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domingo, 22 de marzo de 2026

PRIMAVERA, PARA QUIÉN


         Si miramos el calendario, a esta parte del mundo ha llegado la primavera. Para mí, el primer signo se llama jaramago. He tenido ocasión de ofreceros, en otros textos, lo mejor de lo que he sido capaz sobre este bofetón de amarillo que se nos mete por los ojos que nos dice que un nuevo ciclo de vida se nos muestra, tanto en la floración de cualquier tipo de frutales, vida nueva, independiente de que mis ojos tengan preferencia inequívoca por los linderos de los caminos que, hasta mayo, como mínimo, nos cubren de amarillo y con su hermosura natural nos señala el verdadero norte de la vida. Me consta dolorosamente que hay zonas muy cercanas a nosotros que han abierto las llaves del fuego y de la muerte como si estos subterfugios fueran suficientes para ocultar el ciclo de la vida que tenemos enfrente cada día. Llegan a llamarnos cobardes porque gritamos ¡NO A LA GUERRA! Y nos negamos a participar en esta ceremonia del dolor y de la muerte. No podemos engañarnos como si la vida no existiera y el canto de los pájaros hubiera que sustituirlo por los cañones, las bombas o los  enormes buques que se pasean por los mares recogiendo cadáveres para devolverlos a sus familiares fríos como el odio.



         Me encanta poder quedar como cobarde, sencillamente porque quiero levantarme cada mañana, abrir mi ventana y sonreir a la vida que me queda, deseando a todos los vecinos que viven conmigo, que disfruten del sol de cada día, que sufran las borrascas que nos inundan y que son imprescindibles para garantizar un futuro para el mundo, que somos muy mayores para saber los caminos que nos garantizan un mañana y que de ninguna manera se pueden llamar Ucrania, ni Gaza, ni Líbano ni estrecho de Ormuz. Si los valientes son los que no ven más que fuego y destrucción, yo no quiero ser valiente. Mi orgullo no es vivir en un avión que me traslade a mi campo de golf cada fin de semana. Mi orgullo es disponer de leyes que nos garanticen un plato de comida cada día, un vestido para cubrirnos y un espacio para vivir. Quiero ser cobarde y vivir hasta donde la vida me permita, sin tener que preocuparme de que un cañonazo me diga cuándo debo morir. ¡NO A LA GUERRA!



         Hace miles de años que aprendimos a vivir con leyes que se establecieron para garantizar que, en vez de matarnos unos a otros podíamos establecer normas para que la vida, la salud, la libertad, la educación o una vivienda pudiera estar garantizada para todos. No quiero ser valiente contra nadie. Quiero mirar al mundo con humildad y estar dispuesto a ayudar a cualquiera que lo necesite, si es que puedo. Para cuatro días que nos dura la vida, no puede haber un argumento que nos la acorte porque la vida es el argumento primero al que tenemos derecho, por el simple hecho de haber nacido. Me da vergüenza contar estas cosas que considero tan elementales como cuando aprendía con mi primer maestro Don José, aquello de mi mamá me mima o cosas parecidas. Desde mi posición de cobarde empedernido, estoy dispuesto a seguir defendiendo estos estos principios tan elementales hasta que todas las personas podamos participar de un paraguas legal que nos los garantice.



         Vuelvo a la primavera recién estrenada, un año más. Nadie tiene derecho a robarnos la vida, ni a hacernos tragar fuego y miseria cuando es tiempo es tiempo de floración y hasta los humildes jaramagos nos llenan de amarillo cada mañana y nos invitan a cantar con toda la cobardía del mundo:

¡SÍ A LA VIDA!

¡GRACIAS A LA VIDA, QUE ME HA DADO TANTO!




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