En
educación hay algunas claves que convendría no olvidar. Los pequeños no
aprenden porque nadie les enseñe de esta manera o de otra. Aprenden porque
quieren y cuando quieren. Si no empezamos desde aquí me temo que vamos a
construir en falso. Estoy seguro que hace falta crear una determinada
infraestructura en la que el proceso educativo se pueda producir en condiciones
aceptables y para todas las personas. Necesitará espacios y tiempos adaptados a
las edades a las que vaya dirigido. Necesitará un conjunto humano de adultos
que responda socialmente de que se lleve a cabo. Probablemente todo esto será
muy bueno para que exista una cobertura suficiente. Pero no nos engañemos. El
aprendizaje no va a depender de eso. El aprendizaje se va a producir si
logramos que los medios a nuestra disposición hagan que los pequeños quieran
aprender. Y si quieren aprender se va a producir el conocimiento y si no, no.
Es así de crudo y lo mejor es que nos lo digamos sin paños calientes porque es
la realidad.
Hacen
falta edificios aceptables donde se pueda vivir en buenas condiciones y que
quepamos todos. Hacen falta una serie de medios que permitan a los alumnos
entender por qué es importante transitar por unos caminos y no por otros para
acceder a determinados conocimientos. Es necesario disponer de una cierta
distribución del espacio y del tiempo para que la actividad se desarrolle en
buenas condiciones. Todo esto es verdad pero tenemos que entender que todo lo
que hemos señalado son sólo medios, más o menos importantes pero medios. Lo
verdaderamente esencial es que exista un grupo de personas que quiera aprender
y, si conseguimos eso, los medios que pongamos a su disposición pasarán a
desempeñar un papel subsidiario, que es el que les corresponde y la educación
se centrará en las personas afectadas, que son el verdadero núcleo
indispensable e imprescindible. Ese sin el cual nada es posible. Si ese núcleo
quiere aprender, el aprendizaje se producirá y si no, no.
Es
posible que resulte reiterativo pero es que lo hago a propósito. Pasa el tiempo
y siempre andamos con la mirada puesta en elementos no nucleares de la
educación: que si los edificios, que si los mejores libros y cuadernos, que si
un número aceptable de alumnos por aula. que si todas las medidas de
seguridad,... que si esto, que si lo otro y que si lo de más allá y creo que
todo es necesario, no me cabe duda. Por nada del mundo quisiera que nadie
interpretara que desprecio ninguno de los elementos que ayudan a que la
educación se produzca en las mejores condiciones. Por nada del mundo. Lo que
digo una y mil veces es que todo eso no es el núcleo en que se fundamenta la
educación y que el núcleo se encuentra en el interior de esas personas que nos
empeñamos en seguir llamando alumnos, que acceden cada día a las aulas y que
tenemos que lograr que deseen aprender porque si ellos no quieren aprender no
lo van a hacer aunque nosotros hagamos el pino con las orejas.
Sé de
sobra que decirlo es fácil pero que desentrañar ese misterio por el cual un
pequeño quiera una cosa y deje de querer otra es endiablado y en muchos
momentos lo vemos fuera de nuestro alcance. Por eso damos tantas vueltas para
modificar los medios a ver si así logramos el objetivo sin pasar por el núcleo.
Una y mil veces nos damos cuenta de que no es posible y una y mil veces
seguimos intentándolo por donde no es, sencillamente porque nos resulta más
fácil, porque consideramos que está en nuestras manos y porque lo podemos
dominar con nuestras propias fuerzas. Es gana. Una y mil veces la realidad nos
dice que la educación tiene un sólo protagonista y es esa persona pequeña que
nos llega a nuestras manos cada mañana, que lleva en su interior todas las
claves de su aprendizaje. Nuestro trabajo no es ofrecerles las mejores
explicaciones sobre las cosas, que son
importantes sin duda, sino lograr que ellos se interesen por el mundo
que nos rodea y se dispongan a desentrañarlo y transformarlo con todas sus
fuerzas. Si logramos eso podemos morir en paz.
Ciertamente bien expuesto ...
ResponderEliminarSaludos
Mark de Zabaleta
O por lo menos, vivir pacíficamente feluces.
ResponderEliminarLlevas mucha mucha mucha razón, Antonio
Felices
ResponderEliminarAsí debería ser pero ya ves, querida qué lejos está la realidad de cada día de lo que podría ser. Un beso
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