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domingo, 15 de mayo de 2016

TIERRA


         Sé que, inevitablemente, los temas no tendrán más remedio que repetirse porque ni el abanico es tan amplio como para estar proponiendo novedades a cada momento, ni las capacidades del que esto escribe llegan a tanto. Tengo la esperanza de todas formas de estar haciendo sobre la marcha una selección significativa que permita a las personas que tienen la paciencia de seguir este blog, hacerse una idea de que lo que aquí se va proponiendo es en realidad un tipo de escuela globalmente distinta. Ya sabemos que muchas de las propuestas que ofrece la escuela tradicional son perfectamente defendibles pero nosotros, grano a grano, intentamos que penetre una idea de la escuela mucho más cercana, nunca alejada de los intereses de los niños sino fundamentada en ellos y en la que los pequeños siempre son los protagonistas.

         Mi escuela era unitaria, asistíamos a ella unos 60 niños, un solo cuarto de baño que solo usaba el maestro aunque estaba hecho para nosotros y el espacio libre para todo la calle, la plaza del pueblo, los callejones, los árboles para coger nidos y los animales que hoy llamaríamos mascotas para hacer con ellos diabluras de las que no tengo manera de dejar de avergonzarme por más años que pasen porque no puedo borrar la cantidad de barbaridades que hacíamos con ellos. Por eso me río cada vez que alguien me dice que antes sí que vivíamos bien. Yo, desde luego, no. Las condiciones eran tan precarias que cualquier situación era un poema. Desde llegar cada mañana con el jarrillo de agua quemando a que nos echaran la cucharada de leche en polvo que siempre me supo a rayos y que nunca logré diluir adecuadamente hasta conseguir un cierto orden en la clase, imposible de barajar por un maestro indolente y por unas banquetas imposibles que sólo tenían de bueno el seguimiento del nido de golondrinas que había dentro y verlas entrar y salir por la única ventana de frente.

         Hoy, afortunadamente, en este país las cosas son muy distintas para bien de todos, lo que no quiere decir que sean mejores siempre. Los magníficos patios de los colegios me dejan bastante frío con tanto cemento de suelo. Apenas unos huecos a través de los que salen unos arbustos que nunca terminan de dar sombra ni permiten que nadie se suba en ellos porque antes de que crezcan ya hay alguien con una feliz idea que pasa por arrancarlos y encuentra un mejor diseño con más metros de cemento. Cuando los alumnos están en los patios es asombroso cómo los diseños elaborados ofrecen la posibilidad de juego para veinte o treinta y los otros cientos de compañeros no hacen otra cosa que mirar y comentar las jugadas que se van sucediendo como si estuviéramos abriendo camino a los futuros jugadores de las quinielas que, en vez de dedicarse a participar en alguna de las actividades que los magníficos espacios libres permiten, se dediquen a las apuestas que cada semana van a hacer a uno millonario a costa de que la gran masa de apostantes se quede con tres palmos de narices con el sueño imposible de que algún día le toque.

         Sé que no es la solución ideal ni creo que existan soluciones ideales, pero por momentos mientras veo los concursos de patios de Córdoba, abarrotados de macetas con flores de mil colores que han de ser cuidadas cada día para lo que los vecinos se han de organizar y distribuir responsabilidades de modo que entre todos mantengan esa maravilla de color que, ahora en primavera se convierte en espectáculo inigualable. No defiendo la maceta porque la considere especial para nada. Sólo se me ocurre como una de las posibilidades de las miles que `podríamos encontrar a poco que buscáramos. Y como premio al esfuerzo continuado en los recreos y a la dedicación, el último día del curso cada alumno se llevaría una maceta a su casa para cuidarla y que adornara sus espacios libres.

         No sé cómo no se valora la capacidad casi ilimitada de buscar bichos y de escarbar en la tierra de los niños para gozar con el conocimiento que de ello se obtiene. Vivimos cada día mejor pero quizá un poco más lejos de las fuentes del conocimiento. 


domingo, 8 de mayo de 2016

FLORES


         En mi pueblo todo el mes de mayo se dedicaba a que las “mozuelas” presentaran el ramo. La virgen no se podía quejar porque todo el mes estaba expuesta al público “el mes de María” y las jóvenes se turnaban para presentar ramos de flores a sus pies para lo que había verdaderas competiciones a ver qué ramo lucía más espléndido. Como ya empezaba el calor los vestidos solían ser de manga corta pero no se podía lucir la carne en la iglesia. Aparte del velo sempiterno, los brazos se cubrían con “manguitos” si las rebecas resultaban excesivas. Seguramente serán de los primeros recuerdos que puedo extraer de mi memoria. Todo el ceremonial acompañado naturalmente con el consabido
El trece de mayo
A Coba de Iría
Bajó de los cielos
La Virgen María
Aveee, aveee
Ave María
Aveee, aveee
Ave María

         Si me quejara sería muy injusto porque siempre andaba presente en todos los saraos de la mano de mi Emilia y de mi Águeda que no solo me hacían acompañarlas a todos los acontecimientos sociales sino que les servía de lucimiento personal. A la ida y a la vuelta de la iglesia me exhibían ante sus amistades quienes se  “hacían gentes” de las muchas monerías que lograban sacar de mis entendederas.

         Doy por bien pasados los tiempos a los que me refiero, alrededor de 1950 y cada vez que escucho enaltecer las gracias del ayer frente a las miserias del hoy me doy con un canto en los dientes de que los recuerdos acumulados sean eso, recuerdos. Desde la cresta de la ola en que viví mi infancia pese a la estrechez económica que me circundaba, reconozco que tuve un papel preponderante por la colección de gracias que en un momento determinado se podían sacar de mí que dejaban en buen lugar a cualquiera que me llevara consigo. Claro que sólo yo guardo muy en el fondo de mí mismo los altísimos precios que tuve que pagar por ello. Allí acuñé el concepto del amor que he llevado a las espaldas toda la vida y que ha consistido en huir de cualquiera que venga a quererme porque lo que quiere no es otra cosa que yo sea como él o ella quiere que sea. Según mi creencia más profunda, a nadie le ha interesado saber cómo soy yo, lo que quiero o lo que no quiero. He sido querido, incluso mimado al altísimo precio de tener que representar en cada momento lo que sabía que se esperaba de mi.

         Seguramente es la primera vez que estoy sacando a la luz estas confidencias que albergo desde mi más tierna infancia. A punto de mis setenta años no estoy seguro aun de saber si he querido a alguien o de si alguien me ha querido. Lo que sí he aprendido con todo lujo de detalles es que esta vida es un mercado en el que el afecto se compra y se vende y en el que nadie regala nada. Si eres capaz de ofrecer algo que se cotice es posible que haya alguien que esté dispuesto a comprártelo pero si no te puedes morir de asco en cualquier rincón, que será difícil que alguien se dé cuenta y venga en tu ayuda. Sé que mi estructura afectiva no tiene conciencia pero es ahora, en estos últimos años, cuando me voy sintiendo capaz de aceptar el afecto porque lo que he entendido por amor hasta el momento era invertir atenciones a ver si así podía conseguir correspondencias.


         Mira por donde me ha servido mayo y sus flores como fuente de conocimiento de donde arrancan parte de mis ideas sobre el amor. 


domingo, 1 de mayo de 2016

AIRE


         Cuando era estudiante de Magisterio, allá por los sesenta del siglo pasado frente a la Alhambra, recuerdo el optimismo al estudiar la corriente de Escuela Nueva cuando se atrevía a sugerir la escuela en la calle para que los alumnos aprovecharan los beneficios de la vida real como escuela en sí, el aire libre, el sol y demás ingredientes como elementos positivos para el aprendizaje. Hoy, cincuenta años después me atrevo a reivindicar los mismos beneficios del sol y del aire libre porque la escuela sigue produciéndose dentro de las mismas cuatro paredes aunque no se pueda decir que sea lo mismo que entonces para no ser injustos.

         Es cierto que las cosas han cambiado aunque no todas sean para bien. Los espacios cubiertos hoy son suficientes. Los grupos tienen un número de alumnos que, aunque siempre puedan ser mejorables, en general son idóneos y no es raro afortunadamente, encontrarse grupos de pequeños que van y vienen por la calle, seguramente más uniformados de la cuenta, pero permitiendo al fin y al cabo, que la realidad del mundo sea un elemento de aprendizaje de primer orden. Es verdad que no en todos los adelantos podamos decir lo mismo. Tenemos, por ejemplo, las nuevas tecnologías que todavía son vistas en gran medida como a enemigos a combatir a base de regular a la baja los tiempos de uso, acotar a nuestro antojo los ámbitos para que en todo momento estén controlados por los maestros y convirtiendo lo que ha sido y es una revolución de enorme calado en algo sospechoso a lo que hay que atar en corto para que no se nos desmande. ¡Como si fuera posible poner puertas al campo!.

         En los primeros años de nuestra experiencia de grupo que comenzó en los ochenta tuvimos claro que debíamos llevar a los pequeños a vivir  al campo y tanto en otoño como en primavera lo hacíamos en lotes de lunes a viernes en cada estación. Hoy la experiencia sigue viva y acotada a dos días y una noche, sobre todo en primavera. Se trata en cualquier caso de propiciar que puedan vivir la separación de sus familias, para muchos de ellos la primera de su vida, y que lo hagan en grupo, con sus amigos de cada día y con sus adultos de referencia, sus maestros. A medida que voy escribiendo no puedo dejar que se me cuelen en la mente secuencias de refugiados y de bombardeos con niños de por medio que me obligan a referirme a ellos con un sentimiento de vergüenza porque lo que estoy diciendo debería afectar a esos pequeños que vemos huyendo de la guerra o muriendo en ella simplemente y que tienen todo el derecho a gozar de la vida como cualquiera y se les niega de hecho con argumentos que pueden tener toda la lógica que se quiera desde el punto de vista estratégico, pero que desde el punto de vista educativo no tienen la más mínima justificación.


         Me recompongo de mala manera para seguir el hilo que pretendía cuando empecé a escribir sobre la conveniencia del aire libre en educación y vuelvo a este pequeño mundo nuestro que cada vez más se está convirtiendo en una isla rodeada de marginación y de injusticia por todas partes en la que estoy seguro que las injusticias interiores, que también las hay, parecen cada día más artificiosas antes la enorme mancha de desolación exterior que nos rodea. Proclamo, a pesar de los pesares, que el sol sigue siendo el sol y nos espera a todos cada día para hacernos partícipes de su lección de vida y que es de justicia que todos los pequeños del mundo se empapen de su luz y de su calor. La experiencia de tener que dormir con tus compañeros sin que sea tu padre o tu madre la que te arrope por la noche y te lea el último cuento antes de entrar en el sueño es verdaderamente insustituible y vale la pena seguirla reivindicando por encima de todas las nubes de horror que inevitablemente se nos ponen delante y que nos llevan a gritar de desesperación. Todos tenemos un poco de responsabilidad en esta situación tan angustiosa y, en la medida que cada uno pueda, debemos combatirla sin descanso.


domingo, 24 de abril de 2016

DESGARROS


         Es muy difícil que en casi seis años de vida de este blog, un tema tan relevante como los desgarros no haya aparecido, y puede que en más de una ocasión con variantes. Algo así es lo que pasa hoy. La excusa no es otra que la secuencia de desgarro por la que quien os escribe ha pasado una vez más en la vida. Con los años uno podría volverse insensible y que las cosas, tanto buenas como malas, no te afectaran. No sé si sería bueno o malo; lo que afirmo es que no es mi caso ni quiero que lo sea nunca. Quiero sufrir con mis desgarros porque eso sé que implica que he gozado en la misma medida con mis hallazgos y me hace sentirme vivo, que es lo que de verdad me importa.

         También he explicado reiteradas veces que el nombre de este blog no es más que un subterfugio para hablar de las personas, de la vida en definitiva con la excusa de los niños. Me vale el ardid porque aunque sea yo hoy el protagonista que ha dado pie al tema, es completamente cierto que los desgarros se están produciendo cada día en todos nosotros y que de la solución que adoptemos para integrarlos en nuestra vida como parte de la experiencia global de la que estamos constituidos y que nos configura se deriva que nuestro armazón afectivo se incline en una dirección o en otra. He dicho hace un momento que quería haber sufrido este desgarro reciente del que aun no me he resarcido porque significaba haber gozado su hallazgo en la misma proporción y me ratifico en lo dicho pese al dolor que implica. Lo contrario también lo hemos comentado en alguna ocasión. Cuando cayó el muro de Berlín y los occidentales entraron en los orfanatos de los países del este se dieron cuenta de que los niños los miraban con ojos terribles pero no mostraban ni gozo ni pena y esto fue precisamente lo que más se destacó entonces.

         Estamos en una época en la que cada día se impone más el miedo a todo: al frío, a equivocarse, a la enfermedad, al reconocimiento de la ignorancia, al calor, a la muerte, a la vida en definitiva porque de todos estos factores y de algunos más es de lo que la vida se compone. Yo no voy a cometer el atrevimiento de plantear que hay que promover penas para que los niños las pasen en beneficio de la experiencia. Creo que no hay que llegar a tanto. Pero del mismo modo considero que no hay por qué extremar los cuidados hasta el punto’ de que en la vida no se sienta ni el frío ni el calor porque eso también implica empobrecimiento de las percepciones y, por tanto, pobreza para las personas. En la Unión Soviética estaba estipulado que los pequeños salieran al aire libre un rato cada día, con todo el abrigo que hiciera falta, pero a las cinco de la mañana más o menos, con un montón de grados bajo cero, sencillamente para que supieran lo que es el frío y aprendieran a convivir con él. No creo que tengamos que provocar vivencias artificiales pero tampoco creo que debamos eludir experiencias para las que estamos perfectamente dotados por puro miedo al sufrimiento.


         Hay señales en nuestro tipo de vida que son un poco alarmantes. Cuando se ha vivido un drama de cierta importancia: un accidente múltiple por ejemplo, hay algo que cada día es más imprescindible y que la prensa suele destacar.  “Al lugar del suceso se ha enviado un equipo de psicólogos”. Yo me pregunto… ¿no estará claro que se han muerto los que se han muerto?, ¿qué aclaración necesita un familiar frente al cadáver de su amada víctima?  Estoy seguro que la misión de estos técnicos es importante en la asunción del drama y en encajarlo lo más razonablemente posible. Lejos de mi la idea de que su función no sea positiva pero me parece destacable que la figura del psicólogo cada día sea más necesaria para que terminemos por entender que nos está pasando lo que nos está pasando. Como si cada día estuviéramos menos dotados para asumir lo que nos trae la experiencia. Esto me parece empobrecimiento.


domingo, 17 de abril de 2016

MEMORIA


         Con demasiada frecuencia se ha querido confundir la inteligencia con la memoria y creo que a muchos de nosotros les será fácil recordar la secuencia de algún pequeño recitando una parrafada delante de los mayores y siendo alabado como si se tratara de una genialidad o de un signo especial de inteligencia. Yo recuerdo haberlo visto en más de una ocasión y, lo que es más dramático, haberlo sufrido en mis carnes. No se lo deseo a nadie, la verdad. A uno le cuesta poco creerse un ser especial cuando te lo dicen unas cuantas veces y luego viene el día a día de la vida, que te va clavando a la realidad desengaño a desengaño porque esa distinción a la que te aúpan en un momento determinado, con la misma rapidez que llega se va y tú sigues ahí, con tu verdadera dimensión, día a día, teniendo que asumir con dolor que, a pesar de tus destellos de brillo, no eres ni más ni menos que una persona como otra cualquiera.

         Defiendo el valor de la memoria en el aprendizaje y que no debemos eliminarla de nuestra escuela en ningún caso porque su práctica nos hace esforzarnos en ordenar lo que vemos y lo que pensamos para que nuestros conocimientos se almacenen en nuestro cerebro con algún orden que pueda ser reconocido en cualquier momento y evocado cuando convenga. Puede funcionar, por tanto, como una garantía que nos permita mostrar en un momento lo que hemos aprendido sobre cualquier asunto y esto es bueno, muy bueno. Pero no podemos confundir esta capacidad de almacenamiento o de evocación con la de adquirir conocimientos nuevos o de saber incorporarlos a los que tenemos que podría ser lo que definiéramos como inteligencia y que puede estar asociado a la memoria o no. Tenemos pruebas de personas de gran valía que en su vida cotidiana eran un desastre para desenvolverse, sencillamente porque su capacidad de razonar y elaborar conocimiento les ocupaba todo el tiempo y eran capaces de olvidarse de las cosas más elementales y cotidianas y hasta de pasar por torpes o, al menos, despistados.

         Visto con la perspectiva del tiempo hoy podemos hablar con cierta gracia de los componentes de inadaptación de Einstein pero, si somos capaces de ponernos en su pellejo cuando las manifestaciones se estaban produciendo, entenderemos que esta persona vivía traumatizada y siempre con la posibilidad real de frustrarse y ser incapaz, no ya de desarrollar todos los hallazgos por los que hoy lo conocemos sino sencillamente por ser capaz de soportar su vida y las consecuencias de su inadaptación, siempre dolorosas y con la amenaza real de hacerse insoportables en algún momento. No podemos medir cuántas personas inadaptadas, sencillamente se han quitado de en medio en un momento dado por no ser capaces de sobrellevar las contradicciones entre su manera de ver las cosas y el mundo que les rodeaba. También conocemos algunos ejemplos de suicidios prematuros suficientes como para saber que no estamos inventándonos consecuencias sino constatando realidades dramáticas.


         Cuántas veces he pensado, no sé si con razón o sin ella, si no hubiera sido mejor que Mozart hubiera sido una persona equilibrada, con el riesgo de que su música no hubiera llegado a las cotas que conocemos, en vez de poder disfrutar de su música, sabiendo que es una cima de la humanidad pero al mismo tiempo estar seguros de que sus treinta y pocos años de vida  fueron los de una persona inadaptada  que sufrió siempre por causa de esa inadaptación. En mi vida profesional he procurado respetar en la mayor medida que he podido cualquier manifestación para que los pequeños fueran ellos mismos todo lo que pudieran pero siempre con la conciencia puesta en lo que podemos llamar normalidad y procurando que esa zona se ampliara todo lo posible para que en vez de ser un camino estrecho y tortuoso fuera una autovía con espacios amplios en los que todos los pequeños se pudieran considerar incluidos. Hoy sigo pensando que cada persona merece respeto a su manera de entender el mundo y a su evolución, pero que los espacios comunes son los que debemos ampliar todo lo que podamos para que nadie se sienta un bicho raro sino un miembro necesario del conjunto. 


domingo, 10 de abril de 2016

ESTIMULACIÓN


         Ayer tarde tuvimos el privilegio de vernos con Salva, de Grazalema y su familia en la fuente de las Batallas en pleno centro de Granada y compartir un café en Plaza Bibrambla. Aparte de la hermosura de la tarde y de la grata conversación con él y sus amigos, con quienes no nos veíamos desde mi viaje a Grazalema para la presentación de su libro de poemas del que me encargó el prólogo, conocí a su hija Violeta y me contó que andaba en estimulación precoz por ciertas dudas en su desarrollo que pudieran estar provocadas por su nacimiento prematuro. Los padres se veían razonablemente tranquilos si no fuera porque uno conoce sobradamente que este tipo de procesiones suelen llevarse sobre todo por dentro.

         La estimulación precoz lo mismo que la vacuna sobre determinadas enfermedades es probablemente la mejor medicina que hemos inventado para promocionar la salud. En general hay que decir que sus beneficios se encuentran  bastante demostrados si bien no faltan detractores que censuran la alegría con la que usamos de un tratamiento  que puede ser beneficioso pero que es posible que necesite una mayor y mejor selección del momento de aplicación y de las personas a las que se les debe aplicar porque por más beneficiosa que se haya demostrado, en ningún caso está exenta de peligros. Hace bien poco hemos tenido algún episodio de tuberculosis que se creía superada ya y se ha demostrado que se trataba de pequeños focos de población muy localizados contrarios a las vacunas. Han tenido que ser aislados convenientemente y tratados con las medidas adecuadas para que resolvieran el problema sin que el resto de la población se viera en riesgo. El debate de si vacuna sí o vacuna no se ha visto muy vivo socialmente y espero que todos hayamos aprendido a no poner en cuestión los beneficios de la vacuna, pero también a ser más cuidadosos con una medida que, aunque necesaria, debe ser aplicada con la prudencia y el rigor que merece porque no está exenta de riesgos.

         Violeta se encuentra en este momento sometida a estimulación extraordinaria sobre su desarrollo, según los técnicos de la zona porque manifiesta un cierto retraso en su desarrollo lingüístico con relación a sus compañeros. En este momento tiene 20 meses y los padres reciben la información de los educadores de la escuela infantil a la que asiste de que ellos no tienen tan claro ese supuesto desajuste y más bien son partidarios de dejar tranquila a Violeta y permitirle que su evolución personal la vaya homologando en mayor medida con relación a sus compañeros. El propio hecho de que las opiniones de los responsables no sean unánimes dificultan los posibles beneficios del tratamiento en cuestión y, desde luego, ensombrecen los beneficios de un sistema como el de estimulación precoz que como planteamiento de normalización y de igualdad de oportunidades no tiene discusión pero que en la práctica debe estar sometido a todas las medidas   preventivas convenientes porque ningún recurso, por bueno que sea, es completamente inocuo.

         En ningún caso quiero que se pueda entender que pongo en cuestión el sentido y la conveniencia de la estimulación precoz. De ninguna manera. La estimulación precoz ha demostrado con creces su oportunidad y los beneficios a largo plazo en la solución de cualquier tipo de problemas médicos o del desarrollo. Lo que sí hago es un llamamiento al rigor en la aplicación de cualquier terapia, por buena que sea porque en el fondo de cualquier tratamiento siempre se encuentra alguna forma de marginación que los afectados deben asumir y que los señala y los diferencia muchas veces para toda la vida, sobre todo en las sociedades más pequeñas y más cerradas. Se trata, por tanto, de saber que no existe un recurso completamente inofensivo y que necesita de mucho rigor para señalar a una persona para que los beneficios que pueda tener su aplicación, ampliamente demostrados tanto en las vacunas como en las estimulaciones precoces, no se vean ensombrecidos por consecuencias inapropìadas que puedan ser imputables a la ligereza de diagnósticos o de tratamientos.

         Salva cierra nuestros encuentros con una maravilla de queso Payoyo de su zona que en mi casa degustamos combinado con el dulce sabor de la amistad. A tu salud, amigo.


domingo, 3 de abril de 2016

CALLEJEAR


         Me consta que lo hemos hablado muchas veces y, sin empacho ninguno, volvemos a comentarlo una vez más. La escuela son las cuatro paredes de los centros más los espacios deportivos pero es mucho más que eso con ser eso importantísimo. La escuela es la vida en su totalidad: los autobuses circulando, los pasos de peatones, la frutaría de la esquina, el olor del café, el supermercado, la pescadería, el colorido de las frutas, la peluquería, el concesionario de coches, los aparcamientos, las aceras en general… La escuela es todo lo que nos rodea y los pequeños son conscientes de que eso es así porque salen con sus familias y tienen ojos para ver y ven.

         Aunque todo lo anterior sea cierto, la propia existencia de por sí no nos garantiza a nadie el conocimiento por ciencia infusa de esa enorme cantidad de elementos que están cumpliendo su ciclo vital junto a nosotros. Su conocimiento, su inclusión en nuestra vida y la interrelación que mantengamos con ellos depende directamente de la manera que se nos permita relacionarnos con ellos. Y eso pertenece en gran medida a las decisiones que adopte la estructura escolar, aunque no sólo. Este tiempo de primavera que coincide también con que es el último trimestre y en general el más grato desde el punto de vista climatológico, nos ofrece las mejores posibilidades para que los menores visiten la calle de forma ordenada, que no quiere decir en filas ni mucho menos, se sientan parte de ella y den rienda suelta a su curiosidad por conocer todo lo que encuentran a su alrededor. Ya el simple hecho de callejear en grupo significa un importante estímulo para todos porque hay que saber que en educación, como en tantas cosas, uno más uno no son solo dos sino mucho más. Todo lo que se ve estará en boca de todos y cada uno lo tratará a su manera y en función de su experiencia previa.

         Es verdad que tampoco hay que perder la cabeza y estar a todas horas en la calle de modo que los pequeños lleguen a perder la noción de cual es su verdadera escuela. Alguna vez nos ha pasado que hemos perdido el son y hemos tenido que echar marcha atrás para no sacar las cosas de quicio. Me parece que un día a la semana puede ser suficiente para diversificar las salidas y al mismo tiempo no perder de vista que la escuela es nuestro punto de referencia del que partimos y al que tenemos que volver en todo momento. También conviene recordar que no se trata de salir por salir sino que cada salida, con su parsimonia correspondiente, debe ser como una esponja para los pequeños en la que deben introducir como si se tratara de un cofre, toda la información que la actividad nos da de sí, que un día puede estar relacionada con los elementos que miramos, pero que otro la verdadera lección es la información que nos llega de la boca de nuestro compañero, que puede ser tan rica como el precio al que hoy se venden los boquerones y que sin la salida no hubiéramos obtenido porque no hubiéramos disfrutado de esos momentos de intimidad imprescindibles para que surjan las confidencias.


         También conviene saber que aunque los libros de texto están diseñados para que una serie de temas que se consideran fundamentales sobre determinadas materias estén desarrollados allí, de ninguna manera significa que la vida se agote en un libro de texto por completo que sea. Es más, sería pretencioso pensar que fuera de los libros de texto no existe la vida. Muchas veces es al contrario y se hace imprescindible pasar de los libros de texto y mirar directamente a las cosas y a las personas que nos rodean que son sin duda ninguna fuentes vivas de información sobre nuestra propia vida y nuestra relación con ellos, una cátedra permanente de conocimiento y de madurez que se llama experiencia y que casi siempre es insustituible, sin menosprecio del valor de los saberes prefabricados en los libros de texto. Por tanto, a por la vida sin miedo alguno y con la confianza de que el contacto directo lo que nos va a dar es madurez y cultura que, de no ser por él, nos quedaríamos sin ella.