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domingo, 17 de julio de 2016

CUERPO


         Seguro que no es una cosa sola pero la playa tiene componentes que nos hacen ser distintos. Supongo que las altas temperaturas, que hacen que cualquier ropa que tengamos encima nos resulte excesiva, el agua con su efecto gratificante en la quedó el cuerpo, aparte de sentirse menos pesado se ve consolado de los ardores tantas veces excesivos del verano, el viento, molesto con su intensidad y persistencia, también nos mueve a la gratitud con su consoladora brisa junto a las olas… Estos componentes y algunos más de carácter primitivo y relacionados con la desnudez permiten concluir que junto a la playa parece como si fuéramos otras personas, más permeables, más inocentes y más iguales.

         Ya sé que en nuestro afán de huir de lo sencillo no paramos de complicarnos la vida y somos capaces de complicarlo todo hasta conseguir diferenciarnos de la manera que sea. Quizá por eso vamos imponiendo toda una serie de aditivos también en la playa, al margen de lo que es la esencia del cuerpo desnudo que tanto nos iguala y que forzando la situación nos mantenga la ilusión de que por más que parezcamos iguales no lo somos. Inventamos artilugios imposibles de generalizar, acciones cuya complejidad requiera entrenamientos fuera del alcance de la mayoría, utilización de los espacios marinos superficiales o subacuáticos que al margen de los elementos igualatorios que impone la desnudez terminen por demostrarnos que ni en cueros somos capaces de sentirnos sencillamente personas sin más limitaciones ni aditivos. Y la propia línea de costa termina por llenarse de aparatos, lugares y rituales que sigan estableciendo diferencias entre nosotros porque parece que, ni desnudos somos capaces de reconocernos como seres de la misma especie sin diferencias apenas y con casi idénticas limitaciones.

         Con lo sencillo que es quitarnos la ropa y tumbarnos sobre la arena y dejar pasar el tiempo a ver qué pasa. Con los más pequeños es más fácil todavía. Tendremos una ocasión de oro para darnos cuenta de lo sencillo que es gozar de la vida y de las cosas elementales que la vida nos pone en la mano. Gozar de nosotros, de nuestro cuerpo sin tapujos a plena luz del día, después de tantos meses de frío en los que lo hemos llevado bien cubierto. Podemos contemplarlo en toda su extensión y complejidad y permitir que el astro rey nos alcance directamente y penetre en nuestras células modificando nuestro color de piel y sanando con algunas precauciones imprescindibles las deficiencias que hemos arrastrado en los meses en los que hemos andado cubiertos. Un buen experimento es dejar a los pequeños solos ante su propia desnudez, el sol, el agua y el viento a ver qué pasa. Nos vamos a dar cuenta en muy pocos minutos de lo que necesitamos para gozar de la vida. Cada uno por sí mismo se va a entretener a su manera y no va a necesitar más que respeto a su tiempo para interactuar con los sencillos medios que tiene al alcance de la mano.


         Pero parece que tenemos no sé qué tipo de microbios en nuestro interior para interpretar que las cosas no pueden ser tan sencillas como parecen. Rápidamente empiezan a aparecer cubos, palas, rastrillos, piscinas de plástico porque el inmenso mar no tiene la medida que deseamos, botes de recreo, canoas, trajes de neopreno para investigar los fondos marinos, motos acuáticas para correr como locos por encima del agua y llenar el espacio común con el ruido ensordecedor de los motores, tablas de carbono que nos hagan flotar con facilidad y desplazarnos por encima de las olas si somos capaces de coger las rompientes adecuadas que las propias olas necesitan para deshacerse en la playa. Todo un conjunto de cosas que seguro que pueden ser elementos que ayuden a mejorar el bienestar durante el tiempo que permanecemos junto al mar, pero que también pueden servir y de hecho sirven para establecer diferencias entre unos y otros.  


3 comentarios:

  1. Buena reflexción. Mis hijos nunca se lleverón juguetes ni nada parecido a la playa. ellos jugaban con el agua y la arena.
    Saludos veraniegos.

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  2. Bañarse desnudo o simplemente estar desnudo con otros y determinados momentos y lugares es algo que nos libera y descarga nuestras tensiones.He participado en un sistema de crecimiento personal donde en escasas situaciones la danza se hacía desnudo. El morbo era inexistente.
    Saludos invernales.

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