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domingo, 18 de julio de 2021

DESMADRE


         Cuando alcanzamos en un par de días el 50% de personas vacunadas completas y oteamos en breve plazo la tan lejana cota del 70%, lo que significaría, según las previsiones iniciales, la inmunidad de rebaño, o sea, que todos podemos darnos por inmunizados, con lo que el gobierno habría cumplido con el compromiso de que lo conseguiríamos antes de que terminara el verano. Con las particularidades introducidas por la variante delta, que nos llega de la India hay algunas dificultades adcionales porque introduce un nivel de infección superior al de la variante británica, que fue con la que iniciamos la vacunación. En cualquier caso, nada que no esté a nuestro alcance a estas alturas. Si hubiera que llegar al 80% de inmunidad lo conseguiríamos  en diez días más de vacunación y tenemos vacunas suficientes para cubrir la nueva demanda. Los mayores de 40 años estarían inmunizados por completo.



         Por dar a la población alguna alegría se suprimió la obligatoriedad de mascarillas en espacios exteriores y en menos de un mes nos encontramos con que la curva de infección vuelve a subir casi verticalmente y, además, con gente joven, que es la que falta por vacunar. Los viajes de estudios y las vacaciones de verano han traído de nuevo aglomeraciones descontroladas, como si fuéramos incapaces de entender que el virus sigue vivo y que la precaución de guardarnos de él sigue presente y debe ser de cada uno, cumpliendo las medidas de protección establecidas. Resulta sorprendente la facilidad con la que olvidamos las normas que ya sí conocemos, si bien es comprensible que la fatiga pandémica esté haciendo mella en todos nosotros porque la epidemia supera ya los quince meses de vida y cuesta mucho mantener la tensión del cuidado, sobre todo en determinadas franjas de edad. La conclusión es que esta quinta ola infecta a menos de un 10% de los vacunados con pauta completa, que son los mayores y supera en cambio los 1000 en las edades de 15 a 30 años, con lo que tenemos miles de infectados nuevamente, si bien la gravedad dista mucho de los niveles que conocíamos.



         La incidencia acumulada a día de hoy supera de nuevo los 500 por cien mil habitantes pero los ojos con que tenemos que mirar las cifras y valorarlas tienen que ser otros porque la mayoría de los nuevos infectados son asintomáticos o leves y sin vacunas completas. Hay, por tanto, que modificar los presupuestos iniciales de proponer la ampliación de vacunas para estas edades que no se contemplaban en un principio porque el nuevo curso está a la vuelta de la esquina y disponemos de dosis suficientes. Lo que no cambia desde el primer día de la pandemia es la guerra política que se traen los partidos que, lejos de suavizar las dificultades, lo que hacen es acrecentarlas hasta niveles insólitos y desconocidos hasta el momento. Y eso que los expertos no paran de insistir en que la unidad de criterio en el combate contra el virus suavizaría las dificultades y nos haría la vida más fácil a todos.



         No podemos extrañarnos demasiado de las discrepancias porque la democracia es precisamente el juego de poderes y contrapoderes que presionan cada día y hacen que nadie pueda olvidarse de que sus criterios han de jugar con los del de enfrente, que son distintos y tan legítimos como los suyos. Lo que sucede es que en una ápoca tan particular como la que atravesamos, que es nueva para todos, sería bastante deseable alcanzar acuerdos de mínimos para que entre todos alcanzáramos cuanto antes la salida y no estar cada día enredados con guerras internas que nos complican la vida un poco más de lo que nos la está complicando el virus. Muchas veces da la sensación de que hay quien está empeñado en que, cuanto peor, mejor. Como si lo único que importara fuera alcanzar el poder a cualquier precio y pasando por encima de las enormes dificultades por las que estamos atravesando. Me gustaría decir que estamos aprendiendo pero me temo que cada día nos volvemos un poco más implacables y ponemos en circulación actitudes y criterios más despiadados. Creo que terminaremos saliendo de esta, a pesar de nosotros.   


domingo, 11 de julio de 2021

DIFICULTADES


         A duras penas empezábamos a bajar de los 100 puntos de incidencia acumulada y creíamos a nuestro alcance la salvación de un verano turístico, si no como el de 2019, al menos con el 50%. Han bastado un par de semanas de viejas de estudios para que comprobemos una vez más, y ya son varias, que no podemos lanzar las campanas al vuelo así como así. Que tenemos que enterarnos de una vez que el virus sigue entre nosotros y que tenemos que protegernos de todas las maneras que conocemos, que son unas cuantas, y no vender la piel del oso antes de cazarlo. La curva de infectados se nos ha colocado alrededor de los 320 en un abrir y cerrar de ojos y esta vez por causa de los más jóvenes, que pensábamos que estaban fuera de los efectos del virus hasta que han llegado las grandes aglomeraciones y los olvidos de medidas de precaución para demostrarnos que aquí no se escapa nadie si bajamos la guardia. De nuevo andamos en la cuerda floja con el turismo, mostrando una curva que parece una montaña rusa que sube y baja, sobre todo que sube, con tanta facilidad.



         Pero los datos fríos quizá no muestran la realidad con mucha precisión y hasta pueden llamar a engaño. Esta quinta ola de infección que sufrimos no tiene nada que ver con la cuarta de hace unos meses. Nos podemos dar cuenta de que en este momento apenas hay muertes, afortunadamente, ni las UCIS se están llenando, ni siquiera es preciso hospitalizar a un número significativo de infectados. La mayoría de las infecciones son leves y solo precisan aislamiento y su periodo de cuarentena de diez días para volver a la normalidad porque se trata de gente joven que resiste mejor al virus y solo se infecta porque la mutación delta, que ahora predomina, es mucho más contagiosa y porque no están vacunados con la pauta completa. Ahora los mayores de 60, casi todos vacunados por completo, son los más resistentes a infectarse y el aumento de las vacunaciones crece a un ritmo muy superior al de hace unos meses lo que produce que los inmunizados crezcan a mayor ritmo que la capacidad del virus para infectar a los no vacunados.



         Tampoco podemos andar flagelándonos cada día con que la gente no guarda las medidas de seguridad conocidas. Tenemos que pensar lo que significan ya 16 meses de pandemia y que no podemos están llevándonos las manos a la cabeza porque pequeños grupos se salten algunas de las normas que sabemos que funcionan porque también está funcionando, y cada día más, el hartazgo de pandemia, del que cada día vemos cómo se acerca su final pero que, desesperadamente, no termina .de llegar a la velocidad que desearíamos. Probablemente habrá que aumentar la inmunidad de rebaño, establecida en el 70% de la población y terminar por estar vacunados prácticamente todos porque ya vemos que el endiablado bicho o sus mutaciones no nos da mucha tregua y allí donde puede infectar, infecta aunque las consecuencias sean menos graves que las de hace unos meses.



         Y es que a los números hay que darles el valor que tienen. Hoy podemos discriminar con toda facilidad que mientras en los mayores de 60 años apenas hay nuevos infectados, la incidencia de los menores de 40 años, que hace unos meses apenas era significativa, hoy roza los 1000 casos y pide a gritos vacunas urgentes aunque sabemos que aunque haya vacunas para todos, los efectos no serán activos hasta dentro de casi dos meses, como lo han sido los de aquellos que nos vacunamos cuando nos tocó hacerlo. Es verdad que mientras tanto no estaría mal que nos enteráramos de una puñetera vez que tenemos que saber que nadie es inmune y que tanto las mascarillas como las distancias de seguridad como evitar las grandes aglomeraciones no son chistes que a alguien le encanta contar, sino peligros reales a los que nos somete cada día este virus y al que le podemos plantar cara cada vez con más conocimiento y con más posibilidades de éxito. Tampoco estaría mal que sepamos que los botellones no son imprescindibles y que no tiene por qué ser la borrachera la única forma de divertirnos. También la prensa podría sacar alguna imagen de gente que cumple las normas, que son la mayoría. 



domingo, 4 de julio de 2021

AUTOPROTECCIÓN

 

         Recuerdo, desde el principio de esta pandemia, que cada día que pasa parece sin fin, se decía que la mejor forma de combatirla era encontrar acciones conjuntas porque las sumas de todas las individualidades era mucho más que la suma aritmética. Yo estaba de acuerdo y lo estoy en este momento pero creo que la afirmación adolecía mucho de sentido de la realidad. Cada día nos demuestra que las normas se imponen, no por consenso como deberían, sino a pesar del inevitable disenso. Estoy convencido de que nadie va a enfermar por estar de acuerdo en algo con su adversario pero la realidad de cada día nos viene demostrando que hemos confundido adversario con enemigo y, ya se sabe: al enemigo, ni agua. Vamos avanzando y las vacunas están cerca de inmunizarnos a todos o a la inmensa mayoría pero, por duro que parezca, creo que no se va a conseguir por nuestro esfuerzo sino a pesar de nuestro esfuerzo en contrario. Ojalá fuera una exageración lo que acabo de decir. Me temo que se parece mucho a la realidad.



         Esta semana el escándalo ha sido que unos miles de jóvenes han realizado su viaje de estudios a Mallorca y a otros lugares y nos han dejado como resultado más de 2000 infectados nuevos y una incidencia que a duras penas bajaba de los 100,  se ha plantado de golpe y porrazo en los 150. Hemos pasado, por tanto, de andar en una infección baja a colocarnos en una posición media, que hace que muchos países se cuestionen visitarnos porque en estas condiciones no ofrecemos suficiente seguridad. De ninguna manera pretendo atacar a los jóvenes como responsables de este palo, pero sí decir que tanto organizadores como familias como agencias de viajes como cada uno en particular tenemos cotas parciales de responsabilidad que, en conjunto dan como resultado una situación indeseable. En honor a la verdad hay que decir que a pesar del aumento de la infección, la gravedad de los casos, al ser jóvenes casi todos los nuevos infectados, ha descendido espectacularmente y las plazas hospitalarias, las UCIS y los fallecimientos también. Los efectos de las vacunas completas han funcionado y la inmunidad de los de más riesgo se ha mantenido al margen de esta nueva infección.



         Seguramente todas las particularidades de esta infección tan espectacular hay que tenerla en cuenta para lograr un análisis certero y equilibrado. Es cierto que estamos en unas condiciones muy distintas a las que vivíamos el año pasado pero las calificaciones internacionales no precisan tanto y se quedan, por ejemplo, sólo con la incidencia acumulada; con lo que habríamos crecido en riesgo de contagio mucho en apariencia cuando, al saber que muchos de los nuevos infectados son jóvenes y, por tanto, leves o asintomáticos sencillamente, nos podría decir que la infección no ha sido para tanto a pesar de lo aparatoso de las cifras. Es más, a pesar del aumento tan significativo, seguimos con la desescalada y empezando a eliminar la obligatoriedad de las mascarillas en espacio exteriores, siempre que podamos garantizar una distancia de seguridad de 1´5 metros entre nosotros. Es verdad que las cifras de aumento escandalizan, pero el contenido de los nuevos afectados, no tanto.



         En síntesis y una vez más, hay que insistir en que el virus sigue ahí, que está vivo y que busca a todo el que pueda darle cobijo para meterse dentro y expandirse. Los primeros consejos de ponernos de acuerdo y asumir las medidas de cuidado que se nos aconsejaban siguen siendo eficaces, si bien yo las recojo aquí para que no se diga que no colaboro, pero mi confianza en que nos las creamos es más bien pequeña, por decir algo. Son estrictamente las vacunas, cuyo ritmo de inoculación no para de aumentar afortunadamente, las que nos van convirtiendo en personas verdaderamente seguras. Nunca al 100 por 100, pero sí en unos porcentajes muy cercanos. Como puede verse, no nos faltan elementos de satisfacción y confianza, siempre que no olvidemos que el mundo es un poco mayor que nuestro ombligo y que para estar seguros por completo tenemos que poder hacerlo todos juntos y eso todavía nos queda bastante lejos.  


domingo, 27 de junio de 2021

MASCARILLAS


         El año pasado por esta época llegamos casi a cero de incidencia acumulada. Se quiso entonces iniciar una desescalada con cierto orden pero que, a la vista de los resultados, terminó en desastre, con la curva de infección más alta de todas. Supongo que tuvo que ver la impaciencia, que ya empezaba a hacer mella en los ánimos, la ausencia de vacunas, para las que todavía faltaban algunos meses y la arrogancia propia de los buenos resultados aparentes, que pronto nos hizo ver hasta qué punto escondía una gran fragilidad. El total fue que el verano pasado saltó por los aires con la consiguiente ruina para el sector del turismo mundial. De algún modo la pandemia enseñó sus verdaderas uñas y nos hizo ver que su importancia no era cualquier cosa. Reiniciamos de nuevo las medidas de protección y nos dimos cuenta de que no éramos gran cosa frente a la fuerza del virus, que nos bamboleaba a placer y nos tenía en sus manos por completo. Entonces sonó por primera vez la palabra vacuna como lejana trompeta de Jericó que nos traería la salvación y desde entonces nos agarramos a ella como única tabla verdaderamente sólida.



         Estamos ahora en algo menos de cien de incidencia acumulada, con un año más de sufrimiento y de fragilidad ante el virus y con el proceso de vacunación creciendo de manera eficaz, no en todos los países con la misma fuerza desgraciadamente. En España andamos con la mitad de la población con una dosis inoculada y una de cada tres personas con la pauta completa y se nota. Los mayores, que habían venido siendo el sector más vulnerable han bajado radicalmente su infección y, quienes se infectan, mucho más leves y las muertes, residuales, lo cual tranquiliza y mucho. Es verdad que están apareciendo modificaciones del virus que nos siguen teniendo con el alma en un hilo, de modo que hay países con importantes tasas de vacunación que no logran bajar su infección sino que siguen subiendo. En España está costando mucho bajar de los 100 a pesar de que el gobierno intenta rentabilizar el turismo, a ver si esta temporada se puede comenzar a rentabilizar nuestra primera industria.



         Acaba de dictaminarse eliminar la obligatoriedad de llevar las mascarillas puestas en espacios exteriores, siempre que se pueda garantizar una distancia de separación entre personas, de al menos 1´5 metros. Para empezar ya se puede ver que, pese a la ventaja de contar con una cantidad de personas vacunadas cada día más importante, hemos reiniciado la desescalada con mucha más humildad y precaución que la manifestada el verano pasado. La mascarilla se está convirtiendo en un símbolo de lo que somos actualmente. No ha sido casual que pese a haber eliminado la obligatoriedad de su uso en espacios exteriores, no hay más que salir a la calle para ver que todavía hay mucha gente que la sigue usando por su desconfianza personal y por su convencimiento de que las medidas de protección que hemos venido usando, entre otras la mascarilla, han sido eficaces. Quizá también quiera decir que hemos aprendido algo y que tenemos que andar con pies de plomo porque el enemigo está cerca y sigue vivo.



         Hemos sintetizado la primera norma de desescalada diciendo que hay que llevar encima las mascarillas, tanto si nos las ponemos como si no porque son medidas que nos ayudan y su utilidad la podemos administrar cada uno en función de las indicaciones que vayamos recibiendo de las autoridades. La sensación interior es mucho más sólida que la del año pasado y la diferencia se llama vacunas. No tiene punto de comparación vernos gran parte de la población con la vacuna puesta y subiendo que la sensación del año pasado, que no era más que humo, una curva de incidencia mucho más baja, es verdad, pero ningún soporte protector en el que poder apoyar esa incidencia tan buena. Con lo cual, lo mismo que bajó fue capaz de subir en el momento en que nos empezamos a desmadrar con los efectos del calor. Quiero pensar que este año va a ser mejor y que vamos a saber que no podemos pasar de las medidas y hay que seguir vacunando. Todavía queda mucha población que no tiene acceso a las vacunas y ya anda sin mascarillas protectoras.



domingo, 20 de junio de 2021

INDULTOS


         Casi me da reparo verme tratando un tema como el de los indultos en un momento en que nueve políticos catalanes se enfrentan a una medida de gracia que ellos no han pedido pero que el gobierno les ofrece para que reparen la última parte de la condena por el intento de secesión que promovieron en su región hace ya cuatro años. Fueron juzgados entonces y condenados a las penas correspondientes, penas que casi todos han cumplido, menos algunos que pusieron pies en polvorosa y salieron de España y hoy siguen fugados. Estos no entran en el lote. Aquel litigio que significó en su momento que Cataluña perdiera su poder autonómico por la aplicación por primera vez del artículo 155 de la Constitución a favor del gobierno central, supuestamente para poner orden y lograr que las aguas volvieran a su cauce, cosa que ni se consiguió en su momento ni se ha logrado hasta hoy. El supuesto litigio político entre Cataluña y España sigue enquistado y han sido los jueces los que hasta el momento han intervenido sin que hasta el momento los resultados hayan producido avances hacia una solución razonable.



         Ante este enquistamiento de relaciones, el gobierno central ha ofrecido unos indultos a los condenados por lo que fue llamado entonces el proces, con el fin de aliviar la última parte de la condena y de sacar de una vez el asunto en cuestión del ámbito judicial, en donde se encuentra empantanado, y llevarlo al ámbito político, del que seguramente nunca debió salir, puesto que se trata de una asunto globalmente político y es allí donde se debe dirimirse. Pero he aquí que la derecha española lo ve de otra manera al parecer. Ella lo metió en origen en el ámbito judicial y se niega desde entonces con uñas y dientes a que ese conflicto salga del ámbito de la justicia y sea dirimido entre políticos. Los indultos son una prerrogativa que vienen teniendo los gobiernos desde antes de la Constitución y todos han usado ese derecho con bastante profusión y con un acierto desigual pero hasta ahora ha sido aceptado. Con el tema catalán la derecha se ha empeñado en que se salta los límites de lo que ellos consideran permitido y ha emprendido una cruzada en contra que nos tiene a todos entretenidos.




        

Por fin la semana próxima parece que se van a conceder a los nueve condenados, de manera parcial y condicionada. Los obispos catalanes se han manifestado a favor y los empresarios en la misma dirección, seguramente no tanto por la validez jurídica de la medida, siempre discutible en este caso y en los miles de anteriores que todos los gobiernos han concedido, sino por intentar explorar la vía política para tratar los problemas de encaje de Cataluña dentro de España, que es el meollo de la cuestión para los nacionalistas catalanes, que aspiran a la independencia y a los nacionalistas españoles, a los que cualquier concesión les parece demasiado menos cuando ellos han gobernado, que entonces las concesiones se han justificado por beneficiar la convivencia, esa que ahora se niegan a  ver.  


domingo, 13 de junio de 2021

TENSIÓN

 

         En pocas horas la Plaza de Colón de Madrid se va a llenar de banderas españolas agitadas por unos miles de españoles en defensa de la Constitución de 1978. Los que ya tenemos una edad y gozamos de una cierta memoria podemos recordar que aquel año significó un proceso de encuentro entre españoles: unos recién salidos de una dictadura de 39 años y otros que malvivíamos a base de represión policial casi permanente y de un doloso exilio en el que habían permanecido miles y miles de compatriotas sin poder acceder a su patria y vagando por países que los acogían como si fueran malhechores. El dictador había muerto en su cama y todos sabíamos que la tiranía no podía estirarse mucho más allá. El rey accedió al trono de su mano con todas las desconfianzas del mundo y estuvimos muy expectantes a ver qué decía en el discurso de toma de posesión porque la tensión en las calles se cortaba a cuchillo. Escuchamos con gran expectación: quiero ser el rey de todos los españoles. Esas pocas palabras significaron en aquél momento el bálsamo de Fierabrás quijotesco, que remediaba todos los males insalvables.



         Con muchos dimes y otros tantos diretes, dos años y medio después se aprobaba la Constitución que tanto hoy, cuarenta años después, se enarbola, pero sólo por uno de los bandos presentes en aquel momento. Nunca se hubiera aprobado entonces en las mismas condiciones que hoy se muestra. Éramos muy conscientes de que necesitábamos un encuentro plagado de cesiones por todos los bandos en pugna, que eran varios. La alternativa sabíamos que podía ser un nuevo baño de sangre de infausto recuerdo sobre nuestra desdichada guerra civil o, sencillamente mantener la tensión en vilo cuando ya, unos y otros sabíamos que eso no conducía a ningún destino de futuro. Y se impuso el realismo por todas las partes. Algunos llegamos a aceptarla, aun sin votarla siquiera, conscientes de que nos quedaba lejos de nuestras aspiraciones de entonces, pero mucho más lejos nos quedaba el vacío de, una vez más, dejar de entendernos.



         Y la Constitución del 78 se aprobó y, a trancas y barrancas nos ha traído hasta aquí, produciendo con todos los remedios del mundo, el más largo periodo de paz de la historia de nuestro país. Cuando vea enarbolar las banderas de España esta mañana en la Plaza de Colón por uno de los bandos estaré seguro que esa reivindicación no tiene futuro por más constitucionalistas que se proclamen. La Constitución significa sobre todo encuentro entre quienes no piensan lo mismo. Por eso tiene valor, porque está bruñida a través de cesiones por todas partes. Estoy seguro de que en el 78 nadie terminó satisfecho del texto concreto resultante, pero se aprobó porque se vio una fórmula de convivencia posible y así ha resultado. Hay quienes pensamos que a los 43 años de vida podría ser buen momento para actualizarla, que ya está bien y hay quién se empeña en que no se la toque ni una coma, como si el tiempo no hubiera pasado desde entonces. Pero globalmente nadie discute los beneficios del constitucionalismo como sistema de convivencia. Pero no se puede imponer a banderazo limpio.



         Me niego a terminar este artículo sin compartir un océano de lágrimas por las niñas Olivia y Anna, de 6 y 2 años respectivamente, cuyo asesino padre no encontró otra manera de dañar a Beatriz, su madre, de la que se había separado. ¡Bonita manera de entendernos los adultos tirándonos a los menores a la cara o, directamente, al fondo del mar! En este caso la idea era más macabra. Se trataba de hacerlas desaparecer en el océano, y él con ellas, para que su madre tuviera que vivir lo que le quedara de vida con el alma en un hilo sin saber dónde estaban sus hijas. El océano y la tecnología están siendo piadosos y espero que permitan que sus familiares, sobre todo su madre, elaboren su duelo correspondiente y puedan afrontar lo que les quede de vida con el recuerdo de sus pequeñas en sus entrañas y espero que con el aprendizaje de que la violencia vicaria, hacernos daño a través de terceros inocentes, ni es justa ni beneficia a nadie. En mi pueblo, que éramos muy brutos aunque lúcidos, recuerdo que decíamos: por joder al burro, voy andando.



domingo, 6 de junio de 2021

FARMACÉUTICAS

 


         Esta pandemia que nos tiene completamente invadidos es la última por el momento pero ya se ha dicho repetidamente que no podemos confiarnos porque, en un próximo futuro, no lo será. Le hemos llamado covit 19 como le podíamos haber llamado X. Lo que importa es que nos ha encontrado desprevenidos y, cuando hemos querido acordar, estábamos completamente invadidos. Desde el principio nos hemos considerado desnudos a sus efectos. Todo lo que hemos reclamado desde el primer momento ha sido un puesto en una UCI para los infectados y una carrera desenfrenada por conseguir cuanto antes una vacuna que nos inmunice de sus efectos. Tradicionalmente la elaboración de las vacunas ha venido siendo un largo proceso de años de experimentación. Esta vez, por el contrario, ante tanta indefensión, se inició una larga carrera universal por conseguir una vacuna cuanto antes. Hemos asistido en directo y en primera línea a un proceso largo de elaboración y pruebas, reducido prácticamente a un año. Se nos ha hecho creer que con todo rigor en su proceso.



         El 27 de diciembre del año pasado esta desenfrenada carrera por conseguir la primera vacuna contra el covit 19 daba sus primeros frutos y vimos cómo se inyectaba en el brazo de  Araceli, una jubilada de 96 años, usuaria de una residencia de Guadalajara, la primera dosis de Pfizer, que inauguró una serie implacable por dominar el ingente mercado mundial en el que andan involucradas desde ese momento una serie de empresas mundiales y también de estados, sobre todo EEUU, Rusia y China que pugnan desde entonces por conseguir la mayor cota de mercado posible en el caso de las empresas o la mejor cota de influencia posible en el concierto mundial en el caso de los estados. Los países ricos, sobre todo Europa, invirtieron grandes capitales para hacerse con los primeros resultados positivos y vender a sus ciudadanos que se preocupaban por su salud más que nadie, cuando en realidad lo que pasaba es que disponían de más dinero que nadie para invertir y reservarse el primer puesto en la línea de salida.



         Desde el pasado 27 de diciembre que se produjo el primer pinchazo a bombo y platillo, parece que ha pasado un mundo cuando han sido apenas unos meses. Ha sido suficiente para aprender una vez más, que el dinero compra muchas cosas, pero no todas. Europa sigue yendo a la cabeza de vacunaciones porque invirtió más dinero pero los países pobres, es decir, la mayoría necesitan las vacunas tanto como nosotros y no estaremos a salvo hasta que todos estemos vacunados. También hemos conocido lo que significa morder el polvo y ver cómo las empresas sacaban sus vacunas con nuestros dineros, pagados por adelantado, pero pronto empezaron a incumplir sus compromisos y se pusieron a vender sus vacunas a los mejores pagadores sin contemplaciones. Hoy sabemos que los que llevan más ciudadanos inmunizados: Israel, Gran Bretaña, Países Árabes…, han sido los mejores pagadores sencillamente.



         En este momento, la guerra está en conseguir cuanto antes la inmunidad de grupo, más o menos el 70% del total de la población de cualquier país. Ese es el punto en el que se dice que determinado país se encuentra inmunizado. De nuevo andamos en otra agobiante carrera, esta vez por ver quién llega primero a las mejores condiciones de seguridad, cuando ya se han complicado las cosas un poco más que al principio. El virus se ha hecho más complejo a partir de las mutaciones que va realizando en su movimiento interno por adaptarse más o mejor a las nuevas condiciones de vida. Las deficiencias en el servicio de vacunas dificultan las previsiones iniciales y seguimos luchando como jabatos por conseguir todas las vacunas que hemos comprado y pagado, que en algunos casos no nos llegan en el momento previsto. Y la última es la más graciosa: la vacuna Pfizer, que es la que anda en cabeza por el momento, acaba de anunciarnos que parece que va a ser necesaria una tercera dosis de refuerzo en unos meses y que va a costar un 25%  más cara que las anteriores. ¿A que dan ganas de reírse?. Pues no.