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domingo, 20 de noviembre de 2022

EXTREMOS


         Parece que por fin hemos dejado atrás el verano. Nos hemos quejado con creces de las altas temperaturas, no tanto por los valores absolutos, que alguno ha habido, sino por la gran llanura de los 40º entre el 15 de Julio y el 15 de agosto. Y este año la particularidad ha sido la sequía. Es normal que las aguas dulces embalsadas desciendan porque el año hidrológico termina en septiembre pero, lo de este año ha sido de alarma. Todo el sur de España se encuentra alrededor del 20% de agua almacenada. El espectáculo ha sido contemplar los pueblos, hace tiempo inundados, con sus monumentos correspondientes, que han surgido a medida que los niveles de embalse bajaban. Si se tiene en cuenta que la media más larga se encuentra en el 58% de la capacidad, podemos asegurar sin miedo a equivocarnos demasiado, que vamos a necesitar varios años, si todo va como debe, para alcanzar cotas de embalse tranquilizadoras. El calor, en cambio, no es previsible que lo olvidemos. Más bien lo contrario. Será más probable que tengamos que acostumbrarnos a convivir con los 40º durante periodos más largos.



         La salida del calor ha llegado en su momento, peo se ha producido a base de diluvios, bastante localizados en la mayor parte de los casos, pero con un alto nivel de angustia por las danas, las granizadas y las torrenteras que nos han hecho pasar noches agitadas, con riadas de coches y mobiliario urbano bajando por las calles arrastrado por las riadas repentinas y acumuladas en los espacios de confluencia con los mares. En Andalucía, por ejemplo, en las zonas medio desérticas, que son casi la mitad oriental, con frecuencia nos encontramos cauces completamente secos que pueden pasar años y años sin que el agua los inunde. La gente termina por construir en esos cauces y, en momentos determinados, cualquier nubarrón es capaz de acumular un caudal desmedido que necesita alcanzar el mar a toda prisa y que termina arrastrando lo que encuentra a su paso. En el fondo, la gente sabe que los cauces secos son un peligro permanente, pero terminan confiándose, hasta que se produce la tragedia.



         Muy lentamente empezamos a acumular agua dulce en los pantanos. Tardaremos en alcanzar niveles tranquilizadores, porque hemos llegado a mínimos alarmantes, lo que seguramente necesita paciencia y previsión para el futuro. En una semana hemos abandonado todos los veranillos finales: el de San Miguel, el del membrillo, el de San Martín y, de golpe nos encontramos con el frío delante de las puertas. En Granada, concretamente, la semana pasada se encontraba Sierra Nevada completamente gris y hoy es el día en que la mitad, al menos, luce blanca, como es previsible, si bien el espesor no es muy alto pero sí parece que puede ser duradero porque las bajas temperaturas acompañan y eso quiere decir que la nieve ha venido para quedarse. Con las gotas de sudor todavía en el recuerdo reciente empezamos a necesitar artilugios de abrigo, sobre todo por las noches. Durante el día, si no hay nubes, podemos acariciar todavía los 20º consoladores, pero es fácil que acariciemos de noche los 0º. Una de las particularidades de esta zona es la amplitud térmica entre el día y la noche que puede alcanzar con facilidad los 20º y hasta superarlos.



         Siempre recuerdo a mi amigo Juan Sáez, de Puerto Rico, que estudió Derecho en Granada y una de las cosas que más le alucinaba era la cercanía de la nieve, durante todo el invierno, él que, cuando llegó, no sabía lo que era un abrigo. Tampoco puedo olvidar el primer contacto de mi hija Elvira, criada en la playa de Salobreña, con la nieve, sencillamente porque la encontraba fría cuando tuvo en sus manos la primera bola. Lo cierto es que nosotros, en Granada, estamos acostumbrados a los extremos y lo que nos extrañaría sería que no existieran. Lo mismo a convivir con los 40º del verano que bajar de los 0º durante los dos o tres meses que nos quedan, desde ahora hasta que alcancemos febrero, en el que, según el refrán, busca la sombra el perro.   


        


1 comentario:

  1. Es hermoso.
    Muy hermoso.
    Desde ayer deseaba poder hablar contigo sobre las nevadas de ahí, y el frío.
    Extraño nuestras charlas.
    Otro Burn artículo, amigo.
    Felicidades

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