Seguidores

domingo, 15 de octubre de 2017

ARMONÍA


         Nos estamos deteniendo estas semanas en el desarrollo muscular de los tres primeros años de vida porque probablemente se trate de un fenómeno bastante desconocido, bien porque nos queda muy lejos en nuestra memoria y es fácil asumir que no recordamos o bien porque la vida, pensamos con frecuencia, evoluciona por sí misma sin necesidad de que tengamos que estar siempre encima de ella como si hasta para dar un paso las personas tengamos que recibir instrucciones. Y no nos faltan razones porque es cierto que la fuerza de la vida termina encontrando una vía para imponerse y salir adelante. Pero es un error pensar que por esa razón el aprendizaje o el ejercicio dirigido sea inútil. Todos vamos a terminar hablando de algún modo, es verdad,  pero el aprendizaje produce que lo hagamos mejor que sólo por nuestra cuenta. Esta es la cuestión.

         El punto de partida es que las capacidades de movimiento que traemos las personas necesitan ejercicio para desarrollarse. Si atendemos a los primeros movimientos da la sensación de que no existe un objetivo para que se produzcan y es que el objetivo es justamente que se produzcan sin más. Cuando vemos a un pequeño correteando de una pared a otra y repetir la acción mil veces nos puede parecer desesperante o carente de sentido pero esa persona está perfeccionando su capacidad de desplazarse y no abandonará ese ejercicio hasta que no lo domine por completo y entonces lo complicará un poco más porque a medida que disponga de capacidades, los retos van haciendo más complicados. En educación como en casi todo, el uno quiere el dos, el dos quiere el tres y así se progresa prácticamente sin límite. Y esto es lo mejor que nos puede pasar porque es el fundamento de la evolución humana o histórica según que se trate de personal o global.

         Aprender conduce a dominio, a progreso, a nuevas curiosidades, a armonía para ejercitar lo aprendido, a saber usar de lo aprendido y a concretar nuevas incógnitas porque la vida es infinita y nos está invitando a seguir más allá siempre. Lo contrario, alguna vez lo hemos referido, es la inacción, quedarse sin recursos para alcanzar los conocimientos, mirar el mundo y sentirlo extraño y no entender que nosotros podemos y debemos formar parte activa de él. Aunque parezca raro decirlo, la verdad es que en un grupo de pequeños hay que estar más pendiente del que no entra en acción que del que parece que va a comerse el mundo porque no para quieto ni un momento. Es verdad que cada persona tiene su camino de progresar y la misión de familias o responsables educativos debe respetar muchas formas de aprendizaje porque todas pueden ser válidas. No hay un modelo prefijado pero cada uno tiene que protagonizar su aprendizaje.


         En este tiempo en que todas las referencias a la seguridad se han impuesto tanto que a todas horas las tenemos en la boca, debemos entender que por más que nos preocupemos porque la seguridad de nuestros pequeños sea lo más alta posible, al final los riesgos están siempre presentes y no hay modo de eliminarlos si no es enfrentándolos y superándolos cada uno personalmente. Nadie puede vivir por nadie sino que la vida hay que vivirla en primera persona. Los peligros, que son muchos y de muy diversa índole, no están para eludirlos sino para afrontarlos en las mejores condiciones posibles, dominarlos y sentir la fuerza interior que produce la resolución de las dificultades. No afrontar los peligros no nos hace fuertes sino más inútiles  y más indefensos. Es cierto que necesitamos calcular las dificultades siempre pero sabiendo que nuestra función es superarlas y que podemos hacerlo. El equilibrio y la armonía viene después y como resultado de la superación.  Eso es la vida.

domingo, 8 de octubre de 2017

MÚSCULO


         Aunque fuera someramente, la semana pasada poníamos de manifiesto que los tres primeros años de vida tenían un objetivo primordial y era el de activar de manera satisfactoria todo el sistema motor. Se comportaba, por tanto, como el tiempo de más riesgo físico porque la dotación muscular que traemos los seres cuando nacemos es la capacidad pura y dura pero la capacidad no es nada sin la prueba de fuego que significa el contacto con la realidad y la demostración de cada día y en cada momento concreto de que nuestras capacidades engarzan con las necesidades y son capaces de hacernos superar las pruebas de encaje entre lo que necesitamos hacer para sobrevivir y lo que hacemos verdaderamente. Es como un examen permanente que tenemos que ir aprobando sobre nuestra adaptación a la realidad.

         Si nos fijamos en el cúmulo de dificultades que tenemos por delante será difícil que no intentemos huir y escondernos donde  nadie nos vea por las enormes dificultades que significan el crecimiento y la maduración,  si no fuera porque ese recurso nos puede eludir la angustia del momento pero no resuelve ninguno de los problemas que la realidad nos pone delante de nuestros ojos. Si damos la cara y afrontamos los retos de cada día a medida que van apareciendo nos daremos cuenta de que cada persona viene dotada para crecer y quiere hacerlo. Nosotros debemos contar con esas tendencias porque van a ser al final las que terminen resolviendo las incógnitas que en principio nos parezcan imposibles. Y también nuestras capacidades que no son en ningún caso sustituir a la persona que crece sino favorecer en ella sus propios deseos de hacerlo.

         Si las personas encargadas de cuidar el crecimiento nos ponemos junto a los pequeños y los escuchamos nos daremos cuenta desde el primer momento de que ellos quieren crecer y saber cosas y tienen capacidades musculares suficientes  para lograrlo. Es más, si los dejamos solos lo irán logrando cada uno a su manera en medio de todas las angustias del mundo, propias del que se tiene que desenvolver en un terreno que no conoce,  y poniendo en movimiento unas capacidades que también ignora. De ahí la enorme utilidad del cuidado adulto o familiar para acompañar todos esos deseos que se manifiestan en todo momento de crecer y dominar los interrogantes que la realidad nos plantea a cada momento. Si desempeñamos nuestra función correctamente nos convertiremos en apoyos útiles en momentos precisos. Si no lo hacemos así seremos para los pequeños dificultades añadidas a la que platea la realidad ya de por sí, que no es pequeña.


         Por lo tanto, es verdad que la tarea de dominar y poner en funcionamiento todo ese arsenal de músculos que es nuestro cuerpo se manifiesta ingente. Pero la desesperación no debe caber en educación. Hay que confiar en las capacidades de los pequeños, porque son reales,  y de los beneficios de un buen entendimiento entre pequeños y mayores para sacar adelante ese monumento a la armonía que significa una persona que crece y no terminamos de saber muy bien cómo es posible. Tampoco hay por qué andar dando muchas vueltas para explicarnos el por qué. Lo cierto es que podemos intervenir satisfactoriamente en los que vienen creciendo y hacer que su crecimiento sea más grato y más completo si nos pronunciamos a favor de ellos, aunque sólo sea por el hecho de que nosotros ya hemos pasado por donde ellos están pasando. Debemos tener cuidado y no intentar sustituirlos en ningún momento sino acompañarlos y permitirles que sean ellos los protagonistas de su propio desarrollo. Nuestra función es la de estar cerca para que se sientan seguros y dispongan de nuestro calor y nuestro ánimo en los momentos de duda.

domingo, 1 de octubre de 2017

CUERPO


         Entre el comienzo de la marcha y las primeras palabras al final del primer año de vida y el dominio de la musculatura corporal hacia los tres años se produce la gran revolución del músculo, de cualquier músculo del cuerpo. Es el momento de la vida más peligroso porque la capacidad muscular es inmensa, debe ponerse en marcha toda y la capacidad de protección es muy precaria. Es el contexto físico y las personas responsables del cuidado las que han de ejercer como pontoques de seguridad. Durante esos dos años de locura física hay que aprender a usar los músculos para nuestro desarrollo y evolución y, lo que resulta más difícil, el equilibrio de las posibilidades y peligros de cada músculo o grupo de músculos. Como un torrente de agua que fluye imparable y que hay que encauzar a la vez que va tomando posesión del espacio que necesita, siempre con el peligro de desbordarse e inundarlo todo a la vez que se pierda. Inmenso y muy desconocido reto para la educación como puede suponerse.

         La revolución física es de tal calibre que se pone a prueba toda la estructura familiar que en muchas ocasiones se muestra impotente para modular tanta energía a la vez y con desesperación reclama inútilmente que alguien se los quite de enmedio porque ya no pueden más. Es comprensible aunque la vida no entiende de resistencias y empuja con toda su fuerza. Las necesidades de quien viene creciendo no esperan y piden paso sin piedad. Como colofón de toda la marabunta muscular nos encontramos con que la persona no dispone de más resortes de previsión que sus propios límites que tendrá que conocer a base de topetazos, de caídas, de rozaduras…, de limitaciones físicas en definitiva. No hay fuerza humana capaz de detener el impulso vital en esta edad salvo quien se proponga destrozar la energía que brota como un volcán a base de represión pura y dura con incalculables y gravísimas consecuencias para la vida de quien crece.

         Tenemos, por tanto, que saber que este desenfreno muscular existe, que es completamente normal, que necesita un campo de experimentación lo más grande posible, pero que ha desenvolverse en unas condiciones de protección más altas que nunca porque su capacidad de dominio está naciendo al mismo tiempo y tiene que aprender a dominar toda esa fuerza a base de golpes y de ayuda de quien esté a su cuidado. Es la etapa de la vida que más ayuda necesita. No hay otra edad que tenga tantos riesgos físicos como la que va entre el primer y el tercer año de vida. La familia se desespera y se muestra impotente en muchas ocasiones y una institución educativa adecuada puede convertirse en un remanso de paz para los adultos a la vez que en un inmejorable campo de pruebas para los pequeños, que pueden disponer de espacios, de objetos y de personas más idóneos que sus familiares para el ejercicio casi infinito que necesitan activar en estos dos años.


         Veo y compruebo una vez más que cuando uno habla de esta edad aparece un maremágnum tan grande de fuerzas que han de activarse en poco tiempo que tiende a desesperarse. Afortunadamente la vida es muy sabia y tiene previsto en cada uno de nosotros recursos suficientes como para encarar y dar salida a la enorme batalla que se libra en el cuerpo de los pequeños. Reconozco que no faltan momentos de desesperación y de impotencia porque nos sentimos poca cosa para encauzar tanta fuerza de golpe. Los días, de todas formas no pasan a la vez sino uno detrás de otro y el tiempo permite repartir las energías e incorporar los aprendizajes que se van adquiriendo de un día a otro y sacar fuerzas, muchas veces ni uno mismo sabe de dónde, para permitir el ejercicio físico e incorporar con cada experiencia los aprendizajes correspondientes que hacen que cualquier acto no sea el mismo si se produce hoy que si se produce mañana aunque parezca el mismo. 

domingo, 24 de septiembre de 2017

ARRIESGARSE


         Uno de los temas que más controversia han creado en la educación de los primeros años de la vida ha sido en qué momento conviene comenzar la escolarización. Nunca he conocido a nadie que defienda la plena escolarización antes de los tres años de vida. Vaya por delante este principio que define a la etapa que aludimos  y la diferencia del resto de los tramos educativos. También la diferencia el hecho de que hay países, sólo alguno aislado para ser exactos, que ofrece ayuda a las familias hasta los tres años en que la estructura escolar los acoge. La mayoría se mueve entre los varios meses, menos de seis los que menos entre los que está España, hasta dieciocho los que más se estiran, los nórdicos. Entre unas cosas y otras los tres primeros años de la vida son como un chicle ideológico, que arranca en el nacimiento y se estira hasta el tercer año según las posibilidades económicas del pais o la prioridad política de protección a la familia.

         De mí sé decir que nunca me he visto en la necesidad de definirme sobre la conveniencia o no de que las personas de pocos meses de vida vayan a un centro educativo o permanezcan en su casa al cuidado de su familia porque mi criterio no se ha visto condicionado por principios ajenos a la realidad y la realidad ha dicho siempre que hay familias que necesitan trabajar y necesitaban un espacio adecuado para que sus hijos crecieran en condiciones idóneas. Lo que sí hemos defendido siempre y hoy lo reitero, es que los poderes públicos no deben ignorar que entre las necesidades fundamentales está la de disponer de espacios suficientes para cubrir la demanda social que exista para que los menores gocen de los mismos derechos que cualquier otro ciclo educativo. La diferencia está en que cubrir una plaza de una persona de pocos meses de vida es bastante más caro que en cualquier otra edad,  cosa que se ha resuelto de hecho devaluando el sector y, por tanto, los sueldos de las personas que lo atienden. No se trata tanto de si los pequeños con sus familias o en la escuela sino que estén donde estén dispongan de los mejores requisitos para su crianza porque son los cimientos del futuro lo que nos jugamos.

         No tengo nada que objetar a los servicios familiares que el estado ofrece, al contrario. Lo que sí digo es que nadie puede negar que  hay familias que trabajan y demandan el servicio de una institución educativa desde los primeros meses de la vida de sus hijos y esa demanda también debe estar garantizada por los poderes públicos. En Granada capital donde he desarrollado mi vida laboral existe una institución municipal desde 1980 que garantiza este servicio público para unos cientos de familias, solamente cuatro escuelas infantiles, y el resto son privadas, unas con ayudas públicas y otras ni eso. En muchos otros lugares, sencillamente no hay plazas públicas o se han construido escuelas infantiles municipales que carecen de un proyecto educativo y que se limitan a acoger y mantener con la mejor voluntad que saben, las necesidades de la población en este sector de los tres primeros años de vida. En todos los casos, muy por debajo de la demanda real, cuando en el resto de los sectores ya la oferta es superior o igual a la demanda.


         Creo baladí andar ahora en litigios de si es mejor, igual o peor que los pequeños se críen en sus casas o no cuando la realidad es que hay una fuerte demanda y faltan estructuras y personal para cubrir esa necesidad a la que están respondiendo de hecho pequeños centros privados con deficiente dotación en la mayor parte de los casos, abuelos sobreexplotados o familiares disponibles que están cubriendo deficiencias públicas hacia unos ciudadanos que son el futuro y que no están siendo el presente porque los presupuestos  encuentran prioridades que los relegan o sencillamente prescinden de ofrecerles los servicios educativos a los que deberían tener derecho más que nadie por ser los más vulnerables y los que primero los necesitan. 

domingo, 17 de septiembre de 2017

CONFIDENCIA


         No sé si al final, en este COMO NIÑOS  de mis entretelas lo que va no es mi propia vida  y resulta que con la excusa de hablar de los pequeños, de entrar en sus intimidades y en sus mejores modos de crecer no estoy hablando de mí mismo y pare usted de contar. Puede ser pero no lo siento porque mi empeño conmigo no fue contar cosas concretas sino que lo que contara fuera de verdad y de eso sí respondo.

         Lo que motiva este texto, querida  Laura,  es la aparición en el mundo de tu hija Andrea y la repercusión que el hecho ha producido en ti y en tu familia. No puedo evitar que tu peripecia vital haya sido y siga siendo muy cercana por causa  de tu madre y amiga mía, Julia, desde antes de que nacieras. Aunque nosotros no nos hayamos visto casi nunca en realidad te considero de mi familia, especialmente desde que nació Héctor, tu hijo mayor. Hasta entonces mi relación con tu madre era más profesional. Siempre he profesado una profunda admiración por su trabajo  en Verdemar y por nuestra común militancia pedagógica, Después de su jubilación ha desplegado su faceta de abuela y estoy seguro que tus hijos se están aprovechando del buen hacer de una gran profesional de la educación y de una abuela entrañable. Como comprenderás, le he pedido su beneplácito para tratar este tema porque mi respeto hacia mis amigos es absoluto. Ella me lo ha dado y siempre me habla de ti como una persona seria y responsable. No me extraña. De tal palo…

         No quisiera mitificar ninguna opción de familia sobre otra. Mi hija Alba, por ejemplo, de tu edad, jura y perjura que no quiere hijos ni muerta. Mi hijo Nino, un poco mayor que vosotras está empeñado en ejercer de padre de su hija África, tres años. Y tú, por lo que cuenta tu madre, también te has tomado en serio la maternidad. Cualquier opción me parece válida y no creo que haya que jerarquizar a ninguna por encima do otra. Lo que sí me parece es que tampoco hace falta obsesionarse por ninguna de las opciones que inevitablemente tienen elementos a favor y en contra como cualquier otra opción de las muchas que tomemos en la vida. Tus hijos necesitan de ti sin duda y estará muy bien que establezcáis una relación frecuente y fluida, pero también tú necesitas de ti y está bien que te prestes atenciones y también tu pareja necesita de ti y la vida necesita de ti. En alguna medida, siempre sin cuantificar, somos deudores de todos esos capítulos fundamentales y a todos les debemos ofrecer una parte de nosotros para alcanzar nuestro equilibrio como personas.


No hay exámenes para constituir una familia, cosa que en más de una ocasión lo hemos echado de menos los profesionales de la educación injustamente porque por ese procedimiento terminaríamos por quitarle a la vida su calidad de aventura y a sus protagonistas, nosotros, una buena parte de nuestra libertad. Lo último que yo te quiero dar son consejos, casi siempre inútiles de todas formas. Lo que sí te invito es a que vivas la vida, a que goces de ella en lo que sabes y también en lo que ignoras porque nuestro crecimiento está en armonizar las dos cosas. Ya sé que una madre es una madre y tú no puedes ver a la tuya de otro modo. Yo, que no soy tu madre pero que sí soy su amigo, sí te puedo decir que sus ideas siempre me han parecido de las más equilibradas que conozco y de las cosas que más he admirado de ella ha sido su constancia. Al final, Laura, eso es lo que cuenta. Un buen día lo tiene cualquiera, o malo, pero eso cuenta poco. Lo que cuenta de verdad es esa línea medio que vamos dejando como estela de nuestro testimonio de cada día. Eso es lo que esperan de ti quienes te rodean y eso es lo mejor que tú puedes ofrecerles. Estoy seguro que lo sabes. Ánimo y a vivir un día detrás de otro. 


domingo, 10 de septiembre de 2017

LIBROS


         Aunque el curso ha comenzado oficialmente el mismo día uno, los alumnos todavía no han comenzado a tomar las clases.  Estos días están los profesores de reuniones y de labores de intendencia para que cuando lleguen los alumnos, a partir del día 15 todo esté a pedir de boca. Eso no pasa de ser un deseo en el mejor de los casos porque la realidad, por unas causas o por otras, nunca faltan detalles que poner a punto y que desde fin de junio nadie ha tenido tiempo de resolver. Habría mucho que hablar sobre el nivel de previsión de unos y otros. Las familias, por ejemplo, andan revueltas con la compra de uniformes, oficialmente eliminados pero impuestos por instituciones privadas sobre todo, o los libros de texto. Y aquí es donde nos paramos hoy un poco, sencillamente para aclarar este contubernio que se repite como un mantra y que sigue sin ser verdad.

         Todavía conservo como oro en paño los almanaques del Colegio Verdemar de Cantabria, completamente elaborados por alumnos y profesores,  que mi amiga Julia me hacía llegar cada comienzo del curso como le llegaría a cada una de las familias que componen esa comunidad educativa. Ya hemos cumplido nuestro ciclo laboral tanto ella como yo y ambos seguimos con la escuela en la cabeza y cada uno lo manifiesta como puede. En mi caso…, ya veis. Aquí de reflexiones. En el suyo pues sus nietos se aprovechan del buen hacer de su abuela y los compañeros de sus reflexiones sobre asuntos varios ligados a la escuela. Pero su amistad para conmigo, que sigue vigente, aparte de nuestros diálogos telefónicos esporádicos, quedan materializados en mis archivos en forma de calendarios que me siguen diciendo que todo este comercio tan importante sobre los libros de texto que viene a inflar el bolsillo de unas cuantas editoriales  y a quitar preocupaciones a muchos profesionales que se acomodan a la guía que las editoriales les ofrecen y pasan por alto que los verdaderos responsables de los contenidos educativos son ellos y sólo ellos.

         Tenemos a las familias como locas buscando recursos  para adquirir los libros en las librerías que los traigan porque, una vez metidos hasta los topes en el mercado de la competencia, cada centro se habrá encargado de concertar con alguna librería amiga  determinados libros de texto y sus correspondientes porcentajes compartidos que pueden ser legítimos pero que van en perjuicio de las familias, que son el eslabón más débil de todo este circuito comercial. También me consta que algunas familias se ponen de acuerdo para pasarse los libros de unos años a otros, si es posible que no siempre sucede, y alivian algo con este procedimiento la factura final. Pero en aquellos centros en los que los libros de texto no son la luz y guía de los conocimientos de sus hijos se ponen de acuerdo las familias y de acuerdo con los profesores, destinan una serie de recursos para adquirir el material escolar que van a trabajar sus hijos y dotan las bibliotecas escolares de los mejores medios de consulta que sirven para sus hijos y para los que vengan después.


         Sé que en otros momentos me hubiera mostrado más combativo sobre este comercio. Hoy lo voy a dejar así. Sólo quiero insistir en que los contenidos que tienen que aprender los alumnos son responsabilidad de los maestros y no de las industrias editoriales y que la mejor manera de interiorizar los contenidos es ni más ni menos que elaborarlos en común a lo largo de los meses del curso. Las experiencias de que disponemos, que las hay y muy dignas, lo que nos dicen es que la ciencia no está en los libros sino en el trabajo de cada día dirigido por profesionales comprometidos con la educación y por familias y estructuras sociales que colaboran en la medida que se les solicita, construyendo entre todos comunidades favorables al aprendizaje de las que la escuela, el laboratorio donde se funde todo este conglomerado de conocimiento, es la gran beneficiaria. 

domingo, 3 de septiembre de 2017

PRIMERO


         Los ciclos de la vida, lo bueno y lo malo que tienen, es precisamente que son ciclos, que llegan inexorablemente, que aportan al conjunto  su naturaleza de perno como parte del engranaje interminable de la vida y se van hasta que llegue su tiempo nuevamente. Del conjunto de pernos de todo tipo es de lo que se compone esa amalgama de dichas y desdichas que nos dibuja como somos y que nos hace con su devenir no solo ir adoptando una dirección determinada imprevisible sino hasta una naturaleza concreta que afronta su papel en el conjunto desde un ángulo particular. Si no fuera porque la libertad siempre anda por medio podríamos pensar en una colmena que, en su aparente desorden, guarda una armonía indudable para el cumplimiento de los objetivos que ha de lograr.

         Hay momentos especialmente significativos para definir el papel de cada persona en su educación aunque es cierto que cada acto o momento tiene su valor. Las primeras experiencias del tipo que sean tienen como una fuerza adicional por el hecho de ser comienzos de algo que se va a repetir después muchas veces y va a marcar tendencia sino que nos va a hacer según la naturaleza de su comienzo una determinada manera de ver el río de experiencias que lo van a configurar en lo sucesivo. El primer día de clase, como tantas primeras cosas alberga ese valor añadido por lo que lo hace doblemente significativo. Es fundamental que cada pequeño haya visitado su nuevo espacio con alguien de su familia. Conviene recorrer los distintos espacios que componen el cole y explicarle las cosas que se van a poder hacer en cada uno. Su valor no es más que la persona nueva tenga que asociar ese espacio desconocido hasta ahora con su familia y con todo ese mundo de la casa que en adelante va a cambiar por el  de la escuela.

         Conviene, por tanto pensar un poco en ese primer momento para que se convierta en un momento positivo, que se viva con expectación pero también como anuncio de algo bueno de la vida, digno de gozarse y de que se repita porque lo vivamos como anuncio de importantes beneficios para nosotros. El primer beso, la primera experiencia amorosa…, tantas y tantas primeras veces nos pueden aportar una idea de la dimensión de lo que hablamos. Es importante que cada pequeño conozca al adulto que va a ser su referente, que se sepan sus nombres, que se definan sus nombres porque no tiene mucho que ver que te llamen  Rafa a que en adelante seas López. Que el primer día el pequeño que llega sea recibido, conocido y valorado. Que tenga un valor individual y sea presentado a sus compañeros como un miembro más del grupo que se incorpora  y conozca a su vez a los otros miembros del grupo. Ya se sabe que no podrá retener toda la información  que se le acumula en tan poco tiempo pero sí que va a recordar ya para siempre que forma parte de un grupo, que se le distingue de los demás y es recibido con respeto.

         En mi colectivo trabajamos todo este tema de LA ADAPTACIÓN durante muchas reuniones de reflexión  a lo largo de un curso. Desde entonces la adaptación es todo un capítulo de atención específica cada comienzo de curso. Sé que en su aplicación no siempre hemos mantenido una actitud de equilibrio entre lo tradicional y nuestra aportación. Seguramente habrá que encontrar un equilibrio muchas veces imposible. Pero nunca hemos pasado por la adaptación como si la entrada a la escuela fuera cualquier cosa sino que seguimos considerando el comienzo como un hecho relevante que hay que tratar con especial sensibilidad porque en su solución en un sentido rutinario o respetuoso se dirime todo un conjunto de respuestas que cada pequeño en adelante va a ofrecer en función de cómo se haya resuelto su adaptación. Los ojos de deseo que podemos ver en muchos niños no son casuales y están directamente relacionados con la mejor o peor solución que hayamos sabido dar a su primer encuentro con la escuela.

domingo, 27 de agosto de 2017

AGOTAMIENTO


         Cuando hace un par de meses nos zambullíamos en el largo y cálido verano anunciábamos la conveniencia de promover alguna forma de orden de vida que sustituyera a  la estructura escolar que, con sus más y con sus menos, significaba una organización del tiempo y de las actividades posibles a lo largo de la jornada escolar. Después de un par de meses de dimes y diretes nos enfrentamos a la última semana del nuevo orden que, con mejor o peor acierto, terminamos por instituir. Hemos tenido tiempo para darnos cuenta de los aciertos y de los errores de la organización veraniega pero, sobre todo, hemos tenido tiempo para saborear el agotamiento y el deseo ferviente de que alguien que no seamos nosotros, la escuela inevitablemente, se haga cargo de la responsabilidad de acertar o equivocarse nuevamente en la larga carrera de la educación.

         Probablemente no nos reuniremos entre los adultos para evaluar qué ha sido de todas aquellas propuestas que nos propusimos a finales de junio, qué nivel de cumplimiento y qué sería preciso corregir para el futuro. Esta evaluación sí la realiza la estructura escolar por puro método de trabajo, lo mismo al final de cada ciclo que al principio del siguiente. Seguramente eso es una ventaja metodológica sobre la estructura familiar pero no hay nadie que pida cuentas del cumplimiento de los proyectos familiares mientras que la administración de encarga de pedir cuentas a los profesionales de los resultados de la aplicación de sus propuestas así como del contenido de las nuevas para aplicar en el nuevo curso que está a punto de comenzar la semana próxima.  Aun admitiendo la ventaja de la estructura escolar no debiéramos renunciar a seguir los pasos en beneficio del resultado final, que es lo que importa en ambos casos.

         No todas las familias pero más de una y más de dos se sinceran en los primeros encuentros y reconocen que estaban hasta el gorro de verano y que aceptan la llegada del nuevo curso a principios de septiembre como un consuelo que los lleva a desentenderse de la primera línea de compromiso en la educación de los pequeños  que les venía pesando demasiado. Y es que, sin dramatismos innecesarios, no cabe duda que tirar del carro de la organización de la vida no es algo fácil. Todos somos capaces de ofrecer una secuencia brillante en un momento o en un día en el que nos encontramos especialmente dispuestos. Esto ya es meritorio, pero no deja de ser una secuencia aislada. Otro cantar muy distinto es salir airosos del desarrollo de la secuencia continuada del día a día en el que hay que casar los momentos en los que nos sentimos especialmente dispuestos con aquellos en los que no sabemos a dónde mirar para desaparecer del mapa porque estamos hartos y queremos inútilmente que alguien nos sustituya aunque sea por un momento. Pues la educación es la respuesta que los adultos y los pequeños ofrecemos a ese cúmulo de sensaciones que se nos mezclan en función de las respuestas que ofrecemos a los retos que la vida nos va planteando.


         No me parece que la familia deba competir con la escuela a ver quién se esfuerza más en estructurar la vida de los menores. Está claro, creo yo, que debe ser la escuela, que para eso se le paga, la que debe llevarse la palma. Pero eso no debiera significar que la familia organice la vida de espaldas a la escuela, ni viceversa. Son dos estructuras que tienen una enorme importancia en la vida de los pequeños y estaría bien que se miraran la una a la otra y cada una aportara al conjunto lo mejor que sepa. El conjunto seguramente lo agradecería de mil amores y nos podríamos dar cuenta de que todos podemos aportar a un asunto tan importante todo aquello que la vida nos da. Seguramente la semana que viene tendremos que encarar el nuevo curso y sus nuevos retos,  asumiendo que muchas personas se van incorporar por primera vez y otras que repiten ya no son las mismas porque el tiempo pasa y nos hace crecer para bien y para mal.

domingo, 20 de agosto de 2017

LÍQUIDO


         Cuando termine este ciclo de calor que espero que ya empiece a remitir, aunque sólo sea por las noches, habremos superado los treinta días con 40 grados o más. Desde que tengo memoria cada verano hemos tenido puntas de agobio en los que se han superado esas temperaturas. El cambio que se está produciendo es la persistencia del calor durante días y días. En esta tierra estamos acostumbrados a sobrevivir con esas puntas porque se trata de un calor seco y porque en general está el consuelo de la noche en que las temperaturas alcanzan los alrededores de los 20 y eso consuela mucho. Esas amplitudes térmicas tan acusadas hacen que el cuerpo no termine de acostumbrarse a vivir por encima de su temperatura natural durante tanto tiempo. Es verdad que los aparatos de aire acondicionado han venido a paliar en gran medida la sensación de desesperación que se vive cuando la temperatura no baja a intensidades más asumibles, pero también es cierto que no todo el mundo tiene acceso a esos medios.

         En el caso concreto de los pequeños, que son el motivo principal de nuestra atención, la particularidad estriba en que ellos no están pendientes para nada de si la temperatura sube o baja sino que se comportan en cada momento en función de las sensaciones que les va pidiendo el cuerpo y normalmente se  mueven mucho más de lo que sería conveniente. Por esta razón se hace imprescindible que sean los adultos a su cuidado los que deban estar pendientes de si en algún momento se desenvuelven adecuadamente o no según el ambiente que les rodea. Quizá en este sentido y para prevenir excesos que nos puedan dar un buen susto sería bueno que en estos días la presencia de los líquidos fuera permanente y estuviera en todo momento cerca de los pequeños. Eso no quiere decir que nos despreocupemos pensando que ya recurrirán los menores a los líquidos cuando los necesiten, porque esto no siempre se va a producir.

         Lo que sí quiere decir es que tenemos que estar pendientes para que beban agua con suficiente frecuencia como para que su agitado cuerpo disponga de líquidos de reserva y se evite en todo momento la temible deshidratación. Pero es importante que sea agua lo que ingieran y no cualquier otro refresco con suplementos de azúcar que no les quita la sed del mismo modo y que les hace ingerir aportes innecesarios de glucosa contribuyendo a una inadecuada alimentación y provocando obesidad en unas edades y en unas cantidades completamente inadecuadas. He detectado un anuncio muy en boga estos días que dice: Todos sabemos que hay que comer fruta cinco veces al día, pero como no tenemos tiempo podemos tomar en su lugar un buen vaso de este producto que tiene el mismo sabor que  la fruta. Lo que no dice, como es lógico es que con esa bebida se bebe mucho más azúcar que con una fruta entera y nada de la imprescindible fibra que la fruta lleva en su composición.


         Al mismo tiempo se hace conveniente la presencia del agua cerca de los pequeños para que puedan manipularla a placer. No necesariamente tiene que ser que estemos demasiado tiempo metidos en el agua. Lo que sí puede promoverse es que dispongan a la mano de cualquier recipiente que les permita mantenerse activos el tiempo que necesiten y cerca del líquido elemento, que les va a servir de regulador natural de la temperatura al tiempo que satisfacen su tendencia a la manipulación y al conocimiento de este elemento esencial de la vida. En los meses de invierno, al menos en estas latitudes, sólo se va a ver en el grifo y poco más. El líquido, por tanto, en una situación de temperaturas agobiantes como la que estamos pasando, se hace más importante que comer que, a fin de cuentas, con cuatro picoteos de aquí y de allá podemos resolver mientras el agua es la que nos va a proteger en mejores condiciones si mantenemos el contacto cercano con ella.

domingo, 13 de agosto de 2017

CRUDO


Hemos hablado otras veces de la conveniencia de que los pequeños, pese a pasarse más de dos meses de vacaciones, cosa que nos sigue  pareciendo claramente demasiado, dispongan durante ese tiempo sin reglar de algún tipo de orden en su vida para evitar que los días se los pasen de acá para allá sin encontrar ninguna forma de organización. Hemos llegado a sugerir y ahora insistimos de nuevo,  que  acercarlos a los productos de alimentación puede ser una buena excusa para hacer de su vida veraniega algo más que ver pasar el tiempo sin oficio ni beneficio. El criterio tiene la ventaja de que el proceso de alimentación tiene ocupaciones de interés para todas las horas del día. Desde la visita matinal al supermercado correspondiente o a la frutería de la esquina en la que nos vamos a proveer de los productos que consideremos necesarios para cada día, hasta la elaboración de las comidas que nos van a servir de sustento a la vez que nos ordenan la vida.

Hoy se insiste cada vez más en la conveniencia de alimentarnos con elementos crudos o a través  del mínimo proceso de elaboración con el fundamento de que llegan en mejores condiciones a nuestro proceso digestivo. Este criterio del cual participo por completo hace que todo el mundo de las ensaladas sea prioritario e imprescindible en nuestra alimentación. Hace más de 40 años que pusimos en marcha nuestra experiencia educativa en Granada y desde entonces no hemos dejado de proveer a los pequeños de un plato de ensalada como el primero del variado menú que venimos ofreciendo. Desde un hermoso de tomate pelado y picado con aceite y sal para que los que andan por el primer año vayan gozando del color y del sabor rojo, seguramente llevándoselo a la boca con sus propias manos, hasta los mayores de cinco años que se toman unas ensaladas que son verdaderas enciclopedias de alimentación en colores y en sabores.

Probablemente con este plato, que en todas las familias y sobre todo en verano debería ser el primero e imprescindible, tenemos al alcance de todos en su factura y en su consumición, al menos la mitad del cuadro alimenticio que necesitamos. Quizá falta por aclarar, porque ya estoy viendo algunas caras de escepticismo que no faltan en las personas que no están muy por la labor, hasta dónde alcanzan los niveles de rechazo de los más pequeños a determinados colores, olores y sabores. No les falta razón si de lo que estamos hablando es de experiencias nuevas porque es verdad que las novedades se digieren malamente al tenerlas que tragar sin conocimiento previo. Nuestra experiencia corroborada años tras año y generación tras generación que los alimentos que se van a ofrecer para ser digeridos sean previamente conocidos y manipulados por los pequeños desde el minuto uno acompañando a sus mayores en la tarea de la selección y compra hasta el aderezo y presentación de los platos a la hora de ofrecerlos en la mesa.


No sé si todos tendremos experiencias suficientes como las que estoy sugiriendo como propuesta para ordenar en alguna medida la vida de los más pequeños en los tiempos de veranos más alejados del orden escolar. Si es así, mejor para nosotros. Pero si, como me temo, todo esto que sugiero nos sonara a chino a más de cuatro sería una inmejorable ocasión para que, con el conqui de educar a lo más pequeños, encontremos los demás una  excusa razonable para alimentarnos con criterios más aceptables que los que habitualmente usamos, que muchas veces no nos separamos apenas de la sartén de los fritos en sus diversas variables, que no dijo yo que no estén sabrosos sus resultados en pescados, en carnes o en lo que quiera que sea. Ya sé que nos hemos educado en esa cultura y que es la primera inclinación que se nos viene a la mente, pero sí digo que este estilo de alimentación que propongo puede ser general, educativa  y mucho más digestiva  que la tradicional. ¡Total…, por probar…  ¡

domingo, 6 de agosto de 2017

FLOTAR


         No sé si hay muchas personas que hayan decidido leer lo que aquí se escribe y a la vez paseado a pleno sol de 45 grados. Por el Camino de Ronda en plena capital de Granada entre las cinco y las seis de la tarde con mi hija Elvira nos hemos visto levantando los brazos como si flotáramos, como si fuéramos en una nube que debe ser la imaginación quien la crea y quien decide que podemos pensar en levantar el vuelo mientras llegamos a la cafetería del barrio donde nos van a recibir con un maravilloso café y montañas de hielo que nos aten al suelo de la tarde. No se tarda mucho rato en cubrir la secuencia completa, quizá sólo el imprescindible para recordar amistades que en Las Palmas puedan estar tocando el Sáhara con sólo extender los dedos y para colmo pueden llamarse Nieves como final del contubernio. Todo eso puede dar de sí la vida en un momento.

         Con los pequeños se puede vivir del mismo modo pero es más difícil de explicar si uno no se separa un poco de la vivencia. Los pequeños viven con el cuerpo y con el alma. Sus vivencias tienen todo el valor porque no dejan ni un átomo de su integralidad sin poner en funcionamiento. Son vivencias de cuerpo entero. Por eso quizá lo que más conviene para pasar estas sensaciones tórridas del verdadero golfo del verano, que va del 15 de Julio al 15 de Agosto en donde las noches empiezan a consolar los sueños, agosto frío en rostro, es un buen recipiente con unos litros de agua para manipular a placer y un espacio suficiente como para no tener que andar dando la lata mojando suelos que luego necesiten secarse para que el resto de la familia se solace. Un buen patio puede valer, un lugar de arena cerca de la vivienda, la misma playa si la sombra cubre mientras la siesta les ha cubierto con su manto de sueño y ahora les permite un buen rato de húmedo juego.

         Tengo en el recuerdo muy vivo la primera vez que me vi cubierto de agua hasta el cuello, alrededor de los diez años. Iba con un grupo y hube de hacer de tripas corazón para que no se me notara la angustia del ahogamiento y los ojos que se me salían de las cuencas, sencillamente porque nunca había experimentado la sensación de flotar en el agua, un medio en el que, como se sabe, un cuerpo pesa mucho menos que fuera de ella. Sé que aquella sensación de ahogo la experimenté bastante más tarde de lo que hubiera sido conveniente pero la angustia es la misma y cualquier pequeño que con esa alegría es metido y sacado por sus familiares en plan de gracia, la está viviendo con toda su intensidad. A flotar también se aprende como se aprende a casi todo en esta vida. Lo que deseo insistir siempre es que muchas cosas son posibles pero que aprenderlas necesitan un tiempo y un cuidado porque hay mucha diferencia en aprender a flotar abrazado a un ser querido que a que te suelten en el agua completamente solo porque quien debe cuidarte ha decidido que todo el mundo flota sólo y que hay que soltar el miedo cuanto antes y mejor de golpe.


         Las primeras experiencias tienen siempre un valor emblemático que se queda impreso en nuestro recuerdo para siempre. A mí no se me olvidará aquella primera sensación de opresión en mi cuerpo y mi gesto desesperado que no sé si alguien vio pero es importante que las sensaciones básicas se produzcan en buenas condiciones. No tiene nada que ver el que aprendamos a flotar amorosamente y en brazos de alguien en quien confiamos a que nos suelten en el agua sin más y tenga que ser la propia desesperación la que nos impulse a flotar por puro instinto aprendiendo en un instante que no podemos confiar en nadie y valernos por nosotros mismos porque cualquiera que no seamos nosotros mismos es nuestro enemigo o le importamos muy poco y no mueve un dedo para facilitarnos la vida.

domingo, 30 de julio de 2017

DRAMAS


         En verano flaquean las noticias y hay que cubrir los minutos reservados a los informativos como sea. Ofrecer secuencias de la vida, profundizar en ellas y tratar de encontrar las claves de por qué se producen del modo en que lo hacen parece que no es noticia. Que un perro ha mordido a una persona no es noticia. Que una persona ha mordido a un perro sí. Situaciones tan normales como que en verano hace calor se convierten en noticia estrella. O que una granizada inunde las calles de una localidad. Hay que encontrar las chispa  que supone el récor desde sabe dios los años. No sé dónde está la gracia de que en verano hace calor o en invierno frío, pero si lo adornas con gráficos comparativos, lo explicas con entonaciones de alarma y lo decoras con entrevistas a vecinos que  no tienen inconveniente por un minuto de gloria en exagerar lo que han visto o recordar lo que sucedía cuando eran pequeños ya podemos rellenar los minutos.

         Los ahogamientos suele ser un material recurrente por la enorme cantidad de personas que en verano pasan horas y horas cerca del agua como ha terminado por ser costumbre imprescindible. O las dichosas piscinas familiares en las que suelen encontrarse cuerpos de pequeños flotando y que a todos hay que encontrarles un punto inexplicable para captar la atención del espectador. O los descuidos de familias que se reúnen para cualquier celebración y que en un momento determinado, como ha pasado hace unos días en un pueblo de Málaga,  una niña de tres años se aleja bien para huir del ruido, bien para saber qué hay detrás de lo que tiene delante de sus ojos o sabe dios por qué razón, lo cierto es que empieza a andar por la vía del tren sin que nadie se diera cuenta, los periódicos dicen que hasta unos minutos, pasados los cuales empezó la infructuosa búsqueda.

         Llegó a alejarse hasta cuatro kilómetros y cuando se sintió agotada, sencillamente se echó en el suelo y se quedó completamente dormida en plena vía. El primer tren de la mañana le pasó por encima y todo podría haber terminado ahí, pero parece que la pequeña, al despertar con el ruido levantó la cabeza y recibió un fuerte golpe con los bajos del tren que la dejó en el sitio. Mientras tanto su familia y los vecinos buscándola por todos los sitios posibles y barruntando todo tipo de peligros, todos posibles por supuesto, pero que al final no condujeron a su localización. Y cuando la contundencia de la evidencia les ha ofrecido una bofetada de realidad con una secuencia tan cruel pero tan sencilla, parece imposible tragársela en toda su crudeza y lo último que queda como incógnita es que cómo una niña de tres años ha podido en plena noche andar hasta cuatro kilómetros y quedarse dormida tan tranquila, una vez que se vio agotada y que no localizaba a los suyos, que es lo que estaría buscando con creciente desesperación.


         El entierro era digno de ver. Los ramos de flores blancas hacían cola. Parece como si los allegados necesitaran justificar su afecto ante un hecho que nos ha dejado a todos en evidencia. Después del conejo ido, palos a la madriguera. Comprendo que no es políticamente correcto pero aparte del sentimiento y del silencio dolorido no creo que haya nada más explícito para manifestar el dolor y la impotencia ante un hecho que, como casi todos los dramas de la vida cotidiana, pudo ser evitado si todo hubiera sido de otra manera pero que no lo fue y que en ese caso sólo queda llorar la pérdida inocente y, si fuera posible, aprender para que en otra ocasión nos demos cuenta de que los pequeños hay cosas que no controlan pero que tienen más capacidad de lo que pensamos para tomar iniciativas por su cuenta, capaces de poner en riesgo sus vidas y perderlas buscando a sus familias.

domingo, 23 de julio de 2017

ADAPTACIÓN


         Le dedico esta página a Nieves, mi amiga, a cambio de una sonrisa.

         Mi Elvira juega con su sobrina África, que es su pasión,  y pretende obtener fotos con fondos de caras preparados de antemano. África, de tres años recién cumplidos le dice a su tía: “-Vamos a poner caras glasiosas”. Y la secuencia sigue como si nada. Yo,  que sigo la historia lo más anónimo que puedo no sé dónde meterse para permitir que la secuencia transcurra con la mayor naturalidad posible reprimiendo la reacción primera, que  suele ser la de empezar a comer niña por donde esté más cerca,  en manifestaciones afectivas quizá no muy ortodoxas pero que se mantienen en mí, yo creo que para siempre, provenientes por vía directa de mi exagerada madre y que ya a mi edad, cómo voy a intentar cambiar si es poco menos que imposible.

         La secuencia me parece es una muestra suficientemente gráfica para darnos cuenta de que tres años pueden ser suficientes, y de hecho lo son, para que una persona tenga conciencia de que según el momento que esté pasando, la persona con quién lo viva y el contexto en el que se produzca conviene comportarse de una manera o de otra. Mi asombro todavía no ha decaído desde que conocí  por las estadísticas científicas que hacia los tres años una persona ya ha desarrollado más o menos el 50 por ciento de sus capacidades. Independientemente de que sean unos puntos por arriba o por abajo, lo que parece innegable es que no echamos muchas cuentas a los más pequeños e intentamos vivir como si fueran una especie de muñecos que manipulamos a nuestro antojo o a nuestra conveniencia cuando la verdad es que esa persona se está definiendo en casi todas las posibilidades evolutivas de que dispone sin que  nos demos cuenta apenas, para bien y para mal, según los casos.

         Ante esta realidad que me parece incontestable a la vista de mi propia experiencia, lo único que se me ocurre es promover una actitud por parte de las personas mayores hacia los que vienen creciendo de máximo respeto a sus modos y maneras de manifestación y de relación porque en realidad lo que hacen en cada momento es adaptarse lo mejor que pueden y saben a los múltiples retos que la vida les pone por delante en su relación con las personas más cercanas y  con las particularidades a través de las que tienen que sacar adelante su propio desarrollo personal. Estoy seguro que la secuencia con la que hemos empezado se va a ver favorecida o perjudicada en función de la reacción que la niña vea en los adultos que la rodean y que son la fuerza con la que cuenta para afianzar sus descubrimientos. Nosotros no tenemos por qué darnos cuenta pero ella irá mirando en todo momento nuestra reacción a lo que dice y el resultado la llevará a abandonar su hallazgo si no lo ve favorecido por el contexto o a afianzarlo si se da cuenta de que quienes la rodean la apoyan en lo que acaba de descubrir.


         Dos lecciones pienso que no debemos olvidar para enfrentarnos con el aprendizaje. Por una parte entender de una vez por todas que en los primeros años se dirime el grueso de nuestra formación de las estructuras básicas del comportamiento que nos va a acompañar en nuestra vida posterior y por otra que al mismo tiempo, la naturaleza viene dispuesta de tal modo que nunca jamás cierra la puerta de nuestra capacidad de aprender, por lo que  necesitamos ser diligentes y favorecer las posibilidades de los pequeños en sus primeros años y también confiar en que nada es imposible y que siempre disponemos de capacidades para adaptarnos a nuevas situaciones porque nuestras posibilidades de aprendizaje están abiertas para todos hasta el último momento de nuestra vida.

domingo, 16 de julio de 2017

COLONIAS


         Si la memoria no te falla no tienes más que cerrar los ojos y te aparecen al momento estampas de ayer que quieras evocar. Tú pensarás que son fidedignas cuando seguramente el recuerdo lleva dentro toda la deformación que da la distancia, de modo que más que un recuerdo muchas veces lo que evocamos es un sueño, pero eso es otra historia. Cuando propusimos la comida en la escuela partimos de un déficit alimentario en proteínas, por lo que decidimos que el primer plato sería el filete, el pescado o el huevo. Con el tiempo de vacaciones pasó algo parecido. A los pequeños les faltaba espacio libre y sobre todo de playa donde pudieran convivir y bañarse a placer. De ahí nacieron las Colonias que a muchas familias teníamos que aclararles que no se trataba de ningún agua de olor para echarles a los pequeños, que eso era otra cosa.
Calahonda. La escuela está junto a la iglesia

         Nuestro primer destino fue Calahonda, sencillamente porque nuestra amiga monja Maricruz dirigía una Escuela Infantil en ese pueblo en primerísima línea de playa, a la misma altura que los chiringuitos. Era salir de la casa y estabas en el agua. Parecerá mentira pero el personal que llevaba trabajando todo el curso era el mismo que se ofrecía a sacar adelante el sobreesfuerzo de vivir con los pequeños una semana en la playa con toda tranquilidad. Es verdad que aquello tenía como experiencia un cierto aire de novedad porque los menores de 6 años hasta entonces apenas habían salido de las faldas de sus madres. Todos asumíamos la experiencia como propia, como experimental y como novedosa. Un reto, vamos. Uno más de los muchos que íbamos asumiendo en la forma de vida que proponíamos para los pequeños. Las familias, una vez que habían decidido compartir nuestra aventura de vida con nosotros no tenían inconveniente en confiarnos a sus pequeños también en el verano.
La playa desde el patio de la Escuela Infantil


         Mejor que explicaciones he localizado el folleto que hicimos sobre la experiencia y os muestro una muestra pensando que tendrá más valor que mis palabras.