Hola desde Minneapolis, Antonio
Buenos días, aún de noche, por aquí. Estamos trabajando en Minneapolis, la ciudad que se ha convertido en la zona cero del horror de ICE, los matones de Trump. Quiero empezar hablándote de alguien que solo tiene 11 años y es ya un símbolo en este país. El lunes íbamos patrullando con los voluntarios que avisan de la presencia del ICE y de repente la coordinadora Mayra recibió un mensaje. Una madre había sido detenida al ir al trabajo. Mayra organizó su red para conseguir hablar con ella. Llamó a su móvil y ¡lo cogió un agente de ICE!.
Mayra puso el altavoz. De fondo se escuchaba el llanto de esa mamá que solo les pedía poder saber qué iba a pasar con su niña. Había salido corriendo. Esa llamada se cortó y nos pusimos a buscar con Mayra a la niña. Unas horas después la encontramos. Había salido corriendo con los papeles escondidos en el abrigo. Una carpeta azul que tenía con ella cuando la localizamos. Temblando de frío y con un llanto desconsolado que no vamos a olvidar nunca. Se llama Yoselyn. Tuvimos que llevarla escondida a otra casa porque los voluntarios (vecinos que se dedican a ayudar) temen que se la lleven detenida como a la mamá, Marisol. No sería la primera. No será la última.
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