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domingo, 17 de mayo de 2020

PRIMERA


         Prometo que volveré a mi verdadero asunto de la primera infancia en el momento en que logre sacarme de la cabeza este asunto del COVIT 19. Reconozco que estas semanas me salgo del tiesto pero es que lo prefiero porque de camino que lo digiero mientras lo explico  y hago honor al título del blog. COMO NIÑOS siempre fue para mí la constatación de que somos así todos los que vivimos sin centrarnos necesariamente en asuntos de niños. Es verdad que la frasecita es suficientemente ambigua como para que me permita jugar con ella y meter como parte de su contenido cualquier asunto que me interese si bien ya sabéis que mi trabajo se ha centrado en la primera infancia por lo que, inevitablemente, la mayoría de los textos van referidos a ese asunto. De todas formas no creo que a nadie le extrañe que le esté dedicando a la pandemia algunas semanas por la amplitud global que abarca y por los cambios que está significando en nuestra vida…, y lo que te rondaré morena.

         Por una cuestión estrictamente metodológica se ha decidido estructurarlo en fases, siendo 0 la que acabamos de pasar en el día de hoy en la que sólo se permite salir de paseo a determinadas horas a los deportistas, a los abuelos y a los pequeños con sus adultos de referencia. A partir de mañana lunes entramos en fase 1 en la que se empiezan a relajarse las medidas de confinamiento. Nos vamos adueñando del espacio en fases y esta primera es sólo en el ámbito provincial para volver a lo que se ha dado en llamar nueva normalidad. Iremos accediendo a los comercios de cercanía, saliendo a la calle sin límites y haciendo como que todo empieza a estar a nuestra disposición, pero no es verdad. Ni la fase cero, ni esta primera que vamos a estrenar mañana ni las dos próximas que nos esperan en semanas sucesivas a lo largo del mes de junio se van a parecer a lo que era nuestra vida hasta que empezó esta peste. Iremos tomando la calle a plazos pero no seremos los mismos dueños y señores que veníamos siendo sino que sobre nosotros se cierne una disciplina que habremos de cumplir porque hasta que no haya una vacuna solvente estaremos pendientes de un hilo.

         Tres medidas se imponen sobre cualquier fórmula de vida: la higiene frecuente de manos, la distancia de seguridad de dos metros con carácter general y el uso de las mascarillas que con carácter general ha pasado de recomendable a obligatoria, primero en los transportes públicos y ahora en la calle en general. Reconozco que son tres medias sencillas y que pueden ser seguidas por cualquiera porque no necesitan mucho esfuerzo. Lo que pasa es que el hecho de que no sean un rato sino que vayan pegadas a nosotros cada día y en todo momento y por un tiempo  indeterminado hasta que no se haya encontrado una barrera eficaz contra el virus, una vacuna o tratamiento solvente, pueden pasar años. Nuestra vida no va a ser la misma. Sobre la higiene frecuente de las manos no tiene por qué significar un cambio sustantivo. Siempre se nos aconsejó el lavado de manos como fuente de salud.

         La distancia de dos metros para todo…, habrá que hacerla, no digo que no. Pero dónde se ha visto que no podamos tocarnos, acariciarlos, saludarnos a base de contactos cuerpo a cuerpo…, los abrazos…, qué vamos a hacer sin los abrazos. Estoy seguro de que terminaremos cumpliendo, de hecho ya hemos empezado pero es un tipo de vida que no hemos conocido. No es una nueva normalidad sino una nueva anormalidad, que no es lo mismo. Y qué me decís con las mascarillas. Os confesaré que me había comprado un par de ellas en mi farmacia habitual para no usarlas sino en casos estrictamente obligatorios, los transportes públicos por ejemplo. Pues ayer la probé por primera vez y por pocas me ahogo. Sé que exagero y que terminaré acostumbrándome como todo el mundo, faltaría más. Pero de normalidad nada. Pareceremos marcianos como tantas veces nos hemos reído de los japoneses y los chinos cuando los hemos visto con mascarillas a tutti plen. Aunque no sea creyente…, ¡que dios nos coja confesaos!. 

domingo, 10 de mayo de 2020

RESPONSABILIDAD


         Poco a poco vamos tomando la calle con los sentidos y con el cuerpo en general. Sobre todo los niños. Nos vamos enterando de que las cosas no sé si van a volver a ser como antes, pero si eso llega, va a tardar lo suyo. Por lo pronto la presencia de las mascarillas parece que se va a generalizar y nosotros no estábamos acostumbrados a esa prenda. Es más, apenas la fabricábamos. Ha supuesto un gran problema hacerse de pronto con millones de mascarillas, justo en el momento en que todo el mundo las quiere y la producción está concentrada en China. Los aeropuertos chinos se han convertido en un mercadillo gigante en el que las reglas del sacrosanto mercado se han disuelto como un azucarillo y se ha sabido que lotes de equipos contratados y pagados por determinados países han cambiado de manos antes de subir al avión comprometido, sencillamente porque se ha presentado un agente de un país más poderoso y ha pagado el doble por el lote y don dinero, una vez más, ha impuesto su poder por encima de cualquier otra norma que el propio mercado nos hacía pasar por buena. La ley del más poderoso se ha impuesto una vez más en momentos tan críticos en una guerra sin cuartel.

         Aparte de tragar semejantes injusticias, de sobra conocidas a lo largo de la Historia, hemos tenido que volver la mirada hacia nosotros mismos, tragarnos las frustraciones correspondientes, aprovechar lo que se pueda del común campo de batalla y ponernos de la noche a la mañana a fabricar mascarillas, equipos de protección, respiradores para los más enfermos y soportar el temporal como mejor se está pudiendo. En nuestro caso la primera ola de contagio ha sido doblegada y muerde el polvo hasta el nivel del principio, cuando hace un par de meses no conocíamos a este COVIT 19 de los demonios que ha venido a ponernos la vida patas arriba. Nos reíamos de los orientales que exhibían como prenda habitual la mascarilla como si fueran marcianos. Pues aquí la tenemos, ya veremos hasta cuándo.

         No vamos a renegar a estas alturas de la calle tan raquítica que tenemos aunque, francamente no tiene mucho que ver con la que conocíamos, porque el mero hecho de respirar, mirar, oler…, ya es todo un logro que pequeños y mayores estamos volviendo a tomar. El gobierno ha dividido la vuelta a la nueva normalidad en cuatro fases para que nos vayamos dando cuenta de algo hemos conseguido porque volvemos al mundo que conocíamos, pero que vamos a hacerlo muy despacio para que nos vayamos enterando de que la vida no va a ser la misma que nos dejamos cuando se nos ordenó aquello del quédate en casa. La semana de los paseos por franjas de edad ha ido razonablemente bien salvo algunas zonas especialmente aglomeradas a las que les ha sido especialmente difícil crear un espacio imprescindible entre todos los que querían salir. A partir de ahora viene lo bueno porque van e empezar a abrir los bares, las tiendas de menos de 400 metros cuadrados…, un paso más en que la vida se imponga y nosotros dentro de ella.

         Al final el gran problema va a consistir en aprender a vivir físicamente solos y separados unos de otros un par de metros. Este pequeño espacio de distancia nos está cambiando la vida más que ninguna otra cosa. Esta tierra ha creado su fama de cercanía a lo largo de siglos y el Sur ha consagrado su gracia y su salero a base de acercarnos los unos a los otros, en gran medida de manera conveniente y muchas veces hasta inconveniente. Yo creo que aquí va a estar el quid de la cuestión. El año pasado nos visitaron 84 millones de personas de todo el mundo convirtiendo al turismo en la primera industria nacional. Esto ha bajado el contador a cero de manera fulminante y así estamos en este momento. A ver quién es el guapo que pone en marcha semejante locomotora para convencer de nuevo al mundo de que somos los mejores y olé, cuando nos ven paseando con mascarillas de aquí para allá y enterrando a nuestros miles de muertos más que de bulla como cualquier hijo de vecino. 

domingo, 3 de mayo de 2020

DESESCALADA.


         La reconquista de la libertad frente al  COVIT 19 empieza el próximo lunes día 11. Hasta entonces sólo a los menores se les han abierto las puertas, siempre acompañados de un familiar de referencia durante una hora al día, con algunos juguetes individuales,  hasta tres menores por adulto y sin usar los espacios habituales de juego. Digamos que a media mies, pero ya ha sido un paso importante que nos ha señalado la salida. Las calles se han llenado de vida con la presencia de los pequeños y hemos contado los días hasta llegar al sábado día 9, ayer, en el que se ha dado el siguiente paso. Hasta el lunes 11, de 6 a 10 de la mañana y de 8 a 11 de la noche, los deportistas tienen opción de dar rienda suelta a sus musculaturas, cosa que suputo un reventón de vida porque en las grandes aglomeraciones de gente resultó casi imposible guardar las distancias. Parece como si todos hubieran estado detrás de la puerta esperando la señal de salida. Los abueletes tenemos de 10 a 12 de la mañana y de 7 a 8 de la tarde un tiempo reservado para dar nuestros paseos y reencontrarnos con la primavera, que siempre estuvo ahí. Comunico que tuve opción de oler mi celinda insigne, a la que todavía le quedaban unas pocas flores, aunque la mayoría ya estaban en el suelo.

         Poco a poco las calles se van cubriendo de personas, un poco encorsetadas en espacios y en tiempos, pero plenas de vida. A este tramo mi gobierno le llama Fase 0. Nos ha mostrado lo que será la fase 1 que comienza a partir del lunes 11 y que iremos detallando. A la vuelta le llama LA NUEVA NORMALIDAD lo que, de entrada, me mosquea porque significa que entramos en un tipo de vida que no conocemos y que tendremos que aprender a ejercitar. Toda la actividad que se vaya liberando tendrá que disponer de distancias físicas y de mascarillas en cantidades masivas de modo que los dos metros de distancia va a ser el espacio más íntimo porque el virus sigue ahí y porque la curva estadística que parece casi vencida puede repuntar en cualquier momento y crear un problema en el sistema sanitario como lo ha creado el primer envite. Resulta que el confinamiento estaba y está relacionado principalmente con las capacidades de atención de los servicios sanitarios. En algún caso se han visto desbordados y de lo que se trata es que eso no vuelva a suceder. Que nos vamos a seguir infectando, sin duda, pero que se va a intentar que sea poco a poco.

         Y sí, ayer volví a la calle después de 47 días confinado. No pude todavía encontrarme con mis hijos, pero sí con los jardines de Fuente Nueva, con ese pulmón cerca de mi casa que me permitió un paseo reconfortante en un día que alcanzó casi los 30 grados centígrados. Parecía que estaba preparado para todo lo que se le vino encima. No vi muchas caras porque la mayoría la llevaban cubierta. Yo no lo soporto. Me he comprado mascarillas y me las pondré cuando sea obligatorio pero parece que me estoy desenvolviendo entre marcianos. Es más, lo que hacemos no es mirarnos para saludarnos sino para ver si estamos a la distancia suficiente o hay que encontrar corredores donde sentirnos seguros, como si cada persona con la que te cruzas fuera un peligro para ti y tuvieras que resguardarte por si acaso. Y dicen que así deberá seguir siendo hasta que aparezca una vacuna que nos haga sentirnos a salvo del nuevo virus. Nueva guerra por el dominio del mundo de todos contra todos. Como siempre. Los que parecen tener más posibilidades son los EEUU y China y ahí van amenazándose a ver quién la saca primero.

         Sería hermoso hablar de aprendizajes tras el nuevo virus, que es de lo que se trata. Esto ha sido un parón seco que, aparte de las dificultades sanitarias, nos ha traído una catástrofe económica y social de proporciones desconocidas. En un par de meses hemos perdido lo que, con suerte, nos va a costar al menos un par de años remontar. La mayor dificultad para España creo que va a consistir en hacer que todo el turismo que ha dejado de venir y que se había convertido en la principal industria del país, 84 millones de personas el año pasado, vuelva a confiar en que este es un país seguro para ellos. Poner en marcha los negocios relacionados con este sector nos va a hacer sudar sangre. Lo bueno que tiene la vida es que no entiende de barcos y que detrás de un día viene otro, tanto si queremos como si no. El virus llegó y nos cambió nuestras claves. Con el paso de los días nos iremos dando cuenta de que, los que seguimos vivos nos iremos acoplando a los nuevos tiempos y a los nuevos condicionantes pero, no lo olvidemos…, nosotros…, los de entonces…, no seremos los mismos.

domingo, 26 de abril de 2020

REENCUENTRO



         Hay familias que han dormido esta noche inquietas porque hoy, por primera vez a pesar de que yo dije por error que el lunes pasado, van a volver a pisar la calle con los pequeños. No será como antes pero el desconfinamiento empieza con justicia por los niños. Podrán salir hasta tres con uno de sus adultos de referencia por espacio aproximado de una hora como máximo, en un espacio aproximado de hasta un kilómetro. Podrán sacar algunos juguetes pero no se abren los espacios habituales de juego y hay que mantener las distancias de seguridad de los dos metros  y con mascarillas, de modo que el experimento no deja de ser un ensayo con todas las precauciones posibles de lo que ojalá termine siendo la punta de lanza para recuperar todo lo que hemos perdido con la pandemia, que es mucho. Si este primer paso no tiene consecuencias sanitarias adversas, el próximo lunes, dos de mayo, aparecerá el segundo en el que se podrá salir a hacer deporte individual y paseos en circuitos cercanos a las viviendas. Parece como si retomáramos la vida con pies de plomo.

         Las diferentes tomas de contacto con esa vida habitual que vivíamos como si nada se han puesto caras, muy caras. Tendremos que ir aproximándonos a la diversidad de secuencias de nuestro modo de vida de forma diferente. Aprender a vivir de nuevo con un estilo desconocido, evitando el contacto físico, por ejemplo, manteniendo unas distancias que nos resultan completamente insólitas y que se van a convertir en habituales hasta que no dispongamos de una vacuna que frene este virus que se ha colado en nuestras vidas sin que nadie lo invite. O tal vez sí. No sabemos cómo ha surgido. Quizá con tiempo y con ciencia podamos explicar qué ha pasado en realidad. Por ahora sólo tenemos voceros que van y vienen de aquí para allá proclamando todo tipo de explicaciones sin mucho fundamento. No consiguen que sepamos nada sólido porque nadie sabe nada a ciencia cierta, pero sí que con sus teorías apresuradas e imprudentes consiguen que vivamos esta grave situación con un poco más de inquietud, por si la propia pandemia no fuera suficiente por sí misma.

         El criterio de esperar a la vacuna obliga a que tengamos que caminar hasta entonces como de puntillas, con la amenaza de que en cualquier momento pueda surgir un rebrote y tengamos que volver a recluirnos de nuevo, cosa que resultaría inevitable aunque muy dolorosa. Este virus fue desconocido desde el principio y nos obliga a salir a la calle mirando a izquierda y derecha porque nos lo podemos encontrar detrás de cualquier esquina. Ante él nos sentimos como desnudos y necesitamos la vacuna que nos permita hacerle frente para que nos permita volver a nuestra vida conocida o aproximada. Y todo esto se nos ha venido encima en el plazo de dos meses, más o menos. Ahora parece que el bicho ya pululaba por nuestras calles un tiempo indefinido antes pero como nadie lo conocía, podía andar de aquí para allá con toda tranquilidad. Ya le hemos visto la cara microscópica de consecuencias desconocidas pero peligrosas. Ahora sabemos cómo se las gasta y hemos reaccionado contra él reivindicando nuestra forma de vida.

         Algunas lecciones sí que podríamos sacar del contacto con este virus. Nos ha pillado con una ciencia que, al menos en España, llevaba varios años rebajando su presupuesto como si nada. O sea que en pañales. Las deslocalizaciones industriales han dado como resultado que todos los requisitos médicos imprescindibles para combatirlo haya que comprarlos fuera al precio y condiciones que nos los quieran vender porque no disponemos de industria propia para abastecernos. Aquella sanidad de la que alardeábamos como una de las mejores del mundo ha demostrado tener los pies de barro porque los poderes públicos la han ido vaciando de presupuesto por lo que muchos de sus espacios y de sus profesionales se han inhabilitado o se han marchado a otros países a prestar sus servicios porque aquí, en el suyo, no encontraban un puesto digno. Ojalá aprendamos, pero no es fácil. Construir siempre cuesta sudores y requiere esfuerzos sostenidos que no sé si estamos dispuestos a costear.


domingo, 19 de abril de 2020

AÑORANZA


         En este largo confinamiento por el covit 19 algunos venimos reclamando desde el principio un tratamiento más abierto para los niños. Le semana pasada los llegué a comparar por pura desesperación con las mascotas y sugerí, incluso, que si lo que los diferenciaba era un collar, se podría pensar antes que verlos en la casa encerrados tantos días cuando a ellos, en realidad esta pandemia ni les va ni les viene. Hoy me alegra, es un decir, que a partir de mañana vamos a poder ver a menores de 12 años por la calle, bien es verdad que junto a un adulto y sólo para los asuntos establecidos: pasear a las mascotas, comprar el pan o ir al supermercado. Me alegro por todos: ellos porque algo de aire libre van a poder ingerir y el resto porque se nos va a poner una cara más humana y más sensible con los más pequeños. No quiero insistir de nuevo en las consecuencias de tan largo alcance por causa de tanto encierro que no entienden y que es contrario a las leyes universales de desarrollo de las personas. Espero y deseo que sea el comienzo de una serie de relajaciones que nos permitan de nuevo gozar de la vida en directo.

         Podría haber concluido el párrafo con la vuelta a la normalidad pero me he retenido a conciencia porque tenemos que saber que este asunto de la normalidad nunca ha significado muchas cosas en concreto pero me temo que a partir de nuestra vuelta a la calle va a significar muchas menos. El otro día mi hija Alba me mandó una rama de celindo florecido porque sabe que su olor es uno de mis delirios desde hace mil años y sólo florece unos días al año, en esta época. Sin embriagarme varias veces de esa fragancia insólita y celestial este año sé que no soy el mismo. Tengo uno a cien metros de mi casa, en plena calle, que me ha surtido de olor estos diez últimos años. Ya en la salida de la ciudad, ese bofetón de amarillo de los jaramagos que son los reyes de los campos en barbecho y de los bordes de todos los caminos también me faltan. Son como piezas de mi vida de las que tengo que prescindir por causa del virus y que no se lo voy a perdonar nunca porque me va a hacer un poco más extraño en esta vida.

         Podría continuar con otras cosas y aspectos de valor que este año hay que dejar de lado y seguiremos viviendo, aunque ya no seremos los mismos. Por mi pasión de lector no añoro la soledad física. La lectura me permite vivir miles de vidas con la imaginación pero sí me falta la presencia de los míos. En mi familia nunca hemos sido muy zalameros, más bien con espacio suficiente como para que cada uno se mueva con holgura pero sí nos hemos mirado y nos hemos sentido cerca y ahora eso sólo nos es permitido a través del móvil o del ordenador y, francamente, no es lo mismo. Cuando me conecto con mi hijo mayor Nino, su hija África no para de dar la vara metiéndose en la imagen para ocupar la pantalla, esa que ocupa con normalidad con sus juegos cuando viene de visita en condiciones normales. Cuando mi Elvira, la menor, duerme en mi casa nos instalamos de manera natural en distintas dependencias de la casa y nos pasamos las horas muertas, ella con sus estudios y yo con mis lecturas, ambos conscientes de la presencia del otro.

         Aparte de alegrarme de que los más pequeños puedan ver la luz un poco a partir de mañana y de mencionar algunas secuencias de mi normalidad, cada uno tendrá la suya, las comento consciente de que va a pasar mucho tiempo para volver a vivir secuencias como esas. No sé si lo que llega va a ser mejor que lo que hemos dejado atrás pero hoy no me imagino cómo va a ser un mundo en el que no pueda tocar a las personas, susurrarles al oído, abrazarnos y sentirnos uno cada vez que nos apetezca. Es posible que algún día podamos recuperar alguno de los gestos que comento pero parece que va a pasar bastante tiempo durante el que no vamos a poder ni vernos las caras. Esto no es ni más ni menos que un mundo que no conocemos. Los más jóvenes puede que se adapten porque ese va a ser el suyo pero algunos ya con una edad, creo que nos vamos a sentir extraños, sin fuerza ni ganas para tanta distancia.

domingo, 12 de abril de 2020

LLANO



         Cómo sustraerse a la pandemia mental que significa la aparición de este COVIT 19. No hay cadena de noticias que no abra y cierre con este asunto. En el mundo ya hemos rebasado los 2 millones de casos infectados. En este momento EEUU alcanza  por sí solo los 500000 y el señor Trump ha pasado de reírse del bicho hace apenas un mes a promover cada día un poco más de prioridad para este asunto, bien entendido que son los estados los que dentro de cada territorio deben tomar las medidas pertinentes y las que han tomado hasta el momento no parecen suficientemente potentes  para retener el crecimiento. Ya sabemos, eso sí, que la mayoría de los infectados son los afroamericanos y los latinos lo que no debe extrañarnos demasiado porque este virus, como el resto de las desgracias,  sí entiende de pobreza y tal vez sea este capítulo el que menos estamos considerando como en todas las demás pandemias que en el mundo han sido. El tío San ha tomado la cabeza de esta plaga y veremos las dimensiones que adquiere, porque hasta hoy no para de subir. La pobreza está suficientemente extendida como para que sea un motivo de preocupación desconocer hasta qué punto va a afectar a la mitad del mundo pobre.

         En lo que toca a España hemos llegado en la fase ascendente a crecimientos del 30% entre un día y otro. Hoy nos damos con un canto en los dientes cuando las estadísticas nos señalan un crecimiento del 3% sostenido en esta última semana. Con este descenso tan notorio y con la cuarta semana de confinamiento de la población se ha terminado la guasa de la novedad y empezamos a vivir la angustia de no poder salir a la calle y de empezar a interiorizar que nuestra vida ha cambiado como de la noche al día. Quédate en casa ha pasado a ser la consigna estrella porque nos damos cuenta día a día de la enorme dificultad que supone su cumplimiento. El permiso de sacar a las mascotas es poco menos que en un circo si el asunto no fuera tan grave. Hay mascotas que salen de la mano de varios dueños cada día y  lo que antes era que les diera el aire y cumplieran sus necesidades fisiológicas, ahora se convierte poco menos que en maratones a los que el ingenio de los vecinos cómplices los someten. El cerco se ha estrechado contra esos abusos.

         Sobre los niños reconozco que la misma angustia por la dimensión del problema me ha hecho que no entrar todavía a fondo. Sí que empezamos a ver en las noticias como algo pintoresco a pequeños que tiran de sus familias en dirección a la puerta de la calle porque no pueden entender cómo es posible que nadie se acuerde que ellos necesitan el aire, el sol, los columpios…, las calles en definitiva, que empiezan a echarlas de menos desesperadamente. Sé que aparecen en las noticias como detalle pintoresco  pero no es un detalle sino un elemento trocal que va a tener consecuencias importantes en sus vidas. No tengo la más mínima animadversión por las mascotas. Tampoco dispongo del saber suficiente como para ofrecer una propuesta que nos saque de esta situación de hoy para mañana. Pero no puedo dejar de lamentar que miles de pequeños sigan en sus casas encerrados días y días, que ya va para un mes en España,  mientras miles y miles de mascotas disfrutan de un poco de aire y de ejercicio con el acompañamiento de sus seres queridos. Si pienso en los discapacitados intelectuales, por ejemplo, sabe dios lo que estará pasando por sus cabezas con el confinamiento.

         Insisto en que no tengo una propuesta de solución para este complejo y vidrioso asunto que se no ha metido por las puertas y nos está agobiando cada día un poco más y veremos lo que dura. Tampoco quisiera estar en el pellejo de las personas que deben tomar las decisiones que después nos afectan a todos. Sólo escribo estas reflexiones como forma de rumiar esta frustración continuada que parece que no tiene fin y también, por qué no, por si algo de lo que cuento tuviera utilidad para quien pueda leerme, que mayores cosas se han visto. Sólo con esa intención de reflexionar por reflexionar y sabiendo que lo que diga no pasa de ser una opinión individual, aislar a los más pequeños y reclamar para ellos, al menos el mismo derecho que el que se concede a las mascotas, creo que no es mucho pedir. Si hay que pensar en el complemento de los collares para que no se escapen, entonces me callo porque no me gustaría agravar el gasto familiar hasta ese punto. Bastante hay ya con lo que hay. 



domingo, 5 de abril de 2020

PICO



         A lo largo de tres inmensas semanas sin poder salir de casa, porque esa parece ser la mejor vacuna contra el COVIT 19, hemos escuchado enciclopedias de datos y de opiniones de modo que nos hemos convertido en monográficos del virus. Tenemos virus hasta en la sopa, y nunca mejor dicho. Es más, tenemos hasta guerra de cifras. Ahora resulta que las cifras que China ha ofrecido no tienen nada que ver con su realidad que, según occidente, ha sido muy superior. En la misma Europa no es el mismo recuento de víctima si estamos en Francia que no contabiliza los ancianos de las residencias que si estamos en España que sí. Parece que la realidad no cuenta porque lo que llega a la gente no son respiradores ni UCIs ni neumonías sino discursos que salen de unas fuentes interesadas que, tanto si quieren como si no, son sesgadas aunque no sea más que porque junto a la información oficial aparecen todo tipo de noticias falsas a las que el virus y sus consecuencias sirven como palanca aceptable para la lucha política de desgaste al gobierno. Y con eso y un bizcocho nos estamos volviendo cada día un poco más locos o un poco más desinformados, que viene a ser lo mismo.

         Ya parece constatado que por lo menos nos queda tanto encierro como el que hemos tenido porque la curva estadística del virus nos dice que ya hemos alcanzado el pico y ahora estamos bajando lentamente pero no se van a dar las garantías de que no pueda haber repunte hasta que prácticamente hayan desaparecido los nuevos casos. En ese momento empezaríamos a volver a la normalidad por partes. Una normalidad que empezamos a saber que no va a ser aquella que dejamos cuando comenzó el encierro sino otra muy distinta. Habrá cosas que ya nunca volverán a ser las mismas y otras que no cambiarán ni por una pandemia ni por nada. Que habrá pobres y que habrá ricos no hay mucha duda y que ambos se parecerán como dos gotas de agua a los que ya estaban casi desde el principio de los tiempos.

         Mientras tanto, aquí van unas cuantas perlas para que no se diga. Un partido político de España ha demandado al presidente del gobierno ante los jueces como responsable de todas las muertes por el virus, que ya superan las 11000. Que este virus no es más que la III guerra mundial y que se da por terminada con la victoria de China y Rusia sobre EEUU y Europa. Que el virus no es un ser vivo sino que ha surgido de los laboratorios chinos y es capaz de vivir en el momento en que se adhiere a un lóbulo pulmonar. Quizá convenga que pare, no tanto porque no pueda ser cierto cualquier cosa de las miles que se andan diciendo, sino porque la verdad no la vamos a saber en este momento en el que, dramáticamente, nos estamos manteniendo más de propaganda y no porque nadie lo pretenda de manera expresa, que puede haber alguien que lo pretenda,  sino porque no lo vamos a saber con el fragor de la refriega que en este momento atravesamos. Tampoco estoy seguro que lo logremos con el tiempo.

         Empezamos diciendo que la normalidad que nos espera puede que sea distinta a la normalidad que conocíamos hasta ahora. Para mí el valor de la propaganda adquiere una dimensión mayor de la que tenía. Ya sabía que las guerras siempre las cuentan los vencedores y, por tanto, su versión es de parte interesada. Los datos van a tener más o menos valor dependiendo de la fiabilidad que nos ofrezca la fuente de la que salen. Hay que darse cuenta de la fuerza que puede llegar a tener un virus incipiente que nos ha puesto a todos patas arriba en pocos meses. Ahora no tiene mucho sentido que yo diga, por ejemplo, que jamás he asistido a un partido de futbol porque me ha dado pánico la inmensidad de personas juntas al mismo tiempo y que, pese a ser una persona que me encanta vivir en comunidad, abomino de las multitudes. Si me quieres encontrar nunca me busque donde haya mucha gente. Necesitamos espacio para valorarnos como personas. Presiento que este no va a ser el último escrito sobre el virus. Tardará en formar parte de nuestras vidas como una pieza más y no como una amenaza.