Con un comienzo semejante se abre un inmenso potencial de posibilidades que cada uno ha de descubrir personalmente a base, por ejemplo, de repetir mil veces cada sonido hasta empezar a modular las palabras, las exclamaciones o los distintos tonos en función de lo que pretende comunicar en cada momento. Los movimientos son otro campo impresionante de posibilidades que hay que explorar en el momento en que se dispone del gozo suficiente como para desearlo. Y se empieza moviendo el cuerpo en su conjunto sin un sentido concreto, por el puro deseo de moverse y poco a poco se va accediendo a cada una de las partes y a darnos cuenta de la cantidad ingente de posibilidades que el movimiento nos ofrece.
El juego es la vida y se juega cuando lo que se quiere es vivir. Sentir la necesidad de evolucionar pasa por asumir el aprendizaje como proceso de evolución y de perfeccionamiento de nuestras posibilidades. Eso necesita inversión de tiempo y de esfuerzo y es cada uno individualmente el que ha de hacerlo. Nadie puede hacerlo por nosotros. Lo que sí pueden los mayores es desde el principio darse cuenta de que los pequeños tienen mucho trabajo personal por delante y por eso necesitan ser respetados en su tiempo y en sus esfuerzos personales. Es verdad que muchas veces nos cuesta trabajo entender que tan pequeños tengan tantas necesidades. También los adultos tendemos a creer que sin nosotros no es posible que los pequeños evoluciones y no es cierto. Nuestra intervención es imprescindible, pero ha de ser limitada y debemos entender que los aprendizajes han de ser asumidos por cada uno en particular y para eso necesitan su tiempo y su proceso de experimentación.

No es fácil aprender ni se han de aprender pocas cosas. Es muy ardua la tarea de crecer y necesita todo el esfuerzo personal y la inestimable colaboración del entorno más cercano que es el que tiene que garantizar el mejor clima posible para que ese proceso largo, lento y dificultoso, se produzca en las mejores condiciones posibles. No hay otra forma que la de juego. Jugar es el primer y mejor libro al que nos acercamos en este mundo y no está hecho para leerlo ni para transportarlo de un sitio a otro, sino para vivirlo, para asumirlo minuto a minuto y peldaño a peldaño. En la medida que podamos jugar aprenderemos más y mejor y querremos seguir haciéndolo. Por eso es fundamental que podamos jugar, porque sólo jugando estaremos conociendo la vida y sus procesos esenciales.

















