Seguidores

domingo, 19 de noviembre de 2017

OTOÑO


         A poco que te descuidas, el tiempo, que es un juez implacable, te desplaza y, cuando quieres acordar, ya te has ido y se hace forzado tocar un tema a destiempo. Íbamos tan ufanos tocando temas de fondo del desarrollo y menos mal que el compañero Manuel no cortó el rollo y nos ofreció su experiencia de colonias a la que no pudimos sustraernos porque la envidia nos comía y le dimos espacio la semana pasada. Pues algo así nos pasa ésta con la fiesta de otoño. Por momentos nos estábamos acercando peligrosamente a la Navidad, pero mi hijo Nino me ha mandado esta semana las fotos de su hija África celebrando su fiesta del otoño en su cole y ya no hay modo de pasarla por alto porque se trata de un emblema de la programación que se estudia con las manos y con el estómago.

         Lo habremos sacado aquí, no me cabe duda, en otoños anteriores pero esta vez tiene para mí el aliciente de que sea mi nieta una de las protagonistas y también que la muestra es de un centro público normal y corriente. Digo esto porque nuestras escuelas, con ser municipales y por tanto públicas, no pertenecen a la red estatal y en más de una ocasión, creo que sin fundamento alguno, se nos ha tildado de privilegiados porque decirnos eso era más fácil que pensar en el contenido de nuestros testimonios. Con una excusa tan simplona sencillamente se nos marginaba del discurso sin más y todo el mundo tan tranquilo. Este centro que hoy ofrezco, Abencerrajes de Granada pertenece a la red estatal y ha trabajado con nosotros durante muchos años y por lo que veo, ahora que yo ya no estoy en activo, lo sigue haciendo con un modelo de escuela muy parecido al nuestro.

         El otoño no es solo un tema de estudio que hay que explicar en la clase, que lo es. Es un conjunto de colores, un cambio importante en la duración de los días, una ropa distinta  para responder a las bajadas de temperaturas que se producen de manera progresiva pero sobre todo es que la naturaleza nos recuerda su presencia a través de las hojas caducas que cambian de color y caen y también es toda una serie de alimentos específicos que han madurado y se nos ofrecen en la mesa como premio de ser protagonistas del tiempo que pasa: naranjas, membrillos, uvas, caquis, castañas, nueces, almendras… y tantos otros,  que de pronto aparecen en nuestra mesa y puede ser que no nos paremos para saber por qué están y de dónde han surgido y para qué. Una lección importante es reunirnos y pasar una mañana hablando de ellos y hasta terminar dándonos un buen banquete para que nos entren hasta por el estómago y no sólo por el cerebro.

         Aparte de preparar la mesa podemos compartir lo que se prepara,

hablar de ello, contarnos dónde lo has visto y la historia de cuando estuviste con tu padre de paseo jugando con las hojas que se están cayendo de los árboles después de ponerse amarillas y que los dejarán completamente pelados hasta que llegue la primavera dentro de unos meses. Es verdad que son cosas muy simples pero también muy profundas porque forman parte del fundamento de la vida que consiste en que todo nace, crece, muere y vuelve a nacer al año siguiente. Se trata de una lección de vida, de compartir y de asumir lo que la vida nos ofrece como un don por el que debemos estar agradecidos como por el sol o por el viento o por la lluvia. Todo forma parte de la vida como nosotros mismos. Estas lecciones vividas se albergan en lugares más profundos de nuestro cerebro que las que aprendemos de memoria y que con la misma facilidad que las aprendemos se nos olvidan.

domingo, 12 de noviembre de 2017

DUENDE



              Mi compañero Manuel ha decidido con toda la crueldad del mundo ofrecerme su propuesta de colonias de este año con su grupo LA JIRAFA. He dicho ya más de una vez que una de mis frustraciones profesionales fue la de no poder haber realizado la experiencia de una salida con mi grupo y dormir en nuestra propia escuela como si fuera una salida más de las muchas que realizamos. En mi momento mi proyecto no fue aprobado y me jubilé sin haberlo podido llevar a cabo. Mi compañero Manuel ha tenido más suerte y el 2 de Noviembre lo ha podido realizar y yo me muero de envidia. Creo, además, que esta no ha sido la primera vez. Espero que no se moleste porque, sencillamente le he robado el desarrollo de la experiencia y me permitirá que se la muestre en esta página con toda mi admiración y respeto a él, al resto del equipo de la escuela y al grupo de niños y niñas que la han protagonizado. Ahí os la dejo. Disfrutadla, por favor.

Noche en Duende 2017
Grupo de la Jirafa 5-6 años – 2 de noviembre  de 2017
La Noche en Duende ha sido una actividad de los mayores de la escuela.Las podemos considerar como unas colonias urbanas.
Hemos estado todo el día haciendo un recorrido por el Realejo, el Centro y la Alhambra.
Cuando volvemos a la escuela, ya de noche, el Duende nos deja una serie de pistas por toda la escuela, que tenemos que leer a la luz de las linternas, hasta llegar a encontrar un regalo en lo alto de los patios.

Ya sin fotos, cenamos en el Limonero, tenemos una velada de magia con Ángel, nos lavamos los dientes, nos ponemos los pijamas y nos vamos a dormir al aula de la Cueva.
Poco después de las diez estaban todos dormidos y hasta el amanecer así siguen.
Cuando a las ocho llega el chocolate y los churros, ya estamos todos vestidos, los colchones y sacos recogidos y el equipaje cerrado





·       En la asamblea les pedimos que digan hasta tres cosas que les hayan gustado especialmente de esta experiencia y éste es el resultado:



  Buscando el regalo del Duende. (9 votos)
·         El regalo. (3 v.)
·         Los churros con chocolate. (9 v.)
·         La magia de Ángel. (8 v.)
·         Andar por Granada. (4 v.)
·         Cuando volvíamos a la escuela diciendo «Noche en Duende». (6 v.)
·         La exposición de Luis Gordillo. (4 v.)


·         Dibujando los cuadros de Luis Gordillo. (4 v.)
·         La comida en el lavadero de la Puerta del Sol. (2 v.)
·         Dibujando el lavadero de la Puerta del Sol. (2 v.)
·         La merienda en la Alhambra.(2 v.)
·         Los gatos de la Alhambra.
·         Dormir en la escuela.(2 v.)


Manuel Ángel Puentes Zamora




domingo, 5 de noviembre de 2017

SEXOS


         Cuántas veces habremos escuchado o quizá dicho en el caso de que tengamos varios hijos que a todos los queremos por igual. Se trata sencillamente de una de las grandes mentiras que terminan haciéndose verdad por la cantidad de veces que la repetimos pero por nada más. Seguramente también puede tener visos de verdad porque confundimos nuestros deseos con nuestros principios, cosa muy distinta por cierto. Seguramente cuando afirmamos lo de la igualdad estamos haciendo referencia y nuestro criterio de justicia y de equidad a la hora de tratar a cada uno de nuestros hijos, cosa que no está relacionada con nuestros gustaos sino con nuestro criterio sobre la justicia que nos impide asumir que a unos hijos les demos un criterio preferente en el trato con relación a otros, lo quel no tiene nada que ver con nuestros gustos.

         Una primera clasificación para abrir boca es la de ver a las madres con la baba por los suelos ante la presencia y trato con sus hijos varones y una cosa muy parecida de los padres con sus hijas, Este fenómeno que pertenece a la intrahistoria de las familias, esa que se está viviendo de puertas adentro pero de la que no suele hablarse y mucho menos reconocer como cierta en el caso de que alguien nos la mencione en voz alta, pues no es más que una verdad como un templo. No es en todos los casos lo mismo, porque es cierto que cada caso tiene sus particularidades, pero no es muy arriesgado decir que las madres están enamoradas de los niños y los padres de las niñas. Técnicamente lo conocemos como complejo de Edipo o de Electra pero al final estamos hablando de atracciones sexuales aunque sea entre pequeños y adultos y entre padres e hijos. Negar este fenómeno, completamente normal por otra parte, no es más que querer que la realidad sea como nosotros queremos que sea y no como es en realidad.

         Si nos empeñamos en negar este tipo de sensaciones que están presentes en todos los momentos de nuestra vida y que determinan nuestro comportamiento estamos negando la realidad y fabricándonos una que no descansa sobre bases sólidas sino que se fundamenta en principios ajenos a nuestros deseos que puede que al final sirvan para que establezcamos una manera de relacionarnos con nuestros hijos que puede ser que sea hasta lógica, pero que no puede ser verdadera porque las verdaderas razones que motivas nuestro comportamiento siempre estarán al margen y fabricando dentro de nosotros una doble vida entre lo que queremos y lo que creemos que es lo que debemos hacer. Los verdaderos fundamentos de la relación entre las familias es fundamental que tengan una base sólida y verdadera para que la construcción de la vida se realice con la mayor solidez posible.


         Con esta manera de encarar la vida lo único que pretendo es que desde el principio le vayamos llamando al pan pan y al vino vino. A partir de esos cimientos, el sentido de la justicia estará en mejores condiciones para hacerse presente en nuestras relaciones con nuestros hijos que si las negamos de principio, sea por pudor o por lo que sea y luego andemos tratando con distinta vara de medir el trato de unos hijos con otros, sencillamente porque el componente sexual está actuando en nosotros a la hora de comparar los ojos con que miramos a unos y a otros en el análisis y valoración del comportamiento diario. No es algo que podamos eliminar a nuestro antojo. Está en nosotros sencillamente porque somos personas. Podemos asumirlo y vivir con esa verdad con la mayor honestidad que seamos capaces o negarla y encontrárnosla a cada momento en nuestro modo de ver y medir el comportamiento de nuestros hijos.

domingo, 29 de octubre de 2017

TERRORES


         En Mi pueblo se dice que un hijo es una responsabilidad que te cuelgas al cuello para toda la vida. Seguramente no es mentira aunque tampoco tiene por qué ser cierto. Tenemos experiencias para todos los gustos cerca de nosotros. Lo que sí es verdad  es que la cultura en que nos movemos nos habla de los hijos como personas a las que hay que mirar todo el tiempo que vivan y volcar sobre ellas un manto de protección como si fueran eternamente dependientes. Todos recordamos frases del cine como para mí tú siempre serás mi pequeña. Hoy no vamos a profundizar más en este asunto. En semanas precedentes nos hemos centrado en el desarrollo muscular y a estas alturas nos encontramos con alguien que ha cumplido los tres años y que se mueve con soltura y con un importante dominio de su cuerpo.

         No sucede en todos los casos pero no tiene nada de raro que cualquier noche escuchemos unos gritos desconsolados que nos hacen saltar de la cama y nos encontramos a nuestro hijo o a nuestra hija sentada en su cama, puede que con los ojos abiertos y con cara de terror gritando. La solución no existe porque esa sensación se le va a pasar al poco rato y forma parte de su vida como un fenómeno bastante frecuente pero lo que nosotros debemos hacer es sencillamente abrazarlo y esperar a que ese terror que siente se le vaya pasando. Una vez resuelto el incidente debe poder seguir durmiendo tranquilizado por nuestra manifestación de afecto. Sé que esto es muy fácil decirlo desde aquí y otra cosa muy distinta es afrontarlo a las tres de la mañana, por ejemplo, mucho más si al día siguiente tienes que incorporarte a tu trabajo sin haber dormido lo suficiente.

         Sin embargo eso sería lo mejor que podríamos hacer en beneficio de todos. Aunque tengan los ojos abiertos normalmente están dormidos y por más que nosotros le expliquemos que deben calmarse no nos van a escuchar en ese momento. Pueden calmarse antes si sienten nuestro afecto. Si no, el incidente se alargará más. Si vuelve a su cama puede que todos podamos seguir descansando en condiciones normales. Si consigue que lo llevemos a la nuestra es posible que se calme pero a costa de que aprenda a dormir con nosotros y de que la calidad de nuestro descanso, el suyo también, sea mucho menor. No es raro que con la angustia del momento claudiquemos y busquemos recuperar la cama en el menor tiempo posible pero no parece razonable que consigamos una solución que sea pan para hoy y hambre para mañana. Aunque los gritos puedan ser muy aparatosos, el problema suele ser agudo pero no grave. Con un poco de calma podemos resolverlo con un abrazo y volver a la normalidad.


         Estos terrores tienen que ver con el desarrollo, con la oscuridad y con el miedo a lo desconocido. Suelen ver cosas o personajes que les aterran en un momento y los hacen entrar en pánico. A veces lo cuentan, otras ni eso. Pero lo que nosotros debemos tener en cuenta, si es que podemos, es que no les está pasando nada raro y que la mejor medicina es que a través de un abrazo, que es la mejor medicina para tantas cosas, podemos calmar ese pánico y ofrecerles una dosis de seguridad suficiente como para que ellos acepten distender su estado de angustia y someterse al sueño de nuevo, relajados y seguros. Puede hablarse del asunto al día siguiente por si ellos explican con más detalle lo que les pasa y son capaces de razonar. Desde luego en el momento en que está sucediendo es casi imposible y puede ser hasta contraproducente porque en ese momento lo que necesitan no son explicaciones sino afecto y seguridad y un prolongado abrazo nuestro se la puede aportar.

domingo, 22 de octubre de 2017

SALIDA


         La verdad es que en el momento que te adentras en uno de los temas básicos de la educación y éste del desarrollo muscular en el que estamos inmersos desde hace ya varias semanas lo es, se te hace difícil salir de él porque al final lo que nos encontramos es con un universo repleto de incógnitas, de interrogantes y de limitaciones por nuestra parte. Fácilmente nos vemos como flotando en un mar de dudas y con unos recursos para seguir a flote muy limitados porque los recuerdos nos sirven de poco, ya que se producen en un tiempo del que recordamos muy poco y por unos conocimientos científicos que con frecuencia están distorsionados por los adelantos industriales que se imponen, como los carritos por ejemplo, y que no aportan casi nada al conocimiento que necesitamos. Más bien al contrario.

         Hemos argumentado reiteradamente la complejidad del desarrollo muscular sometido a una inseguridad física que no tiene equiparación en ninguna otra etapa de la vida. Hemos dicho que se trata de una especie de orgía de la potencia, de un desarrollo que se inicia en un ámbito elemental del movimiento por el movimiento mismo hacia el final del primer año de vida y que, si todo transcurre como debe, nos debe llevar hacia el final de los tres años a que una persona se mueva con solvencia, con destreza y con proporcionalidad haciendo uso de sus capacidades y siendo consciente de sus límites. Huelga decir, de todas formas, que la capacidad de perfeccionamiento humano se está produciendo desde que se nace hasta el último suspiro de la vida lo que quiere decir que nos centramos en un tema y en un tiempo orientativo y porque el tema en cuestión destaca sobre los demás pero nunca debe entenderse con carácter excluyente.

         He mencionado antes que la industria y el comercio, que se mueven por otros parámetros hay veces que colaboran con el desarrollo que buscamos desde el ámbito educativo, que es el que a nosotros nos ocupa, pero otras se convierte en un enemigo que nos acecha detrás de cada paso que necesitamos dar y que no solo nos dificulta el acceso sino que nos lo llega a poner extremadamente difícil. Pienso en los carritos, por ejemplo, que surgen y se expanden para dar respuesta a las necesidades de desplazamiento de las familias y en su lucha despiadada contra el tiempo y, en ese sentido, tienen una utilidad indudable pero lo que no contemplan es la acuciante necesidad que tienen los pequeños de perfeccionar sus capacidades motoras, cosa que puede estar reñida con frecuencia con cubrir una serie de kilómetros de distancia que sus familias necesitan.  El carrito puede resolver la distancia pero deja pendiente el imprescindible entrenamiento de los pequeños.


         Como la vida nos ha enseñado algunas cosas a estas alturas me parece inútil, si no contraproducente, ponernos enfrente del progreso y sus leyes porque creo que sólo conseguiremos que el marasmo de la industria nos arrolle y de paso elimine la capacidad de influencia que podamos imponer en el adecuado desarrollo que cada persona precisa. Por lo tanto considero preferible que asumamos los carritos como un beneficio de una cierta comodidad para los pequeños en determinados casos a condición de que eso no suponga ignorar cuántas y cuáles son sus necesidades de movimiento que conviene conocer y respetar porque su progreso y perfeccionamiento pueden estar reñidas en muchas ocasiones con la urgencia de las familias. Las necesidades familiares pueden ser respetables, no digo que no. Lo que no me parece justo es que sean las únicas que se hayan de considerar porque la capacidad de movimiento de los pequeños, en los tres primeros años de la vida sobre todo, puede ser tan importante como comer cuando no es esa la importancia que le damos.

domingo, 15 de octubre de 2017

ARMONÍA


         Nos estamos deteniendo estas semanas en el desarrollo muscular de los tres primeros años de vida porque probablemente se trate de un fenómeno bastante desconocido, bien porque nos queda muy lejos en nuestra memoria y es fácil asumir que no recordamos o bien porque la vida, pensamos con frecuencia, evoluciona por sí misma sin necesidad de que tengamos que estar siempre encima de ella como si hasta para dar un paso las personas tengamos que recibir instrucciones. Y no nos faltan razones porque es cierto que la fuerza de la vida termina encontrando una vía para imponerse y salir adelante. Pero es un error pensar que por esa razón el aprendizaje o el ejercicio dirigido sea inútil. Todos vamos a terminar hablando de algún modo, es verdad,  pero el aprendizaje produce que lo hagamos mejor que sólo por nuestra cuenta. Esta es la cuestión.

         El punto de partida es que las capacidades de movimiento que traemos las personas necesitan ejercicio para desarrollarse. Si atendemos a los primeros movimientos da la sensación de que no existe un objetivo para que se produzcan y es que el objetivo es justamente que se produzcan sin más. Cuando vemos a un pequeño correteando de una pared a otra y repetir la acción mil veces nos puede parecer desesperante o carente de sentido pero esa persona está perfeccionando su capacidad de desplazarse y no abandonará ese ejercicio hasta que no lo domine por completo y entonces lo complicará un poco más porque a medida que disponga de capacidades, los retos van haciendo más complicados. En educación como en casi todo, el uno quiere el dos, el dos quiere el tres y así se progresa prácticamente sin límite. Y esto es lo mejor que nos puede pasar porque es el fundamento de la evolución humana o histórica según que se trate de personal o global.

         Aprender conduce a dominio, a progreso, a nuevas curiosidades, a armonía para ejercitar lo aprendido, a saber usar de lo aprendido y a concretar nuevas incógnitas porque la vida es infinita y nos está invitando a seguir más allá siempre. Lo contrario, alguna vez lo hemos referido, es la inacción, quedarse sin recursos para alcanzar los conocimientos, mirar el mundo y sentirlo extraño y no entender que nosotros podemos y debemos formar parte activa de él. Aunque parezca raro decirlo, la verdad es que en un grupo de pequeños hay que estar más pendiente del que no entra en acción que del que parece que va a comerse el mundo porque no para quieto ni un momento. Es verdad que cada persona tiene su camino de progresar y la misión de familias o responsables educativos debe respetar muchas formas de aprendizaje porque todas pueden ser válidas. No hay un modelo prefijado pero cada uno tiene que protagonizar su aprendizaje.


         En este tiempo en que todas las referencias a la seguridad se han impuesto tanto que a todas horas las tenemos en la boca, debemos entender que por más que nos preocupemos porque la seguridad de nuestros pequeños sea lo más alta posible, al final los riesgos están siempre presentes y no hay modo de eliminarlos si no es enfrentándolos y superándolos cada uno personalmente. Nadie puede vivir por nadie sino que la vida hay que vivirla en primera persona. Los peligros, que son muchos y de muy diversa índole, no están para eludirlos sino para afrontarlos en las mejores condiciones posibles, dominarlos y sentir la fuerza interior que produce la resolución de las dificultades. No afrontar los peligros no nos hace fuertes sino más inútiles  y más indefensos. Es cierto que necesitamos calcular las dificultades siempre pero sabiendo que nuestra función es superarlas y que podemos hacerlo. El equilibrio y la armonía viene después y como resultado de la superación.  Eso es la vida.

domingo, 8 de octubre de 2017

MÚSCULO


         Aunque fuera someramente, la semana pasada poníamos de manifiesto que los tres primeros años de vida tenían un objetivo primordial y era el de activar de manera satisfactoria todo el sistema motor. Se comportaba, por tanto, como el tiempo de más riesgo físico porque la dotación muscular que traemos los seres cuando nacemos es la capacidad pura y dura pero la capacidad no es nada sin la prueba de fuego que significa el contacto con la realidad y la demostración de cada día y en cada momento concreto de que nuestras capacidades engarzan con las necesidades y son capaces de hacernos superar las pruebas de encaje entre lo que necesitamos hacer para sobrevivir y lo que hacemos verdaderamente. Es como un examen permanente que tenemos que ir aprobando sobre nuestra adaptación a la realidad.

         Si nos fijamos en el cúmulo de dificultades que tenemos por delante será difícil que no intentemos huir y escondernos donde  nadie nos vea por las enormes dificultades que significan el crecimiento y la maduración,  si no fuera porque ese recurso nos puede eludir la angustia del momento pero no resuelve ninguno de los problemas que la realidad nos pone delante de nuestros ojos. Si damos la cara y afrontamos los retos de cada día a medida que van apareciendo nos daremos cuenta de que cada persona viene dotada para crecer y quiere hacerlo. Nosotros debemos contar con esas tendencias porque van a ser al final las que terminen resolviendo las incógnitas que en principio nos parezcan imposibles. Y también nuestras capacidades que no son en ningún caso sustituir a la persona que crece sino favorecer en ella sus propios deseos de hacerlo.

         Si las personas encargadas de cuidar el crecimiento nos ponemos junto a los pequeños y los escuchamos nos daremos cuenta desde el primer momento de que ellos quieren crecer y saber cosas y tienen capacidades musculares suficientes  para lograrlo. Es más, si los dejamos solos lo irán logrando cada uno a su manera en medio de todas las angustias del mundo, propias del que se tiene que desenvolver en un terreno que no conoce,  y poniendo en movimiento unas capacidades que también ignora. De ahí la enorme utilidad del cuidado adulto o familiar para acompañar todos esos deseos que se manifiestan en todo momento de crecer y dominar los interrogantes que la realidad nos plantea a cada momento. Si desempeñamos nuestra función correctamente nos convertiremos en apoyos útiles en momentos precisos. Si no lo hacemos así seremos para los pequeños dificultades añadidas a la que platea la realidad ya de por sí, que no es pequeña.


         Por lo tanto, es verdad que la tarea de dominar y poner en funcionamiento todo ese arsenal de músculos que es nuestro cuerpo se manifiesta ingente. Pero la desesperación no debe caber en educación. Hay que confiar en las capacidades de los pequeños, porque son reales,  y de los beneficios de un buen entendimiento entre pequeños y mayores para sacar adelante ese monumento a la armonía que significa una persona que crece y no terminamos de saber muy bien cómo es posible. Tampoco hay por qué andar dando muchas vueltas para explicarnos el por qué. Lo cierto es que podemos intervenir satisfactoriamente en los que vienen creciendo y hacer que su crecimiento sea más grato y más completo si nos pronunciamos a favor de ellos, aunque sólo sea por el hecho de que nosotros ya hemos pasado por donde ellos están pasando. Debemos tener cuidado y no intentar sustituirlos en ningún momento sino acompañarlos y permitirles que sean ellos los protagonistas de su propio desarrollo. Nuestra función es la de estar cerca para que se sientan seguros y dispongan de nuestro calor y nuestro ánimo en los momentos de duda.