Seguidores

domingo, 28 de diciembre de 2025

Y EL SOLSTICIO, QUÉ

  


         Hago mía la pregunta, El comentario de la semana pasada era cuando venía al pelo y estaba en mi mente tratar el tema pero, aparte de la iniciativa de este humilde autor, el mundo sigue girando y creo que debemos estar al loro para que no se nos pasen secuencias que consideremos de interés. La peripecia de Mónica Oltra, sin duda lo es, mucho más si la firma Ignacio Escolar, Director de el Diario.es. La dimensión me pareció un poco larga, pero muy profusa de datos y rigurosa. Me pareció oportuna y decidí dejar para hoy el solsticio de invierno, que todavía colea. El tema de Mónica Oltra, como el de Victoria Rossel en su momento, o el de Demetrio Madrid, hace más tiempo, los seguí con especial dolor por lo injustos que fueron y porque quienes los promovieron lo sabían desde el principio y quisieron hacerlos con esa crueldad, hasta que los años terminaron poniendo las cosas en su sitio, aunque, de paso, se cargaron sus carreras políticas, que era la verdadera intención desde el principio, aunque no son completamente idénticos.



         Recuerdo que hace seis meses ya defendimos, cuando el solsticio de verano, la conveniencia de anular los cambios horarios en beneficio de los mayores tiempos de luz y del contrasentido de que un asunto tan claro y con tanta opinión ciudadana respaldándolo, no hubiera modo de resolverlo y permaneciera en el tiempo, años y años, solo por joder la marrana. En ese sentido, mi experiencia con este de invierno, siempre me invita a la esperanza. Ya que nos hemos adaptado a vivir de noche desde las seis de la tarde, iniciamos de nuevo la conquista de la luz, aunque necesariamente tenga que ser minuto a minuto. En mis años de docente, recuerdo que desde el final de las vacaciones de Navidad, ya,  percibía, a simple vista la ganancia de luz  y hasta el color del día me resultaba estimulante, a sabiendas de que el proceso sería largo y no culminaría hasta el 21 de junio. Lo que me sigue pareciendo censurable es todo este cambio, de carácter administrativo, en vez de fijar lo que la gente prefiere, de manera ampliamente mayoritaria, para siempre.



         Ya sé que los solsticios, tanto este de invierno como el de verano en junio, son los finales y los cambios horarios se reservan para los equinoccios, bien de primavera como de otoño más o menos, pero mi insistencia en la molestia social permanente que se repite y se repite sin que haya una razón de peso que lo justifique, quiero que esté presente, como testimonio contra la indiferencia. Recuerdo que una de las veces argüí el chascarrillo que aprendí haciendo la mili sobre la guardia que se había consagrado en un banco del cuartel hasta que a alguien se le ocurrió investigar la verdadera razón de aquel aparente sinsentido y averiguó que todo venía de una orden de un coronel que propuso una guardia en el banco, sencillamente porque acababan de pintarlo y pensó que alguien podía vigilar, mientras se secaba la pintura, para que nadie se sentara. Resulta ridículo asumir molestias tan absurdas como los cambios de hora o similares y ver que el tiempo pasa y no hay manera de deshacer una costumbre sin argumentos de profundidad que la sustente.



         No sé si viviré para el próximo solsticio, porque ya va teniendo uno una edad, pero si llego, espero no haber cambiado mi costumbre tradicional de tener la cabeza más dura que una piedra y seguir denunciando todo aquello que hacemos y que nos hace la vida un poco más incómoda. Ya tiene el devenir cotidiano dificultades e inconveniencias suficientes para la vida no resulte demasiado agradable demasiadas veces. Razón de más para interesarnos en lo que nos pueda incordiar y, en la medida de lo posible, si podemos hacernos la vida más fácil, merezca la pena intentarlo.



sábado, 20 de diciembre de 2025

EL MARTIRIO DE MÓNICA OLTRA

 

 

 



Ignacio Escolar  Director del DIARIO

“Nadie debe ser juzgado sin que exista un solo indicio racional de criminalidad”, dice el juez Vicente Ríos. Y según su criterio, aquí no los hay. Ana María Lillo, la jueza sustituta de Ríos, comparte el argumento y ha vuelto a archivar la causa contra Mónica Oltra, acusada por la ultraderecha de encubrir abusos sexuales de su exmarido en un centro de menores tutelados. Un proceso penal que forzó su dimisión como vicepresidenta de la Generalitat Valenciana. La destrucción de su carrera política es una de las claves para explicar cómo llegó a la presidencia el nefasto Carlos Mazón. 

“Los hechos investigados no son constitutivos de infracción penal alguna”, sostiene el fiscal, que también es muy contundente en su petición de archivar. Pese a todo, aún no ha terminado este proceso judicial. Tampoco tiene pinta de que este vaya a ser el punto final. Lo más probable es que la sección cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia revoque este tercer archivo y reabra otra vez esta pesadilla judicial. A pesar de la falta de pruebas, me temo que Mónica Oltra se acabará sentando en el banquillo de los acusados dentro de un par de años. Probablemente será absuelta. Para entonces, ya dará igual. 

Es un ejemplo casi perfecto de ‘lawfare’. Porque la regla número uno de este tipo de persecución política en los tribunales es que no importa el resultado: solo el proceso. Cuanto más dure, mejor. Lo de menos es la condena. La imputación, por sí sola, sirve para hundir cualquier reputación. 

Pero vayamos a los hechos. El exmarido de Oltra, Luis R. I., trabajaba como educador social en un centro de menores tutelados por la Generalitat Valenciana. Una de ellas le denunció en 2017 por abusos sexuales: la víctima entonces tenía 14 años. Ha acabado condenado a cinco años de cárcel. El Tribunal Supremo confirmó la sentencia en 2023. Hoy está encerrado en prisión. 

Quien impulsó como abogado la denuncia de esa menor en los juzgados fue José Luis Roberto, un trabajo que asegura que ejerció “de manera gratuita”. Es un conocido líder de la ultraderecha que fue secretario general de la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne –los prostíbulos, por aclarar el eufemismo– y presidente del partido neofascista España 2000. 

Además de José Luis Roberto, formó parte de la acusación la agitadora ultra Cristina Seguí: cofundadora de Vox en Valencia, condenada por humillar a una niña víctima de violación. Ambos aprovecharon ese caso de abusos sexuales para atacar a Mónica Oltra y forzar la apertura de una segunda causa, a la que más tarde se sumó Vox. Es evidente que, si el acusado no hubiera sido su exmarido, jamás habrían aparecido por allí.

“Me la voy a follar sin tocarle un pelo”, llegó a tuitear Roberto, con la bravuconería habitual del fascismo. La jugada le salió: consiguió extender el caso hasta la Conselleria que dirigía Mónica Oltra, la de Igualdad y Políticas Inclusivas, responsable de la supervisión de esos centros de menores.

El 1 de abril de 2022, Oltra fue imputada. Dimitió dos meses después. 

El juez de instrucción que investigó las querellas contra Oltra fue Vicente Ríos, un magistrado riguroso y progresista, conocido por su contundente investigación del caso Emarsa, uno de los grandes escándalos de corrupción del PP valenciano.

Con el respaldo de la Fiscalía, en 2022 Vicente Ríos entendió que había indicios “racionales, serios y fundados” para pedir la imputación de Oltra, con el fin de investigar su posible responsabilidad. Basó esa decisión en la orden de la Conselleria de abrir un expediente informativo cuando ya estaba en marcha una investigación judicial –un expediente que cuestionaba la credibilidad de la menor–. Su sospecha era que Oltra había intentado obstaculizar la denuncia contra su ex.

Ese mismo juez de instrucción fue también quien tomó declaración como imputada a Mónica Oltra. Después de escucharla, de oír a otros testigos y de revisar correos y documentación, Vicente Ríos llegó a la conclusión de que Oltra era inocente.

El 2 de abril de 2024, este juez archivó la causa. Según su criterio, algunas de las decisiones que se tomaron en la Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas fueron “desacertadas”, “inútiles” o “redundantes” –como abrir ese expediente interno cuando la Fiscalía de Menores ya había abierto diligencias–. Fue una gestión mejorable, pero no delictiva, concluyó Ríos. Y añadió que no existe prueba alguna de que Mónica Oltra diera instrucciones a su equipo para torpedear esa denuncia.

El auto de archivo del juez Vicente Ríos –96 páginas– era profuso en detalles y argumentos, y de un alto nivel jurídico. Tenía, además, la credibilidad de proceder del mismo magistrado que había pedido la imputación de Oltra. Tras una investigación de dos años, el juez llegó a la conclusión de que la acusada era inocente y de que no existía prueba ni indicio alguno, ni siquiera, para llevarla al banquillo.

En circunstancias normales, el martirio de Oltra habría terminado aquí. Pero esta nunca ha sido una causa normal.

Las acusaciones ultras recurrieron el archivo. Y en junio de 2024, la Audiencia Provincial de Valencia ordenó al juez Vicente Ríos reabrir la investigación. Lo hicieron en un auto de escasos seis folios, en el que ignoraron los argumentos de Ríos y ni siquiera se molestaron en rebatirlos.

Vicente Ríos cumplió esa orden y reabrió la investigación “por imperativo legal”, como hizo constar en ese auto; acatando la orden pero sin compartir el criterio. La instrucción se prolongó un año más y, en junio de 2025, Ríos la volvió a archivar. De nuevo, el juez insistió en que no existe “absolutamente ningún indicio” para llevar a juicio a Oltra. Es el mismo criterio que comparte la Fiscalía.

Las acusaciones recurrieron. Y quien ha decidido volver a archivar es otra jueza, Ana María Lillo, que está de suplente en el juzgado de Vicente Ríos –actualmente de baja laboral–.

Tras el sobreseimiento de esta jueza, lo siguiente está casi escrito. Las acusaciones volverán a la Audiencia Provincial, que muy probablemente insistirá en sentar a Mónica Oltra en el banquillo de los acusados: contra el criterio de la Fiscalía y de dos jueces de instrucción.

Esto, simple y llanamente, es una gran anomalía. No es moneda corriente en otros procedimientos judiciales. Y todo se entiende mejor cuando se sabe quién preside la sección cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia, que es la que ordenó reabrir la causa. 

Este juez, clave en esta historia, se llama Pedro Castellano. Es un miembro destacado de la conservadora Asociación Profesional de la Magistratura. En 2009, los vocales nombrados por el PP en el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) intentaron ascenderle a presidente del Tribunal Superior de Justicia de Valencia –el que decide sobre los aforados autonómicos–, un nombramiento que impidió Margarita Robles, entonces vocal del CGPJ. 

Castellano fue presidente de la Audiencia de Valencia y hoy preside la sección cuarta, la misma que dictó la polémica resolución que libró a 49 asesores y concejales del PP del caso Taula por el “pitufeo” de billetes de 500 euros para financiar ilegalmente una campaña de Rita Barberá. Según el singular criterio de este tribunal, no es lo mismo “dinero negro” que “dinero sucio”, y por tanto no había nada delictivo en recibir del PP dos billetes de 500 euros y volver a aportarlos al partido como supuesta donación personal. 

Esa misma sección de la Audiencia Provincial que preside Castellano fue también la que libró al PP de Valencia de otra derivada del caso Taula: la presunta financiación ilegal. Argumentaron que “no se sabe de dónde viene el dinero”, y que “bien podría ser una donación puntual”; 50.000 euros en una cuenta opaca del PP de Valencia.

La sección cuarta es también la que juzgó a Eduardo Zaplana por corrupción. En 2024, el exministro de Aznar fue condenado a diez años de cárcel, pero el tribunal decidió que por ahora siga en libertad, por no apreciar riesgo de fuga y porque la sentencia aún no es firme. La Fiscalía Anticorrupción se opuso a esta decisión.

El teléfono del despacho de Pedro Castellano apareció en una agenda telefónica en papel que la UCO incautó de la casa de la familia Barberá –probablemente pertenecía a la exalcaldesa de Valencia– durante uno de los registros del caso Azud. El resto de los teléfonos de esa agenda manuscrita eran una auténtica demostración de poder: en ella figuraban varios otros magistrados de la cúpula judicial valenciana

Una de las conexiones clave es la de Fernando de Rosa. Expresidente de la Audiencia Provincial de Valencia. Exvicepresidente y presidente en funciones del CGPJ, donde llegó nombrado por el PP. Conseller de Justicia con Francisco Camps. Senador y hoy diputado del Partido Popular.

En la agenda manuscrita encontrada en casa de Barberá no venía el nombre de Fernando de Rosa. Sí figuraba el móvil de su hermano, Alberto de Rosa, que ha sido durante años uno de los principales responsables de Ribera Salud, la empresa de la sanidad privada que gestionaba el polémico Hospital de Alzira, que el gobierno progresista del Botànic ordenó revertir. 

Aquella decisión del gobierno de Ximo Puig y Mónica Oltra salió muy cara a Ribera Salud –una empresa hoy de plena actualidad por su polémica gestión del Hospital de Torrejón, en Madrid–. Y Oltra después acusó a la familia De Rosa de estar detrás de su proceso judicial.

Había datos para sostener su acusación. La foto de un encuentro entre Francisco Camps, Alberto de Rosa y Cristina Seguí, la activista ultra que promovió su acusación. O que Ribera Salud contratara a la víctima de los abusos del exmarido de Oltra, y a su pareja, en el hospital de Torrevieja. O el testimonio de esta mujer, tiempo después.

En septiembre de 2022, medio año más tarde de que Oltra fuera forzada a dimitir, la denunciante de los abusos dio una entrevista al diario Levante-EMV. “Siento que me han utilizado y luego me han dejado tirada”, aseguró. Según la joven, ya veinteañera, Cristina Seguí le prometió trabajo y un piso en Madrid, algo que luego no cumplió. El empleo en el hospital de Torrevieja duró poco: ella y su pareja fueron despedidos cuando la Generalitat Valenciana recuperó ese hospital y dejó de estar gestionado por Ribera Salud.

Hace un año, esta mujer fue condenada a un año y ocho meses de cárcel por una estafa en Internet.

¿Y Mónica Oltra? ¿Qué hace hoy? Tras verse obligada a dimitir, volvió a trabajar como abogada. Sigue colaborando con su coalición, Compromís, pero sin capacidad de volver a la primera línea política. Quien fuera una de las dirigentes con más tirón y mejor valoración de toda la izquierda hoy sigue en dique seco. A pesar de este sobreseimiento, si la Audiencia Provincial fuerza el juicio, no podrá librarse de la mancha de este proceso penal hasta 2028. 

Como pronto, su martirio terminará seis años después de que fuera llamada a declarar. 

 


domingo, 14 de diciembre de 2025

HIJO DE MI TIEMPO

 


         Cuesta poco consultar el texto para corroborar el nivel de fragilidad y dependencia que nos movemos, tanto yo como lo de mi época. Hemos sido protagonistas de enormes cambios, casi imposibles de concebir con anterioridad y aquí no encontramos, nadando en mares desconocidos y dando manotazos como podemos, no digo ya para orientarnos sobre el mundo adecuado, cosa bastante fuera de nuestras posibilidades, sino el propósito mucho más discreto de mantenernos a flote y, a duras penas, dar carpetazo al día a día, confiados, en el mejor de los casos, de que el simple hecho de sobrevivir es una forma de aprendizaje, Es verdad que nadie dijo que vivir fuera fácil y nos sobran razones para comprobarlo a cada momento, pero tampoco dijo nadie que fuera imposible y eso nos permite navegar cada mañana y confiar en que se hace camino al andar o que mientras se baraja no se pierde. Sería engañoso dejar de lado que muchos miles de conciudadanos ponen el cartel de completo en la historia de sus vidas y toman la decisión de darle fin por su propia voluntad. No seré yo quien los censure.



         A lo que sí me atrevo es a decir que, con la misma legitimidad, estamos muchos otros que, hasta el momento, mantenemos la decisión de seguir en el camino, seguramente conscientes, ese es mi caso, de que nada está garantizado en cada día que amanece. Que cada mañana es un mundo y que el hecho de asumir cada jornada como propia y cargar con ella no es un juego de niños ni una apuesta al buen tumtum sino una decisión laboriosa y consciente en cuyo transcurso no sabemos qué no vamos a encontrar. Y detrás de cualquier esquina nos espera, desde el gozo más sorpresivo que nos lleva a considerar que la vida vale la pena, sin la menor sombra de duda, a tener que enfrentarnos a cualquier duda cruel, cosa que forma parte del mismo hecho de vivir y hasta de un punto de desesperación que nos corta el camino porque no encontramos fuerzas para sortear el beche y se impone el final sin comerlo ni beberlo. Ninguna de estas opciones dejan de llamarse vida, siendo tan distintas una de otra.



         Sería una señal de sensatez que en cualquiera de las situaciones que por las que atravesemos sepamos asumirlas como partes de un todo posible. Podemos reaccionar de maneras muy diversas y todas son perfectamente respetables pero, la que considero más respetable, es la de consideras que todas forman parte de la normalidad, que todas se encuentran a nuestro alcance y que ninguna se va a materializar sin nuestro concurso. Es más, nuestra intervención es imprescindible para que la decisión, sea la que sea, se materialice y dejaría en este relato una reserva sobre la mejor o peor respetabilidad entre una u otra porque mis dotes de juicio no llegan tan lejos. Prefiero aceptar cualquier respuesta como válida, puesto que es posible y me consta que no van a faltar personas e instituciones que se atreven a decirnos en cada momento lo que debemos y no debemos hacer. No nos faltan errores manifiestos de decisiones judiciales, manifiestamente precipitadas, cuando no, directamente inclinadas en un sentido o en otro, en defensa de sus propios intereses.



         Es cierto que cada cual dispone de argumentos previos para considerarlo mejor dispuesto hacia la opción que mejor le cuadre. Asumir esta realidad no debería ser una mala premisa para cualquier análisis. Lo malo es cuando, unos u otros, partimos previamente, de encontrarnos en posesión de la verdad, y desde ese púlpito ventajista, intentar imponerlo a cualquiera que no seamos nosotros mismos. En cualquier dirección que miremos nos han de faltarnos ejemplos para considerar que, bien nosotros mismos o cualquiera de nuestros vecinos, hubiéramos quedado bastante más guapos, si antes de dejar caer el definitivo hachazo de la sentencia que llevemos entre manos, mantengamos en alto la palabra final, el dedo o el martillo, depende en cada caso y entendamos que ninguno somos un espíritu puro, libre de contaminaciones, para considerarnos en posesión de la verdad y capaces de imponerla al primero que se nos ponga delante.




domingo, 7 de diciembre de 2025

Y SUBÍ TAN ALTO TAN ALTO, QUE LLEGUÉ TAN BAJO TAN BAJO


         Ayer, a eso de las 5´30 de la mañana, como siempre, me coloqué frente al ordenador, dispuesto a meterme entre pecho y espalda, el libro correspondiente, de la larga lista que tengo pendientes habitualmente, en número de 20, más o menos. Como el ordenador no duerme, sino que sólo reposa yéndose a negro mientras yo concluyo el sueño, con la misma seguridad que cada mañana, pulso la tecla correspondiente en una burda imitación del ¡Hágase la luz! pero la luz se hizo indicándome que había un error. En el mismo instante se me cayeron los palos del sombrajo y me encontré de frágil náufrago en medio del ancho y cotidiano mar de la electrónica. Probé en los minutos siguientes el incipiente tanteo de teclas, seguro por completo de que me movía, no entre la duda sino en la casi completa ignorancia y sólo de chiripa podría lograr la normalidad tan deseada. Rápidamente me convencí de que no había tutía y que el habitual territorio hostil en el que me movía me demostraba, una vez más, que la solución que buscaba se encontraba fuera de mi alcance.



         Apenas iniciábamos una fiesta de tres días, un inmenso lago de inanición, antes de poder consultar la avería con Fran, mi vecino técnico en estas máquinas, del que estaba seguro de obtener la solución, ya que mi ignorancia sobre la materia en conflicto se encontraba completamente fuera de mi alcance y seguir mis tanteos me abocaban a complicar más la avería manifiesta. Desde las 5´30 de la mañana hasta las 4 de la tarde me llegó la solución de manos de Benja, el compañero de mi hija Elvira, que probó a base de tanteos pero con un nivel de conocimientos bastante superior al mío, lo que hubiera podido ser cruzar un inmenso desierto de lectura de tres días imposibles más una falta impepinable con mis amigos lectores de mi humilde Blog al que no he faltado hasta el momento ni una sola vez en sus 16 años de vida, sencillamente me llenaron de desolación, si bien no supuso novedad alguna porque soy muy consciente de mis limitaciones con este medio al que he entregado mi energía desde 1994.



         Cuando volví a ver la pantalla encenderse de nuevo con las imágenes habituales a las que accedo cuando tecleo reiniciar, cada vez que lo preciso, volví en mí, consciente de mi pequeñez para este medio y mi dependencia ante cualquier incidencia que se me atraviese en el camino. Rápidamente recordé el día del apagón, de hace unos meses, que en unos minutos tuvimos que adaptarnos todos a un mundo de oscuridad ilimitada, una vez que nos convencimos de que no sabíamos la dimensión de lo que nos había llenado, ni cuando nuestro mundo conocido volvería a estar a nuestro alcance. En ambos casos tuvimos que activar en tiempo record, un plan de adaptación a una realidad que nuestra vida diaria nos tiene casi olvidada y que, de pronto, una realidad inusual nos cubre de alguna forma de oscuridad desconocida y nos traslada al pasado y nos pone, por ejemplo, como fue mi caso el apagón de marras, sentado en el balconcito de mi casa, frente a la calle, con la mirada puesta en la gente que iba y venía por la calle, y dedicados en exclusiva al paso del tiempo.



         Algo parecido sucedió ayer, si bien atemperado porque disponía de electricidad y pude disfrutar de un hermoso concierto de percusión de la 2 de televisión, una alternativa aceptable ante semejante desamparo de lectura que ahora, una vez resuelto el incidente por el ardid de Benja, recupero el resuello de cada día y cuento a mis colegas más cercanos, el nivel de dependencia al que hemos llegado, sin que los conocimientos se correspondan con los retos que nuestros instrumentos cotidianos nos demandan. Solo podemos, si queremos mantener un aceptable nivel de equilibro y sensatez, que somos seres cada día más dependientes de otros y que sobrellevar esos grados de dependencia nos pueden aumentar nuestra humildad para sobrellevar la cantidad de posibilidades que la vida y el esfuerzo de todos ha sido capaz de poner en nuestras manos. Un día más, ¡gracias a la vida!.