuentos de 2019 nos topamos de bruces con el asunto de la legitimidad, del que parece que nos hemos olvidado. Entramos en la novedad del gobierno de coalición que, apenas iniciado y no se daba dos euros por su duración, casi día a día. Con ese agónico alargamiento hemos alcanzado el presente 2023 desde cuyo principio hemos alcanzado la primera mitad cumpliendo las previsiones de que España iniciaba el cambio de color, cubriendo el país con el azul de la derecha y pendientes de la segunda mitad que nos debía llevar a completar las previsiones de un año entero de agotadora campaña electoral para alcanzar diciembre y cerrar el cambio previsto con la toma del poder de la derecha y que las aguas volvieran de nuevo a su cauce. Pero pasaron dos imprevistos que cambiaron el paso y modificaron los resultados. Con los datos, favorables al PP, nos disponíamos a una larga agonía del “váyase, señor Sánchez, de una vez”, ya conocido, que no duró ni 24 horas, con la inmediata convocatoria del 23 de Julio, que era la potestad del presidente y ejerció su derecho.



         Mientras tanto, los días van pasando, vamos asumiendo los resultados, bastante amargos para la izquierda, pero mucho menos de lo que se cantaba a bombo y platillo la primera noche. Con los recuentos, calientes todavía, era verdad que la derecha había ganado y esa victoria nadie la podía discutir. Pero los números son los números y las diferencias entre los bloques no superaban los tres puntos porcentuales, a pesar de que los territorios manifiesten unos cambios de color más pronunciados por la levedad de las diferencias. A esto le añadimos que una serie de restos de grupos de la izquierda se habían quedado sin representación y en tiempo record ha logrado concentrarse en Sumar. Con lo que esos votos inutilizados por falta de porcentaje pueden hacerse valer juntos en las generales, con lo que las distancias entre se acortan. Hay partido.



         En unos días, lo que parecía una victoria indiscutible de la derecha, se convierte en un juego de fuerzas, bastante más igualadas de lo que pronosticaban los primeros resultados. La derecha sigue siendo favorita, pero las diferencias se han estrechado y veremos lo que ofrece la campaña, una vez que el tiempo de desgaste se acorta y todos han de estrechar las estrategias porque lo que podía ser medio año de desgaste para la coalición en el gobierno, se convierte en un tiempo mucho más corto durante el que todas las fuerzas han de modificar sus zancadas porque el tiempo de espera se consume en unos días y las urnas vuelven a producir resultados, que pueden consolidar las tendencias que aparecieron en las recién terminadas o dar paso a estrategias nuevas que modifiquen los resultados previstos. Los dos bloques que se presentan como contendientes se convierten en posibilidades más estrechas de unos o de otros, vistos los cambios de última hora con que se presentan ante los ciudadanos.



         El escrito podría terminarse aquí si no fuera porque siempre hay fantasmas que pueden aparecer de la oscuridad y embarrar unos resultados que, sólo diciendo que no son todo lo limpios que debieran y permitir que la sombra del pucherazo pueda dejar aparecer el veneno de su sucia lengua. Lo que debía terminar con el final del recuento de los votos y la proclamación de resultados, se convierta en una historia sin fin en la que nadie gane y todos perdamos irremediablemente. Lo hemos visto en países bien cercanos y con  manifestaciones tumultuosas que han intentado modificar, a base de gritos y algaradas un día de dignidad y de que se escuche la voz de la ciudadanía voto a voto y con todas las de la ley. La noche de nuestros resultados se escucharon algunas voces que fueron apagadas con recuentos adversos para la coalición  gobernante. No quiero ni pensar en esa dirección, sea lo que sea lo que digan las urnas. Los recuentos deben terminar dictando la sentencia final y, tras ellos, sólo el silencio y la aceptación de unos y de otros. Que así sea.


      

domingo, 4 de junio de 2023

GENERALES


         Terminados los recuentos y aceptados los resultados por todos los contendientes de las elecciones del domingo pasado, nos encontramos con un panorama muy distinto al que teníamos, si bien el mapa ha cambiado mucho porque un partido como ciudadanos, de cierta significación en la legislatura anterior ha desaparecido, casi por completo, del mapa. Sus votos han pasado a engrosar el Partido Popular, hegemónico de la derecha, con lo que su presencia en los ayuntamientos ha experimentado un fuerte ascenso. El Partido Socialista, hegemónico de la izquierda, ha perdido su hegemonía y ha quedado el segundo en número de concejales, pero con una diferencia de menos del 3% con respecto al ganador. Los resultados no han significado un vuelco significativo si no fuera por la fuerte tensión a la que ha estado sometida la campaña. Las siguientes elecciones estaban previstas para diciembre, que es cuando termina el plazo de los cuatro años de la campaña anterior pero el Presidente del Gobierno, que es el que tiene la potestad de convocar las elecciones generales ha considerado que la tensión entre las fuerzas políticas es muy alta y sería difícil  soportarla durante seis meses más y ha decidido adelantarlas al 23 de Julio.



         Dicho de una manera sencilla la realidad se parece bastante a lo que he contado. Quizá falte aclarar que las fuerzas a la izquierda del partido socialista que han sostenido la mayoría de gobierno en la legislatura que ha terminado, esta vez se han presentado divididas por lo que la principal de ellas, Unidas Podemos, apenas ha conseguido representación  municipal porque no ha superado los porcentajes mínimos que la ley electoral le exigía. Se puede considerar que la subida del partido popular ha sido destacada por la suma de ciudadanos, de lo cual ha sido el principal beneficiado, pero el resto de los resultados no arrojan diferencias significativas con relación a elecciones anteriores. La primera impresión, por tanto ha sido la victoria del partido popular, si bien la victoria final, una vez terminado el recuento, no es determinante, si nos atenemos a la diferencia de votos con la segunda fuerza.



         Entramos de nuevo en campaña porque dentro de 50 días volveremos a las urnas para renovar el Congreso y el Senado para una nueva legislatura. La particularidad de la elevada tensión política a la que hemos venido sometidos hasta aquí, según las diferencias de las encuestas, no indican diferencias significativas entre las distintas fuerzas en liza, por lo que la campaña que acaba de comenzar se prevee muy reñida y no es previsible que amaine hasta que los resultados que arroje el 23 de julio diluciden el nuevo reparto de poder y la situación se normalice para un nuevo periodo de otros cuatro años. Me voy dando cuenta, a medida que intento describir la situación de manera objetiva, que todas las tensiones a que estamos sometidos en los últimos tiempos no tienen más importancia que la que unos y otros queramos darle porque la realidad no se ve especialmente dramática, atendiendo a los datos.



         Las previsiones que se esperan son las de una campaña bastante tensionada. Parece que ningún partido sea capaz de sacar una mayoría suficiente como para gobernar por sí solo, si bien cualquiera de los dos bloques podría ser capaz de gobernar si logran coaligarse y aquí es donde puede surgir el problema. Para conseguir la mayoría suficiente el bloque de la derecha necesitaría un aumento que hasta ahora no ha tenido y el bloque de la izquierda ha sustentado hasta el momento una mayoría suficiente de gobierno, pero estamos comprobando las dificultades con las que las fuerzas a la izquierda del partido socialista encuentran para ponerse de acuerdo en concentrarse alrededor de la propuesta del Movimiento Sumar que encabeza Yolanda Díaz y que se encuentra en plena negociación y con menos de 10 días de plazo para conseguir un acuerdo con opciones de competir con solvencia el 23 de Julio. En estas estamos.    



domingo, 28 de mayo de 2023

VOTOAVOTO

 

         En sentido estricto, este 2023 por el que atravesamos dispone de dos citas electorales, con sus dos meses anteriores a cada cita, para cumplir las campañas reglamentarias. En total, con cuatro meses de trabajo electoral deberíamos resolver las dos citas previstas. Pero esto no deja de ser la teoría. La realidad, ya se preveía que iba a ser muy otra y que este año íbamos a tener elecciones hasta en la sopa. Vamos, que, entre unas cosas y otras, este 2023 podía haberse diseñado con una mesa electoral y una fila interminable de votos entrando por sus ranuras correspondientes. Tanto las señales numéricas como la urna, recogiendo sufragios, cualquiera de las dos, demostraría que este año sería el del voto, en cualquiera de las convocatorias que lo ocupan. Esta de hoy, la primera, que sería ocupado por las municipales y por las autonómicas, para finalizar con las generales, de Congreso y Senado que vendrán a completar un ciclo en el que, cuando el año termine, ser nos habrá puesto la cara de sobre de correos.



         No siempre los ciclos electorales tienen que ser tan seguidos porque el cumplimiento de los cuatro años de cada legislatura se han dividido de distintas formas, según la experiencia vivida hasta el momento, pero la de esta vez, entre lo que dicta el reglamento hasta completar con las malas costumbres que nos hacen alargar las campañas de manera exagerada, lo cierto es que un año como el presente, se ha convertido en argumentario interminable, no de programas minuciosos para que lleguemos al momento de votar con el conocimiento exhaustivo de los distintos programas en liza, que podría ser, aunque fuera pesado. La realidad se ha convertido en un conjunto de latiguillos que se tiran unos a otros y que todos tienen poco que ver con los argumentos de debían dirimirse en los distintos programas en liza. El total, por tanto, no supone un mejor conocimiento de los programas, sino más bien en el hartazgo de los eslóganes que unos se tiran a otros. Más bien se trata de un juego publicitario que pretende, no trasmitir un mejor conocimiento, sino hundir al contrario a base de frases con chispa con los contenidos más brillantes.




     A donde nos está llevando, por ejemplo, esta campaña tan seguida que nos atraviesa de parte a parte, no es a que veamos quién termina el año con mejor conocimiento de los programas adversarios, sino hasta las narices de las ocurrencias de unos y de otros a ver quién machaca antes y mejor al contrario para que los programas, tanto si son los mejores como si no, terminan imponiéndose, aunque sea por hartazgo. Al final vamos a llegar delante de las urnas, cuando nos acerquemos a votar, no con mejor conocimiento de los argumentos distintos sino con los latiguillos de unos sobre los de otros como si los fundamentos que compiten no son distintos a los que te puedes encontrar en los anuncios de la tele, en donde lo que cuenta es la musiquilla de la última frase que soltamos, inmediatamente anterior a la introducción del voto, tanto si responde a la verdad de lo que se cuenta como si no.



         Con los votos de hoy no sé si sabremos lo que defienden unos y otro para arreglar las calles o cómo va a ser el mejor servicio de transporte público para que sea más barato y eficiente, pero estoy seguro que cualquiera de los votantes puede ser capaz de desgranar un minucioso discurso sobre ETA y sus consecuencias o sobre la importancia del independentismo en el juego de mayorías sobre la construcción del estado que nos alberga o sobre lo que va a significar para el futuro inmediato según lo que venden los distintos asesores que se esconden entre bambalinas y que ofrecen los latiguillos finales como si la verdadera lucha en juego siempre se librara tras los líderes que hablan y estuviera compuesta de las agudezas de los asesores en la sombra que van ocultos tras las frases de última hora, las inmediatamente anteriores al más sonoro aplauso que debe terminar por imponerse en el último minuto. Yo sí os digo, para terminar, que sé a quién quiero votar y pienso hacerlo y lo tengo decidido desde hace ya bastante tiempo. Os invito a que me acompañéis. Feliz y húmeda jornada.  


 

domingo, 21 de mayo de 2023

COHERENCIA

 

         En este momento hemos rebasado ya la mitad de la campaña electoral y, el próximo domingo espero que podamos llenar las urnas de votos y terminar, por fin, de esta pugna dialéctica en la que hemos transformado una elección en la que, lo que se dilucida no es otra cosa que modificar quienes detentan el poder en los ayuntamientos y en las comunidades autónomas. Este propósito no es más que la teoría porque la práctica, lo que viene diciendo, y no es la primera vez, es una presencia vergonzante de la banda terrorista ETA, desaparecida hace ya 12 años, en los discursos de las fuerzas de derecha y el intento de modificar la ley electoral que aprobamos entre todos en su momento, según la cual deberíamos ilegalizar a los herederos de aquella ETA que nos amargó la vida durante tantos años y a la que entonces le prometíamos el oro y el moro en el momento en el que abandonaran las armas y, en vez de dedicarse a inundar el país a base de atentados, dieran carpetazo a la violencia y se incorporaran a la política normal, y corriente, como todo el mundo.



         Resulta que después de años y años de muerte y de amargura, un día amanecemos con la noticia de que la violencia se acaba, cosa que en aquel, momento nos parecía insólito, y este es el tiempo en el que pasan ya de 12 años que aquella noticia nos llenó de esperanza y el resultado nos dice que estamos con ETA en la boca a cada paso como si no supiéramos vivir sin aquella pesadilla que nos hacía la vida irrespirable y necesitamos aquel rosario de atentados que queríamos borrar de nuestra historia, pero sin los cuales no terminamos de acostumbrarnos a vivir. Nos comportamos como el borracho que busca quitarse de beber desesperadamente y, cuando empieza a conseguirlo, no habla de otra cosa que de sus antiguas borracheras. Vamos, como si en el fondo no fuera capaz de alegrarse de estar convirtiéndose en un abstemio y celebrar los beneficios de lo conseguido. Hasta podría haber quién pensara que muchos son incapaces de acostumbrarse a la situación que decían desear desesperadamente y les resulta imposible olvidarse de aquel drama y pasar página de una puñetera vez.



         En vez de andar dilucidando si las calles necesitan más limpieza o no, más árboles o nuevos autobuses urbanos y aprender a vivir sin las continuas referencias a las víctimas, cuyo silencio y respeto a su memoria reclaman  muchas de las propias víctimas y no hacemos otra cosa que andar con aquellos recuerdos que tanto detestábamos, como si fuéramos incapaces de vivir sin aquel drama que parecía interminable. La situación es muy sencilla. En vez de tener la lengua tan suelta para decir lo que debemos y lo que no, una vez que se renueve el parlamento, que no es el momento todavía, planteamos el cambio de la ley que proceda para que quienes defendían el terrorismo, queden automáticamente fuera de la ley y no se acerquen a los que somos buenos, que no paramos de decirlo, y somos dignos de todos los privilegios posibles. Podemos, incluso, negar el pan y la sal a quien conozca a algún vecino que haya hablado con familiares de terroristas, que los hemos visto más de un día y que lleve una insignia bien visible en el hombro derecho para distinguir con claridad entre los buenos y los malos, que es lo que hace falta.



         Puedo seguir inventándome barbaridades pero muchas de las estupideces que se escuchan no andan muy lejos de estas tonterías que se me ocurren esta mañana, aprovechando que bajan las temperaturas, a ver si a base de sandeces logramos, por fin, que llueva, que nos hace más falta que el comer. Se trata, sencillamente, de cambiar los ayuntamiento y las comunidades autónomas y ver si quienes deben seguir gobernando los próximos cuatro años deben ser quienes lo están haciendo hasta el momento o, por el contrario, muchos de los candidatos que se ofrecen deben acceder al gobierno y tomar los asientos de aquellos que han perdido nuestra confianza y deben dejar sus cargos ya. Todo este marasmo sobre el difunto terrorismo de infausto recuerdo,  resulta que es dentro de seis meses cuando debe entrar en litigio y dilucidarse en un sentido o en otro. No toca en este momento. Un poco de coherencia, por favor. 



domingo, 14 de mayo de 2023

ELECCIONES

 


         Entre unas cosas y otras, resulta que lo que queda de este 2023 concluirá, desde el principio hasta el final, bordado de  elecciones. Acaba de comenzar la campaña que nos ha de llevar a que dentro de 15 días se celebren las primeras: municipales y autonómicas. Cuando este primer proceso concluya, nos veremos abocados al siguiente, que nos llevará a finalizar el año con la renovación del poder con las generales. El año, por tanto, debe terminar con la renovación del poder en todos los ámbitos previstos en la Constitución por un nuevo periodo de cuatro años, que son los ciclos previstos en nuestro ordenamiento jurídico. Las mayorías de gobierno se habrán renovado o se habrán formado nuevas, una vez que el ciclo termine. Si se tienen en cuenta las expectativas, dentro de las que andamos revueltos, todo el año habremos andado como zascandiles, para arriba y para abajo, con lo que deberían presentar las distintas opciones de gobierno para que unos y otros podamos optar entre las posibilidades ofertadas.



         La verdad de cualquier campaña electoral debería parecerse lo más posible a lo explicado hasta el momento. La realidad, me temo, lo que dice no es eso sino que vamos a invertir todo el año en demostrar, de cualquier manera, que quien explique sus propuestas y logre demostrar que lleva la razón, tanto si es verdad como si no lo es tanto, con tal de que, al final del cuento, los mensajes mostrados hayan aparecido como los más cercanos a la verdad y el mayor número de oyentes así lo haya interiorizado, el resultado final debe verse reflejado en votos obtenidos por cada una de las opciones en litigio y su número transformado en representantes elegidos. Por ser simple, este proceso manifestado lleva, en síntesis, el fundamento de la convicción explicada y de su conversión en número de votos y espacios de poder a su disposición como consecuencia. Si unos y otros fueran limpios, los contenidos explicados en la campaña deberían reflejar los distintos programas que se ofrecen a los ciudadanos, quienes con su mejor conocimiento dispondrían de sus posibilidades de elección, una vez valorados los distintos contenidos ofertados.



         La realidad concreta que ha ido viendo la luz a lo largo de la campaña, seguramente no llega a tanto y lo que sucede es que cada opción estudia la mejor manera de mostrar el contenido de sus propuestas para que la ciudadanía lo pueda ver del modo más atractivo y logre que sea transformado en número de votos que puedan alcanzar, una vez que se produzca el recuento, cuando se cierren las mesas electorales y que los resultados de unos y de otros vean satisfechas o no las aspiraciones de gobierno con las que iniciaron las campañas. Este juego de convencimientos con que cada opción juega al comienzo tendrá que ser verificado en sus recuentos finales. Otra cosa muy distinta puede ser la decencia o no de los contenidos mostrados a la población sobre sus verdaderas intenciones, si bien es cierto que quienes oyen durante la campaña los argumentos de unos y de otros disponen de su criterio para discriminar sobre la coherencia o falsedad con lo que ha ido informado.



         Hay  campañas más pacíficas y otras más agresivas, en función de lo que unos y otros consideran que se juegan en los resultados. Los que esto del voto, algunos lo descubrimos una vez colados en la década de los 30, ya deberíamos darnos por satisfechos por el hecho de disponer de la capacidad de votar. Es verdad que los deseos pueden tener unos límites u otros y cabe que, una  vez alcanzada la capacidad de voto, sigamos deseando y no nos satisfagan muchos de los mensajes que escuchamos, en función de la distancia de sus contenidos con las realidades que nos cuentan. Me temo que ese perfeccionamiento entre lo escuchado y su distancia con la realidad que cuenta sea cercana o tenga poco que ver, va en el criterio de cada uno. Seguramente las distancias entre una cosa y otra, en esta ocasión, sean considerables, si la orientación nos la dicen los casi cuatro años tan agitados que hemos vivido desde 2019 en que comenzó la presente legislatura hasta cuando la demos por terminada, más o menos al final del presente año.