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domingo, 9 de abril de 2017

HERENCIA


        El jueves pasado,  día 7, a las 11 de la mañana, nos habíamos citado en el mirador de San Nicolás para celebrar el 50 aniversario de nuestra graduación como maestros y allí comenzamos a llegar gota a gota, unos solos, otros acompañados de las esposas. Todo parecía normal pero ni nosotros éramos los mismos y el Mirador mucho menos. La de tardes que pasamos entonces,  sentados en el pretil frente a la Alhambra. Nunca estuvimos completamente solos porque esa Plaza es un imán pero un buen día apareció Clinton y se le ocurrió decir que desde esa Plaza se ve la mejor puesta de sol del mundo y a partir de ahí fue el desmadre. Creo que la frase no es mentira pero la Plaza, como casi todo en el Albaicín, es pequeña y solo puede albergar holgadamente a unas pocas personas. Ahora es un mercado casi a cualquier hora. Nos vimos negros para reunirnos e inmortalizar el momento a esas horas de la mañana. No quiero ni pensar lo que sería por la tarde.



         Como pudo, Tomás nos fue explicando lo que fue de Granada después de la Conquista  y  que es la ciudad de Los Cármenes por la concentración de varias viviendas musulmanas para los recién llegados, que no aceptaron vivir con aquellas estrechuras. Nos fue llevando hasta la Mezquita Mayor, hoy Iglesia del Salvador y por el camino nos encontramos a Miguel, el sacristán, que tuvo la amabilidad de abrirnos, porque no eran horas y en lo que un día fue el hermoso Patio de las Abluciones terminó la explicación histórica con su paciencia habitual. Nosotros, aparte de escuchar cómo podíamos,  no dejábamos de mirarnos y de intentar reconocer en los casi setentones que teníamos enfrente a los veinteañeros de hace 50 años, venidos de todo lo que un día fue el Reino, que nos íbamos a diseminar por la vida de entonces en adelante  y que ahora nos replegábamos durante unas horas para decirnos que estábamos vivos, los que estábamos, que éramos los mismos, completamente falso, y que volvíamos por el Ave María de la Cuesta del Chapiz por ver si allí todavía quedaba algo de nosotros, los de entonces.

         No estábamos todos. Algunos, Abril, Béjar y otros porque ya no están con nosotros. Otros porque sus condicionantes personales y familiares no se lo han permitido. José Luis, que se ha tomado mucho interés, no ha logrado concentrarnos más que a 27, que no son pocos de todas formas. Yo recuerdo haber estado en el 25 aniversario un rato por la mañana y nada más. Otros ni eso. Algunos sí vienen manteniendo ciertos contactos más frecuentes. Es posible que para ellos el tiempo pase de otra manera. Qué gusto ver al Sebas, siempre con su música a cuestas. A Rafa Domínguez, que yo llamaba el 2´14 y que ya me puntualizó que nunca pasó de los 2 metros, a Antonio Martínez de Tíjola, tan distinto a mí y que siempre nos llevamos tan bien. A Honorio, que nos consiguió para comer la maravilla de la Universidad del Carmen de la Victoria, exactamente encima de nuestro colegio y con el mismo fondo mágico a nuestra espalda. A Jiménez Pozo y su alegría pegadiza. A Emilio, mi Emilio del alma, a Pepe Larios. Al correctísimo Antonio García Fernández y así, uno por uno podría irme parando en cada uno de los retazos de mi vida que se asienta en cada uno de los presentes.




         El tiempo nos premió y pudimos comer al aire libre, a base de tapitas de jamón, salmón ahumado, gazpacho, tortillas de camarones …, la conversación encendida y el rumor de una fuente, uno de los sonidos más hermosos del mundo que definen Granada y que también han definido mi vida. El tiempo es implacable siempre y la historia terminó con un racimo de recuerdos puestos en común y con un pequeño concierto de nuestros artistas que una vez más tuvieron la generosidad de deleitarnos. Quiero confesaros que no soporto las despedidas y por eso en un momento desaparecí sin más. Pero aquí está mi abrazo y mi mejor deseo para vosotros y para vuestras familias.



5 comentarios:

  1. Me ha encantado este relato, aparte de la pincelada humana, por supuesto, lo esencial de vuestro reencuentro, por esa descripción vívida del hermoso rinconcico..., el mirador de San Nicolás, del que conservo gratísimos recuerdos.
    Preciisot, Antonio

    Vámonos ahora a otro rincón ( este lo encontrarás por Google), los Galachos de Juslibol!!!, donde los sonidos se hacen canto eterno!!
    Un abrazo

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    1. He mirado en Google con interés ese rincón de los Galachos de Julibol y desde luego me parece admirable, digno de ser recorrido sin prisa y sentándose aquí y allá para escuchar su sonido natural o su silencio, que también será un so'nido' delicioso. Tantas veces tenemos detrás de la esquina las esquinas del paraíso y pasamos y cruzamos a su lado sin ver. Un beso

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  2. Memorable reunión para demostrar que el tiempo vuela. Y de aglomeraciones no me hables que te mento Benidorm. jajajaja

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    1. Seguro que Benidorm también es un buen ejemplo de aglomeración, sobre todo en verano. Un abrazo

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