No sé
si al final, en este COMO NIÑOS de mis entretelas lo que va no es mi propia
vida y resulta que con la excusa de
hablar de los pequeños, de entrar en sus intimidades y en sus mejores modos de
crecer no estoy hablando de mí mismo y pare usted de contar. Puede ser pero no
lo siento porque mi empeño conmigo no fue contar cosas concretas sino que lo
que contara fuera de verdad y de eso sí respondo.
Lo que
motiva este texto, querida Laura, es la aparición en el mundo de tu hija Andrea
y la repercusión que el hecho ha producido en ti y en tu familia. No puedo
evitar que tu peripecia vital haya sido y siga siendo muy cercana por
causa de tu madre y amiga mía, Julia,
desde antes de que nacieras. Aunque nosotros no nos hayamos visto casi nunca en
realidad te considero de mi familia, especialmente desde que nació Héctor, tu
hijo mayor. Hasta entonces mi relación con tu madre era más profesional. Siempre
he profesado una profunda admiración por su trabajo en Verdemar y por nuestra común militancia
pedagógica, Después de su jubilación ha desplegado su faceta de abuela y estoy
seguro que tus hijos se están aprovechando del buen hacer de una gran
profesional de la educación y de una abuela entrañable. Como comprenderás, le
he pedido su beneplácito para tratar este tema porque mi respeto hacia mis amigos
es absoluto. Ella me lo ha dado y siempre me habla de ti como una persona seria
y responsable. No me extraña. De tal palo…
No
quisiera mitificar ninguna opción de familia sobre otra. Mi hija Alba, por
ejemplo, de tu edad, jura y perjura que no quiere hijos ni muerta. Mi hijo
Nino, un poco mayor que vosotras está empeñado en ejercer de padre de su hija
África, tres años. Y tú, por lo que cuenta tu madre, también te has tomado en
serio la maternidad. Cualquier opción me parece válida y no creo que haya que
jerarquizar a ninguna por encima do otra. Lo que sí me parece es que tampoco
hace falta obsesionarse por ninguna de las opciones que inevitablemente tienen
elementos a favor y en contra como cualquier otra opción de las muchas que
tomemos en la vida. Tus hijos necesitan de ti sin duda y estará muy bien que
establezcáis una relación frecuente y fluida, pero también tú necesitas de ti y
está bien que te prestes atenciones y también tu pareja necesita de ti y la
vida necesita de ti. En alguna medida, siempre sin cuantificar, somos deudores
de todos esos capítulos fundamentales y a todos les debemos ofrecer una parte
de nosotros para alcanzar nuestro equilibrio como personas.
No hay exámenes para
constituir una familia, cosa que en más de una ocasión lo hemos echado de menos
los profesionales de la educación injustamente porque por ese procedimiento
terminaríamos por quitarle a la vida su calidad de aventura y a sus
protagonistas, nosotros, una buena parte de nuestra libertad. Lo último que yo
te quiero dar son consejos, casi siempre inútiles de todas formas. Lo que sí te
invito es a que vivas la vida, a que goces de ella en lo que sabes y también en
lo que ignoras porque nuestro crecimiento está en armonizar las dos cosas. Ya
sé que una madre es una madre y tú no puedes ver a la tuya de otro modo. Yo,
que no soy tu madre pero que sí soy su amigo, sí te puedo decir que sus ideas
siempre me han parecido de las más equilibradas que conozco y de las cosas que
más he admirado de ella ha sido su constancia. Al final, Laura, eso es lo que
cuenta. Un buen día lo tiene cualquiera, o malo, pero eso cuenta poco. Lo que
cuenta de verdad es esa línea medio que vamos dejando como estela de nuestro
testimonio de cada día. Eso es lo que esperan de ti quienes te rodean y eso es
lo mejor que tú puedes ofrecerles. Estoy seguro que lo sabes. Ánimo y a vivir
un día detrás de otro.




















