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BARCELONA
Amo a
Barcelona. En el año de 1960 y pocos significó mi bautismo de emigrante, de la
mano de “El Curica”. Me llevó a
Trinaranjus, en la calle Pedro IV, donde empecé a ganarme la vida y a dormir en
Conde del Asalto 32, entresuelo 1º Izquierda, que ya no existe. Acababa de
perder la beca y llegué convencido de que mis posibilidades de seguir
estudiando se habían terminado. La vida se encargó de decirme que no y que
tenía que seguir por la vía educativa y aquí me tenéis, en los últimos
capítulos de mi vida, dedicada por completo a la educación y con Barcelona en
mi cabeza, esta vez de la mano de dos insignes barcelonesas, Marta Mata e Irene
Balaguer, que ya no están, pero que vivirán en mí mientras me quede un aliento
de vida. Y es que la vida es un camino tan variado que nunca sabes por donde te
va a llevar o lo que te tiene reservado en cualquier recodo del camino.
Viene
a cuento todo este introito porque estábamos metidos en un berenjenal del que
era muy difícil atisbar la salida. Podría precisar más las causas pero no
quiero dar nombres por no manchar la página. Será suficiente mostrar los
efectos de sus fechorías y estoy seguro que, para cualquiera, será fácil identificarlos. No
diré que sean los únicos efectos perniciosos presentes en el mundo.
Desgraciadamente hay más, bastantes más. Pero sí son los que más potadas de
periódicos ocupan, probablemente porque son los más poderosos. Lo que sí es
verdad es que en los últimos meses hemos pasado de vivir en el relativo engaño
de que vivíamos en paz y atragantarnos así, de pronto, con la certeza de tener
al mundo patas arriba y vivir en un hilo. Es más, muchos no sabíamos a dónde
mirar porque no podíamos entender cómo era posible que los días fueran pasando
con semejante desaguisado entre manos y el principal promotor, EEUU, callado
como un muerto, como si no fuera con ellos.
Pues
la vida, que es tan grande y tan diversa, este viernes y sábado anterior, nos
ha mostrado, precisamente en Barcelona y no por casualidad, en la que no creo,
una reunión de hasta 25 jefes de estado o de gobierno decididos a hacer frente
a las exhibiciones de fuerza que empezaban a desesperar a muchos de nosotros y
a reivindicar una vida con leyes y unas formas de convivir al margen de los
caprichos de los más fuertes. No quiero pasarme de ingenuo, cosa que desearía
con toda mi alma, y sé que el significado de este frente por la paz y por la
legalidad no será ninguna gallina de los huevos de oro. Un simple ¡NO A LA GUERRA! No es suficiente para
recomponer todo el destrozo que se ha montado en tiempo récord. Por lo pronto,
la cantidad de muertes que se han producido, la mayoría de civiles inocentes,
ya no tienen remedio. Pero era necesaria una respuesta que pudiera mostrar al
mundo una cara razonable y eso creo que se ha conseguido.
No
caeré en la ingenuidad de pensar que sea Barcelona, por sí sola, la que lo haya
logrado y me deje llevar por mis amores personales. Soy un viejo con bastantes
kilómetros a las espaldas y me duele saber que los destrozos producidos tan
sólo en unos meses, costarán años en volverlos a recomponer y que, mientras
tanto, el sufrimiento va a recaer en los que menos culpa tienen. Lo que digo es
que andábamos encenagados en la desesperación y en los silencios culpables y en
Barcelona o por causa de Barcelona o con Barcelona de fondo, se ha encendido
una luz para el mundo, que no será suficiente para resolver, pero que servirá
para orientar. Desgraciadamente, los causantes no están tan solos como muchos
desearíamos, pero creo que la luz de esta reunión en Barcelona nos sirve de
orientación a los que andábamos huérfanos de referentes contra los caprichos y
las arbitrariedades y a favor de las leyes que nos cobijen a todos, como venía
pasando desde que terminó la Segunda Guerra Mundial.
domingo, 9 de mayo de 2010
LA RUTA DEL AGUA
Podemos establecer un recorrido fidedigno, siguiendo las rutas del agua, de las distintas concentraciones humanas sin temor a equivocarnos demasiado. Junto a los distintos itinerarios las gentes de todas las épocas han desarrollado su historia y su cultura valiéndose de ese líquido de vida como fuente de subsistencia y como elemento de poder con el que dominar o ser dominados según las posibilidades de acceso o no a su uso y disfrute.
Esta que paso a describir es, por tanto, una de las muchas trazadas por el ancho mundo. Esta me afecta por el hecho de haber nacido en Alfacar. Mucha gente celebra su pan pero en el pueblo, con razón o sin ella, se dice que es el agua la que establece la diferencia y dota a la combinación con la harina de ese punto tan celebrado que es posible que en breve lo podamos conocer como denominación de origen PAN DE ALFACAR. Como tantas veces en la vida, las verdaderas razones se ocultan con pudor buscando un recato en el que tal vez se esconda su verdadera fuerza.
Quiero empezar al revés. Comentaré las distintas fuentes de salida, partiendo de la más distante en dirección al punto de magia de donde surgen todas:
PILARILLO DE LAS ESCUELAS.- Se encuentra en medio del pueblo y ya no tiene escuelas junto a él, que eso es cosa de otros tiempos. Su caño tiene sonido de gloria y sabor de hogaza. Su magia queda demostrada desde el momento que mi Elvira es incapaz de pasar una sola vez por delante sin echarse una garfada a la boca y exhalar ese característico ¡Ahhhh! que tan claramente indica satisfacción y gozo.
PILARILLO DE LOS ENANOS.- Se haya escondido al comienzo del Carril, hoy oficialmente empeñados en que se llame Avenida de Valencia de Alcántara cuando todos saben que seguirá siendo el Carril por los siglos de los siglos. Los dos se llaman Pilarillos porque, como su propio nombre indica son pilares y pequeños, casi ridículos, pero sólo en extensión porque de ningún modo se puede decir de la calidad de sus aguas. Concretamente en este de los ENANOS la única explicación posibles es que el caño indica claramente debajo de modo que hay que agacharse para conseguir el líquido elemento. Se haya justo frente a lo que fue tantos años la Carnicería de Irene, una pequeñísima plazuela en la que también bordaba tul mi tía Ángeles con aquellas manos de oro. La fuerza de su caño es grande y su agua de primera.
LA FUENTE EL PIEJO.- Ya sé la anomalía de su nombre pero qué le vamos a hacer, así son las cosas. A nadie en su sano juicio se le ocurriría llamarle de otro modo. Has pasado ya la cruz de San Marcos y estás a un paso de FUENTE CHICA. Está un poco escondida en un recodo a la derecha. Lo mejor es preguntar al primero que te encuentren: ¿no está por aquí LA FUENTE EL PIEJO?. Seguro que das con ella sin ningún problema. Su caño también es discreto de volumen pero su producto verdaderamente exquisito.
FUENTE CHICA.- No hablamos del nacimiento porque no es fácil meter el hocico tan bajo. El pilarillo está detrás de la placeta, una vez que bajas las escaleras y parece que ya te marchas sin haber bebido. Entonces te lo encuentras a tu derecha. Su caño es recio y será difícil que no te mojes pero puedes quedar perfectamente saciado si embocas con determinación, que es lo suyo. Hoy no podrás encontrar, es cierto, ni a María ni a Anica las gitanas, elaborando con primor sus cestas de mimbre, sentadas como faraones en aquellas sombras tupidas y con los pies dentro del pequeño manto de agua que cubría la zona de manera permanente. ¡Qué le vamos a hacer! ¡No se puede tener todo en este mundo!
EL MORQUIL.- Es, sin duda, el néctar de las aguas. Ya pasó a la historia aquel cilindro que daba acceso al nacimiento y al que, aparte del irremediable ¡Eeeooo!, si tiraba una piedra atada a un junco para comprobar la suerte y otras propiedades. Solo era posible acceder a base de garfadas o bien agachándose y metiendo la boca directamente en el caudal a ras del suelo. Hoy está todo tapado y sólo queda un chorro poderoso aunque un poco solitario. De todas formas no hay que menospreciarlo. Te invito de corazón a que lo compruebes. Lo del néctar sigue en pie. La cola de gente llenando garrafas que se puede encontrar con frecuencia todavía habla de su poderío cualitativo.
FUENTE GRANDE.- Y por fin encontramos la semilla. En la falda del Calar y de las últimas estribaciones del PARQUE NACIONAL DE LA SIERRA DE HUÉTOR, seguramente provenientes de mil veneros ocultos y de otros mil recovecos insondables, tú te fijas y ves salir a borbotones lo mismo que si fuera lluvia, pero al revés, de abajo arriba, esa maravilla que nos identifica y nos define. Resulta que hace ya muchos siglos le llamaron nuestros bisabuelos musulmanes FUENTE DE AINADAMAR que en castellano entitula fuente de las lágrimas. No tenemos más remedio que parar aquí porque la otra opción sería meternos por los centros de la tierra y no es plan.
Seguramente este mundo tiene miles de circuitos como el que comento, pero este es el mío, entrañable, cercano y que hoy me gozo en compartir con vosotros. Cabe que hoy me despida con un beso de agua.













