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domingo, 12 de noviembre de 2023

ESPIRAL

 

         Hemos alcanzado una situación en España en la que la diversidad de fuerzas políticas se ha simplificado hasta alcanzar la mentira de vernos como dos bloques. Hemos llegado al absurdo de tirarnos los discursos de unos contra otros con el mismo argumento. La Constitución es el parapeto que nos sostiene a la gran mayoría, pero nos damos cuenta de que hay minorías, vascos y catalanes sobre todo, que sienten tener particularidades que no están bien recogidas y se convierten en fuerzas disgradoras que unas veces se definen como nacionalistas y en este momento dan un paso más y se llaman independentistas. Las dos fuerzas mayoritarias serían las encargadas de hacer valer el gran bloque que integra España pero el devenir dialéctico ha dado como resultado que ambos están empeñados en tirarse los trastos a la cabeza y enfrascarse en el inútil empeño de excluir al otro, a base de exagerar las diferencias de puntos de vista sobre quién es más patriota y quien menos. Y andamos en una deriva ficticia porque ninguno reniega del tronco común, España, que debería ser el punto de partida en el que sentirse identificados ambos, cuando la realidad ofrece como resultado niveles de enfrentamiento preocupantes.



         Hemos atravesado dos procesos electorales muy cercanos que, lejos de haber despejado las diferencias, como hubiera sido lo lógico, más bien lo que han conseguido es agudizar los diferentes puntos de vista. En la primera contienda la derecha obtuvo un buen resultado, de modo que el reparto de poder municipal y autonómico se volcó a su favor. Como las siguientes elecciones se propusieron a los tres meses, la derecha entró en el proceso de las generales convencida de que culminaría su buena estrella y obtendría la victoria. Es más, los sondeos abundaban en que, efectivamente, los resultados finales se decantarían a su favor. Pero no fue así. La derecha fue la fuerza más votada, pero al pactar con VOX, se cerró las puertas para acceder a otros posibles pactos con  el resto de minorías y los números finales no les daban los 176 que les garantizaran la mayoría absoluta. Consiguieron sólo 172 diputados.



         El PSOE y SUMAR, dos fuerzas de izquierdas, se coaligaron y obtuvieron unos resultados que no alcanzaban tampoco la mayoría absoluta, pero se propusieron incluir todo el mundo nacionalista y abrir sus planteamientos de modo que esas minorías quedaran incluidas en su candidatura, una vez que concluyeran las negociaciones y cada una consiguiera beneficios suficientes para justificar su apoyo. Las negociaciones han concluido y los resultados con que piensan presentar su candidatura al congreso suman 179 votos, suficientes para que su candidato logre la Presidencia del Gobierno y se inicie una nueva legislatura. Las cosas son así de sencillas si somos capaces de aceptarlas como las muestra la aritmética parlamentaria. Pero en la vida muchas veces dos y dos no son necesariamente cuatro porque existen componentes que no forman parte de la aritmética y condicionan el resultado. Lo cierto es que la candidatura de la derecha ha decidido tomar las calles con el argumento de que las concesiones ofrecidas a algunas minorías se salen de lo razonable y que el candidato de la izquierda sólo pretende conseguir el poder a cualquier precio.



         Estamos, por tanto, en una espiral de desentendimiento que, quiero pensar que la próxima semana entrará en una fase descendente, una vez que, como es previsible, el congreso imponga su soberanía y cada uno entienda que su posición en el reparto del poder es la que han dictado las urnas y no las pretensiones particulares, al margen de los resultados. No se conoce un sistema más justo hasta el momento que la de cada persona, un voto y a eso nos tenemos que atener. Lo que pasa es que algo tan simple lleva incluido una alta dosis de fragilidad porque todos debemos estar de acuerdo y aquí viene el problema. Los argumentos de unos y de otros no siempre concuerdan y hay que deslindar la parte de razón que tiene cada uno. Y en ello estamos.    


        

6 comentarios:

  1. La derechona española no ha aprendido nada ,tienen el odio clavado en sus genes ,no es normal!!!

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  2. Nada que añadir...
    O sí.
    Pero en privado.
    Enhorabuena de nuevo.
    Besos hasta Granada.
    Cuando me digas ven, lo dejo todo... Sólo unos días. Jajajaja 😂😂😂😂
    Feliz domingo 😊🫂😘

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  3. Guapo, excelente artículo este, tu análisis tan cercano es porque lo vives y de alguna manera tu , yo y todos , nos volvemos actores tanto principales como secundarios en este acto complejo y algo loco como lo es la política , que nos arrastra , nos lleva y nos pone donde menos te lo imaginas.
    Un beso, nuestro beso, el de siempre.

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    1. Los que creemos en la política sufrimos cuando escuchamos determinadas cosas. Salud.

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