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domingo, 14 de octubre de 2018

PRIORIDADES



         Parece cruel pero hemos tenido que esperar hasta 2018 para que los políticos se hayan comprometido en ofrecer una plaza escolar pública de 0 a 3 años a cualquier familia que lo solicite. Ni siquiera sabemos cuánto puede significar de gasto este servicio porque jamás se ha experimentado. Es terrible en las condiciones en que están viviendo y creciendo los menores de 3 años. Disponen de una plaza escolar pública alrededor del 20% de los que lo solicitan. El resto pasa su tiempo en brazos de abuelos, algún familiar caritativo, con sus padres si no trabajan o en cuchitriles sin muchas condiciones de habitabilidad porque la administración no ha podido ponerse muy seria en cuanto a las condiciones que debe exigir a los locales que abren sus puertas porque hasta el momento no ha considerado prioritario hacerse cargo ella misma de este profundo problema social. Hoy se acaba de declarar la intención de hacerlo si por fin se logran aprobar los presupuestos que se están preparando para el año próximo, que ya veremos.

         Todo es cuestión  de prioridades. Los gobiernos administran el dinero de todos y pueden dedicarlos, por ejemplo a salvar los bancos, como en su día lo hizo el gobierno español o pueden dedicarlos a ofrecer a las familias una plaza pública para sus hijos menores de 3 años si así lo estima oportuno. De la enorme cantidad de necesidades sociales, en cada momento se eligen aquellas que se consideran prioritarias. Seguramente todas  pueden ser perfectamente legítimas pero las consecuencias son muy distintas si se eligen unas u otras. Un puesto universitario es muy importante y nos cuesta a todos un importante montante económico, a pesar de las tasas que pagan los estudiantes, pero nunca he podido entender la razón de por qué los menores de 3 años no pueden ser medidos por el mismo rasero salvo constatar así, por encima, que los menores no votan, cosa que es cierta. Pero no creo que sea por eso. Técnicamente, desde luego, no tiene explicación.

         Nuestras cuatro escuelas en Granada son públicas, pero no estatales, sino municipales. Aparecieron en los primeros ochenta siguiendo el hermoso ejemplo de Barcelona que a su vez lo importó de Regio Emilia en Italia. En la vida casi todo sucede así: unos nos inspiramos en otros y unas veces mejoramos y otras metemos la pata, que de todo pasa. Lo cierto es que aquellas experiencias municipales no se extendieron. En Andalucía hemos sido los únicos. Y eso que nunca hemos sido completamente gratuitos. Nuestra familias han pagado todas su plaza aplicando una fórmula sobre los ingresos de modo que quien gana más, paga más y quien gana menos paga menos. Yo creo que nada es perfecto en este mundo pero parece que no lo han visto las familias demasiado mal porque su preocupación fundamental no es lo que deben pagar sino conseguir una plaza, cosa desdichadamente casi imposible en muchas ocasiones. El ayuntamiento ha hecho sin duda un gran esfuerzo económico pero las familias también han aportado su parte. Lástima que el estado no ha querido hasta el momento participar en esta hermosa labor cuando debería, pienso yo, haber sido el primero.

         Me alegro de que por fin los esfuerzos económicos del presupuesto público para 2019 se hayan acordado de los menores de 3 años y espero con fervor que terminen aprobándose, cosa que no se ve fácil porque son muchos pasos los que faltan todavía para garantizarlos y muchas las zancadillas que le quedan por recibir porque ya les están llamando suicidas y otras lindezas por el estilo, aunque espero que no sea por las migajas que pretenden aplicar al ciclo de 0 a 3 años. Si por fin se lograra un acuerdo tendríamos el privilegio de conocer cuáles son las necesidades reales que tiene España, no para escolarizar a todos los menores de 3 años, que eso nadie lo ha pedido, sino para garantizar una plaza pública a las familias que lo necesiten, que es de lo que se trata y con lo que empezaríamos a darnos con un canto en los dientes por fin.


domingo, 7 de octubre de 2018

INDIGNACIÓN


         El asunto me resulta abominable. Desgraciadamente es muy frecuente y todos somos un poco responsables, unos más que otros naturalmente, pero el resultado me viene indignando desde que empezó a enseñar la patita, allá por 1983. Virginia, la responsable del Centro Ocupacional de discapacitados intelectuales que presido desde que me jubilé de mi trabajo con los menores de 6 años, me pide consejo porque en la clase de su hijo  Martín de tres o cuatro años hay un compañero un poco autista que con frecuencia no controla sus esfínteres. La maestra espera con impaciencia que la administración mande una persona de refuerzo para que se encargue de la limpieza y no termina de llegar. Cada vez que sucede llama a la madre para que lo limpie y la madre ha tenido que dejar su trabajo porque se ha repetido en varias ocasiones. Mientras llega la madre el niño es apartado del grupo. En vez de responderle buenamente monto en cólera porque este asunto, que se repite una y otra vez aunque Virginia no lo sepa, me parece denigrante para todos.

         Desde que empezamos a trabajar con pequeños, allá por 1978 ya teníamos el problema del control de los esfínteres como un asunto de primer orden. Nunca hemos dejado de atender este servicio porque hemos pensado que formaba parte de la educación como cualquier otro tema y todos nos hemos responsabilizado de atender a la limpieza de los pequeños con la misma intensidad que cuando hemos jugado con ellos o cuando hemos salido de paseo por la calle o cuando nos hemos enfrentado a la comida puesto que todos comen en la escuela porque sus familias trabajan. Sencillamente este tema del control de esfínteres ha sido un capítulo educativo como cualquier otro. Cuando se inventó en España la Educación Infantil, en el Congreso de Barcelona de 1983 para sustituir a la antigua Preescolar, la administración se emperró y logró dividir la etapa de 0 a 6 años en dos ciclos, de 0 a 3 y de 3 a 6, cosa que algunos insistimos sin resultado que sería fuente de conflicto y división en aquel presente pero sobre todo en el futuro.

         El modelo nos venía de Italia y allí ya estaban funcionando las batas azules que eran personas que no necesitaban ser maestras, cuya función era la de ayudar, no ser tutoras y sobre todo cobrar menos, que yo creo que era lo más importante para la administración. En aquel momento el problema no era muy grande porque la mayoría de los pequeños empezaban su escolarización a los 4 años. Hoy, con el descenso de natalidad y el aumento de los servicios tenemos capacidad para escolarizar a todos los de tres años y hasta de menos. El problema de los esfínteres se ha resuelto a base de ayudantes de refuerzo en cada ciclo que las tutoras reclaman cada vez que algún pequeño lo necesita, con lo que hemos creado de hecho dos categorías de docentes: los tutores, que cobran más y atienden los programas educativo y los auxiliares o limpiaculos en lenguaje chabacano pero real que cobran menos y que están a lo que ordenan los tutores.

         Todo este entramado que creo que ya he explicado en alguna otra ocasión es para decir que la limpieza de los pequeños o cambiarle los pañales no le corresponde a los tutores del grupo sino a los ayudantes con lo que, aparte de ser una aberración técnica que cualquiera que conozca este trabajo no puede sostener porque todos los momentos de contacto son de un valor primordial y el del cambio de pañales es uno de los importantes, la propia imagen de que los pequeños vean diferencias de trato entre profesionales según los servicios que reciben de ellos es muy poco edificante. No es verdad que haya servicios de primera y otros de segunda y si un pequeño necesita en un momento que se le cambie de ropa cualquiera debe ser capaz de responsabilizarse antes que someterlo a la humillación de llamar a su familia y dejarlo tirado como un apestado mientras tanto. Creo que el asunto merece sobradamente una indignación. 
      

domingo, 30 de septiembre de 2018

PROTAGONISMO



         Hay secuencias definitorias que uno ha vivido y que le es imposible sacarlas de la memoria. Nunca dejo de recordar que en mi pobre escuela de pueblo había un ridículo cuarto de baño que estoy seguro que fue pensado para los alumnos y que sólo usaba el maestro. Tenía su llave correspondiente, que usaba solo él, mientras los niños orinábamos en plena calle de manera habitual. Nadie, que yo sepa, levantó la voz en ningún momento para poner las cosas en su sitio en todos los años que permanecí en la Escuela. Sé que no es más que un ejemplo pero es que así eran las cosas entonces y en alguna medida siguen siéndolo hoy todavía. Decir que los niños deben ser los protagonistas de la escuela sólo es una frase pero o logramos que eso sea así o la escuela no sirve. Lo podíamos aplicar a otros órdenes de la vida como hospitales o consultas de muchos tipos pero nos quedaremos con la escuela, que es nuestro objetivo.

         Parece de Pero Grullo decir que un pequeño asiste a la escuela o que asiste a su escuela pero la diferencia es como entre el día y la noche. No quisiera ser simplista pero es que hay cosas que se ven a ojos vistas. Tú miras a la cara cómo llegan los pequeños a su escuela por la mañana y puedes conocer en gran medida lo que se vive dentro. Cuando en muchos momentos hemos diferenciado nuestra docencia, que han sido muchos, con la docencia tradicional, siempre he dicho a las familias que miraran los ojos de sus hijos cada mañana cuando se acercaban a la escuela. Unos días han sido de gloria y otros de sufrimiento pero siempre han sido ellos los protagonistas y han estado seguros en todo momento de que ellos eran actores fundamentales de lo que pasaba allí dentro. Esta noción tan simple significa para los pequeños la seguridad de que la escuela es de ellos y que ellos son una pieza angular del acontecer diario.

         No sé si será demasiada credulidad o inocencia pero sí que he experimentado que entre Pepito y un alumno o entre Mari y un alumna hay todo un mundo perfectamente diferenciado. Los apellidos: Rodríguez, López..., ofrecen un cierto carácter militar que siempre me puso los pelos de punta. En Octubre de 1959 llegué a los Maristas por primera vez con mi beca bajo el brazo y me encontré en un inmenso patio con otros 1500 compañeros. A través del altavoz nos iban nombrando a los nuevos para clasificarnos. Recuerdo perfectamente haber escuchado mi nombre y no me moví porque no podía asumir que el que sonaba  fuera yo. A lo largo de la primera mañana todos terminamos distribuidos pero yo no podía pensar que nadie supiera que yo estaba allí si no me miraba o si no me hablaba. Nunca sentí ese colegio como mío y siempre me sentí un invitado, aunque al padre Marcelino lo sigo llevando en mi corazón porque con él me sentía una persona. Me hubiera aprendido el mundo entero si me lo hubiera pedido.

         La diferencia entre una escuela a la que uno se acerca para servirla y otra a la que uno se acerca y la siente suya y está convencido de que está dispuesta para servirte a ti es esencial desde el primer momento. Sería ridículo decir que con eso basta porque el trabajo y el esfuerzo de cada día es esencial en todos los casos, pero la motivación que se produce entre una institución que tú sientes que te ignora y otra a la que sientes como tuya no tiene color. La primera idea ha sido titular este texto ALEGRÍA pero tampoco me ha parecido que fuera lo que yo quería transmitir. En la vida hay momentos alegres y otros no tanto pero lo que verdaderamente importa es encarar unos y otros sabiendo que la institución que te alberga, la escuela, te incluye en sus fundamentos y te trata como una pieza fundamental de su función en la sociedad a la misma altura que los docentes o que las familias, pero nunca como un apéndice que se mueve al son que alguien toca.


domingo, 23 de septiembre de 2018

DOLOR

         Nuestro compañero Manuel Ángel nos comenta en su intervención de la semana pasada que deja su responsabilidad en un grupo porque dentro de tres meses iniciará su contrato de relevo, puerta de entrada a la jubilación. Quién lo diría, él que siempre fue el más joven del grupo. Se ve que el tiempo pasa, tanto si nos damos cuenta como si no. Le he dado mi profunda enhorabuena a nivel personal y le he dicho que este blog perderá un punto de frescura. Espero que haya alguien que se atreva a colaborar y que esté con las manos en la masa. Me atrevo desde aquí a invitar a Manuel a que nos explique exactamente cuál va a ser su trabajo en el equipo estos tres últimos meses de docencia porque ha dicho que va a quedar de apoyo al equipo de 0 a 3 años y nos aportaría mucha luz sobre el tema de los más pequeños, del fundamento del trabajo con ellos y de la manera de entender el equipo de profesionales y de las distintas funciones, su jerarquía y el sentido de unidad. Ahí te lo dejo, Manuel.

Otra pieza clave en la que se asienta este trabajo es Julia. También la mencionábamos la semana anterior y una vez más le pedí que diera un paso y se dejara ver con sus comentarios. Pero Julia es discreta casi hasta la desesperación. Julia nos lee siempre y de vez en cuando llama y hablamos casi haciendo un repaso completo de los distintos temas que hemos tocado desde la última conversación, pero hasta ahí llega ella. Yo no puedo más que agradecerle de todas las maneras posibles sus colaboraciones y pedirle que se sienta bien como quiera y siga colaborando porque su constancia y su lucidez son inestimables. Estos dos amigos son de toda la vida casi, con lo cual la confianza en sus palabras es casi plena, tanto si estamos de acuerdo como si no porque lo que nos une, que es la preocupación por la educación está por encima de acuerdos o desacuerdos puntuales. A Pilar la conocimos ya en este blog. Vive cerca de Zaragoza en un pueblo que de llama La Almunia de Doña Godina. En un viaje que hizo a Granada tuvimos ocasión de pasear una tarde para sellar nuestra relación con la presencia. Su pasión es la música y su empeño por estos temas parece que no tiene fin.


                  Estas tres personas no son las únicas en las que nos inspiramos pero sí son como los pilares más sólidos y más constantes que soportan nuestro contenido y nos sirven siempre de orientación. Mi agradecimiento sin fin para ellas y mi invitación a quien pueda leer esto a que entre, que hable, que nos hable y que sepa que no tiene que preocuparse de acertar con nada porque lo que importa es hablar y seguir reflexionando sobre un tema tan esencial como los primeros años de la vida de las personas que son el fundamento de la vida y los que no se olvidan jamás, por más que deambulemos por montañas o desiertos o mares sin fin en todo el tiempo que nos toque vivir. Nuestra última imagen en esta tierra será sin duda de estos años y cualquier asunto vital que nos surja a lo largo de los años hay que bucear en estos años para encontrar el hilo que nos lleve al ovillo.
 Tenemos más personas que nos acompañan con mayor o menor frecuencia y muchas más que nos leen, ahí tenéis el contador que no nos deja mentir. Todas las presencias nos parecen impagables porque nos estimulan y nos hacen saber que iniciativas de este tipo tienen algún significado, aparte del primigenio de su autor aquí presente que lo tomó de su mano un día, allá por septiembre de 2010 y dice que no tiene el más mínimo interés en dejarlo porque para él, que soy yo por si no lo habíais adivinado todavía, el hecho mismo de poder reflexionar sobre este tema se está convirtiendo en algo tan esencial en su vida, que es la mía, como el aire que respira. Comprendo que las coyunturas pueden ser urgentes y llenar miles de páginas en los periódicos, pero hace tiempo que aprendí que lo urgente casi nunca es lo importante y me decidí por lo segundo. En ello estoy. La vida es un río que nos lleva a todos.

domingo, 16 de septiembre de 2018

LIBROS



         Hablando con mi insigne amiga Julia el domingo pasado a propósito del comienzo del curso,  me comentaba las veces que en este blog hemos hecho referencia al tema y cómo sigue sonando a nuevo. Concluíamos que hay que mantener el pulso en los temas esenciales de la educación y no debemos dar por válida, por ejemplo, la imagen de un pequeño llorando el primer día del curso, aunque sepamos que en determinados casos se produce, porque lo que nosotros debemos promover es la de la escuela como un espacio de aprendizaje, de relación y de gozo, que también se produce pero no sale tanto en los medios por aquello de que el hecho de que un perro muerda a una persona no es noticia pero que una persona muerda a un perro sí. No nos vamos a cansar de defender la educación y la escuela como aporte imprescindible en la educación y cómo el hecho de ir a la escuela es una defensa social contra la ignorancia y a favor de la concordia y el conocimiento entre las personas.

         Pues lo mismo digo hoy con el tema de los libros. Me sorprendo el esfuerzo que hacen las administraciones para que todas las familias puedan tener los libros de texto gratuitos cuando eso lo único que indica es el aluvión de dinero público que van a recoger las editoriales que no hacen su agosto, pero sí su septiembre. No puedo dejar de recordar a Julia de nuevo porque ella ha formado parte hasta su jubilación de un magnífico proyecto educativo, VERDEMAR, en Cantabria y se han señalado por la elaboración artesanal hasta de los calendarios, de los que todavía guardo unos cuantos, demostrando con su rendimiento de tantos años, y los que le quedan, estoy seguro, que los libros de texto tienen su espacio pero que la educación quien tiene que dirigirla y responsabilizarse de ella son los profesionales pagados para ello. La responsabilidad de los contenidos que aprenden los pequeños no puede estar en las editoriales, sino en los maestros.

         Recuerdo que cuando en España se dio cabida legal a los de tres años, aunque no formaran parte del tramo obligatorio, los colegas decíamos entre risas: "¿Serán capaces de vendernos libros hasta para los de tres años?". Pues ya los tenemos y los hemos asumido con toda normalidad como si fuera imposible pensar en educación y los libros de texto no estuvieran presentes. Mi segunda esposa y madre de mi hija Elvira recuerdo que me comentaba al principio de mi relación que asistió en 1984 a un curso de educación Infantil donde un señor barbudo no hacía más que hablar de que los niños aprendían jugando. Yo le dije: "Sería yo". Y ella se reía como si fuera una broma pero un día revisando su historial académico se encontró con el certificado del curso de marras y comprobó que era yo quien lo impartía. Este hecho, que no es más que una anécdota graciosa no puede compararse al proyecto de VERDEMAR, por ejemplo, que es un importante grupo humano, pero ambos ilustran que se puede vivir sin  libros de texto.

         Tampoco significa en ninguna medida aversión contra los libros. En Granada llegamos a abrir una librería, que todavía se mantiene, ESCUELA POPULAR, en la que nos dedicamos a clasificar los libros infantiles por estanterías según la mejor adaptación de sus contenidos a determinados cursos y nos preocupábamos de que en cada aula hubiera una pequeña biblioteca al alcance de los pequeños para complementar el trabajo de grupo que se hacía cada día. Hoy toda la literatura infantil viene debidamente clasificada y quien vaya a comprar un libro no tiene más que mirar en su cubierta y verá la edad para la que se recomienda, pero entonces esto no existía y nos teníamos que buscarnos la vida por nosotros mismos. Todavía me hiere la vista ver a personas que apenas pueden andar por sí solas con enormes mochilas llenas de libros para que las editoriales se llenes sus bolsillos y para que los maestros dejen de responsabilizarse de la educación de los pequeños.  


domingo, 9 de septiembre de 2018

COMIENZO



         En los últimos días hemos oído que los poderes públicos van a invertir en Escuelas Infantiles de 0 a 3 años para ampliar la red pública. Nadie nunca pidió que hubiera plazas públicas para todos los pequeños. Como mucho para los que demanden. La oferta no superó en ningún momento el 20 por ciento. Ahora puede aumentar algo porque parece que se ha tomado en serio esta necesidad social que no debe ser muy apremiante electoralmente. Bienvenido sea y veremos en qué se traduce al final. El mundo al revés. En los primeros años de la vida que es cuando se ventila lo esencial de cada persona, inversiones cicateras y muy por debajo de las necesidades. En los estudios superiores, cuando las personas disponen de facultades para defenderse por sí mismos, ahí la gran inversión. Nada en contra de la última pero sí mucho en contra de la falta de sensibilidad y de visión a largo plazo por la cicatería de la primera.

         Esta semana comienza el curso en los niveles elementales y la prensa nos ofrece secuencias que pretenden ejemplificarlo a base de imágenes que indefectiblemente nos muestran a pequeños llorando a grito pelado o agarrados a una pierna que, aunque no se vea la cara adulta, desde luego se supone que corresponde a su padre o a su madre. Y parece que con eso todos quedamos informados de lo que se está tratando. La visión no puede ser más desoladora. Como si a los menores se les estuviera empujando para que entraran en centros de tortura que ellos suponen o saben y a los que se niegan con todas sus fuerzas a acceder. Una vergüenza más y una muestra inequívoca de insensibilidad por parte de los adultos y del sistema. No tiene por qué ser así y hay formas, doy sobradamente  fe, de que los pequeños pueden desear la escuela, los posibles amigos que van a encontrar y una manera de crecer que la comunidad escolar les va a ofrecer que en la  familia es sencillamente imposible.

         En los equipos de trabajo en los que he participado a lo largo de toda mi docencia cualquier miembro ha ejercido su actividad sin jerarquización alguna y con relación a los pequeños con la conciencia de que cualquier actividad tenía y tiene todo el valor educativo como para que haya que poner los cinco sentidos profesionales para llevarla a la práctica en las mejores condiciones. He visto en la prensa que hay centros en los que se llama por teléfono  las familias para que vengan a recoger a sus pequeños y les cambien la ropa cuando se hacen sus necesidades encima. En los primeros años sé que es imposible porque los centros disponen para mi vergüenza de personal auxiliar dedicado a esos menesteres. Nunca hemos dividido nuestro trabajo de ese modo y en nuestros equipos cualquiera ha cambiado los pañales cuando le ha correspondido, con la conciencia de que estaba realizando un acto tan educativo como cuando nos hemos paseado por el barrio.

         Los profesionales deberíamos mirar un hacia dentro y contemplar nuestra misión como una aportación global hacia los pequeños que no entienden de barcos y que nos harán un día a toda la sociedad pagar muy caro las consecuencias de haberlos metido a rastras el primer día de escuela porque nadie les ha explicado a dónde van y las maravillas que se van a encontrar en ese espacio inmenso que los espera. Y no digo nada lo que tardará en quitarse de la cabeza la secuencia del niño que espera en un rincón mientras todos lo miran como un apestado, a que alguien de su familia llegue a la clase para cambiarlo de ropa porque no ha controlado sus esfínteres, como si las personas responsables de su educación y cuidado no encontraran digno de su trabajo cambiar de ropa a alguien que se ha manchado porque está en sus primeros años y el hecho de que sus esfínteres no se controlen al cien por cien entra dentro de la normalidad. ¡Cuánto nos queda por aprender!.


domingo, 2 de septiembre de 2018

RENACER



         Ya estamos trabajando mi hija Elvira y yo para que en el menor tiempo posible podáis tener a vuestro servicio  los ocho años anteriores de textos semanales en forma de libro electrónico. No sé la utilidad que pueda tener pero de lo que sí respondo es de que lleva el esfuerzo y la preocupación de cada fin de semana y una prueba más para mí, de las muchas que la vida me lleva aportadas, de lo que significa un corredor de fondo. Este medio que nos ha aportado la tecnología tiene la gracia de que tú puedes pasar a su lado, mirar y pasar de largo sin más en el caso de que no te interese. Es tu derecho sin duda.  Eso me aporta paz. Lo que sí me interesa es que pueda haber una persona, mucho mejor si son muchas más, que se pare y considere que le pueda interesar lo que ahí va escrito. Para esa o esas personas es para las que va dedicado mi esfuerzo. Aquí iniciamos otro ciclo que no sabemos ni cuánto durará ni siquiera cuál va a ser su contenido. La vida que nos trajo hasta aquí nos marcará el camino.

         Como no creo en las casualidades, hoy comienza un nuevo curso, propiamente empezará mañana porque hoy es domingo. Os aseguro que no estaba previsto por mí aunque no me cabe la menor duda que de cualquiera de las zonas de la vida que ignoro por completo ha salido la decisión de que eran ocho años ya y había que hacer y suma y sigue. Así pasan millones de cosas en nuestra vida que las dejamos pasar como si nada pero que obedecen a un juego de armonías que espero que algún día haya personas que puedan desentrañar. Por mi parte reconozco que no alcanzo a encontrarles el sentido pero la vida me ha demostrado y me lo sigue demostrando cada día que..., haberlo, haylo. No encuentro, por tanto, otra salida que ser dócil con esa creencia y mantener el esfuerzo y la orientación mientras el cuerpo aguante con la seguridad de que algo o alguien será capaz de encontrar el hilo que lleve al ovillo.

         Me da miedo formularlo pero es que estoy convencido de que es la verdad y tenemos que acostumbrarnos a vivir con ella cuanto antes. Creo que por primera vez en la historia los pequeños están más lejos en destrezas técnicas que las personas que los tienen a su cargo. Muchos de los conocimientos que se vienen desarrollando año tras año pertenecen claramente al pasado y no aportan nada al presente pero seguramente las personas responsables de los pequeños aprendieron así y no disponen de otros medios para alcanzar las mismas cotas de conocimientos con unos contenidos más acordes a los tiempos que corren. En este momento cualquiera de los alumnos que seguro que no le falta un móvil en su quehacer diario es capaz de dar lecciones a cualquier forma de profesorado porque ha llegado a este mundo en un tiempo en el que se respira tecnología por cada uno de los poros de nuestro cuerpo. Yo sé, por ejemplo, que mi hija Elvira tuvo su primer ordenador con tres años. No ha sido la única ni mucho menos.

         Lo que pasa es que la realidad es tan ancha y tan diversa que junto a la explicación anterior, tenemos que resolver problemas de alimentación inadecuada en muchos casos como tenemos la vergüenza de esos pequeños en brazos de sus familiares corriendo de acá para allá sin destino, habiendo tenido que abandonar sus casas de la noche a la mañana, es posible que para no volver a ellas nunca más, y sin nadie que quiera acogerlos como si fueran unos apestados. Todo este barullo de problemas de índole tan diversa es lo que configura la problemática del momento presente y aquellos que lo vivamos con la profundidad y la extensión que tienen, como es mi caso y estoy seguro que el de muchos más, estamos obligados por nosotros mismos a no pasar por delante y volver la cara como si el asunto no fuera con nosotros. Hemos de pararnos, mirar de frente y afrontar la realidad con las fuerzas que tengamos, sabiendo que cada uno somos el mundo entero.