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domingo, 15 de enero de 2012

INCLUSIÓN

El texto de hoy va dedicado a la docencia de mi amiga Enca con el amor que nos une y con el dolor de que su docencia la sienta tan lejos de estas páginas, que pretenden ser reflexiones inclusivas y participativas, en las que se puedan sentir incluidos cualquier docente de los primeros años y cualquier familiar. Con su permiso quiero incluir el texto que me respondió y que yo asumo como mío. Es más, quiero decir que experiencias como las de mi amiga Enca son para mí tan potentes que me plantearía si mi página tiene sentido si verdaderamente el sector social al que ella atiende yo lo considerara fuera de este ámbito.Lo que sí es cierto es que yo intento escribir para todos y afortrunada o desgraciadamente, también la realidad es muy diversa. Pero aquí dejo sus palabras a las que me uno y que me llegan como una puñalada de realidad que, de ningún modo, considero que deban estar al margen de esta página. Todo lo contrario.



“COMO NIÑOS está muy bien, pero es que yo vivo en otro planeta...mis niños son de otra especie que no es la humana. Mis niños llevan una vida perra desde que nacen, pero perra...Nadie se preocupa por su alimentación ni por sus miedos, ni por sus deseos o sentimientos. Nadie se esfuerza por su felicidad o por su educación. Tienen padres y madres adolescentes que los quieren, no lo dudes, pero es todo violento y misero . Son niños con los que nadie habla si no es para gritarles, con los que nadie juega. Y aunque no tengan para comer tienen hasta la última play de las plays mas plays...Nadie los consuela nunca. Hacen lo que sea (desde no aprender a leer con 12 años hasta romper los cristales ) para que alguien por un momento se fije en ellos ...Niños a los que sus madres no han quitado los piojos desde que los pillaron el dia que vinieron al mundo. Mi realidad se parece mas a Oliver Twist que a tu blog... Me gusta ..., pero está tan lejano para mi…” De tu respuesta en Facebok.


Se hace difícil siempre centrarse en un estrato de población que pueda servir de paradigma y ejemplo en el que la inmensa mayoría se pueda ver reflejado. Yo sé que el mundo que refleja mi amiga Enca es perfectamente real y que incluso no se puede pensar que ella sea la única profesional que lo encarna. Y dentro del primer mundo. A la vuelta de la esquina, vamos. Pero también me parecería excesivo y deformante de un criterio que pretende ser general, centrar los análisis y las propuestas en este tipo de niños. Me resultaría perfectamente parcial y no faltaría quien me reprendiera en el sentido de que esa realidad podría resultar un poco exagerada aunque se pudiera estar produciendo en algunos casos.


Pero hoy no quiero concesiones y me centro en el doloroso lamento de mi amiga Enca, que sé positivamente que no tiene nada de gratuíto porque ella es una profesional como la copa de un pino y lleva toda la vida, primero en Madrid y ahora en Granada ofreciendo lo mejor de sí misma, que es mucho, a esta causa de la educación de los más pequeños. Para ella y para todos los profesionales o padres que se desenvuelvan en una situación similar a la suya, vaya todo mi respeto, mi profundo reconocimiento y mi aportación de esta ventana que está abierta a todos a favor de los primeros años de la vida, pero a ellos sobre todo.

domingo, 8 de enero de 2012

REYES MAGOS

Cuando la realidad no es suficientemente sustantiva se recurre a la magia. No sé si en algún tiempo la magia funcionó. Imagino que en cualquier periodo de la Historia las mismas miserias der la realidad, que han sido más significativas a medida que nos vamos atrás en el tiempo, la han hecho más necesaria. Probablemente también la ignorancia haya contribuído a su presencia, como en otras materias. La Astrología ha sido un tema importante de estudio durante siglos y hoy, a medida que la Astrofísica se impone, la Astrología retrocede ostensiblementehasata dequar reducida a términos de superchería o similar.


Mis Reyes Magos eran una forma de satisfacer en alguna medida e volcán de deseos insatisfechos, supongo que para eludir la desesperación completa. Llegaban un par de días antes de que comenzara la Escuela de nuevo con lo cual, apenas había tiempo de satisfacer el ansia de juego con los objetos soñados y deficientemente satisfechos. Cuando empezaba la escuela, los regalos desaparecían como por ensalmo porque las obligaciones eran primero y no era plan de estar dándose gusto con juegos placenteros cuando el cumplimiento de las obligaciones requería nuestro esfuerzo. A partir de ahí, lejanas referencia a lo nuevo y esperanzas o sueños lejanos de que, en alguna ocasión se pudieran volver a repetir: cumpleaños, fiestas especiales o, sencillamente, el próximo año.


La situación es muy otra en el tiempo que vivimos. La mejora económica, a pesar de todas las crisis reales y las inventadas y la universalización del concepto de ciudadanía han venido a parar en la creación de todo un sector económico que en origen surgió para dar satisfacción a las demandas pero que con el tiempo se ha ido estabilizando y hoy forma una estructura económica que necesita su propio proceso de oferta y demanda porque no puede mantenerse elaborando materiales para la coyuntural satisfacción de un par de días al año. No hay que alarmarse. Las cosas son así casi siempre y no es este un tema escepcional. Con los turrones pasa otro tanto: ya andamos estudiando la forma de hacerlos extensivos a todo el año. O los mantecados. El helado ya casi lo ha conseguido. Las estaciones de esquí y el veraneo andan como locos intentando encontrar una estabilidad que no tienen y a la que se ven obligados para rentabilizar las inversiones que se realizan.


Todo el mundo sabe que los Reyes son los padres, si bien con los pequeños nos cebamos manteniendo el mito, aprovechando que andan en la etapa de fijar su noción de realidad y no nos cuesta demasiado jugar un poco y cebarnos de camino de nuestra superioridad que nos permite ser dueños del secreto mientras ellos, a partir de los seis años terminan descubriendo el pastel y dejándonos con el culo fuera. En ese momento averiguan por fin que los hemos engañado hasta el momento y que no pueden volver a fiarse de nosotros nunca más. La secuencia sigue que, o bien se ponen frente a nosotros y nos declaran la guerra abierta O se ponen de nuetro bando y siguen ellos la misma corriente nuestra con los más pequeños. CUANDO SEAS PADRE COMARÁS HUEVOS .
Se trata, por tanto, a qué engañarnos, de responder al mantenimiento de un sector industrial del que en Ibi y sus alrededores saben un rato y del que viven miles de familias, incluso con sus altos niveles de economía sumergida tolerada como en otros sectores como el calzado, el pan y tantos más. Una vez dicho eso, sigamos con la fiesta, que ni es fiesta a estas alturas ni quien la pintó.

domingo, 1 de enero de 2012

JUGUETES

A estas alturas de la vida muy pocas conmemoraciones me llaman la atención como no sea la de simplemente vivir. Pero es cierrto que uno no vive sólo y que este tiempo está dispuesto de modo que, entre vacaciones y todo el mercadeo que nos domina los niños tengan una cita con sus regalos, con los juguetes en definitiva. Bien es verdad que a medida que hemos ido universalizando la noción de fiesta y de regalo, el verdadero sentido escepcional de este acontecimiento va perdiendo valor. E sentido va ligado a la rareza. Todos los días no podemos sentir como algo inaudito lo que se está repitiendo y es verdad que ya cualquier cosa tiene aparejado un regalo y alcanza la categoría de fiesta.


El juguete más atractivo para cualquier bebé es él mismo, su propio cuerpo. Muy pocas veces hemos disfrutado de nuestro cuerpo. Hemos vivido tradicionalmente en una cultura para la que el cuerpo es sinonimo de pecado y había que ocultarlo a cualquier precio. Los adutos tenemos poco arreglo a estas alturas, como mucho, recuperar en la medida que seamos capaces el placer de contemplarnos sin miedo, sabiendo que somos nosotros y que todo lo que somos y lo que tenemos podemos usarlo sin miedo para nuestro propio placer o para los demás. Es importante que los niños dispongan der su cuerpo en libertad para poder moverse, para poder tocarse y para contemplarse cuando puedan hacerlo, que no es antes de un año largo. Hasta entonces no saben a quien pertenece lo que tocan.


El cuerpo de sus seres queridos. Los sentidos decimos que son cinco. Cinco son los que conocemos. Hay más, pero, en cualquier caso, también esos cinco tienen niveles: desde el más extenso y más superficial, la vista hasta el más cercano y más intenso, el tacto, hay toda una gama de calidades que nos aportan distintos niveles de placer y de conocimiento. Es fácil que los niños nos vean o nos escuchen pero no lo es tanto que nos acerquemos suficiente como para oler nuestros cuewrpo o acariciarnos más allá del momento de saludo o de la despedida. Parece como si hubiera un miedo ancestral al elemento de placer que implica la caricia en sí misma- Estaría bien que aprendiéramos a dar todo lo que somos capaces y también a recibir. En el intercambio con los niños puede sedr mucho más útil para el menor que para el adulto. Aunque no fuera más que por eso valdría la pena convertirnos en juguetes los unos para con los otros.


Los objetos. No tienen demasiada importancia los que nosotros reconocemos con la acepción de juguetes. No digo que no valgan la pena. Lo que digo es que, en cualquier caso, después de nuestros propios cuerpo y de los cuerpos de las personas a las que amamos. Si somos capaces de mirar con cierta objetividad y lucidez nos daremos cuenta de que los juegos de los pequeños con juguetes, con objetos elaborados para su entretenimiento, tienen una cierta intención de que nos dejen en paz algunos ratos. Unas veces se consigue, es ciewrto. Pero no tarda mucho tiempo en que los menores terminen despreciando las cosas que les ofrecemos y nos reclamen de mejor o peor grado, que de todo hay, lo que verdaderamente les importa y es, bien su propio cuerpo o bien nuestra presencia que tiene un enorme valor como objeto con el que interrelacionarse y con el cual identificarnos y dar y recibir placer. Un placer que nunca podrá llegar por el camino de un objeto, por más elaborado que se pretenda.

domingo, 25 de diciembre de 2011

CARRITO

La vida va ofreciendo elementos nuevos, no necesariamente mejores, que facilitan la vida a las personas encargadas de la crianza de los pequeños. Ahora aparece como moderno ese trozo de tela que permite, como permitió durante siglos, llevar a los niños pegados al cuerpo y realizar las obligaciones de cada uno con el niño a cuestas. Me parece la mejor manera de desplazarse con el mejor permitiendo ese contacto corporal y ese trasvase de calor y de ritmo de vida completamente incorporado al de la persona que lo lleva. Prefiero que los niños miren al adulto para que no se sientan sólos, si bien es cierto que el espacio exterior es un poco más difícil de ver y hay que torcer la cabeza. Mi última hija, Elvira, que ahora tiene once años la llevé colgada durante el primer año hasta que dio sus primeros pasos y recuerdo que me empeñé, porque era factible, en que se durmiera mientras paseábamos por la orilla del mar, con el ruido de las olas, que me parecía una señal de identidad para ella, que había nacido en un pueblo de playa.


Ya sé que el vahículo más frecuentado sigue siendo el carrito de cuatro ruedas que el adulto desplaza a su gusto y a su ritmo y con el que puede ir de un lugar a otro sin que el menor tenga otra referencia de su desplazamiento. La percepción es más bien la de una cama en movimiento, pero poco más. Normalmente, eso sí, se orienta la postura del menor, de manera que si se despierta en un momento pueda ver al adulto que lo lleva, lo que estoy seguro de que para él significa un consuelo importante. Se mantiene el nexo de unicón del menor y el adulto, aunque sólo sea con la mirada, que no es un nexo muy fuerte y puede que hasta con la voz. Algunos adultos logran en muchas ocasiones mantener un cierto diálogo con los pequeños que significa también un elemento de relajación. La mayoría de las veces, este diálogo se produce cuando los pequeños protestan, probablemente cansados de una postura concreta, o con hambra o alguna otra incomodidad que necesitan transmitir.


Pero el carrito va apoderándose del tiempo y ya no sólo sirve para los primeros meses de vida, sino para los primeros años. Muchas veces hasta de tres y cuatro años se ven pequeños en carritos, que más bien parecen inquilinos albergados en una pequeña pensión rodante que con fuertes nexos de conexión con las personas que los llevan. Muchos de esos carros están orientados para que los niños miren hacia adelante, lo que significa que casi no existe contacto entre los menores y las personas que los llevan. Si había alguna posibilidad, las capotas para cubrirlos del sol, del frío o de la lluvia se encargan de imposibilitar cualquier forma de acceso entre quien lo lleva y el llevado.


Comprendo que es muy desesperante acoplarse al ritmo de los niños en los primeros años de su vida: primero porque es desesperantemente lento por puro tamaño de las piernas. Segundo porque el menor anda por la calle y todo para él es un motivo de curiosidad, se tiene que acercar a cualquier forma, tocarlo todo, arrancar cualquier papel, tocar cualquier textura, pararse en cualquier forma nueva, cualquier nuevo color…. Hay un mundo de diferencvias entre que te lleven a donde quieran dentro de un carrito, a que tú puedas ir experimentando las cosas de la vida en sus colorers, en sus formas y a tu ritmo, en función de tu curiosidad, pero creo que no hace mucha falta insistir en que no hay color sobre la diferencia de calidades entre una y otra forma.

domingo, 18 de diciembre de 2011

PRISA

Parece una tendencia general que los mayores responsables de un recien nacido quieren comerse el tiempo para que pase más de prisa. Le dirigen la mirada y sugieren lo que están viendo cuando ven hacia los dos meses, le responsabilizan de gestos tan específicos como la sonrisa cuando de lo que se trata es de movimientos musculares sin ninguna intención que se parecen a ella, le asocian sonidos determinados como si fueran capaces de ofrecer algo más que esfuerzos guturales que a los ojos adultos cercanos indican el consabido “ajó” de tan amplia repercusión en la familia, la intencionalidad de las carcajadas cuando se trata sólo de repeticiones nerviosas, ciertamente imitadoras de algunos reclamos adultos, pero completamente ajenas al significado social de la carcajada. Y así con toda una serie de adquisiciones que se hacen verdad mucho más en la interpretación de los adultos que en las capacidades reales de los niños.


Hemos mencionado las primeras adquisiciones. Podríamos seguir con la marcha, el lenguaje… logros todos mucho más reales en la mente adulta que en el conocimiento infantil. A pesar de lo que parezca, no estoy en contra de este entusiasmo familiar, porque en cierta medida hace que los progresos aparezcan de verdad o se consoliden llamados por el entusiasmo, lo que no es desdeñable de ninguna manera. Sólo llamo la atención para que no explotemos demasiado una vía que tiene interés emotivo, pero que en todos los casos debe ser refrendada por la realidad objetiva, que normalmente aparece siempre después de que los adultos hayan cantado victoria.


Al mismo tiempo conviene no perder en ningún momento el sentido de realidad. El dejarnos llevar por el entusiasmo fundados en apariencias mucho más subjetivas que reales sobre determinados logros también puede significar que los niños se encuentren sometidos a situaciones de estrés desde demasiado pronto y eso perjudique la lenta consolidación de los aprendizajes y la paz imprescindible para que estos se asienten y se fijen en el cerebro de los pequeños. Es muy posible que un niño no pueda asumir e interiorizar un conjunto demasiado elevado de información que le puede llegar de la mano de nuestra angustia y de nuestra impaciencia porque aprenda o porque sea el primero cuando lo deseable y lo eficaz puede ser dejarlo en paz que vaya asimilando lo que le ofrece la realidad y su inquieto cerebro encaje en el lugar adecuado cada uno de los logros a los que tenga acceso.


Creo que este mal de la prisa está presente desde el principio de la vida pero hay momentos en los qe aparece especialmente: inicio del habla, los primeros pasos, la adquisición de conocimientos, aprendizaje de la lectura… en realidad cualquier dominio de los que están considerados como sociales y que se pueden objetivar en comparación con otros niños cercanos, vecinos, parientes…. Muchas veces somos capaces hasta de malograr conocimientos adquiridos sólo por nuestra proyección competitiva en la que incluso los niños no tienen nada que ver. Conviene, por tanto, que nos demos cuenta de que en el desarrollo, lo que importa es el protagonista y no los que le rodeamos, y su propio ritmo, que no es ni mejor ni peor que el de su vecino, sino que es el suyo propio, el más adecuado para que los conocimientos que adquiera se consoliden y sean asumidos por él. Decir aquí que “no por mucho madrugar amanece más temprano” puede parecer una obviedad pero me parece que es exactamente la lección que debemos aprender los que vivimos cerca de los menores para afrontar nuestro papel en su desarrollo.

domingo, 11 de diciembre de 2011

ACIERTOS

Probablemente en el origen de la mayor parte de los cuidados que procuramos a los pequeños está la idea de hacer lo que hace falta hacer, lo mejor posible, en no equivocarnos en nada o en lo menos que podamos y conseguir que los pequeños crezcan en las mejores condiciones que seamos capaces de aportarles. Y, como puede suponerse, parece una intención loable, meritoria y digna de que su cumplimiento tenga la misma pureza que su nacimiento en nuestro interior, dando rienda suelta a nuestras mejores intenciones. Nada que discutir por tanto en su origen ni en su desarrollo. Sí, quizás, algo que discutir en sus consecuencias porque no siempre lo que pensamos y lo que planeamos con una idea, termina con las consecuencias que pretendimos en el comienzo.


Ese impecable afán de acertar en todo lo que se refiere a nuestras atenciones a los pequeños puede decir mucho en nuestro favor en cuanto a las motivaciones que impulsan nuestro trabajo, pero no necesariamente en sus consecuencias. El hecho de que todo lo que los niños reciban de nosotros sea impecable, claro, determinante y sin errores, significa que ellos van a ir asumiendo que en la vida todo es así y que no habrá nada que les produzca frustraciones ni resultados desagradables o con los que ellos puedan sentirse contrariados. Por un lado es encomiable el intento por nuestra parte en el sentido de que procuramos por todos los medios a nuestro alcance que los menores dispongan de un estado de bienestar tan alto como nuestras posibilidades nos lo permitan, pero no siempre eso es lo mejor, sin pretender devaluar nuestros encomiables intentos.


Quizá olvidamos lo importante que es en la vida ser capaces de salir adelante cuando aparecen las dificultades. Que un menor tenga una vida satisfactoria y se desenvuelva gratamente cuando no hay nada o casi nada que le suponga contrariedad, eso parece bastante fácil. Resulta mucho más complicado entender la fuerza que necesita sacar de sí mismo cualquier persona para sobreponerse a alguna frustración o cuando algo no le sale como él desea. Y, probablemente aquí es donde radica lo meritorio del desarrollo, en ser capaces de gozar los momentos en que todo parece salir a pedir de boca y afrontar con fuerza los momentos frustrantes para sobreponerse a ellos y mantener las ganas de aprender.


Claro que con lo que va dicho quizá cabe una primera conclusión y es la de promover en los pequeños las frustraciones para hacerlos fuertes en la vida y que aprendan a sobrevivir superando todas las dificultades que puedan. No falta en la historia quien así lo ha entendido y lo ha llevado a la práctica. Probablemente tampoco es eso. Ya tiene la vida dificultades suficientes como para que necesitemos producir más de manera artificial. Quizá la reflexión tiene sentido para llamarnos un poco a la tranquilidad y a permitir que la vida se produzca por sí misma con lo que tiene de bueno y con lo que tiene de malo para que las personas vayamos conociendo el calor y el frío, la luz y la oscuridad, el mar y la montaña…. Este conjunto amplio de vivencias de índole diversa hacen que tengamos que responder a dificultades variadas y con ello nuestra capacidad de respuesta se vaya ampliando y fortaleciendo. Eso es lo que significaría una educación adecuada: no la que se basa sólo en los aciertos o en la capacidad de respuesta sólo a ellos, sino en las posibilidades de reacción ante vivencias imprevistas o directamente desagradables, que precisan de una reacción nuestra ante la adversidad.

domingo, 4 de diciembre de 2011

ESTIMULACIÓN

En algún otro lugar de esta serie hemos hablado del drama de la falta de estímulo a los menores y de cómo eso sí que se puede considerar la verdadera muerte aunque el cuerpo se encuentre con vida. Se han vivido y se viven a diario experiencias que avalan esta terrible afirmación. También hemos puesto de manifiesto la situación de los refugiados que huyen de Somalia y de cómo las madres han de vivir la experiencia de abandonar a alguno der sus hijos en el camino para que muera con la idea de intentar que se salven el resto. Hay cosas que no nos gusta oir, ni ver, ni conocer siquiera, pero eso no quita que estén pasando hoy mismo y que estén, por tanto, de palpitante actualidad, a veces al lado nuestro y desde luego a unos cientos o miles de kilómetros de nosotros.


Pero del mismo modo que ponemos el ejemplo de la falta de motivación como una especie de muerte en vida, podemos poner la sobreestimulación como un mal del primer mundo, ese en que parece que cada nuevo nacimiento es una especie de mirlo blanco al que no puede faltarle para su desarrollo ni el más mínimo detalle, del que todos los miembros de la familia han de estar completamente arrebatados porque se trata de un tesoro que ha llegado a la casa y que todo se lo merece por su bella cara. Necesita todos los cuidados del mundo y hay que ofrecérselos para evitar todo lo que pueda oler a frustración o al peligro que ocasionarle el más mínimo trauma de consecuencias incalculables para el futuro. El rey de la casa ha de sentirse entre algodones y con todos los miembros a su servicio porque ha venido a sembrar la falicidad a manos llenas y nos ha colmado a todos con su presencia.


Lo terrible del caso es que tanto el primero como el segundo pueden haber nacido el mismo día y pertenecer a la misma época y puede que hasta a la misma cultura. Apurando un poco podrían ser hasta vecinos. Desde luego completamente vecinos si tomamos como casa de todos este pedrusco del universo inconmensurable que hemos dado en llamar Tierra.


Mas de una vez hablo con mi hija cuando la veo con el esmero que cuida a su perra y con todos los respetos para el animal, y le digo que por qué no adopta a un niño, que srguramente podría sobrevivir con lo que ella se gasta en el cuidado de su animal. Pero es que estamos en una época en e que las casas se están quedando vacías de niños y se están llenando de mascotas. Todo el respeto, insisto, para cualquier mascota. No tengo nada, absolutamente nada contra ellas y me merecen toda la consideración del mundo, pero es verdad que estamos optando más o menos conscientemente y no es precisamente por la supervivencia de la especie. Preferimos tener esclavos con una cuerda al cuello que vérnoslas con personas como nosotros que exigen nuestros cuidados, que pueden hablar como nosotros y que nos pueden pedir cuentas de lo que hacemos con nosotros mismos y con ellos. Hasta aquí hemos sido capaces de llegar hasta el momento. Pero la vida sigue y el futuro no está escrito. Lo mismo podemos mejorar que avanzar en las aberraciones porque para una opción como para otra, el campo está completamente libre y abierto, pendiente en ambos casos de nuestras opciones.