Seguidores

domingo, 14 de diciembre de 2025

HIJO DE MI TIEMPO

 


         Cuesta poco consultar el texto para corroborar el nivel de fragilidad y dependencia que nos movemos, tanto yo como lo de mi época. Hemos sido protagonistas de enormes cambios, casi imposibles de concebir con anterioridad y aquí no encontramos, nadando en mares desconocidos y dando manotazos como podemos, no digo ya para orientarnos sobre el mundo adecuado, cosa bastante fuera de nuestras posibilidades, sino el propósito mucho más discreto de mantenernos a flote y, a duras penas, dar carpetazo al día a día, confiados, en el mejor de los casos, de que el simple hecho de sobrevivir es una forma de aprendizaje, Es verdad que nadie dijo que vivir fuera fácil y nos sobran razones para comprobarlo a cada momento, pero tampoco dijo nadie que fuera imposible y eso nos permite navegar cada mañana y confiar en que se hace camino al andar o que mientras se baraja no se pierde. Sería engañoso dejar de lado que muchos miles de conciudadanos ponen el cartel de completo en la historia de sus vidas y toman la decisión de darle fin por su propia voluntad. No seré yo quien los censure.



         A lo que sí me atrevo es a decir que, con la misma legitimidad, estamos muchos otros que, hasta el momento, mantenemos la decisión de seguir en el camino, seguramente conscientes, ese es mi caso, de que nada está garantizado en cada día que amanece. Que cada mañana es un mundo y que el hecho de asumir cada jornada como propia y cargar con ella no es un juego de niños ni una apuesta al buen tumtum sino una decisión laboriosa y consciente en cuyo transcurso no sabemos qué no vamos a encontrar. Y detrás de cualquier esquina nos espera, desde el gozo más sorpresivo que nos lleva a considerar que la vida vale la pena, sin la menor sombra de duda, a tener que enfrentarnos a cualquier duda cruel, cosa que forma parte del mismo hecho de vivir y hasta de un punto de desesperación que nos corta el camino porque no encontramos fuerzas para sortear el beche y se impone el final sin comerlo ni beberlo. Ninguna de estas opciones dejan de llamarse vida, siendo tan distintas una de otra.



         Sería una señal de sensatez que en cualquiera de las situaciones que por las que atravesemos sepamos asumirlas como partes de un todo posible. Podemos reaccionar de maneras muy diversas y todas son perfectamente respetables pero, la que considero más respetable, es la de consideras que todas forman parte de la normalidad, que todas se encuentran a nuestro alcance y que ninguna se va a materializar sin nuestro concurso. Es más, nuestra intervención es imprescindible para que la decisión, sea la que sea, se materialice y dejaría en este relato una reserva sobre la mejor o peor respetabilidad entre una u otra porque mis dotes de juicio no llegan tan lejos. Prefiero aceptar cualquier respuesta como válida, puesto que es posible y me consta que no van a faltar personas e instituciones que se atreven a decirnos en cada momento lo que debemos y no debemos hacer. No nos faltan errores manifiestos de decisiones judiciales, manifiestamente precipitadas, cuando no, directamente inclinadas en un sentido o en otro, en defensa de sus propios intereses.



         Es cierto que cada cual dispone de argumentos previos para considerarlo mejor dispuesto hacia la opción que mejor le cuadre. Asumir esta realidad no debería ser una mala premisa para cualquier análisis. Lo malo es cuando, unos u otros, partimos previamente, de encontrarnos en posesión de la verdad, y desde ese púlpito ventajista, intentar imponerlo a cualquiera que no seamos nosotros mismos. En cualquier dirección que miremos nos han de faltarnos ejemplos para considerar que, bien nosotros mismos o cualquiera de nuestros vecinos, hubiéramos quedado bastante más guapos, si antes de dejar caer el definitivo hachazo de la sentencia que llevemos entre manos, mantengamos en alto la palabra final, el dedo o el martillo, depende en cada caso y entendamos que ninguno somos un espíritu puro, libre de contaminaciones, para considerarnos en posesión de la verdad y capaces de imponerla al primero que se nos ponga delante.




1 comentario:

  1. Gran fracaso, prometimos mejorar al mundo y no pudimos, no lo dejaremos igual que como lo encontramos, sino peor. No imaginábamos que habría monstruos imposible de vencer que destruirían todo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar