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domingo, 17 de julio de 2016

CUERPO


         Seguro que no es una cosa sola pero la playa tiene componentes que nos hacen ser distintos. Supongo que las altas temperaturas, que hacen que cualquier ropa que tengamos encima nos resulte excesiva, el agua con su efecto gratificante en la quedó el cuerpo, aparte de sentirse menos pesado se ve consolado de los ardores tantas veces excesivos del verano, el viento, molesto con su intensidad y persistencia, también nos mueve a la gratitud con su consoladora brisa junto a las olas… Estos componentes y algunos más de carácter primitivo y relacionados con la desnudez permiten concluir que junto a la playa parece como si fuéramos otras personas, más permeables, más inocentes y más iguales.

         Ya sé que en nuestro afán de huir de lo sencillo no paramos de complicarnos la vida y somos capaces de complicarlo todo hasta conseguir diferenciarnos de la manera que sea. Quizá por eso vamos imponiendo toda una serie de aditivos también en la playa, al margen de lo que es la esencia del cuerpo desnudo que tanto nos iguala y que forzando la situación nos mantenga la ilusión de que por más que parezcamos iguales no lo somos. Inventamos artilugios imposibles de generalizar, acciones cuya complejidad requiera entrenamientos fuera del alcance de la mayoría, utilización de los espacios marinos superficiales o subacuáticos que al margen de los elementos igualatorios que impone la desnudez terminen por demostrarnos que ni en cueros somos capaces de sentirnos sencillamente personas sin más limitaciones ni aditivos. Y la propia línea de costa termina por llenarse de aparatos, lugares y rituales que sigan estableciendo diferencias entre nosotros porque parece que, ni desnudos somos capaces de reconocernos como seres de la misma especie sin diferencias apenas y con casi idénticas limitaciones.

         Con lo sencillo que es quitarnos la ropa y tumbarnos sobre la arena y dejar pasar el tiempo a ver qué pasa. Con los más pequeños es más fácil todavía. Tendremos una ocasión de oro para darnos cuenta de lo sencillo que es gozar de la vida y de las cosas elementales que la vida nos pone en la mano. Gozar de nosotros, de nuestro cuerpo sin tapujos a plena luz del día, después de tantos meses de frío en los que lo hemos llevado bien cubierto. Podemos contemplarlo en toda su extensión y complejidad y permitir que el astro rey nos alcance directamente y penetre en nuestras células modificando nuestro color de piel y sanando con algunas precauciones imprescindibles las deficiencias que hemos arrastrado en los meses en los que hemos andado cubiertos. Un buen experimento es dejar a los pequeños solos ante su propia desnudez, el sol, el agua y el viento a ver qué pasa. Nos vamos a dar cuenta en muy pocos minutos de lo que necesitamos para gozar de la vida. Cada uno por sí mismo se va a entretener a su manera y no va a necesitar más que respeto a su tiempo para interactuar con los sencillos medios que tiene al alcance de la mano.


         Pero parece que tenemos no sé qué tipo de microbios en nuestro interior para interpretar que las cosas no pueden ser tan sencillas como parecen. Rápidamente empiezan a aparecer cubos, palas, rastrillos, piscinas de plástico porque el inmenso mar no tiene la medida que deseamos, botes de recreo, canoas, trajes de neopreno para investigar los fondos marinos, motos acuáticas para correr como locos por encima del agua y llenar el espacio común con el ruido ensordecedor de los motores, tablas de carbono que nos hagan flotar con facilidad y desplazarnos por encima de las olas si somos capaces de coger las rompientes adecuadas que las propias olas necesitan para deshacerse en la playa. Todo un conjunto de cosas que seguro que pueden ser elementos que ayuden a mejorar el bienestar durante el tiempo que permanecemos junto al mar, pero que también pueden servir y de hecho sirven para establecer diferencias entre unos y otros.  


domingo, 10 de julio de 2016

RESPETO


         He dicho ya muchas veces, y me temo que lo seguiré diciendo algunas más, que el título que empleo en este blog COMO NIÑOS no es más que una manera como otra cualquiera de jugar con la ambigüedad de la infancia como fondo para hablar de la vida, para aprender cada día a encajar los nuevos hallazgos, las nuevas dudas y las nuevas posibilidades que el día a día me ofrece. Si los atributos de los niños son la frescura, la espontaneidad, la curiosidad  o el dinamismo, por qué no intentarlo aunque uno ya se encuentre un poco lejos de la edad de niño. A lo mejor no es el atributo de la edad el que más y mejor define a un niño en definitiva. Sea o no sea como digo, pienso que el intento merece la pena en cualquier caso y me gusta la idea de reconocerme de alguna manera en la imagen de niño.

         Y todo esto a cuenta de cuestionar las actitudes adultas que tanto en frío como en calor, tanto en la casa como en la escuela como en cualquier otro contexto vital se convierten en censurables y dignas de que nos sublevemos cuando lo que intentan es suplantar el criterio personal del afectado para convertir la vida en un conjunto de normas que hay que cumplir y que no salen ni tienen en cuenta los criterios personales de quienes han de cumplirlas sino que surgen de determinados espacios de poder: adultos, modas, televisión, familia…, y terminan imponiéndose y arrastrándonos a todos al mismo tiempo que nos superan y nos ignoran. Son como discursos dominantes que bien en un momento determinado como en un asunto concreto se instalan,  a veces coyunturalmente u otras de manera más estable, pero que en todos los casos pasan olímpicamente de las opiniones de quienes van a ser los que cumplan las normas y tienden una red de comportamientos que oprimen y que se imponen por la fuerza de inercias difusas pero muy coercitivas.

         No quiero, una vez más, ceñirlo a los niños aunque sé que son los niños los que principalmente viven y evolucionan bajo este paraguas criteriológico con la excusa de que están aprendiendo, de que son pequeños, de que deben encontrar modelos de comportamiento cuando el resultado no es otro que el de ignorar por completo las capacidades personales que las personas traen en su individualidad  y que no solo merecen todo el respeto del mundo sino que con sus particularidades tendrían que ser las que fueran agrandando y diversificando la vida. Al final se van imponiendo diferentes formas de reduccionismo y simplificación de criterios, siempre en beneficio de pocos: industria, moda, religión, deporte…, y en perjuicio de mayorías que terminan por sentirse sometidas, con la consiguiente carga de agresividad como respuesta a esa forma de agresión larvada pero completamente eficaz  que se nos coloca encima como si de una figura ficticia de nosotros mismos se tratara. Una especie de costra que puede llegar a cubrirnos por completo y hacernos desaparecer en la impostura.


         Rebelarnos contra toda forma de opresión posible no es sólo un derecho, faltaría más, sino una obligación. En parte por nosotros mismos, por nuestra dignidad, porque no debemos permitir que nadie viva por nosotros, pero también por la vida, por la historia, por el futuro porque tenemos que asumir que la diversidad de por sí es una riqueza y el mejor soporte de crecimiento colectivo. Una sola vez, hace unos cincuenta años, alguien me invitó a un campo de futbol a ver un partido. Nunca me he sentido tan poca cosa entre aquella multitud. Aprendí con meridiana claridad por dónde no iba a vivir de ninguna manera. Nunca más he vuelto y, aunque consciente de mis limitaciones, desde aquí invito de corazón a toda la gente que huya de cualquier lugar o situación en la que se pretenda que desaparezca en el anonimato de la multitud. Somos cada uno diferentes y maravillas irreemplazables de la naturaleza.

domingo, 3 de julio de 2016

LIBERTAD


         Al cabo de los años se mira atrás y es posible detectar en un momento la evolución de las líneas maestras en educación. Por centrarse en nuestro grupo de trabajo, que no tiene valor de representación pero  puede ofrecer una coherencia interna, recuerdo que en nuestro planteamiento de alimentación, por ejemplo, el vector principal consistía en aumentar la ingesta de proteínas porque eso es lo que pensábamos que faltaba en los pequeños. Estábamos en la segunda mitad de los setenta del siglo pasado. Hoy me consta que nuestra preocupación fundamental se centra sobre todo en el déficit importante de fibra y en esa dirección se enfocan sobre todo los esfuerzos. Aumentar la ingesta de fruta y verduras. El país es muy distinto al de entonces y necesita aprender a comer no más pero sí mejor.

         Con el aire libre, sobre todo en verano sucedía algo parecido. El tópico de que antes nos criábamos en la calle lleva dentro una parte de verdad que no se puede negar, pero también un cierto déficit de explicación porque hay que decir a la vez que nadie disponía de una alternativa que no pasara por dejar a los pequeños a su suerte y que solos aprendieran a buscarse la vida por sí mismos durante los meses de verano. En los primeros ochenta nos atrevimos, por fin a organizar las primeras colonias de verano y no hubo duda de que debían ser en la playa porque en el sol, en el agua del mar y en la vida en grupo era donde estaba la principal deficiencia que detectamos. La experiencia fue impactante para los pequeños y para los mayores que juntos tuvimos que aprender en vivo y en directo aquella manera de educación que era vida desde que amanecía el día hasta el día siguiente. Que no se trataba de clases en las que se ofrecían una serie de conocimientos sino que se trataba de la vida, una forma de vida que la mayoría de niños y de nosotros fuimos descubriendo a base de experiencia.

         Pronto pasó aquella fiebre de paraíso veraniego ligado a la playa, a las olas del mar y a las cremas protectoras para no achicharrarse y el sueño de apedrear perros o de buscar nidos en las largas horas de ocio veraniego se transformó en convivencias en Granjas Escuelas, fórmulas de vida de pueblo en contacto con los elementos fundamentales del campo: vacas, gallinas, huerto, caballos, perros y con los principales elementos de combinación de la vida: participar en la elaboración de las comidas, sobre todo ensaladas, hacer jabón y aprender a usarlo, yogur, queso…,descubrir el campo en sus distintas formas y vivir su evolución con compañeros de la misma edad en un tipo de escuela que no busca aprobar al final sino interiorizar la experiencia a base de vivirla lo que significaba conocer aspectos de cada uno que podían parecerse a los que se habían manifestado durante el curso o permitir que aparecieran otros bien distintos. Fuimos aprendiendo que algo que dimos en llamar MEDIO AMBIENTE existía, condicionaba nuestras vidas y a la vez se veía condicionado por nuestro comportamiento.


         Cuando mi compañero Paco Olvera se atrevió a sacar un libro que se llamó LA INVESTIGACIÓN DEL MEDIO EN LA ESCUELA, todos nos mirábamos un poco desconcertados porque no terminábamos de entender qué era aquello del medio, por qué no entero nos reíamos algunos escépticos sabiondos, sin poder entender que sencillamente se nos estaba abriendo un nuevo mundo y un nuevo papel de las personas que hasta entonces se habían comportado como dueños y señores del mundo y de sus recursos y que a partir de entonces tendríamos que ir aprendiendo dolorosamente que es limitado y que nuestra forma de vida beneficia o perjudica en función de que nuestras costumbres sean unas u otras. ¿Te acuerdas, Paco?


domingo, 26 de junio de 2016

CALOR


         Con la distribución del tiempo de clase que tiene el actual calendario escolar hay dos meses,  junio y septiembre, verdaderamente endemoniados por las temperaturas que hay que sufrir mientras se imparten clases. Tradicionalmente se intentan paliar sus rigores a base de impartir sólo media jornada porque los centros educativos no tienen aire acondicionado en parte porque no se conocía hace unos años y hoy que se ha generalizado resulta bastante poco rentable hacer una inversión significativa cuando la mayoría, si tienen algún aparato compensador, es la calefacción porque el combate contra el frío sí renta más al abarcar todos los meses en que se necesita suplemento  ambientador.

         Puede ser una fórmula para salir del paso la de concentrar las clases en la mañana y salir de los centros en el momento en que el sol aprieta y el aire se hace irrespirable, tanto en los espacios libres de los centros como en las clases, sobre todo en las clases. Es verdad que la fórmula de cortar la docencia a mediodía alivia el calor pero en realidad lo que hace no es eliminarlo de ninguna manera sino sencillamente desplazar el problema para que sean las familias las que tengan la obligación de volverse locos buscando actividades, lugares o momentos que permitan a los pequeños desenvolverse en temperaturas un poco más livianas y llevaderas. Encontrar piscinas, asistir a lugares de cine y actividades recreativas con aire acondicionado, consumo de bebidas frías, helados que hace algunos años eran una especie de premio casi festivo y que hoy ya son productos de uso corriente sobre todo en verano pero ya hasta durante todo el año, aunque fuera de los meses de calor, en menor proporción.

         Cada vez nos rodeamos de más dispositivos que nos albergan: coches, viviendas, lugares de ocio, en donde los aires acondicionados nos permiten   vivir con la falsa idea de que los veinte  o veinticinco grados sea nuestro entorno natural cuando basta con abrir una puerta y salir a la calle para darnos cuenta de que el mundo está ahí y de que en el mundo la vida precisa de nuestra adaptación para aprender a sostener temperaturas por debajo de cero grados durante los meses de invierno y ahora, en los meses de calor, por encima de los treinta grados y hasta en los cuarenta durante bastantes días. Recuerdo los malabarismos de mi infancia para lograr que los interiores no se convirtieran en un verdadero horno. Blandiendo  las toallas al modo de capotes toreros lográbamos hacer salir a las moscas que se habían colado en el interior de las viviendas y a base de persianas se combatían los rayos del son directos haciendo de los interiores zonas de sombra  y penumbra que con el cuidado de no dejar aberturas durante las horas fuertes de sol se lograba amainar la torridez asfixiante del verano. Al anochecer se podían abrir rendijas porque ya las temperaturas se habían suavizado algo.

         No estoy defendiendo aquella forma de vida en comparación con la que se ha impuesto hoy, a pesar de que cada día vemos experiencias de alta tecnología destinadas a rentabilizar los beneficios de aquella, sencillamente porque era más sostenible que la producción ilimitada de energías compensatorias que logran hacernos la vida más grata, es verdad, pero al precio de que cada vez seamos más dependientes y menos capaces de adaptarnos a fríos y calores, sin que para ello tengamos que invertir recursos inmensos que hoy sabemos que son limitados y que cada vez nos cuestan más tenerlos a nuestra disposición cuando los necesitamos. Estamos en un tiempo en el que, sin tener que envidiar el pasado por primitivo y por cruel, sobre todo con los que teníamos menos recursos, sí nos puede ofrecer pistas de mejora de las condiciones de vida limitando costes y buscando beneficios sostenibles y al alcance de nuestras manos. 

domingo, 19 de junio de 2016

REQUISITOS


         Una vez en la obligación de tragarnos el sapo de que la propuesta de Cantabria sobre la distribución de los días libres se encuentra recurrida, o sea paralizada y con amenaza de cierre, la vida sigue y por encima de inmovilismos sin cuento, tenemos la obligación de entrar cada día en nuestra clase y cumplir con nuestro trabajo lo mejor que sepamos. La profesión tiene eso, que unas veces la ejercemos con ganas y con iniciativas gratificantes y otras con la estricta conciencia de que es nuestra profesión y la tenemos que ejercer al margen de las incidencias que se ponen en el camino.

         Son los últimos días del curso que terminará con el mes, ya hemos alcanzado temperaturas verdaderamente endiabladas  de hasta 40 grados. Difícilmente encontraremos aire acondicionado que las mitigue por lo que tendremos que hacer malabarismos con las ventanas y las corrientes de aire, con las sombras, con las actividades en según qué horas del día y a esperar que el mes termine y que cada mochuelo vuele a su olivo para pasar el verano con su familia o a buscarse la vida con actividades de ocio al aire libre en lugares de clima más templado. Es posible que se nos queden pendientes algunas cuestiones de última hora que seguramente no están en el programa pero que no por eso dejan de tener interés. Sean los pequeños del curso que sean, desgraciadamente no les fan a faltar las notas, como si el hecho de vivir y de educarse estuviera sometido a una permanente competición de la cual hay que salir más o menos organizado, delante de unos y detrás de otros.

         Ya sé que las notas no tienen el mismo carácter numérico y clasificador que en los cursos superiores pero nadie puede negar que dependiendo del criterio del profesional que tenga que evaluar, la conciencia clasificatoria es más o menos explícita. No se puede evitar cuando se dan notas que unas sean mejores que otras porque en cierto modo, de eso se trata. Los criterios científicos promueven, sobre todo en los primeros años, buscar calificaciones globales que no busquen tanto un ordenamiento de quién es el primero y quién el último pero la realidad de cada día hace casi imposible que no haya en los informes finales del tipo que sea, un cierto criterio de orden que nos deje entender quién es primero y quien viene después. A estas alturas no me atrevo a negar de plano cualquier clasificación pero lo que sí digo es que cuanto más tardemos en atrevernos a clasificar a los grupos, más aire le permitiremos a los pequeños para que se comporten como ellos mismos sin tener que sentirse en una única fila con todos sus compañeros, delante de unos y detrás de otros.


         Otro día entraremos en las interioridades de la evaluación, que tienen mucha miga. Hoy sólo sugerir que en vez de preocuparnos demasiado de formas de evaluación de conocimientos o de disciplinas, como si el saber se produjera dividido en compartimentos estancos, se me ocurre que podríamos profundizar y hablar de lo que cada uno cree que va a hacer en verano, que nos cuente hasta donde pueda dónde va a vivir y con quién y qué podría hacer para seguir manteniendo alguna forma de contacto con los compañeros más amigos. Formas variadas de mantenerse al tanto los unos de los otros, al menos con los que se deseen. No parece razonable que los niños corten sus relaciones y las mantengan al margen por casi tres meses, lo que hace que el comienzo del próximo curso sea como si hubiera que empezar de nuevo y no se conociera a nadie cuando son personas que han compartido estrechamente sus vidas y pueden seguirse enriqueciendo de otras maneras porque la sociedad dispone de medios para ello.   


domingo, 12 de junio de 2016

SUMA


         No hace falta ni un minuto más de la complacencia precisa. La semana anterior dábamos la feliz noticia de una tesis sobre nuestro esfuerzo colectivo a lo largo de nuestra vida profesional.  Nos resultaba un hecho gozoso sin duda. Pero una vez dicho hay que seguir porque lo más valioso de la vida no está en los hechos felices puntuales sino en el trabajo de cada día, ese que apenas se ve de puro humilde pero que a la postre resulta ser el que justifica los resultados que se pueden recoger en un momento determinado. No hay complacencia posible sino la estricta noticia de un hecho gozoso. Una vez dicho, a trabajar, que es lo nuestro.

         Ha aparecido la noticia de que Cantabria pretende ofrecer a sus escolares un sistema de vacaciones parecido al que usan muchos países europeos: una semana completa cada dos meses de curso.  Pretende ponerlo en vigor el curso próximo a través de un decreto ley. Muchas veces hemos criticado en este blog la acumulación excesiva de vacaciones que tenemos en España por lo que, de entrada, quizá habría que celebrar la puesta en marcha de un sistema alternativo, tanto más cuando no se trata de una extraña propuesta que nadie conoce sino que es sencillamente ofrecer un sistema que ya está funcionando en los países de nuestro entorno. Que pretenda implantarse a través de un decreto no tiene buena pinta por lo que significa de imposición. Quizá estaría mejor sugerirlo con carácter voluntario y experimental para que siempre cupiera el derecho a la crítica o al retracto en caso de que no se viera conveniente. Pero parece que no podemos evolucionar si no es en forma de decretos y, desde luego, quizá no  sea el mejor de los caminos.

         No dudo que la fórmula propuesta pueda ser mejor que la que tenemos. También acepto que no se trata de una locura producto de un  mal sueño de un gobernante que se ha levantado cualquier día con los cables cruzados y pretende someter a los pequeños y a sus familias a experimentos desconocidos. Lo que digo es que un cambio tan significativo, porque lo es, debe contar mucho con las familias, hablar con ellas, informar de su significado y asumir una forma de imposición que no sea la de un decreto a palo seco, de un curso para otro. Cabe, a mi modo de ver un poco de suavidad para un cambio de vida significativo con objeto de que las familias vayan calibrando los nuevos esfuerzos que les va a suponer semejante cambio y si les compensa lo que les ofrece de positivo, que sin duda lo tiene, con los aspectos negativos a los que tengan que adaptarse con relación a la forma de vida que hasta ahora mantienen. Tampoco termino de ver claro el alcance de que una sola comunidad lo lleve a la práctica y haga que unos españoles vivan la escolaridad de un modo distinto al de sus vecinos de la comunidad de al lado.


         Insisto de nuevo en que la fórmula me parece interesante y creo que es procedente porque la que tenemos es manifiestamente criticable. Lo que digo es que el ordeno y mando puede hacer que naufrague una iniciativa que puede ser oportuna y recomendable. La noticia en la tele venía seguida de comentarios de familias alegando que iba a suponer un importante cambio en sus vidas. Seguramente esto es verdad lo que no necesariamente significa que sea para peor y puede que hasta sea para mejor muy probablemente. Razón de más, a mi modo de ver para que el asunto no se limite a ser impuesto así, sin más. Creo que conviene hablar mucho con las familias y con la comunidad educativa en general para que se conozcan sus consecuencias hasta donde sea posible y se establezca una especie de plazo de prueba para que se pueda ir evaluando de qué modo se va implantando, los problemas que plantea y las posibles soluciones que se ofrecen para todos. Hay que valorar en positivo la propuesta y en todo caso, lo que conviene sugerir es que no tenga por qué imponerse al margen de los afectados sino con ellos a base de persuasión y diálogo para que sea asumida por todos.


domingo, 5 de junio de 2016

TESIS


         El viernes día 3 de este mes de junio tuve el gozo de asistir en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada a la lectura de la tesis de Esther Santaella sobre la vida y milagros del Grupo Territorial de Granada del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular, difusor en España de la pedagogía de Celestín Freinet, basada en el protagonismo de cada niño en su propio desarrollo personal a base de una estructura cooperativa, del tanteo experimental para alcanzar los conocimientos que necesita,  huyendo de la competencia con sus compañeros.

         Fue la culminación de una meta largamente buscada. Granada ha contado tradicionalmente en estos últimos 40 años con un importante grupo de profesionales comprometidos en mejorar la escuela como institución, cada uno desde su puesto de trabajo a través de una permanente reflexión personal y colectiva dentro de la estructura estatal e internacional de lo que se ofrece a los profesionales como Pedagogía Freinet, que en cada país tiene una denominación particular pero que engloba miles de esfuerzos de comprometidos con la escuela pública que ofrecen lo mejor de su vida en defender una escuela en la que los pequeños sean los protagonistas de su propio aprendizaje y que dispongan en sus años de enseñanza obligatoria de la mejor plataforma posible, la escuela, para su desarrollo personal y para su evolución a partir de la cooperación en el trabajo y en la vida. Toda la vida esperando que nuestra labor de tantos años tuviera el reconocimiento de la institución educativa por excelencia, la universidad que tantas veces nos ha ignorado cuando no nos ha manifestado directamente su hostilidad.

         Desde el director de la tesis, nuestro compañero Matías Bedmar hasta el grupo de oyentes que llenábamos la pequeña sala donde Esther explicaba su trabajo que fue calificado a la postre de sobresaliente por el tribunal, la emoción fue el principal componente de la exposición porque el fundamento de su tesis eran una serie de testimonios personales sobre este modelo de escuela. Significaban la carta de naturaleza a una forma de entender la escuela que muchos hemos pensado durante muchos años que era importante, que nuestra manera de profundizar y mejorar nuestro trabajo a partir de la reflexión con los compañeros lo era también pero que siempre nos sentíamos un poco huérfanos de que la universidad conociera nuestro esfuerzo de cada día y nos incluyera en su recinto como tiene acogidos tantos otros esfuerzos en esta materia y en muchas otras, para que nuestros esfuerzo pudiera ser valorado como se merecía y para que pudiera estar al alcance de los nuevos profesionales de la educación que pudieran, como la flamante doctora Esther Santaella en el día de hoy comprometerse personalmente con esta forma valiente y abnegada de hacer escuela que muchos siempre estuvimos convencidos que era la mejor forma de servicio educativo para una sociedad en continuo progreso.


         A partir de este acto y por voluntad compartida del grupo de Granada y de la propia universidad nos vamos a integrar es sus espacios pedagógicos y vamos a seguirnos reuniendo en ellos para continuar nuestra labor de mejora constante de nuestro trabajo y de permanente conexión con las nuevas generaciones que empiezan sus carreras y que necesitan conocer tantos esfuerzos como se han hecho y se siguen haciendo por ofrecer mayores cotas de dignidad para la escuela en la que miles de pequeños invierten los primeros años de sus vida y son tratados como ciudadanos de pleno derecho a través de unos contenidos educativos y de unas formas de vida que no se parecen en nada a los estereotipos que desgraciadamente tenemos en la mente de lo que podríamos llamar la escuela tradicional. Desde la emoción personal por sentirme un miembro activo de este empeño colectivo, mi felicitación a Esther por su trabajo y mi ánimo para los compañeros.