Hace
unos días podríamos haber cerrado las ventanas del tiempo, haríamos caja, con
un trimestre utilizado y con tres cuartos pendientes de suceder todavía. Pues
tenemos desagües en los embalses de agua dulce para dar y tomar. La última borrasca
que nos ha regado, a base de bien, hasta en Canarias, a la que no le falta agua
para su consumo porque se abastece de sus desaladoras. Esta es la hora en que
sus testimoniales embalses, tradicionalmente secos o casi, se encuentran
también hasta los topes y aliviando por lo que pueda llegar todavía. Este año
hemos cumplido con nota. Tranquilamente podemos cerrar las varas de medir y
dormir tranquilos. No sé qué dios de las nubes se nos ha reconciliado y nos
ofrece sus deberes con colmo cuando nos queda más de la mitad de las
posibilidades hidrológicas pendientes. Como tenemos tan mala memoria, cuando
nos vuelvan las sequías, que llegarán como siempre, seguro que habremos
olvidado ya todo este feliz hartazgo del que estamos invadidos, que parece una
epidemia, cuando no pasa de ser una simple rareza.
Hemos
cubierto, incluso, todo el drama semanasantero, lloriqueando por aquí y por allá
cuando las procesiones no pueden ocupar las calles como querrían los capillitas
porque, con lo poderoso que es dios nuestro señor, se muestra incapaz de
respetar las horas reservadas a la ocupación de las vías públicas cuando les
conviene a los dueños y señores de una confesión religiosa que tradicionalmente
se queja de que le falta espacio para mostrarnos la verdad de sus creencias,
como si fueran los únicos que tienes derecho a ello. Este año espero que no se
quejen porque hasta hoy, que es el último día que el calendario les reserva en
exclusiva, lo tienen garantizado, visto el sol radiante que se nos ha
presentado como colofón. No diré que los que no participamos de tanta
escenografía pública estemos sometidos, que lo estamos, sin duda. Lo que sí
afirmo es que, hasta la propia RTVE tan roja que, según algunos la quieren
quemar con lanzallamas, nos ha cubierto de procesiones, de la mañana a la
noche, al menos con el buen gusto de mostrar la amplitud de puntos de esta piel
de toro de nuestras entretelas.
Los
que andamos de vuelta de casi todo en materia religiosa hemos sufrido, y
seguimos en ello, este drama de la guerra que no cesa, ¡NO A LA GUERRA!. Alguno de ellos ya va buscando hasta imponer su
nombre propio al universal Estrecho de Ormuz, a ver si con eso satisface en
alguna medida sus ansias de ego, que, al parecer, andan muy necesitadas. Por
unas horas no podremos ofrecer los millones de estadounidenses que ocuparán las
calles de su país al grito de ¡NOW KING!,
que es la forma en que ha cristalizado, por fin, la protesta de las calles en
EEUU. Con las diferencias horarias en que vivimos con ellos, las noticias de su
amplitud las conoceremos en las noticias de la tarde y noche. Promete ser
masiva y muchos en el mundo, entre los que me cuento, podremos ensanchar
nuestro espíritu, sabiendo que la vida se termina imponiendo por encima de esta
muerte y de la destrucción que nos han impuesto. El dicho popular afirma que nos mean encima y nos quieren hacer creer que
llueve.
Voy a
gozar de este fresquito y maravilloso día de abril que se ha abierto para todos
en el contexto en el que yo me muevo y desde aquí envío mi dolor y mi protesta
solidaria a los que tienen que soportar la injusticia que a veces se pasea por
este mundo, ignorando que es de todos. Quiero cerrar con una frase de uno de
los astronautas que ha visto nuestro planeta mientras vuela camino de la luna y
afirma que ha visto un solo pueblo. Siempre fuimos un solo pueblo y nadie,
dentro de él, puede ser ilegal.


