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domingo, 20 de agosto de 2017

LÍQUIDO


         Cuando termine este ciclo de calor que espero que ya empiece a remitir, aunque sólo sea por las noches, habremos superado los treinta días con 40 grados o más. Desde que tengo memoria cada verano hemos tenido puntas de agobio en los que se han superado esas temperaturas. El cambio que se está produciendo es la persistencia del calor durante días y días. En esta tierra estamos acostumbrados a sobrevivir con esas puntas porque se trata de un calor seco y porque en general está el consuelo de la noche en que las temperaturas alcanzan los alrededores de los 20 y eso consuela mucho. Esas amplitudes térmicas tan acusadas hacen que el cuerpo no termine de acostumbrarse a vivir por encima de su temperatura natural durante tanto tiempo. Es verdad que los aparatos de aire acondicionado han venido a paliar en gran medida la sensación de desesperación que se vive cuando la temperatura no baja a intensidades más asumibles, pero también es cierto que no todo el mundo tiene acceso a esos medios.

         En el caso concreto de los pequeños, que son el motivo principal de nuestra atención, la particularidad estriba en que ellos no están pendientes para nada de si la temperatura sube o baja sino que se comportan en cada momento en función de las sensaciones que les va pidiendo el cuerpo y normalmente se  mueven mucho más de lo que sería conveniente. Por esta razón se hace imprescindible que sean los adultos a su cuidado los que deban estar pendientes de si en algún momento se desenvuelven adecuadamente o no según el ambiente que les rodea. Quizá en este sentido y para prevenir excesos que nos puedan dar un buen susto sería bueno que en estos días la presencia de los líquidos fuera permanente y estuviera en todo momento cerca de los pequeños. Eso no quiere decir que nos despreocupemos pensando que ya recurrirán los menores a los líquidos cuando los necesiten, porque esto no siempre se va a producir.

         Lo que sí quiere decir es que tenemos que estar pendientes para que beban agua con suficiente frecuencia como para que su agitado cuerpo disponga de líquidos de reserva y se evite en todo momento la temible deshidratación. Pero es importante que sea agua lo que ingieran y no cualquier otro refresco con suplementos de azúcar que no les quita la sed del mismo modo y que les hace ingerir aportes innecesarios de glucosa contribuyendo a una inadecuada alimentación y provocando obesidad en unas edades y en unas cantidades completamente inadecuadas. He detectado un anuncio muy en boga estos días que dice: Todos sabemos que hay que comer fruta cinco veces al día, pero como no tenemos tiempo podemos tomar en su lugar un buen vaso de este producto que tiene el mismo sabor que  la fruta. Lo que no dice, como es lógico es que con esa bebida se bebe mucho más azúcar que con una fruta entera y nada de la imprescindible fibra que la fruta lleva en su composición.


         Al mismo tiempo se hace conveniente la presencia del agua cerca de los pequeños para que puedan manipularla a placer. No necesariamente tiene que ser que estemos demasiado tiempo metidos en el agua. Lo que sí puede promoverse es que dispongan a la mano de cualquier recipiente que les permita mantenerse activos el tiempo que necesiten y cerca del líquido elemento, que les va a servir de regulador natural de la temperatura al tiempo que satisfacen su tendencia a la manipulación y al conocimiento de este elemento esencial de la vida. En los meses de invierno, al menos en estas latitudes, sólo se va a ver en el grifo y poco más. El líquido, por tanto, en una situación de temperaturas agobiantes como la que estamos pasando, se hace más importante que comer que, a fin de cuentas, con cuatro picoteos de aquí y de allá podemos resolver mientras el agua es la que nos va a proteger en mejores condiciones si mantenemos el contacto cercano con ella.

domingo, 13 de agosto de 2017

CRUDO


Hemos hablado otras veces de la conveniencia de que los pequeños, pese a pasarse más de dos meses de vacaciones, cosa que nos sigue  pareciendo claramente demasiado, dispongan durante ese tiempo sin reglar de algún tipo de orden en su vida para evitar que los días se los pasen de acá para allá sin encontrar ninguna forma de organización. Hemos llegado a sugerir y ahora insistimos de nuevo,  que  acercarlos a los productos de alimentación puede ser una buena excusa para hacer de su vida veraniega algo más que ver pasar el tiempo sin oficio ni beneficio. El criterio tiene la ventaja de que el proceso de alimentación tiene ocupaciones de interés para todas las horas del día. Desde la visita matinal al supermercado correspondiente o a la frutería de la esquina en la que nos vamos a proveer de los productos que consideremos necesarios para cada día, hasta la elaboración de las comidas que nos van a servir de sustento a la vez que nos ordenan la vida.

Hoy se insiste cada vez más en la conveniencia de alimentarnos con elementos crudos o a través  del mínimo proceso de elaboración con el fundamento de que llegan en mejores condiciones a nuestro proceso digestivo. Este criterio del cual participo por completo hace que todo el mundo de las ensaladas sea prioritario e imprescindible en nuestra alimentación. Hace más de 40 años que pusimos en marcha nuestra experiencia educativa en Granada y desde entonces no hemos dejado de proveer a los pequeños de un plato de ensalada como el primero del variado menú que venimos ofreciendo. Desde un hermoso de tomate pelado y picado con aceite y sal para que los que andan por el primer año vayan gozando del color y del sabor rojo, seguramente llevándoselo a la boca con sus propias manos, hasta los mayores de cinco años que se toman unas ensaladas que son verdaderas enciclopedias de alimentación en colores y en sabores.

Probablemente con este plato, que en todas las familias y sobre todo en verano debería ser el primero e imprescindible, tenemos al alcance de todos en su factura y en su consumición, al menos la mitad del cuadro alimenticio que necesitamos. Quizá falta por aclarar, porque ya estoy viendo algunas caras de escepticismo que no faltan en las personas que no están muy por la labor, hasta dónde alcanzan los niveles de rechazo de los más pequeños a determinados colores, olores y sabores. No les falta razón si de lo que estamos hablando es de experiencias nuevas porque es verdad que las novedades se digieren malamente al tenerlas que tragar sin conocimiento previo. Nuestra experiencia corroborada años tras año y generación tras generación que los alimentos que se van a ofrecer para ser digeridos sean previamente conocidos y manipulados por los pequeños desde el minuto uno acompañando a sus mayores en la tarea de la selección y compra hasta el aderezo y presentación de los platos a la hora de ofrecerlos en la mesa.


No sé si todos tendremos experiencias suficientes como las que estoy sugiriendo como propuesta para ordenar en alguna medida la vida de los más pequeños en los tiempos de veranos más alejados del orden escolar. Si es así, mejor para nosotros. Pero si, como me temo, todo esto que sugiero nos sonara a chino a más de cuatro sería una inmejorable ocasión para que, con el conqui de educar a lo más pequeños, encontremos los demás una  excusa razonable para alimentarnos con criterios más aceptables que los que habitualmente usamos, que muchas veces no nos separamos apenas de la sartén de los fritos en sus diversas variables, que no dijo yo que no estén sabrosos sus resultados en pescados, en carnes o en lo que quiera que sea. Ya sé que nos hemos educado en esa cultura y que es la primera inclinación que se nos viene a la mente, pero sí digo que este estilo de alimentación que propongo puede ser general, educativa  y mucho más digestiva  que la tradicional. ¡Total…, por probar…  ¡

domingo, 6 de agosto de 2017

FLOTAR


         No sé si hay muchas personas que hayan decidido leer lo que aquí se escribe y a la vez paseado a pleno sol de 45 grados. Por el Camino de Ronda en plena capital de Granada entre las cinco y las seis de la tarde con mi hija Elvira nos hemos visto levantando los brazos como si flotáramos, como si fuéramos en una nube que debe ser la imaginación quien la crea y quien decide que podemos pensar en levantar el vuelo mientras llegamos a la cafetería del barrio donde nos van a recibir con un maravilloso café y montañas de hielo que nos aten al suelo de la tarde. No se tarda mucho rato en cubrir la secuencia completa, quizá sólo el imprescindible para recordar amistades que en Las Palmas puedan estar tocando el Sáhara con sólo extender los dedos y para colmo pueden llamarse Nieves como final del contubernio. Todo eso puede dar de sí la vida en un momento.

         Con los pequeños se puede vivir del mismo modo pero es más difícil de explicar si uno no se separa un poco de la vivencia. Los pequeños viven con el cuerpo y con el alma. Sus vivencias tienen todo el valor porque no dejan ni un átomo de su integralidad sin poner en funcionamiento. Son vivencias de cuerpo entero. Por eso quizá lo que más conviene para pasar estas sensaciones tórridas del verdadero golfo del verano, que va del 15 de Julio al 15 de Agosto en donde las noches empiezan a consolar los sueños, agosto frío en rostro, es un buen recipiente con unos litros de agua para manipular a placer y un espacio suficiente como para no tener que andar dando la lata mojando suelos que luego necesiten secarse para que el resto de la familia se solace. Un buen patio puede valer, un lugar de arena cerca de la vivienda, la misma playa si la sombra cubre mientras la siesta les ha cubierto con su manto de sueño y ahora les permite un buen rato de húmedo juego.

         Tengo en el recuerdo muy vivo la primera vez que me vi cubierto de agua hasta el cuello, alrededor de los diez años. Iba con un grupo y hube de hacer de tripas corazón para que no se me notara la angustia del ahogamiento y los ojos que se me salían de las cuencas, sencillamente porque nunca había experimentado la sensación de flotar en el agua, un medio en el que, como se sabe, un cuerpo pesa mucho menos que fuera de ella. Sé que aquella sensación de ahogo la experimenté bastante más tarde de lo que hubiera sido conveniente pero la angustia es la misma y cualquier pequeño que con esa alegría es metido y sacado por sus familiares en plan de gracia, la está viviendo con toda su intensidad. A flotar también se aprende como se aprende a casi todo en esta vida. Lo que deseo insistir siempre es que muchas cosas son posibles pero que aprenderlas necesitan un tiempo y un cuidado porque hay mucha diferencia en aprender a flotar abrazado a un ser querido que a que te suelten en el agua completamente solo porque quien debe cuidarte ha decidido que todo el mundo flota sólo y que hay que soltar el miedo cuanto antes y mejor de golpe.


         Las primeras experiencias tienen siempre un valor emblemático que se queda impreso en nuestro recuerdo para siempre. A mí no se me olvidará aquella primera sensación de opresión en mi cuerpo y mi gesto desesperado que no sé si alguien vio pero es importante que las sensaciones básicas se produzcan en buenas condiciones. No tiene nada que ver el que aprendamos a flotar amorosamente y en brazos de alguien en quien confiamos a que nos suelten en el agua sin más y tenga que ser la propia desesperación la que nos impulse a flotar por puro instinto aprendiendo en un instante que no podemos confiar en nadie y valernos por nosotros mismos porque cualquiera que no seamos nosotros mismos es nuestro enemigo o le importamos muy poco y no mueve un dedo para facilitarnos la vida.

domingo, 30 de julio de 2017

DRAMAS


         En verano flaquean las noticias y hay que cubrir los minutos reservados a los informativos como sea. Ofrecer secuencias de la vida, profundizar en ellas y tratar de encontrar las claves de por qué se producen del modo en que lo hacen parece que no es noticia. Que un perro ha mordido a una persona no es noticia. Que una persona ha mordido a un perro sí. Situaciones tan normales como que en verano hace calor se convierten en noticia estrella. O que una granizada inunde las calles de una localidad. Hay que encontrar las chispa  que supone el récor desde sabe dios los años. No sé dónde está la gracia de que en verano hace calor o en invierno frío, pero si lo adornas con gráficos comparativos, lo explicas con entonaciones de alarma y lo decoras con entrevistas a vecinos que  no tienen inconveniente por un minuto de gloria en exagerar lo que han visto o recordar lo que sucedía cuando eran pequeños ya podemos rellenar los minutos.

         Los ahogamientos suele ser un material recurrente por la enorme cantidad de personas que en verano pasan horas y horas cerca del agua como ha terminado por ser costumbre imprescindible. O las dichosas piscinas familiares en las que suelen encontrarse cuerpos de pequeños flotando y que a todos hay que encontrarles un punto inexplicable para captar la atención del espectador. O los descuidos de familias que se reúnen para cualquier celebración y que en un momento determinado, como ha pasado hace unos días en un pueblo de Málaga,  una niña de tres años se aleja bien para huir del ruido, bien para saber qué hay detrás de lo que tiene delante de sus ojos o sabe dios por qué razón, lo cierto es que empieza a andar por la vía del tren sin que nadie se diera cuenta, los periódicos dicen que hasta unos minutos, pasados los cuales empezó la infructuosa búsqueda.

         Llegó a alejarse hasta cuatro kilómetros y cuando se sintió agotada, sencillamente se echó en el suelo y se quedó completamente dormida en plena vía. El primer tren de la mañana le pasó por encima y todo podría haber terminado ahí, pero parece que la pequeña, al despertar con el ruido levantó la cabeza y recibió un fuerte golpe con los bajos del tren que la dejó en el sitio. Mientras tanto su familia y los vecinos buscándola por todos los sitios posibles y barruntando todo tipo de peligros, todos posibles por supuesto, pero que al final no condujeron a su localización. Y cuando la contundencia de la evidencia les ha ofrecido una bofetada de realidad con una secuencia tan cruel pero tan sencilla, parece imposible tragársela en toda su crudeza y lo último que queda como incógnita es que cómo una niña de tres años ha podido en plena noche andar hasta cuatro kilómetros y quedarse dormida tan tranquila, una vez que se vio agotada y que no localizaba a los suyos, que es lo que estaría buscando con creciente desesperación.


         El entierro era digno de ver. Los ramos de flores blancas hacían cola. Parece como si los allegados necesitaran justificar su afecto ante un hecho que nos ha dejado a todos en evidencia. Después del conejo ido, palos a la madriguera. Comprendo que no es políticamente correcto pero aparte del sentimiento y del silencio dolorido no creo que haya nada más explícito para manifestar el dolor y la impotencia ante un hecho que, como casi todos los dramas de la vida cotidiana, pudo ser evitado si todo hubiera sido de otra manera pero que no lo fue y que en ese caso sólo queda llorar la pérdida inocente y, si fuera posible, aprender para que en otra ocasión nos demos cuenta de que los pequeños hay cosas que no controlan pero que tienen más capacidad de lo que pensamos para tomar iniciativas por su cuenta, capaces de poner en riesgo sus vidas y perderlas buscando a sus familias.

domingo, 23 de julio de 2017

ADAPTACIÓN


         Le dedico esta página a Nieves, mi amiga, a cambio de una sonrisa.

         Mi Elvira juega con su sobrina África, que es su pasión,  y pretende obtener fotos con fondos de caras preparados de antemano. África, de tres años recién cumplidos le dice a su tía: “-Vamos a poner caras glasiosas”. Y la secuencia sigue como si nada. Yo,  que sigo la historia lo más anónimo que puedo no sé dónde meterse para permitir que la secuencia transcurra con la mayor naturalidad posible reprimiendo la reacción primera, que  suele ser la de empezar a comer niña por donde esté más cerca,  en manifestaciones afectivas quizá no muy ortodoxas pero que se mantienen en mí, yo creo que para siempre, provenientes por vía directa de mi exagerada madre y que ya a mi edad, cómo voy a intentar cambiar si es poco menos que imposible.

         La secuencia me parece es una muestra suficientemente gráfica para darnos cuenta de que tres años pueden ser suficientes, y de hecho lo son, para que una persona tenga conciencia de que según el momento que esté pasando, la persona con quién lo viva y el contexto en el que se produzca conviene comportarse de una manera o de otra. Mi asombro todavía no ha decaído desde que conocí  por las estadísticas científicas que hacia los tres años una persona ya ha desarrollado más o menos el 50 por ciento de sus capacidades. Independientemente de que sean unos puntos por arriba o por abajo, lo que parece innegable es que no echamos muchas cuentas a los más pequeños e intentamos vivir como si fueran una especie de muñecos que manipulamos a nuestro antojo o a nuestra conveniencia cuando la verdad es que esa persona se está definiendo en casi todas las posibilidades evolutivas de que dispone sin que  nos demos cuenta apenas, para bien y para mal, según los casos.

         Ante esta realidad que me parece incontestable a la vista de mi propia experiencia, lo único que se me ocurre es promover una actitud por parte de las personas mayores hacia los que vienen creciendo de máximo respeto a sus modos y maneras de manifestación y de relación porque en realidad lo que hacen en cada momento es adaptarse lo mejor que pueden y saben a los múltiples retos que la vida les pone por delante en su relación con las personas más cercanas y  con las particularidades a través de las que tienen que sacar adelante su propio desarrollo personal. Estoy seguro que la secuencia con la que hemos empezado se va a ver favorecida o perjudicada en función de la reacción que la niña vea en los adultos que la rodean y que son la fuerza con la que cuenta para afianzar sus descubrimientos. Nosotros no tenemos por qué darnos cuenta pero ella irá mirando en todo momento nuestra reacción a lo que dice y el resultado la llevará a abandonar su hallazgo si no lo ve favorecido por el contexto o a afianzarlo si se da cuenta de que quienes la rodean la apoyan en lo que acaba de descubrir.


         Dos lecciones pienso que no debemos olvidar para enfrentarnos con el aprendizaje. Por una parte entender de una vez por todas que en los primeros años se dirime el grueso de nuestra formación de las estructuras básicas del comportamiento que nos va a acompañar en nuestra vida posterior y por otra que al mismo tiempo, la naturaleza viene dispuesta de tal modo que nunca jamás cierra la puerta de nuestra capacidad de aprender, por lo que  necesitamos ser diligentes y favorecer las posibilidades de los pequeños en sus primeros años y también confiar en que nada es imposible y que siempre disponemos de capacidades para adaptarnos a nuevas situaciones porque nuestras posibilidades de aprendizaje están abiertas para todos hasta el último momento de nuestra vida.

domingo, 16 de julio de 2017

COLONIAS


         Si la memoria no te falla no tienes más que cerrar los ojos y te aparecen al momento estampas de ayer que quieras evocar. Tú pensarás que son fidedignas cuando seguramente el recuerdo lleva dentro toda la deformación que da la distancia, de modo que más que un recuerdo muchas veces lo que evocamos es un sueño, pero eso es otra historia. Cuando propusimos la comida en la escuela partimos de un déficit alimentario en proteínas, por lo que decidimos que el primer plato sería el filete, el pescado o el huevo. Con el tiempo de vacaciones pasó algo parecido. A los pequeños les faltaba espacio libre y sobre todo de playa donde pudieran convivir y bañarse a placer. De ahí nacieron las Colonias que a muchas familias teníamos que aclararles que no se trataba de ningún agua de olor para echarles a los pequeños, que eso era otra cosa.
Calahonda. La escuela está junto a la iglesia

         Nuestro primer destino fue Calahonda, sencillamente porque nuestra amiga monja Maricruz dirigía una Escuela Infantil en ese pueblo en primerísima línea de playa, a la misma altura que los chiringuitos. Era salir de la casa y estabas en el agua. Parecerá mentira pero el personal que llevaba trabajando todo el curso era el mismo que se ofrecía a sacar adelante el sobreesfuerzo de vivir con los pequeños una semana en la playa con toda tranquilidad. Es verdad que aquello tenía como experiencia un cierto aire de novedad porque los menores de 6 años hasta entonces apenas habían salido de las faldas de sus madres. Todos asumíamos la experiencia como propia, como experimental y como novedosa. Un reto, vamos. Uno más de los muchos que íbamos asumiendo en la forma de vida que proponíamos para los pequeños. Las familias, una vez que habían decidido compartir nuestra aventura de vida con nosotros no tenían inconveniente en confiarnos a sus pequeños también en el verano.
La playa desde el patio de la Escuela Infantil


         Mejor que explicaciones he localizado el folleto que hicimos sobre la experiencia y os muestro una muestra pensando que tendrá más valor que mis palabras.  








domingo, 9 de julio de 2017

FRACASO


         Estoy seguro de haberlo contado aquí porque significó una lección que no he podido olvidar desde 1979 que sucedió y ha sido referente en mis cursos muchas veces. Era una visita de un niño de ocho años, no recuerdo bien si de motu propio o como acompañante. Su cara era un poema que me hizo preguntarle por las notas de fin de curso y me dijo que muy malas. Le pregunté que qué sabía hacer y  me dijo que era un hacha arreglando coches porque se pasaba mucho tiempo en el taller de su padre.
– Si te hubieran examinado de arreglar coches, qué tal.
– ¡No veas! ¡Seguro que sobresaliente!
Y no hubo más. Tampoco quise profundizar en el tema pero me quedó claro que la escuela que examinaba y calificaba a este pequeño no era la suya. El siempre sería de los malos porque los conocimientos que él albergaba eran despreciados sistemáticamente y los que le exigían le resultaban ajenos.

         También recuerdo en los años finales de mi formación, en pleno auge de los test de inteligencia,  habernos referido en clase a las preguntas sobre las que había que pronunciarse en el sentido de por qué esas en concreto y de cómo se partía de vicios desde el principio. Se ofrecían  unos ítem con contenidos que cualquier alumno que se sometía  al test tenía que asumir y responde, tanto si el contenido de la pregunta tenía que ver con su cultura como si no. Las culturas que los planteamientos ofrecían eran urbanas, con unos términos y unos ejemplos que resultaban conocidos y cercanos a quienes vivían en ciudades y en ambientes en los que las palabras eran su medio de comunicación  habitual pero que para todo lo que significaba el mundo rural  y las culturas en las que las palabras tenían mucho menos valor de uso porque se regían por otros parámetros más ligados a los hechos pero tan legítimos para el conocimiento estarían  siempre en inferioridad de condiciones.

         Y es que al final no es la escuela la que está hecha para las personas sino las personas para la escuela. Sé que lo mismo podríamos decir de  que tampoco los hospitales están hechos para los enfermos sino los enfermos para los hospitales y así sucesivamente, pero recuerdo que nuestro tema es la educación y a ella nos ceñimos para recuperar el hilo. Cuando tú mirabas los ojos de nuestros niños por la mañana encontrabas la respuesta en un momento. Sabías perfectamente que esos pequeños llegaban a su escuela y que en ella se podría discutir lo que se trataba dentro a lo largo de la jornada de trabajo pero de lo que no se podría dudar es de  que esas personas se sentían en su espacio y de que nada de lo que allí se tratara iba a ser ajeno a sus necesidades o a sus intereses.


         Como pretendo ser justo quiero aclarar que hablo en pasado porque mi vida laboral ya hace unos años que terminó pero me consta que ese tipo de escuela sigue viva y que sería cuestión de examinar a los pequeños que acceden a ella cada mañana sólo con lo que llevan escrito en los ojos porque en ellos se reflejan con bastante claridad las intenciones y las expectativas con las que acceden al recinto escolar. No puedo decir que esa actitud previa sea garantía de ningún resultado final concreto pero no creo que nadie en su sano juicio sea capaz de negarme el importante valor que lleva implícito una actitud positiva a la hora de acercarte a una institución en la que crees ya de antemano. El camino del conocimiento es largo y complejo y en realidad nos pasamos toda la vida aprendiendo porque el aprendizaje es la esencia de la vida. Pero nuestra actitud al enfrentarnos a él es esencial hasta para superar la dificultad y hasta para valorar la dificultad de su superación. El tema del fracaso no puede ser sólo de los pequeños sino de nosotros o, por lo menos, de todos.

domingo, 2 de julio de 2017

RITMO


         Para una persona menor de 6 años, pensar hoy en septiembre es consumir casi el 10 por ciento de su vida. No es posible  unir conceptualmente el final del presente curso con el principio de próximo. Sencillamente su capacidad cerebral no está para esos trotes. El final de sus procesos mentales empieza y termina en secuencias más cortas. Vivían hasta hace unos días en un mundo más o menos estructurado en la escuela con unas horas de entrada, otras de comer, otras de salida y por la noche a dormir y de pronto ya se pueden levantar a otra hora , vivir casi todo el día con el bañador puesto, entrar y salir del agua casi a discreción y conocer nuevos amigos. Y nada de escuela, adiós escuela hasta olvidarse de que existe. Después, cuando pase el verano, todo un mundo para ellos, ya veremos lo que nos depara la vida, pero eso queda tan lejos en este momento…

         Cambiar los ritmos de vida puede tener su interés porque permite renovarse. Una vez que los ritmos quedan establecidos hay cosas que se ganan, una disciplina y unas secuencias que nos aportan seguridad y nos orientan sobre lo que está antes y lo que está después: nos ordenan la vida. Pero al mismo tiempo también nos definen de una manera concreta  y nos fuerzan a representar un papel ante nosotros mismos y ante el grupo en el que nos desenvolvemos con lo que eso significa de opresión y de estancamiento. Todo esto es para decir que la convivencia como cualquier aspecto de la vida nunca es perfecto: nos protege de la incertidumbre y del caos, pero también nos oprime y nos limita y nos condiciona. Por lo que los cambios estructurales, como los largos veranos,  nos liberan la mente de estructuras conocidas y nos permuten asumir estructuras nuevas en las que podamos desarrollar papeles desconocidos que amplíen nuestras capacidades mentales que, aunque no seamos conscientes, están llenas de sorpresas para nuestro desarrollo.

           Por tanto, cualquier novedad es una crisis y una crisis es siempre  una oportunidad. No hay que agobiarse con los cambios porque la propia percepción del cambio ya es un valor. El que un día amanezca y los pequeños no tengan claro qué van a hacer esa mañana permite a sus mentes desintoxicarse y experimentar el vacío de lo inmediatamente vivido. Pero esa misma experiencia del cambio, refrescante y liberadora se puede convertir en desconcertante y llevarnos a la desorientación si no se va llenando de contenido alternativo en días sucesivos. Cabe la posibilidad, ojalá que se cumpla en alguna medida, que los pequeños se centren en las necesidades internas de la casa: limpieza, compra, preparación de la comida…, situaciones completamente indispensables cada día, de las que con facilidad los menores quedan excluidos, sencillamente porque  interrumpen más de lo que aportan. Y puede que desde el punto de vista adulto sea verdad pero hay que pesar el valor de cualquier conocimiento que se pueda adquirir y de su enorme importancia para el futuro. Nos pasamos la vida quejándonos de que los pequeños no suelen ayudar en la casa sin darnos cuenta de que a eso también se aprende y no precisamente en la escuela.


           Disfrutar del agua, de la vida al aire libre, del conocimiento de nuevos vecinos y de juegos con estructuras más abiertas y elaboradas entre ellos…, un tipo de vida, en fin, que difiera sustancialmente de la que han tenido durante el curso, pero que no sea informe y desordenada sino que disponga de una estructura de orientación que permita a los pequeños vivir de otro modo y aprender que hay distintas maneras de organizar la vida y todas nos pueden aportar riqueza y aprendizajes que colaboran en nuestra maduración. Si logramos articular un tipo de vida veraniego en el que nuestros menores se sientan cómodos, los distintos periodos de la vida se pueden convertir en complementarios y útiles, aunque diversos,  para nuestro desarrollo. Pues…, ánimo y a vivir, que son dos días.

domingo, 25 de junio de 2017

TORMENTA


         Por ofrecer un poco de hilo conductor entre la semana anterior y esta, ya tenemos consecuencias del estado de agitación que los fuertes  calores de junio nos han traído. Se han ocupado unas cuantas primeras páginas y titulares televisivos más o menos alarmantes. Se proponen soluciones inmediatas y en caliente, y nunca mejor dicho, que si se llevaran a cabo tal y como se plantean supondría un remedio bastante peor que la enfermedad y entre dimes y diretes llega el momento de las vacaciones y aquí paz y allí gloria. En septiembre será otro día y entonces tendremos argumentos suficientes para que todo el problema que nos ha incendiado el ánimo estos días haya tenido tiempo de pasar a mejor vida y sabe dios lo que dentro de casi tres meses, todo un mundo de tiempo, alcanzará la primera línea de información.

         Recuerdo cuando trabajé en la radio, entre 1986 y 1991 cómo andaba como loco intentando ofrecer cuerpo de conocimiento a los titulares que inundaban las portadas de los periódicos y las imágenes de los noticiarios televisivos, sencillamente con la esperanza de que la gente conociera de qué se le hablaba con aquellos impactos constantes. Por entonces se hablaba de un levantamiento militar en Birmania, hoy Mianmar, y un torrente de noticias relativas al sindicato polaco Solidaridad y a su líder Lech Walesa. Mi obsesión  era situar a los dos países en el mapa y hablar un poco de ellos: extensión, población,  principales riquezas, futuro previsible…, y todo con un poco de angustia porque estaba seguro, como efectivamente pasó, que una vez que los primeros impactos  hubieran pasado, estos dos países, como cualquiera otros que hubieran sido, desaparecerían del mapa y sabe dios cuándo volveríamos a saber de ellos. Ya me diréis quién se acuerda hoy de Mianmar o de Polonia cuando por aquellos días ocupaban las noticias de primera, como si fueran determinantes en la evolución del mundo.

         Pues de nuestro asunto del calor de junio bien podría quedar, y no sería poco, que algunas aulas de los más pequeños tuvieran unos aparatitos de aire acondicionado para moderar los calores más fuertes del verano y los fríos más extremos cuando lleguen, que llegarán. Que los patios de los colegios no sólo se dedicaran al deporte, que está muy bien, sino que tuvieran algunos puntos de agua al alcance de todos y unos cuantos árboles y plantas que seguro que no serán tan espectaculares como los goles pero que pueden ser muy útiles para ofrecer sombras en momentos álgidos y un poco de vida vegetal en medio de tanto cemento y tanto asfalto que va a terminar sepultándonos a todos. Tengo la manía de observar cómo las plantas terminan por romper cualquier dique que les pongamos y salen en medio y a pesar de los asfaltos porque la vida se impone siempre a pesar de las dificultades que le pongamos para su desarrollo.
  Las tormentas de verano pueden ser muy impresionantes en un momento determinado, no hay más que ver la de Portugal de hace unos días que se ha llevado la vida de 62 personas en su vorágine de fuego y que al principio se dijo que había sido un rayo de una tormenta seca de las miles que ha habido este verano y ahora parece que puede hacer sido una vez más la mano de las personas la que esté detrás de semejante desastre que parece que nos debería enseñar por dónde no debemos ir y que lo que verdaderamente pasa es que una y otra vez nos damos cuenta de que los intereses no tienen límite y les importa un pito si los campos se cubren de fuego y hasta si las personas terminan achicharradas huyendo de él. Nada más lejos de mí que aparecer como un cenizo que no ve más que desastres pero creo que no debemos caer en el ilusionismo angelical de negar la realidad porque no se nos muestre con muy buena cara. Tenemos que mirarla de frente para cambiarla tantas veces como haga falta.

domingo, 18 de junio de 2017

CALOR


         Este año está haciendo mucho calor. Se están alcanzando los 40 grados a la sombra y sólo estamos a mediados de junio, todavía en primavera. Puede que se haya adelantado la torridez  unos días pero tampoco habría mucho de qué alarmarse porque estamos al borde de las vacaciones de verano y, en llegando, “pajaricos con sus madres” y aquí paz y allí gloria. Pero basta que un grupo de familias hagan unos comentarios sobre las dificultades de los pequeños para sobrellevar las altas temperaturas y un consejero tenga la feliz idea de sugerir que los alumnos podían dedicarse a fabricar abanicos de papel para que todos nos disparemos y comiencen los excesos en todas direcciones. Por experiencia sé que lo que se hace a golpe de titulares de prensa suele ser inadecuado antes de doblar la primera esquina pero cuando el verbo se enciende hay que encontrar el modo de apagarlo cuanto antes.

         En un momento de calentón no es bueno actuar, sencillamente porque la visión de los problemas suele ser sesgada y cualquier solución también lo va a ser. Este tema del calor de junio no es nuevo, si bien es cierto que este año están las temperaturas más altas de la cuenta. Tradicionalmente hay una medida que me encantaría poder discutir con tranquilidad y con argumentos de por medio pero que en estas condiciones prefiero no detenerme demasiado para no echar más leña al fuego. La escuela, tanto en junio como en septiembre solo permanece abierta por la mañana con lo que las horas más tórridas de calor está cerrada, que ya es algo. Con las circunstancias que hoy conocemos estamos hablando de cierto problema durante junio, algunos junios y de septiembre, algunos septiembres, con lo que las dimensiones pueden ser agudas pero limitadas. Quizá, llegado el caso, habría que preocuparse más de resolver el problema del frío que puede ser más largo por más que ahora nadie piense en ello.

         No quisiera dejar de mencionar un par de medidas de las que nadie habla pero que en estas situaciones no estarían de más. Me refiero, por ejemplo a que en los patios de los centros lo que se impone descaradamente es el cemento puro y duro y los árboles, que podrían ofrecernos en estos momentos unas sombras consoladoras, son insignificante o sencillamente nulos. En ningún sitio está escrito que tenga que ser así pero nos hemos enviciado tanto en la idea del deporte como competición que empleamos casi todos los metros disponibles en beneficio de este empeño que no es malo de por sí, que es bueno sin duda, pero que no está pensado para todos sino para los mejores, para los más fuertes, para los que ganan y el resto, que suele ser la mayoría deambulando de aquí para allá, sin una triste sombra que echarse a la boca. No tendría por qué ser así pero en casi todos los casos, así es.


         Una vez que las escuelas se cierren dentro de unos días para afrontar en familia el largo y cálido verano nos desentenderemos de este problema como si no existiera y a la vuelta de la esquina estaremos de nuevo con cualquier otra situación límite entre manos, por falta de soluciones estructurales por una parte, que no cuesta mucho plantearse a la hora de edificar los espacios que deben prepararse pensando en todos y no sacrificándolos a unos pocos, pero también abriendo las mentes a un tipo de escuela que no tiene por qué estar constreñida al sota, caballo y rey de aulas cerradas, libros de texto, concentraciones humanas y queja permanente. En realidad y al margen de todo lo que subyace para resultar aguda una situación impropia de calor en junio, que es lo que está pasando, todo se resume en la imprudencia de un gobernante en un momento de calentón que es capaz de sembrar la discordia y encender los ánimos de las familias, con lo hermoso que es saber callarse a tiempo y si uno quiere hacerse un abanico de papel, pues se lo hace y deja a la gente en paz.  

domingo, 11 de junio de 2017

TIERRA


         Durante montones de años hemos reclamado espacios dignos y suficientes para que los pequeños puedan ejercitar su vida y educarse entre ellos con dignidad. Sé que no ha sido fácil, que durante casi todo el tiempo los pequeños han dispuesto para su educación de los espacios que han podido, casi ningunos la mayor parte de las veces. El siglo XX ha sido a tantos niveles un tiempo de conquistas de muy diversos ámbitos, aparte también de enormes destrucciones porque no me puedo olvidar de las dos hecatombes mundiales con sus montañas de muertos que nos deberían pesar en la conciencia en el caso de que todavía nos quedara alguna. Entre otras conquistas, los centros educativos han ido asumiendo espacios de dignidad y, al menos en este país en el que vivo, España, hoy disponen de hermosos patios de recreo en casi todos los casos.

         Y justo cuando alcanzamos cotas de dignidad que durante siglos nos han parecido fuera de nuestro alcance, en vez de gozar de ellos para que todos los alumnos dispongan de un reparto más o menos equitativo en el que poder desarrollar sus capacidades y aprender desde las raíces de los conocimientos, lo que nos encontramos son enormes montañas de cemento cubriendo por completo los metros y metros de tierra que está a disposición porque en vez de gozar de ella a placer ahora que por fin la hemos conseguido, hemos decidido optar porque sea el deporte el que impere durante el tiempo libre y la verdad de tanto esfuerzo por el logro se traduce en campos y campos deportivos donde un par de equipos, un par de decenas de pequeños en la mayoría de los casos, disputan quién gana a quién, mientras los cientos de alumnos restantes miran completamente inactivos cómo termina la competición a la espera de que les toque a ellos algún momento de protagonismo.

         Y uno no sabe qué hacer, aparte naturalmente de quedarse estupefacto, ante una realidad de la que los responsables exclusivos somos nosotros mismos. Como no estoy dispuesto a llorar por nada de lo que seamos responsables y prefiero por el contrario asumir la parte de responsabilidad que me corresponda y pido un poco de lucidez a quienes diseñan los espacios escolares para que contemplen la necesidad de competiciones deportivas como un bien positivo y necesario, sí, pero que no olviden que por encima de ese beneficio está el de gozar de la tierra desnuda para ser manoseada por todas las personas y para que sirva como soporte al gozo de la posesión pura y dura y al de poder experimentar con ella, descubrir su composición y lo que encierra dentro,  así como para plantar cualquier vegetal que el tiempo permita según la estación por la que atravesemos en cada momento.


         Es más, si llegara el caso de que estuviera justificado que se cubriera todo el suelo disponible, cosa que sencillamente me parece imposible,  aun así estoy dispuesto a proponer el recurso de las macetas que tantas culturas han adoptado como elementos para prolongar la estética de los frutos de la tierra y su capacidad para embellecer lo que nuestros ojos pueden encontrarse a su alcance a poco que miremos. En cualquier caso, a modo de grito de socorro dejo aquí la petición, una más y sé que no será la última, de que no robemos la tierra a sus verdaderos dueños, que somos todos y cada uno de nosotros. No quiero desmerecer las posibilidades ligadas al deporte, que seguro que son positivas y que no discuto. Pero me rebelo una vez más para que no sea la competición la única aspiración posible a la que debamos tender, dejando a un lado el simple goce de tocar la tierra y gozar de ella como un bien universal y una universidad permanente de la que podemos aprender durante toda nuestra vida.

domingo, 4 de junio de 2017

PLAZA


         Por estas fechas se acaban de asignar las plazas de los pequeños que a partir de septiembre se van a convertir en nuevos alumnos menores de 3 años. En marzo ya se cubrieron todas las de 3 a 6 años, coincidiendo con el resto de los tramos educativos. Los más pequeños,  por lo visto,  no son dignos de que se les trate como al resto y hasta se establece un tiempo aparte para darles entrada  para que a todo el mundo le quede claro que son personas distintas, con un tratamiento distinto, si bien es cierto que las normativas que rigen para asignarles una plaza se parecen como dos gotas de agua, como no podía ser de otra manera. En España la educación obligatoria va de los 6 a los 16 años. De los 3 a los 6, aunque no es obligatoria, el país dispone de plazas suficientes para albergar a todo el que lo pida. Sólo de 0 a 3 años hay falta de plazas disponibles y la demanda no puede verse cubierta por lo que hay que imponer baremos de prioridades y hay pequeños que se quedan a la espera, si bien depende mucho de las zonas.

         Los que hemos militado para conseguir mejoras educativas hemos aceptado en todo momento el tramo obligatorio y hemos exigido sólo plazas suficientes para cubrir la demanda en los tramos menores. Hoy hay plazas suficientes  entre los 3 y los 6 años, pero no porque se hayan construido centros especialmente adaptados para estas edades sino porque la natalidad ha descendido a niveles alarmantes y con los mismos espacios y con el mismo personal es posible dar cabida a todo el que lo solicite sin necesidad de adaptar espacios ni programas más allá de los compromisos personales de los profesionales que van a asumir las nuevas responsabilidades. Hay zonas en las que se les dan cabida en centros públicos a menores de 3 años para justificar con su número la propia existencia de la escuela aunque algunas han tenido que eliminarse por falta de alumnos en determinadas zonas rurales que sufren el azote de la emigración y que terminan desapareciendo del mapa sencillamente.

         Pues aun así la administración no es capaz de garantizar una plaza para cada uno de los pequeños menores de 3 años que la demandan. Una vez más se comprueba que estas edades tempranas son las hermanas pobres del sistema educativo. No solo se les colocó en su momento como personas de segunda cuando se definieron los tramos y sus características sino que encima, puesto que son el último mono del sistema educativo no pueden tener una plaza garantizada en el caso de que la necesiten, ni siquiera con el concurso de la iniciativa privada, que si en todos los tramos tiene una gran importancia, sobre todo la iglesia católica, en este alberga la mayoría de las plazas disponibles. Pues ni aun así somos capaces entre todos de responder a la demanda. Se habla muchos de facilitar servicios a las familias para lograr que tengan, si así lo desean, acceso al trabajo pero se encuentran con esta realidad cruel de que no tienen donde dejar a sus hijos y han de ser abuelos y similares los que en muchos casos se hacen cargo de ellos y cubren las ausencias laborales de los padres, salvo que se encuentren en paro, cosa que abunda bastante más de lo deseado.


         El drama es muy fuerte porque se trata del segmento más frágil del sistema educativo y la solución que se le ha ofrecido es tan simple y tan espedita como sacarlos del sistema, con lo cual, si no hay perro no puede haber rabia. Y las causas son todavía más vergonzantes porque es sabido que sus necesidades son tan grandes que se convertirían en las plazas más caras por sus necesidades físicas y de profesorado para ponerlos en condiciones de igualdad con el resto del sector educativo. Y en estas estamos sin demasiadas perspectivas en el futuro inmediato.  

sábado, 27 de mayo de 2017

AGUA


         Puedo entender que en latitudes de Latinoamérica o similares se encuentren en temporada de lluvias y les suene raro un  texto como éste pero hay que entender que aquí  estamos a final de Mayo y los termómetros alcanzan fácilmente los 35 grados y los sobrepasan, lo que quiere decir pleno verano meteorológico si bien podemos alcanzar todavía hasta 10 grados más en Julio o primeros  de Agosto. La angustia  que podemos sentir todos en las horas centrales del día es grande y los más pequeños lo mismo. Es difícil que haya muchas aulas con aire acondicionado porque no se rentabiliza adecuadamente el gasto. En pleno verano las escuelas suelen estar cerradas por vacaciones. Para combatir el calor disponemos, sobre todo, de las sombras y del agua.

         Este año hace siete que dejé la responsabilidad directa del trabajo con pequeños y empiezo a sentirme cobarde a la hora de ofrecer referentes directos porque el tiempo vuela y siento que cabe la posibilidad de que sin darme cuenta me encuentre hablando para el pasado. De ahí que valore tanto los testimonios directos de hoy que algunos compañeros nos ofrecen generosamente. Me atrevo a seguir proponiendo el aire libre como medio excelente para que los pequeños se desenvuelvan en cualquier climatología, sobre todo en el calor y el agua, sobre todo el agua, como medio de primer orden  para captar el interés de cualquier persona, mucho más si es pequeña y se encuentra al alcance de nuestra mano, es barata y su manejo habitual ofrece consecuencias positivas de todo orden para el crecimiento y el dominio de las destrezas motoras que los pequeños necesitan tanto como el comer.

         Con frecuencia he repetido como cualquier abuelo cebolleta secuencias con agua en las que  una y otra vez se pone de manifiesto el placer del contacto con el elemento y los beneficios profundos y variados que ofrece a los menores. Pongo de ejemplo la recomendación de pedirles cuando pasen delante de alguna fuente, bien en el colegio o en  la calle que no toquen el agua y comprobar,  que están de acuerdo con lo que les estamos diciendo y al mismo tiempo desplazan la mano hasta el chorro de agua que sale lujurioso y que tiene el mismo efecto de atracción que el azúcar del néctar de las flores para cualquier insecto. En ambos casos, irresistible. En nuestro caso más de una vez nos convertimos en machacones para lograr que terminen por no atender esa capacidad tan fuerte de atracción que el agua ejerce sobra ellos con lo fácil que sería darnos cuenta de los efectos tan beneficiosos que su contacto tiene y que en estos casos lo mejor es ponernos en la dirección del interés y permitir que se produzcan los beneficios que saltan a la vista.


         Es verdad, no se puede negar la evidencia, que el contacto con el agua tiene unos primeros momentos, sencillamente de inundación, vamos de ponerse como una sopa, pero si somos un poco  sensatos nos daremos cuenta de que con estas temperaturas las ropas se secan en un plis plas y aunque no se secaran tampoco habría ningún drama porque no hace frío. Muy pronto vamos a darnos cuenta de que el proceso de aprendizaje hace su efecto y rápidamente usan el agua con mucha más seguridad y son ellos los que dirigen la interrelación para conseguir objetivos cada vez más complejos como en cualquier otro proceso de adquisición de conocimiento. Sé que esto que digo son palabras, es verdad. Pero cuando uno se ha pasado años y años constatando el contenido, todo lo más que puede hacer es ofrecer su credibilidad profesional y aceptar que al final, tanto en esto como en todo, es cuestión de elegir y habrá personas que se crean lo que aquí se cuenta y otras, con todo su derecho, que sencillamente no estén de acuerdo. Ambas posturas me parecen respetables aunque yo deje aquí explicada cual es la que defiendo.

domingo, 21 de mayo de 2017

FAMILIA


         Reconozco que ahora estoy más pendiente de la prensa en relación con los contenidos que se tratan en este blog. Y no es porque no se encuentren contenidos de interés si este autor echa una mirada a sus interiores, no. Lo que sí es cierto es que en más de una ocasión ha aparecido por debajo de mi puerta la patita de la duda y he llegado a pensar si al final no estaba instalado en la nebulosa de los recuerdos en exclusiva y me ha parecido injusto porque los asuntos que aquí se tratan lo primero que he querido que trasluzcan es verdad y en la medida de lo posible que estén pegados a la tierra y que se puedan constatar en casos concretos, unos idénticos y otros parecidos.


         La última gran revolución que se ha producido en mi país con relación a la familia ha sido la de legalizar cualquier tipo de matrimonio, independientemente del sexo los novios que lo demanden. Ya lleva unos pocos años esta norma en vigor y personas de todas la ideologías se están acogiendo a ella aunque desde el primer día hay un sector de la población que no para de despotricar que a dónde vamos a llegar con normas como esta y que Dios no está de acuerdo con que dos mujeres o dos hombres se casen si quieren porque el matrimonio tiene que ser entre un hombre y una mujer. Que qué va a ser de los hijos que viven en una casa con dos hombres o con dos mujeres porque han decidido adoptarlos, que dónde queda la figura del padre y de la madre y que esto parece el Patio de Monipodio en el que cada uno hace lo que le da la gana. Afortunadamente ya tenemos experiencias hasta de separaciones de estas nuevas familias del mismo sexo para confirmar, como no podía ser de otra manera, que se trata de personas normales y corrientes, capaces hasta de dejar de quererse.


         Cierro mis ojos y pienso en esos hijos que viven con su padre y con su madre y que han de soportar borracheras y gritos continuos de uno de los dos o de los dos, que han de vivir con los abuelos y hasta con los vecinos porque sus padres han emigrado para buscarse la vida, que apenas si se ven porque las jornadas de trabajo no lo permiten y en realidad viven los pequeños al calor del primero que se lo ofrezca, que no disponen de nadie que los controle y que crecen mimados y superprotegidos sin que exista a su lado un criterio de orden y de disciplina capaz de hacerlos sentirse queridos y de decirles que no en un momento determinado y que los pequeños sientan en su piel la cercanía y el apego de una figura adulta que está por ellos y con ellos. Y se me llenan los ojos de supuestas familias tradicionales con los niños abandonados por las calles sin que nadie levante la voz en defensa ni de la ruina de esa familia ni de la ruina de esos pequeños.



         Y se encierra uno en uno mismo, desesperado de repetir a todo el que haya querido oír que el amor, el cuidado y la dedicación no saben de sexo ni de nada sino que hasta los perros, que no son humanos, pueden ofrecer amor a sus hijos o a cualquier persona y que quien lo recibe se siente querido. Que los niños no están pendientes de cómo van vestidos sus padres sino de si los quieren o no, de si los cuidan o no y que eso es lo que nos debe preocupar y no los sexos de cada uno. Cuántas veces hemos conocido a alguien que se ha criado con los vecinos y ha crecido tan cuidado como sus hermanos que se han criado con sus padres o más. ¡Quién es el juez que en vez de mirar el apego que reciben los pequeños se pasa la vida examinando a su familia para ver si cumple los requisitos que considera indispensables!. ¡Cuándo dejaremos de ser hipócritas!.