Cuando
uno persiste en sus ideas no es raro que en cualquier momento se encuentre con
algunas realidades de las que siempre deseó. Mi objetivo fue siempre y lo sigue
siendo hoy, que compañeros míos de trabajo fueran apareciendo por estos textos para
que el contenido no fuera tan individual ni sólo mío porque nuestra labor es
sobre todo colectiva. Por muchas razones hasta el momento ese objetivo no se ha
cumplido, pero hoy sí. Manuel Ángel comenta habitualmente mis textos, cosa que
le agradezco siempre que puedo y hoy ocupa nuestro contenido porque
estractamos nuestro artículo de su
colaboración en el libro que publicó nuestra empresa FUNDACIÓN GRANADA EDUCA y
que tuvo y tiene bastante repercusión pública. Las fotos de hoy todas hacen
referencia a la comida en nuestras escuelas, aunque no todas sean del libro.
Quiero que sirva de ejemplo de que lo que aquí se escribe, antes que nada es
verdad. Lo destaco en negrita para respetar su autoría.
Si se le preguntara a
cualquier familia de nuestro alumnado dónde está la cocina de la escuela,
seguro que sabrían indicarla antes que despachos, almacenes e incluso algún
aula por la que no hayan pasado. Nuestras cocinas ocupan lugares estratégicos
de las escuelas, bien situadas tanto para la llegada de mercancías desde el
exterior como para la distribución de los alimentos a los grupos. Pero no se
limitan a estar ahí; tienen a su alrededor toda una información a las familias
(e incluso a los alumnos) en forma de tablones más o menos sugestivos, del
mismo nivel que el de las actividades de las aulas, que las convierten en
fuente permanente de información, a las que las familias recurren con
frecuencia casi diaria.
…………………..
Pero hay un rasgo que diferencia nuestro servicio de comedor del de la
gran mayoría de las escuelas: no es algo complementario, aparte de la actividad
escolar, en espacios y con personal distinto.
La comida es una más de las pautas que marcan la vida cotidiana de
nuestras escuelas infantiles, incluidas en la dinámica del aula con el mismo
valor que cualquier actividad que pueda considerarse más educativa (por ejemplo
aspectos de lenguaje, psicomotricidad, conocimiento del medio,...) y desde
luego al mismo nivel que esos aspectos tan básicos como el aseo o el descanso.
Y al decir que es una parte más de la actividad docente, debe quedar claro que
los niños comen en el aula (desechamos la existencia de comedores aparte, para
respetar los ritmos de las diferentes edades y mantener una identificación
espacial) y son los maestros de los grupos quienes se encargan de dar de comer,
que no recurrimos a monitores de comedor, y que le damos tanta importancia a
esta faceta, que es un elemento que va a aparecer en todas las programaciones
(desde el proyecto de centro, que marca las líneas generales que inspiran el
estilo de la escuela, hasta la programación trimestral de un aula, donde su
maestro planifica lo que va a hacer especialmente en ese período de tiempo), en
buena parte de la información que damos a las familias (desde el parte diario
que se coloca en la puerta de las clases a los informes escritos que pasamos
dos veces por curso sobre su niño a cada familia) y en todo el proceso de
evaluación, tanto individual como colectivo.
……………………….
Además del gran núcleo
común de la comida del mediodía, toda la escuela comparte el consumo de alguna
fruta a media mañana que viene a igualar los estómagos de los que desayunaron
temprano con los que lo hicieron poco antes de llegar a la escuela o los que
hoy no han desayunado porque no tocaba. Aparte de la importancia que le damos
en la escuela al consumo de frutas y verduras frescas (todas las comidas
empiezan con una ensalada), el dar la fruta en este momento garantiza que la
comida del mediodía es recibida más o menos con la misma ansia por todos y no
se dan los alaridos de los desfallecientes que no pueden tolerar que no se les
sirvan los primeros.
Una vez más, agradezco a Manuel Ángel su disposición a colaborar con este
empeño y valoro su contribución por la credibilidad que ofrece.



















