No
tiene nada que ver el culo con las témporas y confundir una cosa con otra,
sencillamente significa haber perdido el rumbo. Si tú concentras, por ejemplo,
un viernes cualquiera, antes de ayer sin ir más lejos, a un grupo de 140 personas
de necesidades diferentes, de esas que un día se llamaron discapacitados
psíquicos y hasta cosas peores, los metes en unos autobuses, los llevas al
centro parroquial de Alfacar y allí los están esperando unas banastas hasta
arriba de buñuelos, preparados para ellos y ellas desde las ocho de la mañana,
por un montón de personas colaboradoras, y una hermosa olla de chocolate
caliente que sólo le falta hablar, pues tú, que eres el Presidente de La
Boronda, que es la que Asociación que invita al cotarro, te plantas cerca de la
puerta para recibirlos y no sabes qué cara poner de puro placer. Te sientes
orgulloso, hasta reventar, de quieres han preparado el acto, de los que llegan,
por tandas porque no caben todos en el recinto y de lo hermosa que puede llegar
a ser la vida si todos colaboramos en que lo sea, con una sonrisa en la cara y
un chocolate con buñuelos como desayuno. No necesitamos ni un premio Nóbel de
la Paz, ni nada que se le parezca. Si acaso que, el que lo necesite, se una al
banquete y disfrute con nosotros.
Que no
me digan a mí que una secuencia semejante se puede comparar a unos cañonazos a
unas lanchas, que llaman transportadoras de droga, allá por el caribe y un chorro
de muertos como resultado, sin que nadie pueda corroborar si lo que dicen es
verdad o son asesinatos impunes a la vista de todo el mundo. O que alguien
tiene permiso, sin juicio previo, de entrar en Caracas, capital de Venezuela,
secuestrar a su presidente, por más discutible que sea, que lo es, matar a sus
escoltas con un arma que sólo ellos conocen, y llevárselo de su país
secuestrado y afirmar a bombo y platillo que se van a quedar con su petróleo
porque tienen la mayor reserva del mundo y ellos lo quieren. O mirar a
Groenlandia, aunque, podría llamarse Islandia por el mismo precio, y decir que
la quieren tomar, por las buenas o por las malas. Y quedarse tan frescos. O
pasarse por Minnesota y cargarse a dos de sus ciudadanos a tiro limpio y su
presidente afirmar que eran un peligro público cuando todo el mundo ha visto dos
asesinatos como dos castillos de grandes.
La
vida también puede ser reunirse un grupo de amigos por Zum, para hablar de sus
cosas y quejarse de que faltan dos, que nunca entran, hasta que se dan cuenta
de que no conocen el intríngulis de la reunión, por más que los que participan
se sientan tan panchos discutiendo de esto y de lo otro. Y estamos hablando de
amigos todos. Sencillamente que cada uno va a su bola y cuesta trabajo pensar
que, si dos no se incorporan, pueden tener sus propias razones para no hacerlo.
Algo tan simple como que no saben cómo hacerlo. Ahora que se ha descubierto el
pastel, tengo la esperanza de que hayamos aprendido y encontremos la manera de
incluirnos todos en el grupo, porque la voluntad no falta. Solo hay que abrir
un poco más los ojos y afinar la visión.
O
salir un día de tu pueblo, encontrarte un entierro normal y corriente, que te
hace parar para respetar la comitiva. Mientras permites que pase el coche de la
funeraria, con el ataúd dentro y los familiares y amigos del difunto, tú, desde
dentro de tu coche esperando, puedes pensar en la diferencia entre unas muertes
y otras. Hay muertes más o menos conformes como esta que estás contemplando de
José Luis, que has conocido de toda la vida y otras, en cambio, que para qué vamos
a hablar.
Me
quedo con el chocolate con buñuelos, placer sencillo donde los haya, al alcance
de cualquiera aunque toda la noche precedente estuviera lloviendo, que hasta
tuvo la gracia de salir el sol y brindarnos su luz, para que el acontecimiento
que me tiene encantado todavía, luciera en todo su esplendor. No necesitamos
ninguna María Corina Machado que nos obsequie con su medalla enmarcada de
Nóbel, a sabiendas de que se lo concedieron a ella en exclusiva y no tenía
derecho a regalárselo a nadie. Viva la gente que no necesita salir en ninguna
foto para gozar y viva un buen chocolate con buñuelos compartido por la mañana.



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