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domingo, 29 de marzo de 2026

HACIA LA LUZ

 


         Lo normal hubiera sido que esta mañana hubiera amanecido con el cabreo correspondiente del cambio de hora. Esa incidencia que se produce a la altura de lo equinoccios, allá por final de octubre el de otoño relacionado con la pérdida de luz vespertina, cuya última noche dormimos una hora más, y el de esta noche, el de primavera, que hemos dormido una hora menos, que se nos devolverá en forma de luz recuperada a la caída de la tarde, La lógica impondría la rebelión automática por tener que adaptar el cuerpo al aumento o disminución de las horas de luz y recuerdo perfectamente que en el del último otoño así fue. Esta mañana debería haberme resentido por tener que asumir el de primavera y argumentar, ya de camino, la inconveniencia de semejantes cambios, con la falaz excusa del ahorro de energía que desde 1940 se viene argumentando. No me siento inclinado a forma alguna de cabreo y estoy seguro que tiene que ver con la recuperación de la luz que obtendremos cada tarde. Cuando se ha realizado algún sondeo sobre cuál de los dos formatos le parece mejor al querido público, hasta donde recuerdo, el resultado ha sido ampliamente favorable al de primavera, aunque a los responsables políticos parece que les da igual y que seguiremos tragando quina en el futuro.



         Aprovechando que para mí, este cambio de hoy es el bueno y lo vamos a notar desde este tarde, que recuperaremos tiempo de luz, estoy dispuesto a comerme con patatas la vigilia de esta noche, que he dedicado, con toda mi pasión a mayor tiempo de lectura matutina, que he dedicado a GOOD GIRL de Aria Aber, que es el libro que llevo entre manos en este momento y que me está interesando, a pesar de la juventud de esta autora afgana, en cuyo desarrollo ella explica de manera colérica y desenfrenada, su adaptación personal y familiar, al mundo occidental sin dejar la añoranza de su lejano país, imposible de olvidar. A este cometido he dedicado con gusto esta madrugada y espero concluir su novela esta misma tarde o mañana, a mucho tardar. Como nunca he sido dormilón, la vida me ofrece alguna ventaja alternativa, la lectura, que ofrezco a quien quiera, con mucho gusto.



         También me crea cierto problema de conciencia invertir buena parte de este texto y prescindir de la amenaza palpitante de Oriente Medio, como si hubiera prescindido de mi conciencia social. Nada más lejos. El alto el fuego que no termina de llegar, estoy seguro que tanto yo como muchos otros millones de conciudadanos que viven conmigo, lo llevamos clavado en el corazón y lo manifestamos al primitivo grito de ¡NO A LA GUERRA!, sabiendo de antemano que no va a ser oído porque se encuentra muy lejos de los verdaderos motivos del conflicto, cuyos nombres propios se llaman: la creación de El Gran Israel por parte de señor Netanyahu y petróleo, petróleo y petróleo, por parte del señor Trump, debidamente aderezados ambos por propagandas diversas, presentadas en los más influyentes medios mundiales, empeñados en saltarse toda la legalidad internacional y dispuestos a meter al mundo entero en un lío monumental del que veremos a ver cómo salimos, si es que salimos.



         Es verdad que mis argumentos son muy discretos en comparación con estos monumentos al fuego y a la mentira que se pretender imponer por encima de todo, pero a esta edad, francamente, me cuesta demasiado comulgar con ruedas de molino y prefiero opinar humildemente sobre cuestiones más cotidianas y a la mano de cualquiera, antes que verme embadurnado con falacias y mentiras, que no traen más que muerte y destrucción a los cuatro puntos cardinales.




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