
Pero esto no siempre fue así. Se cuenta de dos sabios que paseaban por un mercado de Lima y el uno le dijo al otro que contara los niños que había en la plaza. Al hacer el recuento, ambos comprobaron que sólo se habían contado los que iban ejerciendo de niños y no los responsables de los puestos de venta, lo mismo de niños que los demás, pero que ejercían funciones de adultos. Hoy, hasta el propio proceso de aprendizaje está diseñado para que tardemos muchos años en considerarnos adultos por lo largos que son los estudios en los que hay que capacitarse.
De cualquier modo los aprendizajes que hay que asumir de la vida y de sus enigmas no son sólo cuestión de tiempo, sin también y mucho más, cuestión de procedimiento. Estamos en u mundo que cada día más aleja a los niños de las experiencias directas con la vida y con los elementos. Hoy es raro ver a los niños tocando las cosas de verdad: la tierra, el agua, las plantas, los metales, los alimentos…. Hemos decidido que en aras de la salud y de la seguridad, todo debe llegar a los niños edulcorado, limpio, cubierto, distante, de modo que la relación con las cosas se convierte en un acto de acercamiento pero en muy pocas ocasiones en un contacto directo con las fuentes de la vida.

Es casi imposible asumir que una mano infantil pueda posarse bajo un chorro de agua sin que al momento le llegue una orden de censura porque se moja y eso está prohibido. Lo mismo puede suceder con la tierra. Si alguien es capaz de atreverse a introducir sus manos en ella tendrá que esperar de un momento a otro que le legue la voz de la censura porque mancharse no está permitido. Así se van estableciendo una serie de normas que van separando a los niños de las cosas. Quien, a pesar de todo, logra mantener contactos directos, o se ha de esconder para no ser visto por la autoridad que lo vigila, o tendrá que arrastrar su complejo de culpa por el hecho de estar saltándose las normas establecidas, casi siempre encaminadas a defender los elementos de higiene y de seguridad por encima de las experiencias de contacto directo y enriquecedor con los elementos que nos rodean y de los que nos puede llegar el conocimiento.
Sé que, afortunadamente, no en todos los casos esto es así. Pero desdichadamente, en muchos casos sí que lo es y es por eso por lo que intento dar la voz de alarma para que se permita a los niños tener contacto directo con la vida para que puedan aprender directamente de ella.

















