La
primera fue que anoche nos acostamos a la hora de costumbre y esta mañana nos
hemos levantado una hora antes porque mientras dormíamos, cuando dieron las
dos, automáticamente pasamos a las tres. Una vez perpetrado ese robo de una
hora, empiezan los relojes a marcar el tiempo como si no hubiera pasado nada.
La experiencia ya es conocida porque se repite cada año. Dos o tres días con
cierta sensación de sueño, hasta que el cuerpo termine adaptándose a que hay
que acostarse a una nueva hora y luego terminaremos levantándonos un poco
después. Y la vida sigue. Este cambio de horario de primavera se convierte
pronto en estimulante porque pasamos por encima el que amanece más tarde y nos
quedamos en que anochece una hora después. Ganamos luz. No es completamente verdad
porque lo que ganamos por la tarde lo perdemos por la mañana, pero la sensación
que nos queda es que los días se alargan. O sí es verdad que se alargan, pero
no por el cambio de hora sino por la rotación de la tierra que hace que tenga
más horas de luz hasta el 21 de junio y menos hasta el 21 de diciembre. Los
relojes terminarían contando lo mismo si empezaran antes o después.
Parece
que este cambio horario de la primavera lo toleramos mejor que el de otoño
porque el primero aporta más luz y el de otoño nos oscurece antes el día. De
hecho, recuerdo que en los últimos años se ha comentado que igual no merecía la
pena cambiar el horario dos veces al año porque ambos cambios, al final,
someten al cuerpo a varios días de inestabilidad hasta que termina por
adaptarse y los supuestos beneficios sociales que supone el mover la medición
del tiempo hacia la mañana o hacia la tarde no termina compensando desde el
punto de vista económico, que es el argumento que se utiliza para justificar el
cambio. Lo que sí se ha corroborado es que la opinión pública preferiría antes
quedarse con el horario de verano que con el de invierno. Yo, seguramente
también y no le encuentro otro argumento que la mayor presencia de luz que
significa que oscurece más tarde.
Parece
que, al final, a nadie termina importándole demasiado. Los años van pasando y
los cambios horarios se implantan cuando llegan las fechas previstas, nunca
faltan voces de protesta como esta mía de hoy, pero no porque se termine
sabiendo cuál de los dos es mejor que el otro sino porque el día que el cambio
se consuma, de una manera o de otra significa que el proceso de adaptación en
nosotros desestabiliza nuestras rutinas durante unos días y eso nos incomoda
hasta que los nuevos cambios se asumen y se integran en la nueva normalidad.
Las administraciones han intentado ofrecer hasta los millones, en dinero, que
justificarían una modalidad sobre otra, siempre en beneficio del horario de
verano sobre el de invierno, pero yo no he visto nunca demasiado interés por una apuesta o por
la contraria, ni por parte de la sociedad que termina afectada por el cambio,
ni por el poder público que lo promueve. Total, que parece que vamos a tener
que concluir que estos dos cambios de hora, cada año, son algo parecido a un
incómodo picotazo al que tenemos que acostumbrarnos porque quizá le falta
hondura dramática para que se termine por cambiar en un sentido o en otro.
Seguramente la motivación que he encontrado para tocar yo este tema, no ha sido otra que el duermevela que vengo sintiendo desde que empecé a escribir porque, lo que sí es cierto es que, a pesar de que nunca he sido un dormilón y sí un mañanero empedernido, sobre todo para la lectura, pero en, general para cualquier otra actividad, siempre he optado por la mañana antes que por la noche. Sé que para mí, este cambio que se ha materializado esta mañana, una vez pasados los días de adaptación correspondientes, van a significar más luz para el reparto diario, pero creo que, mayoritariamente, para, al menos, la mayoría también, lo que justifica esta cierta sensación de soñarrera que arrastro desde que me he levantado y que me ha sacado esta reflexión que aquí os dejo a vuestro criterio.
Sí se necesitan algunos días para adaptarse al cambio de horario.
ResponderEliminarAcá en México ya se eliminó el cambio de horario desde hace 6 años y todos felices :)
Un abrazo
A mi, también, me gusta que los días sean más largos. Buenos días querido amigo
ResponderEliminarJajaja jajajaja 😂😝🤣
ResponderEliminarPues fíjate que a mí me gusta más el de invierno.
Psicológicamente, ganarle una hora a la vida, me encanta 😍❤️
Dormir una hora más, o despertar sin apuros, es genial.
Tampoco es que, al menos aquí, oscurezcz pronto.
En fin.
Para gustos, colores.
El de invierno me parece más natural...
Besotes y feliz domingo, amigo querido.
Preciosa imagen de primavera en flor...
Deseando volver a Granada.
En serio.