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domingo, 23 de abril de 2017

LIBRO


         Cuando los textos que aquí voy dejando gota a gota tienen una referencia inmediata a la realidad concentran una fuerza especial ligada al acontecer diario. Lucía ya me había avisado que nuestras escuelas estaban organizando algo. Era suficiente para que yo me hiciera presente a eso de las doce de la mañana en La Fuente de Las Batallas, en pleno centro de Granada. La excusa, el Día del Libro, que no era ayer sino hoy. Había varias casetas anunciando novedades y confiando en poder ofrecerlas al público durante todo el fin de semana. El propio vagón de ludoteca de la Fundación también estaba allí a la espera de que las familias llegaran con sus pequeños, pero el punto de vida no era más que unos telones de techo separados por unas paredes a base de colores y de hilos de lana que separaban y que unían al mismo tiempo. Allí estaba, la vida y el trabajo coordinado de un montón de gente, empeñada esta vez bajo la bandera de que la etapa de 0 a 6 años sea una y tenga unidad educativa y los poderes públicos no permitan que los primeros años, de 0 a 3 se separen definitivamente del ciclo educativo.

         Tuve la tentación de que la primera foto hubiera sido una hermosa barriga que vi por allí formando parte de un cuerpo joven de madre que ya andaba buscando un lugar adecuado en el mundo para su retoño, que estaba a punto de ver la luz de un momento a otro. Me quedé con la gana. Otro día será. Esta vez prefiero mostraros la pancarta que da sentido a la vieja lucha, nunca ganada pero hasta el momento tampoco completamente perdida y me puse a dar vueltas por aquellos rincones y saludando aquí y allá a una serie de personas con las que he compartido mi vida y que, llevan en su mente una parte de mi lo mismo que yo la llevo de ellas, unas veces para bien y otras para mal, que de todo tiene la convivencia. Ahí andamos y aunque los cuerpos que nos sustentan están cada día más arrugados, las familias que se sienten convocadas y sobre todo sus frutos recién paridos son los mismos retos que nos hablan de vida, de esfuerzo nuevo y de futuro y exigen de nosotros la misma frescura que hace años porque ellos no entienden de guerras que no pasen por su vida.

         No eran grandes los recintos amurallados por hilos de colores pero todos despedían calor, cercanía y conciencia de que el objeto del esfuerzo no subía más allá de un par de palmos, como siempre y éramos los adultos, como siempre, los que teníamos que bajar de nuestras alturas y alcanzar la talla de ellos y la medida de ellos porque el trabajo de preparación del acto estaba como siempre hecho a su medida y para que los pequeños, los más pequeños,  se sintieran una vez más protagonistas y o bien solos si era posible o con sus familias como soporte, lo más frecuente, vivieran con nosotros un rato de sábado en recuerdo de los libros, esos artículos que tienen hojas y dentro miles de historias que vivir y que soñar. Allí me quedé un momento escuchando a Manuel y a Víctor leyendo cuentos de un libro que tenían entre manos y que mostraba imágenes para que los pequeños vieran de dónde salían las palabras.


         El circuito se acababa pronto y Conchi nos despedía con su sonrisa a todo el que, una vez visitado cada uno de los espacios a su gusto, decidía seguir recorriendo la ciudad una hermosa mañana de primavera. Nunca fueron nuestros acontecimientos grandes en extensión. Seguro que sí en hondura y este también lo fue. No había más que mirar los ojos de los pequeños para tener la certeza de que se sentían en un espacio amigo, que estaba montado para ellos y que en esta ocasión con la excusa del Día del Libro, también buscaba su cercanía para que aprendieran a gozar con otros compañeros y de la mano de sus familias.

domingo, 16 de abril de 2017

MÁSCARAS


         Estas vacaciones de Semana Santa son probablemente las más proporcionadas porque duran sólo nueve días y se producen en un momento en que los pequeños ya tienen historia  de grupo. Han seleccionado quienes de sus compañeros les caen mejor y quienes peor. Han fijado sus prioridades y si les preguntamos por sus amigos son capaces de responder unos cuantos nombres que frecuentan más. En esa situación ya no perjudica tanto pasar unos pocos días separados porque luego es fácil conectar de nuevo. Estas vacaciones como las de Navidad tienen un componente religioso indiscutible, que es el que las define por encima de otras particularidades. Será aconsejable un descanso o no pero es cierto que las vacaciones se justifican por acontecimientos religiosos católicos concretamente.

         No sé si nos estamos quedando sin referentes colectivos o qué es lo que nos está pasando pero a lo largo de toda la semana ha sido la religiosidad la que ha sobrevolado por el espacio y por el tiempo. No una religiosidad de contenido y compromiso, sino esa otra superficial y bullanguera,  ligada al folklore,  que se ha manifestado sacando a la calle todo tipo de imágenes relacionadas con la pasión y muerte de Jesucristo imponiendo de hecho que la vida de los pueblos y ciudades esté mediatizada por esas ceremonias fúnebres y multitudinarias y que la vida social se paralice y se supedite al ritual genérico de las procesiones durante las tardes y noches y al espectáculo tétrico de los penitentes con la presencia de sus máscaras y sus interminables filas de velas encendidas como espectáculos de otro tiempo que se resisten a desaparecer de este siglo XXI y que nos dejan una estampa  esperpéntica, ajena a nuestro mundo.

         Ni por un momento quisiera que se interpretara la más mínima falta de respeto a ninguna auténtica religiosidad. Al contrario. No sé si en algún tiempo las sociedades pudieron ser tan uniformes que una religión, la que fuera, se impusiera por completo hasta condicionar la vida del conjunto, pero en este momento, por más alardes de fuerza que se hagan, en una sociedad como la nuestra es imposible eliminar su esencia diversa, que es lo que prima cada día más en todos los órdenes de la vida y yo celebro esa diversidad que nos aporta  riqueza y posibilidades continuas de aprender unos de otros y que requiere sobre todo respeto para que cada persona o cada colectivo se sienta legitimado para expresar sus ideas y para vivir como desee aceptando y respetando a quienes no piensan como ellos. Paseando por las calles he podido ver los negocios chinos o musulmanes, cada día más numerosos,  completamiento abiertos como un día cualquiera puesto que ellos no tienes nada que festejar y son ciudadanos tan dignos como nosotros. Cada día más sucede que son tan ciudadanos de este país como nosotros y han nacido aquí como nosotros. La variedad es sobre todo riqueza.


         Concretamente este año que hemos dispuesto de días de sol y temperaturas casi veraniegas hemos podido vivir enormes atascos porque el gregarismo social hace que no podamos gozar de lo que tenemos preparado para el goce, que es mucho. Termina imponiéndose que todos vamos a la playa o todos vamos a las procesiones o todos vamos a viajar como si la idea de negocio fuera la verdadera rectora de la vida y no pudiera ser, sencillamente, que aprendamos a ser diversos y a saber combinar todas las posibilidades de vivir que hemos aprendido sin que tengamos que renunciar a nada. Cada día somos capaces de disponer de más y mejores medios para alcanzar  mejor calidad de vida. Lo que hace falta es que sepamos aprovecharlas y mirar a nuestro alrededor para ver que desgraciadamente no todo el mundo vive igual y no faltan situaciones de desesperación bien cercanas que nos debían hacer aprender. 

domingo, 9 de abril de 2017

HERENCIA


        El jueves pasado,  día 7, a las 11 de la mañana, nos habíamos citado en el mirador de San Nicolás para celebrar el 50 aniversario de nuestra graduación como maestros y allí comenzamos a llegar gota a gota, unos solos, otros acompañados de las esposas. Todo parecía normal pero ni nosotros éramos los mismos y el Mirador mucho menos. La de tardes que pasamos entonces,  sentados en el pretil frente a la Alhambra. Nunca estuvimos completamente solos porque esa Plaza es un imán pero un buen día apareció Clinton y se le ocurrió decir que desde esa Plaza se ve la mejor puesta de sol del mundo y a partir de ahí fue el desmadre. Creo que la frase no es mentira pero la Plaza, como casi todo en el Albaicín, es pequeña y solo puede albergar holgadamente a unas pocas personas. Ahora es un mercado casi a cualquier hora. Nos vimos negros para reunirnos e inmortalizar el momento a esas horas de la mañana. No quiero ni pensar lo que sería por la tarde.



         Como pudo, Tomás nos fue explicando lo que fue de Granada después de la Conquista  y  que es la ciudad de Los Cármenes por la concentración de varias viviendas musulmanas para los recién llegados, que no aceptaron vivir con aquellas estrechuras. Nos fue llevando hasta la Mezquita Mayor, hoy Iglesia del Salvador y por el camino nos encontramos a Miguel, el sacristán, que tuvo la amabilidad de abrirnos, porque no eran horas y en lo que un día fue el hermoso Patio de las Abluciones terminó la explicación histórica con su paciencia habitual. Nosotros, aparte de escuchar cómo podíamos,  no dejábamos de mirarnos y de intentar reconocer en los casi setentones que teníamos enfrente a los veinteañeros de hace 50 años, venidos de todo lo que un día fue el Reino, que nos íbamos a diseminar por la vida de entonces en adelante  y que ahora nos replegábamos durante unas horas para decirnos que estábamos vivos, los que estábamos, que éramos los mismos, completamente falso, y que volvíamos por el Ave María de la Cuesta del Chapiz por ver si allí todavía quedaba algo de nosotros, los de entonces.

         No estábamos todos. Algunos, Abril, Béjar y otros porque ya no están con nosotros. Otros porque sus condicionantes personales y familiares no se lo han permitido. José Luis, que se ha tomado mucho interés, no ha logrado concentrarnos más que a 27, que no son pocos de todas formas. Yo recuerdo haber estado en el 25 aniversario un rato por la mañana y nada más. Otros ni eso. Algunos sí vienen manteniendo ciertos contactos más frecuentes. Es posible que para ellos el tiempo pase de otra manera. Qué gusto ver al Sebas, siempre con su música a cuestas. A Rafa Domínguez, que yo llamaba el 2´14 y que ya me puntualizó que nunca pasó de los 2 metros, a Antonio Martínez de Tíjola, tan distinto a mí y que siempre nos llevamos tan bien. A Honorio, que nos consiguió para comer la maravilla de la Universidad del Carmen de la Victoria, exactamente encima de nuestro colegio y con el mismo fondo mágico a nuestra espalda. A Jiménez Pozo y su alegría pegadiza. A Emilio, mi Emilio del alma, a Pepe Larios. Al correctísimo Antonio García Fernández y así, uno por uno podría irme parando en cada uno de los retazos de mi vida que se asienta en cada uno de los presentes.




         El tiempo nos premió y pudimos comer al aire libre, a base de tapitas de jamón, salmón ahumado, gazpacho, tortillas de camarones …, la conversación encendida y el rumor de una fuente, uno de los sonidos más hermosos del mundo que definen Granada y que también han definido mi vida. El tiempo es implacable siempre y la historia terminó con un racimo de recuerdos puestos en común y con un pequeño concierto de nuestros artistas que una vez más tuvieron la generosidad de deleitarnos. Quiero confesaros que no soporto las despedidas y por eso en un momento desaparecí sin más. Pero aquí está mi abrazo y mi mejor deseo para vosotros y para vuestras familias.



domingo, 2 de abril de 2017

SEÑALES


         Cuando se trabaja en educación el vaivén de cada día te va dejando un continuo reguero de señales de por dónde sí y de por donde no. Sería ridículo decir que todo lo que debes hacer lo tienes delante de los ojos aunque tenga su parte de verdad. Todo un conjunto de señales que se manifiestan a cada momento o en repetidas ocasiones nos pueden servir de indicadores pero siempre que nosotros nos dediquemos a mirar con ojos de ver y eso no siempre está a nuestro alcance. Nuestra capacidad de ver está muy mediatizada por nuestra propia evolución interna, perfectamente legítima, que llega a condicionar nuestra mirada de modo que no vemos muchas veces lo que miramos sino lo que queremos ver.

 José Pablo no podía vivir sin perseguir con denuedo a Javi y con frecuencia le pegaba. Las señales daban a entender que lo odiaba y no encontrábamos manera de normalizar la relación si no era a base de separarlos por imposición. El tiempo y la observación persistente nos dio ocasión de que José Pablo verbalizara las verdaderas razones de por qué se sentía en la necesidad de atacar a Javi. Llegó a decirnos que Javi tenía mocos y a él le daba asco. No era mentira pero hablando con él pudimos darnos cuenta de que él también tenía mocos y en realidad lo que estaba haciendo era castigarse en la cara de Javi. No podíamos consentir esa situación porque Javi tenía derecho a vivir en paz pero fue fundamental averiguar las verdaderas razones de la agresividad porque aparte de Javi, que era el primero que la sufría, en realidad todo el grupo vivía en una tensión impropia que sólo se fue resolviendo en la medida en que fuimos capaces de encontrar la globalidad del problema y poniendo los distintos remedios que necesitaba.

         Cuando Fernando y Alba querían jugar a padres y madres, Cristian  imponía su fuerza y su agresividad y lograba ser el padre. Comenzaban el juego con las imposiciones de Cristian pero al poco rato Fernando aceptaba ser el perro, Alba cogía al perro y se iba de paseo con él y cuando estaban lejos de Cristian seguían jugando los dos y Cristian terminaba por irse a otros menesteres, aburrido y solo. O las agarradas que se traían de vez en cuando Tancho y Clemente a cuenta del balón de este último. Clemente decía que el balón era suyo y que jugaba quien él dijera. Tancho decía que tenían que jugar todos y terminaban a bofetadas que solía ganar Clemente que era más fuerte pero que terminaba más solo que la una, abrazado a su balón mientras todos se reunían alrededor de Tancho para consolarlo y para inventarse un nuevo juego en el que seguirían jugando juntos y en el que Clemente no podría intervenir porque le había pegado a Tancho. Secuencias de este calibre podríamos pasarnos la vida contando porque hay miles. Lo que yo he aprendido con estas lecciones de vida no lo puedo pagar de ninguna manera.


         El que pasen las cosas no quiere decir que la persona responsable las vea. Nadie está detrás de ti para decirte que ahora es cuando tienes que mirar porque ahora está pasando algo importante. Es uno mismo el que tiene que aprender a ver y a aislar la secuencia adecuada dentro de todo lo que pasa y eso sólo se consigue haciéndolo una y otra vez y equivocándote muchas veces y viendo cómo lo que habías pensado importante resulta que no lo es y que tienes que volver a intentarlo para sacar la secuencia válida y la que lleva dentro la lección que necesitas para aprender tú y para hacer que los pequeños aprendan a través de las lecciones que tú les ofreces que tendrán la máxima eficacia si las has sacado de su propia vida.

domingo, 26 de marzo de 2017

JAVI


         En este momento, aprovechando que Javi se acaba de incorporar a la institución, me viene al pelo para hablar de la imprescindible renovación generacional y de las formas de incorporar personas nuevas y tiempos nuevos. Después de cuarenta años de vida es imposible pensar que los modos que un día fueron adecuados puedan mantenerse en el tiempo como si la vida hubiera permanecido estancada desde entonces. Algunos, entre los que me cuento hemos estado siempre muy interesados por conectar con las savias nuevas, tanto personales como en las formas de vida porque uno de los peligros que tiene una institución que nace es el de quedarse petrificada en sus principios como si la vida no evolucionara a su alrededor, con el consiguiente peligro de enquistarse.

         En el caso de Javi el contacto se produjo porque él nos eligió para hacer sus prácticas reglamentarias. Muchos profesionales nos han conocido por ese procedimiento. A mí me ha gustado mucho siempre porque permite a quien está empezando pasar unos meses observando una manera de trabajar en el grupo que se le asigna y también conocer cómo evoluciona un grupo de trabajo, las fuerzas que lo hacen moverse y vivir momentos especialmente dulces y también amargos, que de todo hay en la viña del señor. Todo eso con la tranquilidad que permite no tener que estar en primera línea de decisión, que para eso ya está el titular del grupo, y poder mirar desde el resguardo de su trabajo, que es el que de verdad tiene que responder ante las familias y ante el equipo docente. Yo no he vivido el privilegio de aprender así pero siempre he pensado cómo me hubiera gustado hacer mi aprendizaje profesional y lo he puesto en práctica como me habría gustado que me trataran a mí.

         Desde siempre les ha dicho a las personas de prácticas que procuraran aguantar todo lo que pudieran sin intervenir, que se dedicaran todo el tiempo posible a mirar, a observar todo lo que pasaba a su alrededor porque en el momento en que se pusieran a intervenir dejarían de lograr una visión panorámica para convertirse en una pieza más del engranaje. Ninguna posición es mejor que otra y todas pueden ser útiles para el conocimiento de un grupo y de los juegos de fuerzas que los hacen evolucionar pero sólo antes de intervenir por primera vez, una persona recién llegada puede extraer una visión desde fuera, como de alguien que no pertenece a ese conjunto. He insistido mucho porque es muy difícil de conseguir. Una persona recién llegada está deseosa de involucrarse cuanto antes en la vida del grupo y quiere formar parte de lo que se cuece en su interior y es normal. Lo que sucede es que en el momento que se involucra empieza a ser una pieza más y ya no puede ver el grupo en su globalidad. Ha pasado a formar parte de su vida interna.


         Me consta que en estos momentos Javi está con la baba por los suelos porque se ha producido su incorporación, después de muchos años, al proyecto que un día conoció, le emocionó y le hizo soñar. No deja de ser un privilegio pero ahora tiene que ir descubriendo con el paso de los días que su posición  ha cambiado radicalmente y que ahora es un miembro más del grupo para mal y para bien. Sus decisiones y sus iniciativas, que en las prácticas siempre estaban respaldadas por la persona responsable, ahora tienen valor por sí mismas y pasan a incorporarse de pleno derecho al armazón del funcionamiento diario. Son los distintos papeles que podemos representar en los distintos momentos por los que la vida nos hace pasar y que, en todos los casos, su importancia va a estar determinada por la autenticidad con que seamos capaces de vivirlos. Adelante, Javi, que la vida es tuya.

domingo, 19 de marzo de 2017

EJEMPLO


         Cuando uno persiste en sus ideas no es raro que en cualquier momento se encuentre con algunas realidades de las que siempre deseó. Mi objetivo fue siempre y lo sigue siendo hoy, que compañeros míos de trabajo fueran apareciendo por estos textos para que el contenido no fuera tan individual ni sólo mío porque nuestra labor es sobre todo colectiva. Por muchas razones hasta el momento ese objetivo no se ha cumplido, pero hoy sí. Manuel Ángel comenta habitualmente mis textos, cosa que le agradezco siempre que puedo y hoy ocupa nuestro contenido porque estractamos  nuestro artículo de su colaboración en el libro que publicó nuestra empresa FUNDACIÓN GRANADA EDUCA y que tuvo y tiene bastante repercusión pública. Las fotos de hoy todas hacen referencia a la comida en nuestras escuelas, aunque no todas sean del libro. Quiero que sirva de ejemplo de que lo que aquí se escribe, antes que nada es verdad. Lo destaco en negrita para respetar su autoría.

Si se le preguntara a cualquier familia de nuestro alumnado dónde está la cocina de la escuela, seguro que sabrían indicarla antes que despachos, almacenes e incluso algún aula por la que no hayan pasado. Nuestras cocinas ocupan lugares estratégicos de las escuelas, bien situadas tanto para la llegada de mercancías desde el exterior como para la distribución de los alimentos a los grupos. Pero no se limitan a estar ahí; tienen a su alrededor toda una información a las familias (e incluso a los alumnos) en forma de tablones más o menos sugestivos, del mismo nivel que el de las actividades de las aulas, que las convierten en fuente permanente de información, a las que las familias recurren con frecuencia casi diaria.


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            Pero hay un rasgo que diferencia nuestro servicio de comedor del de la gran mayoría de las escuelas: no es algo complementario, aparte de la actividad escolar, en espacios y con personal distinto.  La comida es una más de las pautas que marcan la vida cotidiana de nuestras escuelas infantiles, incluidas en la dinámica del aula con el mismo valor que cualquier actividad que pueda considerarse más educativa (por ejemplo aspectos de lenguaje, psicomotricidad, conocimiento del medio,...) y desde luego al mismo nivel que esos aspectos tan básicos como el aseo o el descanso. Y al decir que es una parte más de la actividad docente, debe quedar claro que los niños comen en el aula (desechamos la existencia de comedores aparte, para respetar los ritmos de las diferentes edades y mantener una identificación espacial) y son los maestros de los grupos quienes se encargan de dar de comer, que no recurrimos a monitores de comedor, y que le damos tanta importancia a esta faceta, que es un elemento que va a aparecer en todas las programaciones (desde el proyecto de centro, que marca las líneas generales que inspiran el estilo de la escuela, hasta la programación trimestral de un aula, donde su maestro planifica lo que va a hacer especialmente en ese período de tiempo), en buena parte de la información que damos a las familias (desde el parte diario que se coloca en la puerta de las clases a los informes escritos que pasamos dos veces por curso sobre su niño a cada familia) y en todo el proceso de evaluación, tanto individual como colectivo.


……………………….

Además del gran núcleo común de la comida del mediodía, toda la escuela comparte el consumo de alguna fruta a media mañana que viene a igualar los estómagos de los que desayunaron temprano con los que lo hicieron poco antes de llegar a la escuela o los que hoy no han desayunado porque no tocaba. Aparte de la importancia que le damos en la escuela al consumo de frutas y verduras frescas (todas las comidas empiezan con una ensalada), el dar la fruta en este momento garantiza que la comida del mediodía es recibida más o menos con la misma ansia por todos y no se dan los alaridos de los desfallecientes que no pueden tolerar que no se les sirvan los primeros.



                Una vez más, agradezco a Manuel Ángel su disposición a colaborar con este empeño y valoro su contribución por la credibilidad que ofrece.

domingo, 12 de marzo de 2017

COMIDA


         Lo habré dicho más veces pero quiero repetirlo como si se tratara de un mantra. Así por encima, mi observación es que había tres cosas que nuestros pequeños destacaban de su vida en la escuela: la comida, la vida en el patio y las colonias. Hoy me quiero centrar en la comida que se ha convertido en elemento esencial del espectáculo en común del momento presente. No puedo negarle aspectos positivos. El mundo de los alimentos y de los procesos que transforman en manjares una serie de productos que aislados no nos llamarían la atención pero tengo que lamentar una vez más que lo que significa el placer de aprender a alimentarse y gozar con los bienes de la tierra se convierta en  una competición más en la que los mejores aplastan a los que no lo son y comer no es lo que importa sino ganar.

         A modo de recuerdo menciono los talleres de cocina que organizamos en las escuelas con pequeños grupos de los mayores, tres, cuatro y cinco años y cómo un día a la semana dedican un tiempo al conocimiento de los elementos que intervienen en nuestra alimentación y aprenden a preparar platos elementales, normalmente ensaladas, que ese mismo día nos habremos de comer todos y cómo ese contacto les lleva a sentirse miembros activos del gran grupo de la escuela, capaces de participar en la vida del conjunto. Este proceso tan sencillo encierra un profundo aprendizaje que creo que es el que se queda como lección en sus vidas. Todos dependemos de todos y lo que yo hago tiene consecuencias en mi propia vida y en la de todos los que me rodean. Por tanto, tiene sentido que yo me esmere en hacer las cosas bien porque de mi trabajo bien hecho se van a aprovechar todos los que viven a mi alrededor.

         Esta maravillosa lección de vida que ya de por sí justificaría cualquier esfuerzo la vemos hoy en la tele en programas de máxima audiencia, lo que podría significar todo un hallazgo de consecuencias revolucionarias si no fuera porque el contenido último de los programas que se emiten no tienen otro objeto que el relleno de un tiempo televisivo que justifique y arrastre la suficiente publicidad para cubrir los gastos de la cadena en cuestión, La reproducción de unos juegos de poder en que un director o varios son los que saben y los que participan han de cumplir al dedillo las indicaciones que se les dan y desde el principio se implanta que lo que buscamos no es disfrutar de nuestra capacidades ni de los elementos que vamos a manipular sino ganar. Todo el esfuerzo para la gloria de uno y siempre a costa de la frustración de todos los demás. El tiempo de desarrollo se convierte en una especie de locura o frenesí en la que todo el mundo corre para ganar a los demás y nunca hay paz suficiente para gozar con lo que se está haciendo, compartirlo con el vecino de al lado, asumir los conocimientos que vamos desarrollando en lo que hacemos y disfrutar del resultado final como obra de todos.


         Como puede verse, se trata de toda una filosofía de vida en la que lo que importa es llegar el primero, ganar a los que tengo a mi lado y que los que son mis compañeros y podrían ser mis amigos se convierten en mis competidores a los que tengo que vencer. Que la alimentación y los alimentos estén en los horarios de máxima audiencia de los canales de televisión me sigue pareciendo un hallazgo y un filón de futuro pero referidos a la educación tendrían que cambiar radicalmente sus objetivos para convertirlos en fuente de profundo conocimiento de la vida, magnífico momento de gozar de los alimentos, de compartir los resultados de su manipulación en nuestro propio beneficio y un camino casi infinito de aprender en grupo, que es la mejor forma de aprender.

domingo, 5 de marzo de 2017

CARNAVAL


         El pasado martes fue la explosión de la alegría, de la disgresión, de la sátira más o menos mordaz, intentando cada uno mostrarse como no es y produciendo un aluvión de ingenio, de color y de entrega a la causa del engaño “¡no me conoces!”, era el grito de guerra en mi pueblo cuando  era pequeño. Se trataba, de ocultarse tras un disfraz por un rato y desde esa posición, permitirse una serie de lujos que durante cualquier día no son tolerados, o no de la misma forma. Ahora estamos con las consecuencias de algunos supuestos excesos que algunos aludidos, este año los católicos, parece que no han sabido encajar un dardo concreto dirigido a la virgen María. Es normal que alguien se sienta especialmente concernido y se olvide de lo que significa el Carnaval o crea que se han pasado.

         En las escuelas hemos procurado seguir el hilo de esta fiesta popular y generalizada. Dependiendo de la afición y destreza de cada maestra se ha reunido a las familias y se ha intentado elaborar con ellas una serie de disfraces picantes, hirientes e ingeniosos. El tiempo pasa implacable y cada vez es más difícil llegar al día de la fiesta y encontrar disfraces elaborados por los pequeños y por sus familiares. Sé que este fenómeno no es específico nuestro sino que en cierto modo es el signo de los tiempos en que termina imponiéndose la ley del mínimo esfuerzo y te encuentras miles de disfraces baratos y al alcance a cambio de que tú no eres quien elige el asunto tras el que te vas a esconder sino que son los comercios los que, como en tantas cosas, imponen su ley. Se intenta que no sea así, pero es una guerra desigual, casi perdida de antemano.

         En las reuniones con las familias, se diseñan los trajes que van a vestir los pequeños y se elaboran una serie de cantos que  ridiculizan los asuntos más polémicos que se hayan vivido en el curso. Deben ser letras muy claras y sobre temas que todos puedan identificar porque las críticas tienen todo el sentido sólo si los presentes saben a qué se refiere cada puya. No faltan nunca personas verdaderamente interesadas, aunque no sean tantas como uno quisiera, que terminan por darle el tono adecuado a la fiesta. El día de marras es un poco el desmadre. Pequeños y mayores nos disfrazamos desde por la mañana. Nos visitamos unos grupos a otros y salimos a las calles adyacentes con nuestros cantos para hacer partícipes a los vecino. La fiesta termina con una comilona de castañas, de chocolate con churros y de gozo compartido. Las cancioncillas no es raro que se sigan cantando los días siguientes hasta que poco a poco se diluyan en el tiempo.

         Cada año se ocupa una semana  entera con una figura emblemática: Don Carnaval un año y Doña Carnavala el siguiente, que un día aparece en medio del patio con una silla y una mesa en la que tiene su comida que se la va comiendo y hay que encargarse de que no le falte para que se sienta acogid. El momento cumbre es cuando el día de la fiesta el muñeco que nunca está claro si es un muñeco o una persona porque se va comiendo la comida que se le pone en los platos aunque nadie lo ve comer, cuando todos estamos a su alrededor cantando las canciones que hemos preparado, se levanta, nos mira, se acerca a nosotros y sin decir una sola palabra, se une a la fiesta y nos acompaña a la calle y se deja tocar y todo lo que hacemos le parece bien y sonríe. Cuando la fiesta se acaba se va a su mundo y aparecerá el curso próximo de nuevo. 

domingo, 26 de febrero de 2017

INSCRIPCIÓN


         Tradicionalmente la administración pública tiene establecido el mes de marzo para que las familias soliciten plaza para el curso próximo que empezará en septiembre en las edades comprendidas entre los tres y los dieciséis años. Entre los tres y los seis años todos los menores tienen garantizada una plaza pero no es un tramo obligatorio. De los 0 a los 3 años será en abril cuando puedan solicitar plaza y aquí sí que hay problema, al menos por el sur de España porque la demanda es muy superior a la oferta. Las familias se vuelven locas para encontrar un centro que se encargue del cuidado y educación de sus hijos. Al escasear tanto la oferta se presta a que muchos centros no reunan las mejores condiciones para desarrollar el servicio que ofrecen y, vistas las dificultades, la administración opta por tolerarlos si las familias no protestan demasiado.

         Hacia 1985 estábamos saliendo de estructuras educativas arcaicas y diseñando lo que entonces llamábamos el futuro. En Barcelona nos reunimos profesionales de toda España y, ante la fuerte presión del recién estrenado gobierno socialista claudicamos y permitimos que el ciclo de 0 a 3 años quedara fuera del ciclo educativo. Su desarrollo quedó imbuido de un criterio mucho más social, asistencial y sanitario lo cual significó que así como para el resto reivindicábamos que los profesionales que lo debían  impartir fueran maestros, para los más pequeños se aceptara una persona titulada que coordinara los contenidos aunque el resto de los profesionales pudieran  disponer de un ciclo de formación profesional. En la práctica,  algunos  lo supimos desde el primer momento, significó que su educación quedaba supeditada a criterios sociales y sanitarios que entonces quisimos creer que serían provisionales pero que el paso del tiempo nos ha demostrado que se han convertido en definitivos. El ciclo educativo en España empieza por tanto a los tres años.

         Visto que el desarrollo social ha traído consigo que todos los miembros de la familia trabajen, los pequeños se convierten de hecho en un verdadero incordio que hay que resolver, bien combinando los turnos laborales de los padres, bien recurriendo a la colaboración de los abuelos, otros familiares, vecinos o sabe dios qué,  para cubrir los horarios de manera que los pequeños dispongan del cuidado de una persona adulta en todo momento, sean los padres o no. Aquí podríamos ir describiendo un rosario de situaciones diversas en las que los más pequeños se tienen que desenvolver quedando como conclusión que en el momento de la vida en que más necesitamos de estabilidad emocional es justo cuando tenemos que vivir situaciones más irregulares  que muchas veces se convierten en dramáticas por la gran dificultad que implica casar las necesidades de los pequeños con las disponibilidades de los adultos para cubrirlas. A esto se les une, por si fuera poco, que los profesionales que los atienden son los menos cualificados y los peor pagados de todo el ciclo educativo cuando la lógica dice que tendrían que ser justo lo contrario para responder a las demandas que el material humano necesita. Pero así está hecho este mundo en el que vivimos.


         Una vez explicado someramente el contrasentido en el que la educación de los primeros años se desenvuelve, las familias se vuelven locas para encajar disponibilidades y estructurar para los más pequeños una forma de vida que encaje con el resto de la familia. La verdad es que normalmente significa que los pequeños son los que terminen perdiendo, lo mismo que en el sistema educativo, y teniendo que aprender a desenvolverse en lo que el conjunto de la familia les va dejando. El resultado es muy sencillo. Los menores de la casa y de la sociedad son los que más arrumacos reciben pero los que menos inversión  para satisfacer sus necesidades. Es de esperar que algún día, en vez de tantas carantoñas nos dediquemos en serio al reto educativo y establezcamos unos pilares sólidos de estructura y contenido para los primeros años de la vida.

domingo, 19 de febrero de 2017

TIEMPO


         Hay tiempo para todo en la vida. Por momentos pienso que no vale la pena escribir porque ya está todo dicho. Otros, en cambio, me gustaría escribir sobre todo lo que veo porque pienso que se pierden continuamente aristas de la realidad que, si  las fuera contando a medida que las veo ofrecería aspectos insólitos que pasan de largo. Seguramente no es verdad ni una cosa ni la otra y lo que tengo que hacer es ser un poco humilde, cumplir mi compromiso de cada semana lo mejor que sé sobre este tema de la infancia y de la educación. Y es que por más determinación que uno tenga, la duda siempre reivindica su espacio y aflora su patita por donde puede.

         No he viajado a EEUU y no conozco su manera de vivir sino por referencias: cine sobre todo, literatura o noticias. Eso me llevó, por ejemplo, a vivir un buen chasco hace unos meses con la victoria de Trump al comprobar que Hillary tenía menos apoyo popular del que yo suponía si. En el cine no paro de encontrar referencias en defensa de la familia pero nunca encuentro secuencias de familia. Los pequeños americanos que salen en el cine casi siempre están solos y sus familias, sobre todo sus padres, demasiado ocupados haciendo cosas que no pasan por vivir con ellos. Como mucho los acompañan al partido o a la fiesta del cole. Tengo tan interiorizadas estas secuencia que hoy por hoy pienso que el concepto de familia en EEUU no tiene mucho que ver con la idea de convivir, de pasar tiempo juntos. Un padre que abraza a su pequeño porque acaba de conocerlo cuando cumple ocho años, cosa frecuente en el cine, a mí que me dejen de rollos que eso no es más que un encuentro entre dos desconocidos sin vínculos entre ellos.

         Recuerdo cuando en las charlas a las familias me referían que los pequeños manifestaban el hartazgo de sus madres y siempre querían estar con sus padres. Las madres,  mayoría entre mi público,  lo decían con pesar y con desconcierto. Yo no contribuía mucho a despejarlo cuando les decía que eso era debido a que en la vida, lo que tenemos a mano solemos despreciarlo y deseamos lo que no conocemos. Que la solución, por tanto no estaba en sus manos sino en hacer que los padres dejaran de ser esos desconocidos que se movían alrededor de los pequeños y que en algún momento decían la última palabra. Hoy esto se va modificando en alguna medida, desde el momento que los padres se han tirado al barro de la convivencia de cada día y pasan tiempo con sus hijos y las madres asumen que pueden tener una vida individual, aparte de la crianza de los hijos. La cuestión es tan simple como eso. El padre había sido visto siempre desde lejos y se le tenía idealizado. Basta que se acerque al hijo, que conviva a la hora de comer, para el cambio de pañales o a la salida del baño para que se vea una persona distinta por completo, para mal y para bien.


         Y es que somos tiempo, no nos engañemos. Allí donde pasemos nuestro tiempo estará nuestra patria, nuestra familia, nuestros amigos y de ese lugar seremos en definitiva. Cuando hablamos tendemos a mitificar lo que decimos cuando la realidad de la vida es mucho más simple y más a ras de tierra. Lo que los pequeños necesitan para su equilibrio emocional y para el fortalecimiento de sus apegos, que son como las vigas maestras de su personalidad,  no es ni más ni menos que contar cada día con sus padres y con sus madres, interactuar con ellos para los distintos momentos y situaciones de la vida y que eso no sean momentos esporádicas sino el estado habitual de las cosas, las secuencias habituales de cada día.

domingo, 12 de febrero de 2017

METÁFORA


         Estoy convencido de que los lugares desde los que puedan leer este humilde alegato a la vida y de vida en sí mismo, habrá señales desde las que vislumbrar que el tiempo pasa pero que la vida empuja siempre adelante y no se agota por más que nos coman las dudas y los prejuicios. No sé por qué nos cuesta tanto entender lo que tenemos delante de los ojos. Para mí ha sido una de las cosas más difíciles y me lo he dicho miles de veces aunque no estoy seguro de haberlo entendido. Déjate de lo que tú sabes o de lo que quisieras y mira con ojos de ver lo que la vida te pone delante.

         Hemos podido contemplar ya en enero las discretísimas flores de romero y algunos con monte cercano habrán podido presenciar  las amarillas aliagas. Si tenemos humedades cerca, también nos habrán llegado a los ojos las violetas moradas pero a estas alturas, mediado febrero, ya no hay quién se esconda y son los almendros los que pregonan con sus blancas o moradas flores como banderas indiscutibles lo que bulle por sus raíces, lo que se nos está metiendo en el cuerpo a todos, que no es otra cosa que el nuevo ciclo de la vida cuya luz se va apoderando de los días minuto a minuto implacablemente. Este fenómeno del despertar de la vida del letargo invernal tiene manifestaciones concretas en el comportamiento de todos nosotros pero de una forma especial en  los más pequeños que son los más cercanos a la tierra y los que mejor interpretan los fenómenos naturales justo cuando la vida los impulsa. La escuela se convierte en un hervidero energético, como si estuviéramos frente a uno de esos miles de cráteres que vemos en los reportajes de naturaleza y que nos dicen que el centro de la tierra está vivo y en continuo movimiento.

         Si además coincide en un año como este de grandes nevadas, de espectaculares ventoleras y de lluvias torrenciales, casi nunca a gusto de todos, tanto si nos gusta como si no, tendremos que asumir que algo parecido a esto es la vida y que nos haremos un gran favor si en vez de lamentarnos todo el tiempo porque las cosas no suceden como nosotros deseamos,  nos ponemos de una vez a remar a favor de la corriente, a corregir los desperfectos que los desmanes del tiempo hayan producido en los espacios que pusimos probablemente en el lugar equivocado pensando que la tierra era nuestra y que los elementos se avendrían a nuestro antojo y asumirían los limites que les señaláramos. Y mira que a cada momento estamos recibiendo lecciones en las que la propia vida nos va diciendo que somos apenas una mota en medio de la vorágine y del poder del viento, del agua, del fuego…, pero nosotros nos empecinamos en considerar que somos los reyes de no sé qué mundo porque, desde luego, de este que pisamos, no.


         Es cierto que todavía el frío, al menos por aquí, puede apretar lo suyo pero estamos en el momento de platear salidas limitadas a los alrededores que nos metan por los ojos toda la diversidad del mundo, que nos digan cómo son los pescados que comemos, los zapatos que calzamos , las zanahorias, los tomates, las manzanas, las lámparas que nos iluminan. Cualquier paseo por el barrio nos puede resultar demasiado simple pero tenemos que darnos cuenta de que para los pequeños que nos acompañan y que ojalá les permitamos que paseen a su gusto y no como si fueran una cuerda de presos que no pueden moverse de su lugar en la fila, muchas de las cosas que ven las ven por primera vez y necesitan interiorizar formas, colores, volúmenes y sobre todo poder compartir esas vivencias elementales con los compañeros que los acompañan y que juntos forman la generación que nos tomará el testigo en unos años del ciclo de la vida.

domingo, 5 de febrero de 2017

INTERIOR


         Esta mañana me he despertado sobre las siete, completamente de noche, después de unas horas ininterrumpidas de sueño reparador, libre por fin de la incómoda tos de días atrás. Llovía generosamente. Me preparaba para asistir a mi primera cita matinal a las nueve y media. En pleno desayuno me he dado cuenta de que no era lunes como había pensado. Un domingo de regalo. No es la primera vez. Los calendarios tienen menos sentido en la jubilación y se mezclan con facilidad churras con merinas. La lluvia me ha dado pie para pensar en los pequeños en un día de lluvia y la reflexión que abarque el ayer y el hoy. Empiezo a escribir y ya no llueve pero mi pensamiento está prendido en ese contenido y voy a seguir por ahí.
            
         Recuerdo con fuerza la reclamación para los pequeños un espacio propio,  un poco de intimidad. Un pequeño era poco menos que un juguete y su vida estaba ligada a la imitación y poco más.  Con el paso de los años se impuso hasta donde fue posible la habitación del niño o de los niños y también el fiasco consiguiente de que los pequeños dejaban con gusto su habitación para jugar allí donde se estaba repartiendo el bacalao de la casa, o sea, en el salón, que es donde solían estar los padres. Recientemente  se ha convertido en el antro reservado de los reyes de la casa donde campan a sus anchas en su república independiente y con el mundo de internet a su completa disposición para hacer y deshacer a su antojo. No vale la frustración. Lo que se buscaba en origen creo que era bueno para ellos y los nuevos problemas necesitan nuevas respuestas.

         Seguramente otra frustración de calado, sobre todo en días en los que la lluvia nos mantiene recluidos entre las cuatro pareces es la de ver que las nuevas condiciones de vida nos han traído juguetes para los pequeños que les permiten poner en vigor los imprescindibles procesos de elaboración pero que eso no quita que los pequeños nos sigan reclamando  porque en el fondo lo que quieren los niños no son cosas si las cosas han de significar que no nos van a tener a nosotros. Un día de lluvia es el perfecto baremo para comprobar que verdaderamente los niños no reclaman sino que nos reclaman. Con nosotros dentro del lote,  cualquier objeto es factible y se puede acabar el tiempo sabiendo que se van a sobrepasar los objetivos de desarrollo que se quieran, pero del mismo modo podemos comprobar la inutilidad de las cosas por sí mismas. En cualquier momento comprobamos que el aburrimiento existe con juguetes o sin ellos porque la capacidad de relación no está en las cosas ni lo ha estado nunca. Los pequeños necesitan el roce de los mayores para aprender y para crecer y las cosas contribuyen en alguna medida, pero siempre que sus apegos no se pierdan de vista.

         Estas don ideas sobre los espacios de intimidad y sobre la importancia de la relación por encima de las cosas creo que fueron fundamentales en su momento y significaron conciencia colectiva sobre unos seres que andaban por allí y que no concentraban la atención de las familias más allá de otro juguete cualquiera y sobre todo, con derecho propio. Había que poner a los pequeños en el discurso familiar como elementos a tener en cuenta, tanto en la distribución de la vivienda como en el reparto del tiempo. Es verdad que la modificación de las condiciones de vida hicieron que se alcanzaran algunas cotas de abundancia que nos hicieron caer en la trampa de confundir cantidad con calidad porque las carencias de los pequeños no eran cuantitativas sino mucho más profundas. Está claro que tenemos que seguir aprendiendo.   

domingo, 29 de enero de 2017

LUZ


         La cultura nos dice que desde el mismo día 22 de diciembre, una vez sucedido el Solsticio de invierno, la luz empieza a ocupar minutos y a crecer hasta alcanzar la cota máxima, allá por el 21 de junio. El mismo hecho de abarcar un periodo tan lago, seis meses, hace que apenas si nos vamos dando cuenta del ritmo en que la luz va ocupando el tiempo en detrimento de la oscuridad. Lo que más claramente recuerdo es el color del día, más limpio, con más brillo que hace que por el cuerpo empiece a bullir la vida. De hecho ya he visto las primeras flores del año encima de las tortuosas ramas de los almendros.


         No conviene olvidar que enero, claro y helaero. No es raro que se ponga a nevar por aquí pero lo que predomina más que la nieve es el frío. Este año un fuerte temporal de agua y nieve se ha cebado por levante de modo que los pantanos que tradicionalmente están bajo mínimos han tenido que desaguar porque rebosaban. Las escuelas han permanecido varios días cerradas y los pequeños correteando por la nieve fabricando muñecos o desplazándose en trineos de plástico por las calles cuando para muchos era la primera vez que podían tocar la nieve. Por Granada, aparte de un apretón de frío, nada del otro mundo, las típicas mañanas de tres a siete bajo cero que luego se suavizan bastante en el golfo del día. Ha habido importantes destrozos en las playas y el tiempo nos ha enseñado sus dientes una vez más a ver si aprendemos a respetarlo y a no quitarle su espacio.

         Una vez pasados los días agudos los niños pueden entrar en ese punto de vida que bulle y que nos hace que todos los fenómenos del año vayan tomando presencia y suscitando la curiosidad como si cada año fuera el único. Para aprender es condición indispensable probar: tocarlo todo, olerlo todo, saborearlo todo, mirarlo todo. Si hay una actitud científica por excelencia es la de ensayo, error. Asumiendo además, que ese sistema lleva implícitos montones de equivocaciones hasta que, bien por agotamiento, bien por intuición, bien por hallazgo casual aparezca el acierto. Ya sabemos que las personas docentes ofrecen sus mejores explicaciones con la idea de que en el menor tiempo posible, los pequeños accedan al conocimiento de la manera más fácil. Lo que no sé es si en todo momento somos conscientes de que los aprendizajes son estrictamente personales y se producen uno a uno como consecuencia de procesos de aprendizaje que deben ser respetados porque sólo de este modo es como se interiorizan a partir de la experiencia y se incorporan a nosotros con la solidez necesaria.


         Es posible que cada día estemos ganando en comodidades y en recursos técnicos para que los espacios docentes o los destinados a la práctica deportiva se encuentren mejor preparados pero puede que al mismo tiempo se nos muestren más lejanos de de los verdaderos centros del conocimiento que suelen ser los elementos más sencillos: el agua, la tierra, el viento, que cada día cuentan menos en nuestra vida. No podemos ni debemos prescindir de los verdaderos motores del conocimiento si lo que queremos es aprender. La curiosidad se está manifestando cada día en las situaciones más diversas y toda la estructura debe ir destinada a satisfacerla porque así es como se aprende. Sé que la tecnología avanza que es una barbaridad pero el saber sigue hundiendo sus raíces en los procesos más simples de la vida y es ahí donde tenemos que desplazarnos una y otra vez porque en ellos está el tesoro del conocimiento que cada uno a su modo buscamos con desesperación.

domingo, 22 de enero de 2017

DIGESTIÓN


         Leo cada semana los comentarios de los que se molestan en escribir. Respondo siempre, unas veces debajo de lo que me han escrito y otras me dirijo al blog de quien me escribe y le respondo allí. Pienso bastante en lo que me comentan. Unas veces se trata de  comentarios de aliño pero muchas, lleva su miga dentro. Estoy seguro de que después de las lecturas hay cambio en mi modo de ver aunque no quiere decir que  inmediato. Se necesita masticar lo leído, dejar que repose y que sea la consecuencia de la lectura la que dé su cara cuando se haya interiorizado el contenido.

         Manuel  dice que no me reconoce. Le respondo en el momento pero sigo dándole vueltas a sus palabras porque me importan. Desde el brexit se han sucedido una serie de acontecimientos que me tienen muy inquieto: El referéndum colombiano que se perdió y que se ha terminado de resolver sin el brillo que se pretendía, el referéndum italiano perdido también por  el primer ministro que lo propuso, la guerra de Siria de nunca acabar, al gobierno del PP que sigo sin comprender y el triunfo de Trump me tienen como acogotado. Creo que son demasiados golpes en la misma dirección en un intervalo de tiempo demasiado corto. Pero también, querido Manuel, tú tienes tu grupo de pequeños, que es la fuente, cada día y no sabes lo que significa el vacío de no tenerlos ni perspectivas para el futuro. El tiempo es implacable y nos va dejando huella cada día querámoslo o no. No quiero quejarme porque mi atención actual está volcada en los discapacitados intelectuales que tampoco es moco de pavo.

         Releo los últimos textos como parte de la reflexión que me suscita el comentario de Manuel y me pongo a pensar si no estaré refugiándome en el niño que a pesar de todo sigo siendo para desde esa posición volver a mirar todo lo nuevo y terrible que está aconteciendo y que no deja muchas luces en el horizonte. Cuando vi el otro día cómo Obama montaba en el helicóptero y se alejaba del poder no podía remediar  un sentimiento de desolación a pesar de saber las muchas limitaciones que sus dos mandatos han dejado en el aire porque no se trataba tanto de cuantificar lo que ha hecho cuanto de medir su actitud y saber que por encima de las muchas miserias, se querían mejorar las cosas. Hoy las perspectivas me parece que son bastante más sombrías. Es cierto que habrá que esperar porque es demasiado pronto para juicios pero los nubarrones amenazadores son una realidad innegable.

         Desde la indefensión de ser una simple persona y solo eso, aunque también ni más ni menos que eso, como que me siento más vulnerable, más ajeno al discurso dominante que se va imponiendo y puede que todo ese maremágnum mental me esté afectando y dé pie a que Manuel diga que no me reconoce. Yo dije desde el principio que esta tarea la asumía como todas las que la vida me ha ofrecido y he considerado importantes, como una carrera  de fondo y eso tiene sus ventajas sin duda, pero también  sus inconvenientes. No quiero, ni creo que pueda, ofrecer en estos momentos una imagen que no corresponde con mi realidad y los últimos acontecimientos han vuelto el horizonte marcadamente sombrío. No me desespero y sigo dispuesto a responder y a responderme en la medida de que sea capaz pero no a costa de  negar la realidad en la que me siento inmerso.

         Amigo Manuel, te aseguro que tus palabras no caen en saco roto, ni ningunas otras de las que leo, pero pido tiempo para  digerir todo esto que nos está cayendo encima que a muchos nos llena de pesadumbre pero que no nos va a silenciar. Seguir escribiendo creo que es una manera de digerir el contenido.  

domingo, 15 de enero de 2017

PRESENTE


         Voy revisando a medida que llega una nueva opción de escribir y alguien pudiera pensar que me dejo llevar por el pesimismo y por momentos hasta por la desesperación. Mentiría si dijera que no, a qué nos vamos a engañar. Sencillamente derramas la vista por las secuencias que aparecen en los noticieros y empieza a darle a uno hasta vergüenza de ser humano. Cada secuencia nueva que aparece nos hace pensar que aquello de que EL HOMBRE ES UN LOBO PARA EL HOMBRE ya no llega a ser verdad porque hemos conocido de cerca los comportamientos de los lobos con los suyos y para nosotros los quisiéramos.

         Tengo una secuencia de mi infancia que estoy seguro que será parecida a otras que tendréis quienes os detengais un momento a leer. En las fiestas populares las concentraciones humanas eran frecuentes. Los niños terminábamos soltándonos de la mirada vigilante de nuestras familias y en un momento determinado buscábamos el cobijo, bien por cansancio o por dificultades en la relación con nuestras amistades. No nos lo pensábamos mucho y todos nos hemos visto, no tengo duda, abrazados a una pierna que creíamos nuestra y no hemos sabido dónde meternos cuando la cara que nos miraba desde arriba no se correspondía para nada con nadie de los nuestros. De pronto nos sentíamos abandonados en la vorágine de gente durante una eternidad hasta que conseguíamos dar con la luz de unos ojos y unas manos conocidas que nos acogían y nos hacían sentir en nuestra casa, estuviéramos donde estuviéramos. La secuencia podía durar unos minutos pero hay muchas eternidades que duran unos pocos minutos.

         En los primeros años de vida las vivencias son inmediatas, lo mismo las buenas que las malas. Podemos pasar del gozo a la desesperación en cuestión de segundos y los dos sentimientos se nos producen con máxima intensidad. Eso nos hace sentir a los adultos que pululamos alrededor de los niños un poco ridículos porque nosotros ya hemos olvidado esa forma de vivir tan inmediata y tan intensa, tanto para lo malo como para lo bueno. Los pequeños se suelen desesperar porque no comprender cómo los adultos no son capaces de sentir con ellos y los adultos a su vez no paran de reclamar a los pequeños un  poco de calma cuando los ven reaccionando con esas formas tan radicales. Parece que no hay modo de que se comprendan cuando verdaderamente están muy cerca los unos de los otros. Sólo los diferencian la cantidad de experiencias vividas que en el caso de los mayores les ha hecho aprender que los ritmos de vida tienen que dosificarse porque ni lo blanco es totalmente blanco ni lo negro es totalmente negro y eso mismo es imposible para los menores que, recién llegados a este mundo necesitan el blanco limpio y el negro igual para diferenciar el contenido de sus experiencias.


         Y lo curioso es que podemos estar manifestando nuestras diferencias insalvables de percepción ante acontecimientos que se pueden estar produciendo en el mismo momento. Un mismo hecho es imposible que sea percibido con el mismo significado si lo experimenta un menor o si se trata de una persona adulta. Esto nos debe hacer pensar que la cantidad y calidad de vida que cada uno de nosotros alberga dentro de sí es determinante a la hora de relacionarse hasta el punto de que podemos estar hablando de mundos imposibles de entrar en relación por más que los afectos intenten acercar posiciones de unos con otros. Es que los mundos interiores que vamos arrastrando cada uno no pueden ser idénticos y están determinados por la cantidad de vivencias que llevan en su interior. Esta realidad nos puede desesperar pero sería más razonable que aceptáramos que nuestras diferencias nunca son insalvables pero que nuestros acuerdos tampoco son totales en ningún momento.