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domingo, 9 de mayo de 2010

ELVIRA, TIMÓN DE PLATA




Elvira, timón de plata,
blanca espuma, caracola,
con el mar impregnando tus pupilas.

El viento caprichoso nos envuelve cada tarde,
nos dibuja a su antojo,
nos mima o nos rechaza
pero su fuerza siempre te alimenta.

¿Quién ha visto un ser humano con ojos de infinito,
que juega con la orilla cargada de palabras?.
¿Cómo encantar, de qué manera
meter en tu cabeza lo inefable,
lo que no tiene nombre,
la grandeza sublime del tanteo y de la duda
a través de la arena milenaria,
de unas gotas de espuma,
del sonoro silencio de las olas?

Te canto, te acompaño,
¡te invito tantas veces a soñar con las piedras!.
Tú discrepas y me exiges que concrete:
¡cuantas son dos y dos, si mañana es mañana,
la Luna, Catalina
a donde se va el sol una vez que se pone
como viven los peces ...!
¡Necesitas cada cosa con su nombre,
como el náufrago,
cuya vida se sustenta en una tabla ¡.

La mentira del tiempo nos ha unido,
hija y padre nos llama,
¡qué mas da!,
pero los dos vamos sabiendo poco a poco
que la vida se construye cada día,
que no importa llegar sino el camino
y que no hay mas misterio que el esfuerzo
ni otro placer que nuestras manos sudorosas
amasando y puliendo la gran bola del mundo.

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