Seguidores

domingo, 25 de enero de 2026

DE VIDA Y DE MUERTE


         No tiene nada que ver el culo con las témporas y confundir una cosa con otra, sencillamente significa haber perdido el rumbo. Si tú concentras, por ejemplo, un viernes cualquiera, antes de ayer sin ir más lejos, a un grupo de 140 personas de necesidades diferentes, de esas que un día se llamaron discapacitados psíquicos y hasta cosas peores, los metes en unos autobuses, los llevas al centro parroquial de Alfacar y allí los están esperando unas banastas hasta arriba de buñuelos, preparados para ellos y ellas desde las ocho de la mañana, por un montón de personas colaboradoras, y una hermosa olla de chocolate caliente que sólo le falta hablar, pues tú, que eres el Presidente de La Boronda, que es la que Asociación que invita al cotarro, te plantas cerca de la puerta para recibirlos y no sabes qué cara poner de puro placer. Te sientes orgulloso, hasta reventar, de quieres han preparado el acto, de los que llegan, por tandas porque no caben todos en el recinto y de lo hermosa que puede llegar a ser la vida si todos colaboramos en que lo sea, con una sonrisa en la cara y un chocolate con buñuelos como desayuno. No necesitamos ni un premio Nóbel de la Paz, ni nada que se le parezca. Si acaso que, el que lo necesite, se una al banquete y disfrute con nosotros.



         Que no me digan a mí que una secuencia semejante se puede comparar a unos cañonazos a unas lanchas, que llaman transportadoras de droga, allá por el caribe y un chorro de muertos como resultado, sin que nadie pueda corroborar si lo que dicen es verdad o son asesinatos impunes a la vista de todo el mundo. O que alguien tiene permiso, sin juicio previo, de entrar en Caracas, capital de Venezuela, secuestrar a su presidente, por más discutible que sea, que lo es, matar a sus escoltas con un arma que sólo ellos conocen, y llevárselo de su país secuestrado y afirmar a bombo y platillo que se van a quedar con su petróleo porque tienen la mayor reserva del mundo y ellos lo quieren. O mirar a Groenlandia, aunque, podría llamarse Islandia por el mismo precio, y decir que la quieren tomar, por las buenas o por las malas. Y quedarse tan frescos. O pasarse por Minnesota y cargarse a dos de sus ciudadanos a tiro limpio y su presidente afirmar que eran un peligro público cuando todo el mundo ha visto dos asesinatos como dos castillos de grandes.



         La vida también puede ser reunirse un grupo de amigos por Zum, para hablar de sus cosas y quejarse de que faltan dos, que nunca entran, hasta que se dan cuenta de que no conocen el intríngulis de la reunión, por más que los que participan se sientan tan panchos discutiendo de esto y de lo otro. Y estamos hablando de amigos todos. Sencillamente que cada uno va a su bola y cuesta trabajo pensar que, si dos no se incorporan, pueden tener sus propias razones para no hacerlo. Algo tan simple como que no saben cómo hacerlo. Ahora que se ha descubierto el pastel, tengo la esperanza de que hayamos aprendido y encontremos la manera de incluirnos todos en el grupo, porque la voluntad no falta. Solo hay que abrir un poco más los ojos y afinar la visión.

         O salir un día de tu pueblo, encontrarte un entierro normal y corriente, que te hace parar para respetar la comitiva. Mientras permites que pase el coche de la funeraria, con el ataúd dentro y los familiares y amigos del difunto, tú, desde dentro de tu coche esperando, puedes pensar en la diferencia entre unas muertes y otras. Hay muertes más o menos conformes como esta que estás contemplando de José Luis, que has conocido de toda la vida y otras, en cambio, que para qué vamos a hablar.



         Me quedo con el chocolate con buñuelos, placer sencillo donde los haya, al alcance de cualquiera aunque toda la noche precedente estuviera lloviendo, que hasta tuvo la gracia de salir el sol y brindarnos su luz, para que el acontecimiento que me tiene encantado todavía, luciera en todo su esplendor. No necesitamos ninguna María Corina Machado que nos obsequie con su medalla enmarcada de Nóbel, a sabiendas de que se lo concedieron a ella en exclusiva y no tenía derecho a regalárselo a nadie. Viva la gente que no necesita salir en ninguna foto para gozar y viva un buen chocolate con buñuelos compartido por la mañana.         




No hay comentarios:

Publicar un comentario